ANARDA. Si pensara

que yo de vuestro amor era el objeto,

ofendida de vos, no os escuchara,

que la mudanza es falta de respeto.

Quien una vez conmigo se declara,

tal debe estar del amoroso efeto,

que por lealtad, honor, premio o castigo,

ha de romper hasta casar conmigo.

No, bien sé que otra amáis, o lo he creído,

que a pensar que era yo, disimulara,

por no dar ocasión a que atrevido

vuestro pecho su amor me declarara;

mas siempre cortesana ley ha sido

decir lisonjas y alabar la cara.

Si por eso lo hacéis, yo más querría

tosca verdad, que falsa cortesía.

GARCIA. Si es la verdad grosera, soy grosero.

ANARDA. Basta, mirad que el Príncipe me ama.

GARCIA. Peco si intento, pero no si os quiero.

ANARDA. Amor da intentos como el fuego llama.

Decir _amo_ es intento verdadero;

que a recíproco amor el amor llama.

GARCIA. El fin diverso abona mis acciones.

ANARDA. No son para conmigo mis liciones;

para con la que amáis os las he dado.

Bien sé que otra os ocupa el pensamiento;

que a ser yo vuestro amor, dichoso estado

le daba la ocasión a vuestro intento;

pues para lo que ahora os he llamado,

es para que tratéis mi casamiento

con el Príncipe vos, si habéis de vello,

diréos la causa que me obliga a ello.

GARCIA. Por fuerza os he de obedecer, señora.

ANARDA. Sabed que está Mauricio, el Conde, herido,

y dice que, si bien la mano ignora,

sabe que yo la causa dello he sido,

y puesto que me iguala y que me adora,

me resuelva a admitille por marido,

o que contra mi sangre verá España

salir todos sus deudos a campaña.

Yo aborrezco a Mauricio, y si le amara,

esta amenaza que a mi sangre ha hecho,

a no dalle la mano me obligara;

que no se rinde el gusto a su despecho.

En favor de Mauricio se declara

mi tío, que procura su provecho;

el Príncipe, que tanto amarme jura,

muéstrelo en remediar mi desventura;

que pues su Alteza no ha de ser mi esposo,

y querer mi deshonra es no quererme,

es en esta ocasión lance forzoso,

buscar quien pueda honrarme y defenderme.

Por si resiste el Príncipe amoroso,

de vuestra autoridad quise valerme.

Vos persuadidle, y advertid, García,

que en vuestra voluntad dejo la mía.

(_Vase y topa con Julia_.)

GARCIA. (_Ap_.) ¡Con cuán honestas señales

Anarda en esta ocasión

me ha mostrado su afición!

ANARDA. Dile tú agora mis males. (_Vase_.)

[ESCENA XVI]

[JULIA, GARCIA, HERNANDO.]

GARCIA. (_Ap_.)

¡Dichoso mil veces yo!

HERNANDO. ¿Ya se pasó la tristeza

del enojo de su Alteza?

GARCIA. Con tal trueque, ¿por qué no?

Cuando en tal privanza estoy,

¿qué importa la que he perdido?

Haz cuenta que ya marido

de la hermosa Anarda soy.

HERNANDO. ¿Tan presto?

GARCIA. Ella misma ha abierto

a mis intentos lugar.

HERNANDO. ¿Quién creyera en tanto mar

que estaba tan cerca el puerto?

JULIA. Caballero forastero...

GARCIA. Bella cortesana...

JULIA. Oíd,

por forastero en Madrid,

un consejo daros quiero.

No tengáis a poco seso

que, sin pedillo, os le doy,

porque disculpada estoy

con lo que en dalle intereso,

Anarda, según he oído,

poder de casalla os dió,

y a Mauricio os declaró

que no quiere por marido.

La causa os diré, y así

vos de ella colegiréis

lo que en esto hacer debéis,

y lo que me mueve a mí.

Soy su prima, y de su amor

secretaria; mas ahora

soy a su amistad traidora

por ser leal a mi honor.

Por su Alteza Anarda muere:

y como ya el Conde herido

deste amor está advertido,

por esposo no le quiere;

que a impedir es poderoso

la infamia que Anarda intenta,

y a quien lo ignore o consienta

quiere tener por esposo.

De aquí podéis entender

lo que me va en no callar,

y si vos debéis mirar

a quién la dais por mujer. (_Vase_)

[ESCENA XVII]

[GARCIA, HERNANDO.]

GARCIA. ¿Qué es aquesto, cielo eterno?

¿Soy yo aquel que agora fuí?

¿De un paso al cielo subí,

y de otro bajé al infierno?

Agora tuve delante

la gloria por quien suspiro,

y en medio en un punto miro

mil montañas de diamante.

El que a tal nació sujeto,

¿qué perdiera en no nacer?

HERNANDO. ¿Qué te ha dicho esta mujer?

GARCIA. ¿No te lo ha dicho el efeto?

Un desengaño.

HERNANDO. Fortuna

nos da su retrato en tí.

Agora pisar te ví

con los mismos pies la luna,

y ya en el centro profundo

de dolor y rabia fiera.

GARCIA. Paciencia; desta manera

son _los favores del mundo_.

ACTO TERCERO

[_La calle frente a la casa de Anarda_.]

[ESCENA PRIMERA]

DON JUAN, JULIA.

JUAN. Su Alteza, que por mandado

del Rey a Toledo parte,

de Anarda quiere encargarte

en esta ausencia el cuidado.

JULIA. (_Ap_. Ocasión me da con esto

para esforzar mi invención.)

En estrecha obligación

hoy el Príncipe me ha puesto;

que pues de mí se confía,

guardarle debo amistad,

y el decirle la verdad

corre ya por cuenta mía.

JUAN. Habla pues.

JULIA. Dile que vea

que al forastero Alarcón

tiene mi prima afición,

y ser su esposa desea.

Si lo consigue, su Alteza

se puede dar por perdido;

que da el amor del marido

a la mujer fortaleza.

No hay qué esperar si se casa

con hombre de tal valor

y que sabe ya el amor

en que el Príncipe se abrasa.

Ella dirá que desea

casarse por allanar

el camino y dar lugar

al Príncipe; no lo crea,

que es engañoso artificio,

y ha de resistir después.

JUAN. Pues tu consejo ¿cuál es?

JULIA. Que la case con Mauricio,

a quien da en aborrecer

Anarda, que de ofendido

está muy cerca el marido

que aborrece la mujer.

JUAN. Y Mauricio ¿no es honrado,

y a guardar su honor bastante?

JULIA. Deste intento está ignorante;

nada puede un descuidado.

JUAN. ¿Sabes si el Conde querrá?

JULIA. Sé que por Anarda muere.

JUAN. ¿Pues cómo, de que la quiere

el Príncipe, ajeno está?

JULIA. Su Alteza es tan recatado

que nunca el Conde Mauricio

tuvo de su amor indicio;

tú solo celos le has dado

con tus rondas y paseos.

Mas eso no ha de estorballe,

pues cesa con declaralle

que causo yo tus deseos.

JUAN. Si el Conde está sospechoso,

ha de pensar que es enredo.

JULIA. Pues quitarémosle el miedo

con que seas tú mi esposo.

JUAN. ¿Qué dices? ¿Tan gran favor

he merecido de ti?

JULIA. ¿No es tiempo que obren en mí

tus méritos y tu amor?

JUAN. ¡Dulce fin de tantos daños!

JULIA. (_Ap_.)

Anarda la mano dé

al Conde; que yo sabré

usar contigo de engaños.

JUAN. Su Alteza, mi bien, me espera.

JULIA. ¿Hasme de olvidar, Don Juan?

JUAN. Antes, Julia, olvidarán

las estrellas su carrera.

JULIA. De tu ausencia y mi tristeza

¿cuándo el fin tengo que ver?

JUAN. Esta noche he de volver

por la posta con su Alteza.

(_Vase_)

JULIA. (_Ap_. Bien engañado lo envío.

Mas ¡ay! ¿si se va Alarcón

a Toledo? Una invención

remedie el tormento mío.)

Don Juan. (_Vuelve Don Juan_.)

JUAN. Señora.

JULIA. Oye.

JUAN. Dí.

JULIA. Mira que es inconveniente

que Garci-Ruiz se ausente

en esta ocasión de aquí,

que examinar su intención

con cautela es acertado;

que si paga, enamorado

de mi prima, su afición,

tales cosas le diré,

que aborrezca a la que estima,

y despechada mi prima

al Conde la mano dé.

JUAN. Dirélo al Príncipe así.

Loco voy con tu favor. (_Vase_.)

JULIA. ¡En qué laberinto, amor,

me voy entrando tras tí!

A Don Juan he dicho ahora

que está Mauricio ignorante

de que es el Príncipe amante

de Anarda; y que no lo ignora

dije a Don Diego, mi tío.

Con sus intenciones varias,

y por dos causas contrarias

a un mismo efeto los guio.

[ESCENA II]

Sale DON DIEGO.

[JULIA, DON DIEGO.]

DIEGO. Ya, Julia querida, he dado

cuenta al Rey de nuestro intento,

y que el Príncipe al momento

de Madrid salga ha mandado.

JULIA. ¿Y en lo que a Mauricio toca?

DIEGO. Que la mano le dará,

o en un convento tendrá

justo castigo esa loca.

JULIA. Yo haré con tal artificio

lo que tu pecho desea,

que el mismo Príncipe sea

quien la case con Mauricio.

DIEGO. De remediar nuestro honor

tengo justa confianza

en lo que tu ingenio alcanza.

JULIA. (_Ap_.)

Di en lo que alcanza mi amor.

(_Vanse_.)

* * * * *

[_Cámara del Príncipe._]

[ESCENA III]

Salen EL PRINCIPE, con botas, y GERARDO, con las espuelas, para

ponérselas. [Luego DOS PAJES.]

PRINCIPE. Acaba; que me tienes ya cansado.

GERARDO. (_Ap_.)

En quemar la materia más cercana,

al fuego imita un Príncipe enojado.

PRINCIPE. Pónlas, acaba. ¡Cuán de buena gana

con ellas las entrañas le rompiera

al que pena me dió tan inhumana!

(_Sale un Paje_.)

PAJE. Ya apercebido el carrüaje espera.

PRINCIPE. Pues ¿quién te lo pregunta?

PAJE. Vuestra Alteza

mandó que en siendo tiempo lo dijera.

PRINCIPE. No obedecerme fuera más fineza,

que el discreto no da, sin ser forzado,

nuevas que sabe que han de dar tristeza.

(_Sale el Paje 2°_)

PAJE 2°. A vuestra Alteza aguarda aderezado

el almuerzo, señor.

PRINCIPE. Todos entiendo

que os habéis a matarme conjurado.

Necio, a quien de la vida está partiendo,

¿qué gusto puede darle la comida?

Que es, amando, partir, vivir muriendo.

Idos de aquí, dejadme; que la vida

me sobra, pues me falta la paciencia.

¡Ay antes muerta gloria que nacida!

El favor vino anoche, y hoy la ausencia,

porque tenga en la misma medicina

materia más copiosa la dolencia.

PAJE 1°. [_Hablando_] aparte [_con el 2°_]

Agora entra Alarcón.

PAJE 2°. Él no imagina

que está el mar por el cielo.

PAJE 1°. ¿Llegar osa?

Corre--Faetón--a su fatal ruina.

[ESCENA IV]

Sale GARCIA. [EL PRINCIPE, GARCIA, GERARDO, y PAJES.]

GARCIA. Si acaso vuestra mano poderosa,

del justo enojo, de mi error causado,

ha envainado la espada rigurosa,

merézcala besar quien humillado

en cambio dél, señor, la sangre ofrece

que en el servicio vuestro ha derramado.

PRINCIPE. Alzad, Garci-Ruiz, y si os parece

que yo estuve enojado, yerro ha sido;

que vuestro amor leal no lo merece.

Sabiendo que un vasallo estaba herido

por mi causa, aquel justo sentimiento

de lastimado fué, no de ofendido.

Decir que errastes fué un advertimiento

y regla de servirme, no castigo;

que sé que no hay pecado sin intento.

Graves razones son las que conmigo

os dieron de amistad el nudo estrecho;

no levemente pierdo un buen amigo.

Sabréis de hoy más de mi piadoso pecho

la condición; jamás de ajeno daño

quiero que nazca mi mayor provecho.

GERARDO. (_Ap. con los pajes_.)

Ved de quien sirve el claro desengaño;

aquí nos anegamos, y en bonanza

da al viento aquí esta nave todo el paño.

PAJE 1°. ¿Quién creyera tan presto tal mudanza?

PAJE 2°. Merécela Alarcón.

PAJE 1°. Bueno es ser bueno;

mas no el honrado, el venturoso alcanza.

(_Vanse los criados_.)

[ESCENA V]

[EL PRINCIPE, GARCIA.]

PRINCIPE. Tratemos de mis males, que estoy lleno

de rabia y de dolor, y el pecho mío

se enciende en furia de mortal veneno.

Hoy de mi Anarda ese caduco tío

al Rey de mis intentos se ha quejado;

vuestro yerro causó tal desvarío.

Mauricio fué el herido; han sospechado

que por mi voluntad, y que a Toledo

parta al punto, mi padre me ha mandado.

¿Cómo, ausente de Anarda, vivir puedo,

si aunque presente estoy, muriendo vivo?

GARCIA. Si tu amor firme o tu celoso miedo

remedio alcanza de tu mal esquivo

posible, huya el dolor, la pena olvida,

pues que yo a ejecutallo me apercibo.

Lo que mi brazo erró, emiende mi vida;

que desde que empezó, por justa herencia,

está por tí a perderse apercebida.

Para seguirte en esta triste ausencia

las espuelas calcé, (_Ap_. Callo mi intento,

pues la misma ocasión da la advertencia.)

La vida sigue el mismo pensamiento:

traza, resuelve, manda; que no siente

imposible mi fiel atrevimiento.

PRINCIPE. Vuestra lealtad, que al sol resplandeciente

su luz opone, alivia mi tormento;[8]

y así, mientras de Anarda peno ausente,

en prendas quedaréis de mi firmeza,

que ser Argos de Anarda es gran ventura,

por mirar con cien ojos su belleza.

[Nota 8: "Tormento" pone el texto original; pero el sistema de rimas

de los tercetos exigiría otra palabra, como "tristeza". Cf. con el final

de la pág. 87, donde el sistema de rimas de las quintillas exigiría que

el verso dijera: "¡ Ay de amor puesto en mujeres!" en vez de "en

mujer."]

GARCIA. Premiáis mi amor. (_Ap_. Aquí la suerte dura

el resto echó; ¡por cuidadosa guarda

quedo yo contra mí de su hermosura!)

Un recado, señor, la hermosa Anarda

me ha dado para tí.

PRINCIPE. ¿Cómo, García,

tanto tu lengua en referirlo tarda?

GARCIA. Porque no solicita tu alegría;

y a no obligar la ley de buen criado,

con el silencio más te serviría.

PRINCIPE.

Habla ya; que el temor me ha atormentado

más que la nueva puede.

GARCIA. Tu mal siento,

si bien en tu valor voy confiado,

porque es el toque dél el sufrimiento.

[_Hablan en voz baja_.]

[ESCENA VI]

Salen DON JUAN y GERARDO.

[EL PRINCIPE, GARCIA, DON JUAN, GERARDO.]

GERARDO. [_Hablando con Don Juan a la puerta de la

cámara_.]

Como el toro, a quien tiró

la vara una diestra mano,

arremete al más cercano

sin buscar a quien le hirió,

su Alteza, con el dolor

que esta nueva le ha causado,

en nosotros ha vengado

los agravios de su amor.

Mas en entrando Alarcón,

o de amor, o de respecto,

serenó el airado aspecto

y mudó la condición.

JUAN. Bien sabe Garci-Ruiz

merecer tanto favor.

GERARDO. Merece con el señor

quien tiene estrella feliz.

PRINCIPE. ¿Que le dé marido yo?

GARCIA. Así lo dice.

PRINCIPE. ¡Ah García!

En mi loco amor confía

quien tal recado envió.

¡Ah cielo! ¡Yo le he de dar

a la que adoro marido!

Cuánto corta en un rendido

la espada, quiere probar.

¡Anoche el favor primero,

y hoy desengañarme así!

GARCIA. (_Ap_.)

Que fué el amor para mí,

de todo con causa infiero.

Pero ¿cómo puedo ¡ay triste!

merecer por dulce esposa

mujer tan noble y hermosa,

y que a un Príncipe resiste?

PRINCIPE. ¿Qué haré?

GARCIA. En casos de amor

nunca supe dar consejo.

PRINCIPE. Vos, pues en la corte os dejo,

con vuestro seso y valor

divertidla de ese intento,

encarecedle mi pena,

mientras el remedio ordena

mi afligido pensamiento.

GARCIA. Dos imposibles, señor,

me encargas.

PRINCIPE. Tal caballero

para tales casos quiero.

Caballerizo mayor...

GARCIA. [_Arrodillándose_.]

De Alejandro es Vuestra Alteza

envidia.

(_Sale Don Juan_.)

PRINCIPE. Alzad pues. Don Juan,

¿calláis?

JUAN. Callando se dan

nuevas que son de tristeza.

PRINCIPE. ¿Qué hay de Julia?

JUAN. Ya la ví.

PRINCIPE. No temáis; que de Alarcón

sé ya la resolución

de mi Anarda contra mí.

Ya sé que se determina

a casarse esa cruel.

JUAN. (_Aparte al Príncipe_.)

¿Luego ya sabréis que es él

a quien Anarda se inclina?

PRINCIPE. ¿Quién?

JUAN. Repórtate.

PRINCIPE. Acabad:

que el alma en furor se abrasa.

JUAN. Oye, señor, lo que pasa,

si Julia dice verdad.

(_Hablan los dos en secreto_.)

GERARDO

De la merced que os ha hecho

el Príncipe, alegre os doy

un gran parabién.

GARCIA. Yo estoy

de vuestro amor satisfecho

pero podéis persuadiros

que nada quedo a deber

y cuanto tenga ha de ser,

Gerardo, para serviros.

GERARDO.

Vuestro valor al deseo

da seguras esperanzas.

GARCIA. (_Ap_.) Tocando estoy las mudanzas

de mi suerte, y no las creo.

¿Quién, del infeliz estado

en que hoy se vió mi ventura,

creyera que a tanta altura

hoy me viera levantado?

PRINCIPE. ¡Tal maldad! ¡Viven los cielos,

que he de hacer!...

JUAN. Señor, detente.

PRINCIPE. ¿Quieres que el volcán reviente,

y el mundo abrasen mis celos?

¡Alarcón!

JUAN. Que adviertas, ruego,

a su gran valor.

PRINCIPE. Salid

al momento de Madrid.

GARCIA. ¿Para adónde?

PRINCIPE. Salid luego,

y cuanto más lejos vais,

me daré por más servido.

GARCIA. Señor...

PRINCIPE. Ya estoy ofendido

de que partido no hayáis.

GARCIA. [_Ap. retirándose_.]

¿Qué es esto, suerte importuna?

¿Así el favor desvanece?

¡Vive el cielo, que parece

que está loca la fortuna!

¿Qué le habrá dicho Don Juan?

Mas de Don Juan ¿qué recelo,

si estas mudanzas del cielo

ciertos avisos me dan,

haciéndome sin segundo

ya en el bien y ya en el daño,

del engaño y desengaño

de los _favores del mundo_? (_Vase_.)

[ESCENA VII]

[EL PRINCIPE, DON JUAN, GERARDO.]

JUAN. Dame para hablar licencia,

ya que Alarcón se ha partido.

PRINCIPE. ¿Qué quieres? ¿Dirás que ha sido

poco humana mi sentencia,

siendo tanta la ocasión?

JUAN. Si a eso miro, fué piadosa,

señor, pero rigurosa,

si miro a tu condición;

que desconozco el rigor,

en quien es la mansedumbre

naturaleza y costumbre.

PRINCIPE. ¿Qué no harán celos y amor?

Tan otro soy del que fuí,

con sus efetos violentos,

que extraño mis pensamientos,

y no me conozco a mí.

JUAN. De que no sientas no trato,

donde es tanta la ocasión;

mas da un rato a la razón,

pues diste al enojo un rato.

Confesado me ha tu Alteza

que es violento ese accidente:

lo violento fácilmente

vuelve a su naturaleza.

¿En qué diferencia pones

a ti y a un hombre vulgar,

si así te dejas llevar

del furor de tus pasiones?

Cualquiera, señor, es sabio

donde no hay dificultad;

la mansedumbre y piedad

se tocan en el agravio.

La fiera borrasca muestra

si es el piloto prudente,

y el jinete en potro ardiente

fuertes pies y mano diestra.

Esta es la misma ocasión

que debiera desear

tu Alteza, para mostrar

su piadosa condición,

y más donde el condenado

ser inocente podría;

que hasta agora de García

no sabemos si ha pecado.

Julia sólo el pensamiento

de Anarda me ha referido;

pero no que él haya sido

cómplice de aqueste intento

Y la primera advertencia

que Julia en esta ocasión

me hizo, fué que Alarcón

no te siga en esta ausencia;

que cautamente sabrá

dél si a tu enemiga estima;

y siendo así, de su prima

tales cosas le dirá,

que la desdeñe injurioso,

para que ella, desdeñada,

de su amor desesperada,

quiera al Conde por esposo

Que mientras tenga esperanza

de que él su amor corresponde,

no hay pensar que verá el Conde

en sus rigores mudanza.

PRINCIPE. Es agudo pensamiento.

JUAN. Con amor y con lealtad

te sirve, y la voluntad

da fuerza al entendimiento.

Demás desto, considera

que sabiendo tu afición,

no se casará Alarcón,

aunque querido la quiera.

Y por un leve temor

que asegura su nobleza,

no ha de pagar mal tu Alteza

a un hombre de tal valor.

Ni permitas que Alarcón

me tenga por falso amigo,

pues de lo que hablé contigo

vió nacer tu indignación;

con que es forzoso entender

que ingrato y villano soy,

pues quito tu favor hoy

a quien vida me dió ayer.

Bien temí yo tu castigo

cuando te daba el recado;

mas la ley de buen criado

venció a la de buen amigo.

Esto ha de bastar, señor,

a que tomes otro acuerdo,

si mis servicios no pierdo,

si no me engaña tu amor.

PRINCIPE. Digo que me has convencido,

y de haberlo desterrado

estoy, Don Juan, lastimado,

cuanto más arrepentido.

Abrázame; que es razón

dar premio a tu gran nobleza,

y por ver esta fineza,

estimo aquesta ocasión.

JUAN. Por tal dueño poco es dar

la sangre, vida y honor.

Dame licencia, señor,

de que lo vaya a alcanzar.

PRINCIPE. Será, Don Juan, darle indicio

de liviana condición.

JUAN. Fia tu reputación

de mi ingenioso artificio.

PRINCIPE. Como la ocasión no pueda

colegir que esto ha causado,

a lo que le he encomendado

le dí que en la corte queda.

JUAN. ¿Partes luego?

PRINCIPE. Ya el rigor

de mi airado padre ves.

JUAN. Para alcanzarte, a mis pies

dará sus alas mi amor. (_Vase_.)

[ESCENA VIII]

Salen CRIADOS.

[EL PRINCIPE, GERARDO, _los dos_ PAJES _y otros_ CRIADOS.]

PRINCIPE. ¿Puedo partir?

GERARDO. A tu Alteza

todo aguarda apercebido.

PRINCIPE. ¿Quién duda que estás sentido,

Gerardo, de mi aspereza?

GERARDO. Sólo tus pesares siento.

PRINCIPE. ¡Ah Gerardo! no te espante;

que es pluma leve un amante,

y celos y amor el viento.

Alégrete este rubí, (_Dale una sortija_.)

si por mi causa estás triste.

Y tú, pues que me sufriste

lo que sin razón reñí,

(_Da a otro criado otra sortija_.)

con este diamante, Otavio,

publica tu sufrimiento;

y a ti, el arrepentimiento

que tengo ya de tu agravio

(_Da a otro una cadena_.)

te diga aquesa cadena,

que me confiesa obligado.

PAJE 1°. Aumente el cielo tu estado.

GERARDO. Alivie Anarda tu pena.

PAJE 1°. A su curso natural

el río presto volvió.

GERARDO. ¿Quién a Príncipe sirvió

tan piadoso y liberal? (_Vanse_.)

[_Habitación de García, en Madrid_.]

[ESCENA IX]

Salen GARCIA y HERNANDO, de camino.

GARCIA. ¿Cómo está el Conde?

HERNANDO. No es nada.

¡Un piquete siente así!

Como es señor, es de vidro,

y está su vida en un tris.

Tiene en la tabla del brazo

una sangría sutil;

que la manga de la cota

no le llegaba hasta allí.

Una vena le rompiste;

desangrábase, y así

se desmayó; ya está bueno,

y ha pedido de vestir.

GARCIA. Huélgome. ¿Vienen las postas?

HERNANDO. Ya comenzaba a subir

el postillón, batanado

en el angosto rocín.

GARCIA. Mucho tarda a mi deseo.

HERNANDO. Esto ¿es irte, o es huir?

GARCIA. ¡Fuego de Dios en amores

y privanzas de Madrid!

HERNANDO. ¿Esos dos polos quisiste

con tus dos manos asir?

A entrambos pierde de vista

el ingenio más sutil,

y el que más alcanza, dice

que ha de conservarse aquí

Ganimedes con embuste,

y con dinero Amadís.

Andas en cueros por las calles

despreciado el dios Machín,

y como se ve tan pobre

y ciego, ha dado en pedir.

En amaneciendo Dios,

ya en chinela, ya en chapín,

de los nidos salen bandas

de busconas a embestir,

todas buscando el dinero,

no al galán sabio y gentil:

quien no tiene es un demonio,

y quien tiene, un serafín.

Ninguno cumple deseo,

si bien lo adviertes, aquí;

que el pobre jamás llegó

de sus intentos al fin;

y el rico, si no desea,

¿cómo lo puede cumplir?

Porque antes de desear,

alcanza el rico en Madrid.

Sin estos inconvenientes,

considero yo otros mil,

que es un asno el que en la corte

con ellos quiere vivir.

Un lancero ¿a quién no mata

con un cuerpazo hasta allí,

dando voces como truenos,

que hacen los perros huir?

¿A quién no cansa un barbón

con un tiple muy sutil,

lastimero y recalzado,

diciendo: _ili portuguí_?

¿Quién sufre un burro aguador,

que me sabe distinguir

a mí de un poste, y se aparta

del poste, y me embiste a mí?

¿Quién sufre un cochero esento

cuya lanza cocheril

rompe más entre cristianos

que entre moros la del Cid?

GARCIA. ¿Esas cosas te dan pena?

HERNANDO. Estas me la dan a mí,

que son con las que se roza

la jerarquía servil.

Y si cosas tan menudas

me desesperan así,

¿cuál estará entre las grandes

el que juzgan más feliz?

¡Buena pascua! Vamos presto:

nunca tan cuerdo te ví;

que aquí todo es embeleco,

todo engaño, todo ardid.

Al que promete aquí menos,

y al que cumple más aquí,

el pronóstico de Cádiz

no se la gana a mentir.

Coche y Prado son su gloria,

y esta se reduce al fin

a mirarse unos a otros,

y andar de aquí para allí.

Pero las postas son estas.

GARCIA. Pues alto, Hernando, a subir.

HERNANDO. Bien puedes; que a punto están

la maleta y el cojín. (_Vase_.)

Adiós, corte; adiós, Anarda.

[ESCENA X]

Sale DON JUAN.

[DON JUAN, GARCIA.]

JUAN. Los caballos despedid;

que os manda quedar su Alteza

en la corte.

GARCIA. ¡Qué decís!

JUAN. Que cesó la causa ya

por que os mandaba partir,

y así ha cesado el efeto.

GARCIA. ¿Y puedo saberla?

JUAN. Sí.

GARCIA. Decilla presto, Don Juan.

¿Qué causa al Príncipe di

de tan repentino enojo?

JUAN. Erráisos, Garci-Ruiz.

No de enojo, mas de amor

mudó el clavel en jazmín,

por una nueva que yo

de vuestro riesgo le dí.

GARCIA. ¿Y era el riesgo...?

JUAN. Del enojo

del Rey.

GARCIA.¿Del Rey contra mí?

JUAN. Por la herida de Mauricio.

GARCIA. Pues ¿quién le pudo decir

que fuí yo el actor?

JUAN. No sé:

por esto os mandó partir,

como os ama, temeroso

de algún suceso infeliz;

y el enojo que en él vistes

fué contra el pecho ruin

que a indignar al Rey con vos

dió aliento a la lengua vil.

Entró luego a ver al Rey,

y díjole con ardid

cómo a Toledo, García,

os llevaba a vos y a mí.

Que nos llevase en buena hora,

dijo su padre, y de aquí,

que era falsa, colegimos,

la nueva que yo le dí;

que a estar con vos indignado,

no os permitiera seguir

al Príncipe, y en su rostro

que mintió la fama ví.

Con esto y con que a su Alteza

libraros, Garci-Ruiz,

de cualquier riesgo es más fácil

que no apartaros de sí,

os manda quedar, y encarga

a ese esfuerzo varonil

lo que con voz ha tratado.

GARCIA. ¿Y es menester para mí

este recuerdo? A su Alteza,

Don Juan amigo, decid

que sólo triste partía

de pensar que le ofendí,

y, alegre de que fué engaño,

quedo a servirle en Madrid.

JUAN. Dadme los brazos, García.

GARCIA. Don Juan, ¿tan presto os partís?

JUAN. Al Príncipe he de alcanzar,

que va a Illescas a dormir.

(_Ap_. Ni más por tí pude hacer,

ni más te puedo decir;

valor y prudencia tienes,

tú sabrás mirar por tí.) (_Vase_.)

[ESCENA XI]

GARCIA. Encontró Amor a la Fortuna un día,

émula de su imperio soberano;

de Aqueloo las reliquias una mano,

y la rueda fatal otra movía.

El soberbio rapaz la desafía,

y el arco flecha; pero flecha en vano;

que no la ofende su poder tirano,

si el cetro menos él della temía.

Al fin, reconocidos por iguales,

dios cada cual en cuanto ciñe Apolo,

ni él las viras dejó, ni ella los giros.

¿Qué tanto soy contra enemigos tales?

No se vencen los dioses ¿y yo solo

bastaré a sus mudanzas y sus tiros? (_Vase_.)

[_Sala en casa de Anarda_.]

[ESCENA XII]

Salen JULIA, ANARDA e INÉS.

JULIA. En lo que ahora te digo,

mi amor te quiero mostrar.

A Mauricio, tu enemigo,

el Rey pretende casar

contra tu gusto, contigo,

y siguiendo aqueste intento,

vendrá agora de su parte

quien acabe el pensamiento,

con orden para llevarte,

si resistes, a un convento.

ANARDA. Cuando la mano le dé

al Conde, o no tendré seso,

Julia, o sin vida estaré.

JULIA. Si te resuelves en eso,

un consejo te daré.

ANARDA. Ya, prima, tu lengua tarda.

JULIA. Éntrate al punto en el coche;

del furor del Rey te guarda;

que yo desde aquí a la noche

haré tu negocio, Anarda.

Los favores del mundo · 第 4 / 5 段