Gregorio Surín, con quien tuvimos oportunidad de departir extensamente á

raíz de su captura, es un mulato que representa unos cincuenta años de

edad, y su aspecto afeminado, acaso tanto como el odio feroz que siempre

ha sentido por la raza blanca, le hace repulsivo y odioso desde el

primer momento.

Este hombre, que fué uno de los más entusiastas propagandistas de las

doctrinas del llamado "Partido Independiente de Color", recibió de manos

de Estenoz, en pago de sus servicios á la causa negra, el diploma de

Coronel de Estado Mayor, y provisto de este documento, marchaba con la

partida del cabecilla Heredia, al ocurrir la sorpresa de Kentucky, que

vamos á referir suscintamente, y sin más objeto que satisfacer á las

numerosas personas que nos preguntan todos los días por qué el Teniente

Ortiz no dió muerte á Surín.

El Teniente Arsenio Ortiz, oficial valiente, pundonoroso y muy conocedor

de las sierras orientales, operaba con una fuerza mixta de la Rural y

guerrillas; y habiendo sabido por un presentado que la partida de

Heredia se encontraba en un lugar denominado Sitges, levantó su

campamento, establecido en la finca "La Cristina", y emprendió marcha

con dirección al sitio expresado.

Cuando la columna de Ortiz hubo andado seis ú ocho leguas, comprendió su

animoso jefe que no le sería posible hacerse acompañar de la pequeña

fuerza de infantería que le seguía, pues los soldados, rendidos de

fatiga, no podían dar un paso más. Resolvió entonces el bravo teniente

proseguir la jornada sin más acompañamiento que quince números del

escuadrón "M" del Tercer Regimiento de Caballería de la Guardia Rural, y

con ellos llegó á Sitges, poco después de haberse retirado de dicho

lugar las partidas rebeldes.

Las huellas indicaban que se habían dirigido á "El Atalí", y á "El

Atalí" fué Ortiz con sus quince valientes, sin obtener otro resultado,

que cerciorarse de que Heredia y los suyos se habían replegado sobre la

inexpugnable posición de Kentucky, hacienda enclavada en el corazón de

la sierra, á una altura prodigiosa sobre el nivel del mar, y dotada de

tan formidables defensas naturales, que durante nuestras guerras

emancipadoras jamás se atrevieron las aguerridas tropas españolas á

intentar el desalojo de las fuerzas patriotas que hacían de ese lugar el

centro de sus operaciones.

A corta distancia del batey de Kentucky encontraron Ortiz y sus guardias

una avanzada rebelde, que "desecharon"; y después de ímprobos trabajos

y trepando por el temible "farallón", cayeron como irresistible turbión

sobre el campamento enemigo.

Heredia fué muerto; su ayudante, Despaigne, fué muerto también, y si los

doscientos negros que componían la partida no fueron totalmente

aniquilados, debióse á que la niebla, que en esos parajes jamás se

disipa por completo, favoreció la fuga de aquellos desgraciados.

Ortiz y sus valerosos guardias persiguieron á los fugitivos durante

algún tiempo, y cuando regresaron al sitio de la acción, hallaron á

Gregorio Surín que con seis de los suyos, se había rendido á un

indivíduo llamado "Pancho" Jaba, que había servido de práctico á las

tropas leales.

Al ver al Teniente, Surín, que le conocía personalmente, cayó de

rodillas, pidiendo humildemente que se le perdonase la vida; y Arsenio

Ortiz, que en aquel momento se sentía feliz y orgulloso con el triunfo

alcanzado, perdonó.

Al siguiente día fueron conducidos los prisioneros á "La Sigua", pequeña

ensenada distante unas treinta millas náuticas de Santiago de Cuba,

donde ya esperaba el cañonero _Baire_, cuyo comandante, el señor Alberto

de Carricarte, se hizo cargo de ellos, para su conducción á Santiago.

XX

SUSPENSION DE LAS GARANTIAS CONSTITUCIONALES

Al Congreso:

La grave perturbación del orden que amenaza la paz de la nación, me

obliga á acudir, como lo hago, al honorable Congreso, en cumplimiento de

lo que estatuye el Inciso segundo del artículo 68 de la Constitución,

para que el Poder Legislativo con su habitual sabiduría y apreciando la

situación porque atraviesa la República, dicte una Ley que me autorice

para suspender las garantías constitucionales en todo el territorio

nacional ó en determinada parte del mismo.

Enemigo de medidas extremas, he procurado sofocar el actual movimiento

sedicioso sin recurrir al Congreso, á fin de que dictase la Ley que

ahora solicito; pero la necesidad de terminar en una rápida campaña la

insurrección armada, cortando con ello complicaciones exteriores y

salvando la causa del orden y de la civilización, me obliga á dirigirme

á los Cuerpos Colegisladores para obtener de ellos una medida que sabré

hacer uso con la moderación que pongo en todos mis actos.

Palacio de la Presidencia, en la Habana, 3 de Junio de 1912.--(f.) José

Miguel Gómez.

XXI

LITERATURA AFRO-INDEPENDIENTE

He aquí una copia fiel de algunos de los más curiosos documentos

ocupados á los alzados, por las tropas del gobierno:

_Ejército Reivindicador_

Cuartel General en Campaña en el punto la Cristina.--He recibido del

Cdno. Capitán Tomás Maniel de este Ejército, en comisión por orden de

este Cuartel General á mis órdenes, 500 tiros de Mauser, un caballo

dorado tomado en el potrero "La Filipina", y otro del mismo color en la

Aguada de Juan B. Riveauz y dos armamentos Espinfes, viniendo con él

doce ciudadanos, cuyas generales han sido tomadas.

También he recibido dos caballos tomados el uno en el potrero de Enrique

Tomás, y otro en la finca "Filipina".

Y para su constancia le firmo el presente. En Patria, Derecho y

Libertad, á 29 de Mayo de 1912.

El Jefe del Estado Mayor,

_Isidoro Santos Carrero._

_La Gloria.--Municipio de Alto Songo.--Oriente_

Cuartel General del Ejército Reivindicador de la República Cubana en

Campaña--Campamento La Gloria.

Reverendo General en Jefe del Departamento, de Oriente en toda su

jurisdicción del E. R.

Con esta fecha, 23 de Mayo de 1912, le remito la expresada comunicación

para que sea tomada en cuenta y asentado al libro del Ejército la

comisión desempeñada por el infrascripto y el capitán Pablo Felisier y

el teniente Ayudante Francisco Duany y Méndez y Mauricio Rebollar y el

teniente armero Wenceslao Dávila y seis números; cuya comisión realizó

las hazañas siguientes: el 20 de Mayo á la 1 a. m. en la Hacienda del

Olimpo incomunicando la vía de Guantánamo y San Luis por el extremo Este

y Oeste y el hilo de la finca por el Norte, sacando seis caballos

aperados del Batey Olimpo y asaltando á la cantina del Sr. Juan Tejeiro

de donde nos llevamos los objetos que constan en el libro en la fecha

indicada.

Sin más, de Vd. atto. S. S.

El Comandante del Escuadrón de Caballería,

_Loreto Vera._

También el día 21 del presente con el mismo capitán y el Teniente

ayudante y tres números, hicimos un recorrido con rumbo á Belona, del

término municipal de Guantánamo.

Trayendo una res de una finca de ese término que fué entregada en ese

día al Jefe día del Cuartel General de que le participo para lo que

estime procedente. S. S. El Comandante del Escuadrón 10.

* * * * *

Cuartel General.--Pongo en su conocimiento que el dia primero del

precente mes dirigi á Vd. una comunicación en la que ponía en su

conocimiento que el día 31 del mes pasado le hecijí al teniente coronel

Vicente Amaya que me hisiera entrega de esta brigada haciéndole entrega

del diploma que se tuvo abien entregarme para dicho Sr. osponiéndose el

señor Amaya aserme la entrega del alchivo de esta brigada, porque dice

que es de su propiedad ciendo insierto que ese alchivo ha sido cojido en

case del alcalde del barrio Sr. Ramón Bravo.

Ademas el día 28 del mes pasado se tomó la cantina del Sr. Pelegrín,

habiendose sacado de dicho cantina se sacaron catorce asemilas cargadas

de eftcto y ademas la infanteria bino cargada de efetctos y la gente

unicamente vió lo que cargo la infantería pues lo demas factura nose

hapodido saber donde lo an trasportado; y ademas el día 2 le mande una

comunicación á Vd. la que rregreso á este cuartel el día 6 disiendo que

acausa de haber mucho enemigo y no saver suparadero no isieron entrega

dicha comunicación.

Pongo en conosimiento á ese cuartel que el señor Anaya el día primero

salió con rumbo á ese cuartel imponiéndose aserme entrega de los

armamentos que tenía en su escota pues se lo mande hapedir con el

coronel Eduardo Goulte, disiéndole que el no entregaba nada pues esos

armamentos los necesitaba el para su marcha y ademas disiendo el que

como el se hiva á poner á las ordenes de un brigadier sin camisa y sin

zapato, esto que le digo en estas líneas se lo pruevo en caso que el se

negara.

Sin mas su affmo, amigo.--Campamento Vinento, Junio 7 de 1912.

General de División,

_Felipe Vera._

* * * * *

_Ejército Reivindicador_

_Cuartel General en Campaña_

A la Jefatura General.

Sr. Jefe de la Provincia Oriental.

Señor:

A Vd. digo que habiendo operado en este Departamento Oriental y habiendo

tomado el poblado de Palmarito haciendo en parte vivieres y ropas las

fuerzas por particular, pasaron, al poblado de La yerba de Guinea,

habiéndose dado á la fuga las fuerzas del Gobierno ocupamos noventa y

siete tiros de Mauser Reformados y en las tiendas ocupamos un saquito de

municiones otro de balines á más de doscientos cartuchos y seis cajas de

pólvora de lo demás no puedo dar cuenta ni fe porque yo iba bajo las

órdenes de otro Brigadier.

Y esperando de Vd. tenga un acto de justicia para con nuestras fuerzas

que vamos atravesar para nuestro departamento y cruzamos desalmados y

sin parques creo tome en consideración por carecer de los elementos

indispensables, quedo de Vd. en espera nos reponga.

En 28 de mayo de 1912.

_Feliciano Acosta_, Brigadier.

XXII

ALGUNAS OBSERVACIONES

_Habana, Julio de 1912._

La República de Cuba ha escapado de los peligros y la vergüenza de una

nueva intervención extranjera, gracias al patriotismo de su pueblo, á la

energía de su gobierno, y al heroismo de su brillante ejército.

Ha caído Estenoz, ha caído Ivonet, se han sometido los pocos jefes del

movimiento que lograron sustraerse al plomo de las tropas leales; y como

consecuencia de tan resonantes victorias ha renacido la paz y va poco á

poco renaciendo la confianza.

Necio sería, sin embargo, que adormecidos por la embriaguez del triunfo,

olvidáramos los peligros pasados y no adoptásemos previsoras medidas

para lo porvenir.

El movimiento estenocista nos ha probado, en primer término, que los

negros, á los que tantas consideraciones hemos guardado, son bastante

ingratos para combatirnos con las armas en la mano y poner en peligro

las instituciones nacionales.

Es necesario, pues, que procuremos evitar á todo trance que vuelvan á

las andadas. El gobierno puede impedirlo, y para ello le bastará con

organizar un cuerpo de policía secreta nacional, es decir, un cuerpo

cuyos agentes (reclutados entre todos los elementos sociales del país)

puedan moverse libremente de un extremo á otro de la isla, y ejercer

estrecha y constante vigilancia sobre todos aquellos indivíduos á

quienes se considere capaces de recoger la triste herencia de los caídos

en Micara y Nueva Escocia.

Hecho esto, hay que pensar en la posibilidad de que, no obstante las

medidas preventivas que se adopten, puedan los racistas realizar una

nueva intentona.

Llegado este caso, planteada nuevamente la cuestión de fuerza, preciso

será que dispongamos de un ejército bastante numeroso para atender, á la

vez, á las seis provincias; porque no es lógico suponer que todas las

revoluciones (racistas ó de otra clase) que puedan ocurrir en Cuba hayan

de abarcar una extensión de territorio tan poco extensa como la que, por

suerte de todos, acaba de fracasar en Oriente.

Hemos dicho ya, y no nos cansaremos de repetirlo, que si Estenoz, más

osado, hubiese tenido bastante valor para levantar la bandera negra en

las provincias occidentales, difícil, si no imposible, hubiera sido la

tarea de aplastar el movimiento, puesto que el ejército relativamente

poco numeroso, habría tenido que fraccionarse.

Se hace, pues, indispensable, aumentar considerablemente el efectivo

militar de la República; y como quiera que sería ridículo que un país de

tres millones de habitantes contase con un ejército regular de cincuenta

ó sesenta mil soldados (cosa que, por otra parte, gravaría enormemente

nuestro erario) debe el gobierno pensar con toda formalidad en la

organización de las milicias nacionales, tomando como modelo los cuerpos

similares que existen en los Estados Unidos, y que constituyen, como es

sabido, el núcleo militar más importante de la Gran República.

No hay que temer que las tropas milicianas puedan llegar á convertirse

en una amenaza para la paz pública; y no hay que temerlo, en primer

lugar, porque aun en el caso de que las milicias de una localidad y si

se quiere las de toda una provincia se sublevasen, las de las otras

regiones no tendrían motivo para hacer lo mismo; en segundo lugar,

porque para sublevarse no bastan los fusiles, sino que hacen falta

también las municiones, y éstas, como es lógico suponer, ya tendrían

buen cuidado los jefes del ejército de tenerlas á buen recaudo y en

sitio seguro, como se hace en Francia con la Guardia Nacional y en los

Estados Unidos con las milicias de los Estados; y por último, no hay que

olvidar que todos los hombres del mundo (y los cubanos en primer

término) por más levantiscos que sean, dejan de serlo desde el momento

que visten un uniforme y juran una bandera.

El General Monteagudo, que conoce mejor que nadie el problema, por

haberlo estudiado detenidamente bajo todos sus aspectos, es partidario

decidido de la organización de las milicias; y sus iniciativas en este

sentido deben encontrar en todas partes el apoyo decidido de cuantos se

interesen por el bienestar de Cuba.

Por lo que se refiere á reformas y modificaciones en el ejército regular

propiamente dicho, sabemos también que el General en Jefe tiene algunas

en cartera, tales como el aumento de la Guardia Rural y la creación de

un cuerpo de dragones, soldados instruídos y armados para combatir

indistintamente á pié y á caballo, y que, útiles en todas partes,

resultan indispensables, ó poco menos, en países como el nuestro, donde

la movilidad es, en la mayor parte de los casos, el auxiliar más

poderoso de la victoria.

Ahora bien: para que una tropa de esta índole sea verdaderamente eficaz,

lo primero que hay que hacer es dotarla de buenos caballos, y éstos

(contra lo que generalmente se supone) son muy escasos en nuestra

tierra.

El caballo criollo, que pudo ser en época lejana tan bueno como el

mejor, ha degenerado lastimosamente, y casi puede asegurarse que desde

la guerra de Independencia, y como triste consecuencia de ella, _no hay

caballos en Cuba_.

Testigos presenciales de las vicisitudes y los incidentes de la penosa

campaña que acaban de librar nuestras tropas en Oriente, hemos tenido

oportunidad de admirar en muchas ocasiones la increible resistencia de

los soberbios corceles del Tercio Táctico, de la Guardia Rural, que una

vez aclimatados resisten admirablemente la temperatura tropical y son

capaces de realizar jornadas increibles, lo mismo por la sierra que por

el llano, sin experimentar el más leve quebranto.

Ahí están en corroboración de lo que decimos los nobles brutos de los

escuadrones que mandan los capitanes Iglesias, Perdomo y Amiel, que

después de dos meses de incesante y cruenta labor, se conservan en

inmejorables condiciones, y tan frescos, saludables y robustos, como si

no hubieran salido del campamento de Columbia.

Y en cambio, y ofreciendo el más doloroso contraste, los misérrimos

caballejos criollos del Regimiento Núm. 3, á duras penas han podido

llenar medianamente su cometido.

También con esto que dejamos apuntado está de acuerdo el General

Monteagudo, entre cuyos proyectos figura el de adquirir en los Estados

Unidos, un número suficiente de caballos del mismo tipo de los que tan

excelente resultado han dado en el Tercio Táctico de la Guardia Rural.

XXIII

EL FUEGO DE PALMA MOCHA

_Por fuerzas del capitán Perdomo._

Después de largo tiempo de encontrarse en la provincia Oriental

persiguiendo en vano á las partidas rebeldes, sin lograr que éstas lo

esperaran, según costumbre inveterada en los alzados, el capitán del

Escuadrón "D" de la Guardia Rural, señor José Perdomo, recibió el día 12

de junio la visita de un vecino de Río Frío, informándole que una

numerosa partida de alzados se encontraba acampada en aquel lugar, por

lo que el referido capitán, muy de mañana aún, dispuso que la pequeña

columna que mandaba se pusiera en marcha con dirección al lugar en el

cual se decía se encontraba el mencionado grupo.

Comenzó la marcha atravesando las fincas de "Guanabo", "Vuelta Corta" y

"Filipinas", hasta llegar al lugar conocido por "Río Frío", que, como

decimos antes, era donde se encontraba el enemigo; pero ya los

cabecillas Felipe Vera, el "Brigadier" Anaya y Boulet, se habían

marchado precipitadamente de este lugar, por lo que el capitán Perdomo

hubo de practicar distintos reconocimientos y después de oir varias

confidencias y examinar el rastro, pudo comprobar que la partida rebelde

se encontraba cerca de "Palma Mocha". El capitán, no obstante el gran

número de alzados que componían dicha partida, pues el rastro que se

veía era enorme, no titubeó un solo instante, y dispuso que se

emprendiera sigilosamente la marcha por el infernal camino que conduce

al referido lugar.

Eran las 4 y 10 de la tarde, y aun ningún soldado había tomado alimento

alguno; los oficiales para dar el ejemplo se habían negado á tomar el

café que voluntariamente les ofrecieran varios vecinos. No obstante esta

circunstancia, todos iban bien dispuestos, animosos, llenos de fe;

¡quizás presentían el gran triunfo que se les aproximaba, á medida que

iban avanzando por el camino emprendido!

Ya cerca de Palma Mocha, se hizo alto y el capitán Perdomo, Jefe de la

columna, ordenó que el joven Teniente Jacinto Llaca, perteneciente al

cuerpo de la Guardia Rural, fuese desmontado con 10 hombres en la

extrema vanguardia de la columna, con el fin de que no pudieran los

rebeldes oir el tropel de los caballos.

No habían transcurrido aun 20 minutos y ya se sintieron en la vanguardia

los primeros tiros con que una avanzada enemiga, compuesta de 15

hombres, recibía á los 10, que al mando del Teniente Llaca, marchaban.

_¡Fuego por escuadras!_ oyóse decir en aquel mismo instante, y una serie

repetida de detonaciones se sintieron enseguida.

Aquella fué la señal. Los soldados que se encontraban con el resto de la

columna, enardecidos por el humo producido por la pólvora y por los

gritos de entusiasmo de sus compañeros que ya peleaban, se encontraban

alborozados, y esa emoción natural que produce en las almas de los

valientes el estampido de los primeros disparos, les embargaba.

Todos estaban atentos á la voz de mando, esperando que llegara el

instante para caer sobre la horda de racistas y exterminarla con el filo

de sus machetes.

El capitán Perdomo á cuyo lado estaba el valeroso oficial Ovidio Ortega,

estaba frío, impasible, siguiendo con la vista todos los movimientos que

el enemigo hacía.

El camino donde se encontraba la columna era muy estrecho y la posición

que ocupaban los rebeldes era espléndida, como escogida, por antiguos

mambises muy prácticos y muy conocedores de todos aquellos lugares.

De repente el capitán Perdomo ordenó _Al galope_, y todo el escuadrón

como un solo hombre obedecía con extraordinaria rapidez. Los diez

hombres que con el Teniente Llaca se habían desmontado volvieron á subir

á sus caballos respectivos. Pocos minutos después, ya se veían numerosos

grupos de alzados los cuales se encontraban acampados en el centro de un

llano rodeado completamente de monte.

La enérgica voz del capitán Perdomo, volvióse á oir: _Un pelotón por el

flanco izquierdo--dijo--La vanguardia que avance rápida por el centro.

Teniente Ortega, lleve el resto de la columna sobre aquella loma_, y

picando con sus espuelas los hijares de su brioso caballo, éste se puso

en carrera veloz sobre el campo enemigo, seguido de un grupo de

valerosos soldados.

Los rebeldes al verse tan inesperadamente atacados, trataron de hacer

resistencia al empuje de nuestros soldados; pero el teniente Ortega que

mandaba el resto de la columna del capitán Perdomo, y que como decimos

antes, se encontraba en un lugar conveniente, cuidando de la impedimenta

y de las secciones de ametralladoras, dispuso que una de esas temibles

máquinas fuese emplazada para proteger con su mortífero fuego el avance

de las tropas. Tan pronto la ametralladora que estaba montada, comenzó á

vomitar cientos de balas por minuto, los alzados emprendieron

precipitada fuga, perseguidos muy de cerca por el aguerrido oficial Luis

Hernández, el cual llegó tan cerca de los grupos rebeldes, que su

machete aún guarda, huellas de la sangre de algunos de ellos.

El sargento Manuel Montalvo, de las ametralladoras hacía funcionar, en

unión del soldado Martínez una de aquellas temibles máquinas, que tantas

bajas produjeron á los rebeldes.

El fuego de fusilería continuaba rudo, gritos de dolor, mezclados con

voces de mando, dejábanse oir, el tiroteo estaba en todo su apogeo; pero

á medida que el tiempo transcurría, éste iba cesando hasta que

paulatinamente desapareció. Eran las 5 y 15 de la tarde. El Sol

comenzaba á esconderse detrás de las copas de los altos árboles, de que

se componía el monte donde tenía lugar la trágica contienda.

De pronto un pequeño grupo de rebeldes se deja ver sobre una pequeña

loma cercana al lugar en que la caballería se encontraba, el capitán

Perdomo no se hizo esperar. _Corneta, toca á la carga_: dijo, y al

escuchar los soldados los bélicos sonidos de la trompeta pusieron al

galope sus cabalgaduras y segundos después, se había entablado una

cruenta lucha, cuerpo á cuerpo, de la que no salieron muy bien tratados

los Independientes que la sostuvieron, breves minutos.

Sería una falta, que jamás nos perdonaríamos, si no hiciésemos mención

de los sargentos Pérez y Montalvo y los cabos Díaz y López del escuadrón

"F" de la Guardia Rural; y á los también cabos del escuadrón "L"

Martínez y Pérez, que tan heróicamente se comportaron en esta acción.

Ya terminado el fuego, procedióse, á pesar de lo avanzado de la hora, á

practicar un reconocimiento en el campo de batalla, el que dió como

resultado que se encontraron 12 cadáveres, dos de los cuales estaban en

el lugar donde se rompió el fuego por el teniente Llaca, también se

ocupó al enemigo 30 caballos, sacrificándolos acto seguido por no

encontrarse útiles.

También se ocuparon diversos objetos, tales como hamacas, sombreros,

zapatos y muchas monturas, lo que demuestra palpablemente lo

precipitados que anduvieron los revoltosos para ponerse fuera del

alcance de las temidas balas de nuestros valerosos soldados.

Terminada la operación, la columna se acampó en "San José", después de

haber recorrido 12 leguas. Solo un mulo fué herido por los alzados.

Aquella noche hubo rancho extraordinario para los soldados, y en el

campamento reinó la mayor alegría.

Al día siguiente el capitán Perdomo con la modestia que le caracteriza,

pasaba al Cuartel General un telegrama dando cuenta del encuentro del

día anterior; pero restándole importancia, solo exponiendo el valor de

sus soldados y la satisfacción que dá el deber cumplido.

[Illustration: General Monteagudo,

Jefe de las fuerzas armadas de la República.]

[Illustration: General Pablo Mendieta.

Jefe de la Brigada de Infantería.]

[Illustration: Comandante Collazo.

Jefe del Cuerpo de Ametralladoras.]

[Illustration: Coronel Francisco de Paula Valiente.

Jefe del Cuerpo de Artillería de Costas.]

[Illustration: Teniente Coronel Ibrahín Consuegra.

Actual Jefe Militar de Oriente.]

[Illustration: Coronel Carlos Machado y Morales.

Jefe del 2º Regimiento de Infantería.]

[Illustration: Teniente Coronel Quiñones.

Jefe de la Artillería de Montaña.]

[Illustration: Teniente Coronel J. Manuel Guerrero.

Auditor general del Ejército.]

[Illustration: Grupo de Jefes y Oficiales.]

[Illustration: Capitán Emiliano Amiell

del Tercio Táctico de la Guardia Rural.]

[Illustration: 1er. Teniente Arsenio Ortiz.

Que tanto se distinguió en la revolución estenocista.]

[Illustration: Grupo de Oficiales de la Artillería de Montaña]

[Illustration: Teniente Coronel Pujol y grupo de Oficiales.]

Guerra de razas (Negros contra Blancos en Cuba) · 第 5 / 7 段