semejante sitio!
LA REINA.--La carta es de vos, y por lo tanto...
RUY BLAS (_elevando los brazos al cielo con desesperación_).--¡Bondad
divina!
LA REINA.--Queréis alejarme...
RUY BLAS (_tomándole la mano_).--Comprended...
LA REINA.--Adivino: en el primer momento me escribisteis, y después...
RUY BLAS.--¡Nada os he escrito! ¡Huíd de aquí, pobre ángel, porque os
han tendido un lazo! Por todas partes os rodean los peligros. ¿Cómo
podré convenceros? ¡Escuchad, comprended; yo os amo, ya lo sabéis,
y sólo para desechar de vuestro espíritu lo que ahora imagina, me
arrancaría el corazón del pecho! ¡Oh! ¡yo te amo, pero véte!
LA REINA.--¡Don César!...
RUY BLAS.--¡Véte! Pero ahora se me ocurre... alguien debió abrirte la
puerta...
LA REINA.--Es claro.
RUY BLAS.--¿Quién?
LA REINA.--Un hombre enmascarado, oculto por la pared.
RUY BLAS.--¡Enmascarado! ¿Y qué ha dicho ese hombre? ¿Quién puede ser?
¿Era alto? ¡Vamos, hablad!...
(_En la puerta del fondo aparece un hombre vestido de negro._)
EL ENMASCARADO.--¡Era yo!
(_Se quita el antifaz: la Reina y Ruy Blas reconocen con terror á D.
Salustio._)
ESCENA III
Los mismos, D. SALUSTIO
RUY BLAS.--¡Gran Dios!... ¡Huíd, señora!
D. SALUSTIO.--Ya no es tiempo; la señora de Neuburgo ha dejado de ser
reina de España.
LA REINA (_con terror_).--¡Don Salustio!
D. SALUSTIO (_mostrando á Ruy Blas_).--Para siempre seréis la compañera
de ese hombre.
LA REINA.--¡Gran Dios, era un lazo en efecto! Y don César...
RUY BLAS (_desesperado_).--¡Ah, señora! ¿Qué habéis hecho?
D. SALUSTIO (_adelantándose lentamente hacia la Reina_).--Estáis en mi
poder; mas quiero hablaros sin excitar el enojo de Vuestra Majestad,
porque no me domina la cólera. Escuchadme tranquilamente, y no hagamos
ruido. Os encuentro sola con don César en su casa á media noche, y
tratándose de una reina, este hecho basta, una vez público, para
anular el matrimonio en Roma. El Santo Padre lo sabría muy pronto;
pero examinada detenidamente vuestra situación, todo puede arreglarse
dentro. (_Saca de su bolsillo un pergamino, desarróllale y le presenta
á la Reina._) Firmad esta carta, dirigida al Rey Nuestro Señor; yo haré
que llegue en breve á sus manos; y en cuanto á vos, abajo os espera
un coche que he mandado llenar de oro, y en el cual partiréis con don
César al punto. Yo os presto mi auxilio, y sin que nadie os inquiete,
podréis llegar á Portugal. Desde aquí, dirigíos á donde os plazca, pues
á mí me es igual: nosotros cerraremos los ojos. Obedecedme. En este
momento, nadie sabe la aventura más que yo; pero si rehusáis, todo
Madrid conocerá el hecho mañana. Y nada de arrebatos, porque estáis
en mi poder. (_Señalando la mesa, en la que hay recado de escribir._)
Podéis tomar asiento, señora.
LA REINA (_se deja caer aterrada en un sillón_).--¡Estoy en su poder!
D. SALUSTIO.--Sólo exijo de vos el consentimiento para llevar el
escrito al Rey. (_En voz baja á Ruy Blas, que escucha inmóvil, poseído
de estupor._) ¡Déjame hacer, amigo, que para ti trabajo! (_Á la
Reina._) ¡Firmad!
LA REINA (_temblando y aparte_).--¿Qué hacer?
D. SALUSTIO (_inclinándose á su oído y presentándole la
pluma_).--¡Vamos! ¿Qué vale una corona? Si perdéis el trono, en cambio
se os ofrece la felicidad. Por lo demás, no tengáis cuidado; nadie
sabrá nada de esto, porque tengo toda mi gente fuera. (_Tratando
de ponerle la pluma entre los dedos, sin que ella la rechace ni la
tome._) ¡Vamos! (_La reina, indecisa y aterrada, le mira con expresión
angustiosa._) ¡Si no firmáis, os espera el escándalo y el claustro!
LA REINA (_agobiada_).--¡Oh Dios mío!
D. SALUSTIO (_mostrando á Ruy Blas_).--César os ama; le creo digno de
vos; es de noble alcurnia, duque de Olmedo, Bazán y grande de España...
(_Empuja hacia el pergamino la mano de la Reina, que temblorosa y
fuera de sí parece dispuesta á firmar._)
RUY BLAS (_como volviendo en sí de improviso_).--¡Yo me llamo Ruy
Blas, y soy un lacayo! (_Arrancando de manos de la Reina la pluma y el
pergamino, y rasgando este último._) ¡Al fin!... ¡Me sofocaba!... ¡No
firméis, señora!
LA REINA.--¿Qué decís, don César?...
RUY BLAS (_dejando caer su toga y mostrándose con la librea sin
espada_).--Digo que ya basta de traiciones; que no quiero la felicidad
á este precio. ¡Ah! es inútil que me habléis al oído, don Salustio;
tiempo era ya de despertarme y de romper los lazos que me ligaban en
vuestros odiosos planes. No pasaremos de aquí. ¡Si yo tengo el traje de
lacayo, vos tenéis de lacayo el alma!
D. SALUSTIO (_á la Reina, con frialdad_).--Ese hombre es efectivamente
mi lacayo. (_Á Ruy Blas con autoridad._) ¡Ni una palabra más!
LA REINA (_dejando escapar al fin un grito de desesperación y
retorciéndose los brazos_).--¡Santo cielo!
D. SALUSTIO (_continuando_).--Sólo que ha hablado demasiado pronto.
(_Crúzase de brazos; irguiéndose y con voz tonante._) ¡Pues bien, sí;
ahora digámoslo todo; poco importa, porque así será mi venganza más
completa! (_Á la Reina._) ¿Qué pensáis de esto, señora? Á fe mía que la
corte se reirá bien. ¡Ah! ¡vos me arruinasteis, y yo os destrono! ¡Vos
tuvisteis á bien desterrarme, y yo os expulso! ¡Vos me ofrecisteis para
esposa vuestra criada; yo os doy por amante mi lacayo! También podéis
uniros con él, puesto que el rey se va; y así su corazón será vuestra
riqueza. (_Riendo._) ¡Y le habréis hecho duque á fin de ser duquesa!
(_Rechinando los dientes._) ¡Ah, me habéis hundido, arruinado, y entre
tanto vos dormíais tranquila y confiada! ¡Qué locura!
(_Mientras que habla, Ruy Blas se acerca á la puerta del fondo, la
cierra con llave, y después se acerca á don Salustio por detrás, sin
que éste lo note. En el momento en que acaba de hablar, fijando en la
Reina una mirada de odio y de triunfo, Ruy Blas coge la espada de D.
Salustio por la empuñadura y la desenvaina vivamente._)
RUY BLAS (_con aspecto terrible y la espada en la mano_).--¡Paréceme
que acabáis de insultar á vuestra Reina! (_D. Salustio se precipita
hacia la puerta; Ruy Blas le cierra el paso._) ¡Oh! no vayáis por ahí
que está cerrado. Marqués, hasta este día Satanás te ha protegido; mas
ahora no escaparás de mis manos; si de mi poder quiere arrancarte,
que se presente. ¡Ahora llegó mi vez, y aplasto á la serpiente que
encuentro en mi camino! ¡Nadie entrará aquí, ni el diablo ni tu gente,
y te sujetaré bajo mi pie de acero! Señora, este hombre os hablaba
con insolencia, y yo voy á explicarme... Ante todo os diré que es un
desalmado, un monstruo, y que ayer me martirizó á su antojo cruelmente.
No podríais imaginar hasta qué punto lloré y supliqué. (_Al marqués._)
Me explicabais vuestras quejas, hablándome de agravios recibidos;
pero yo no comprendí. ¡Ah, miserable! ¡osáis ultrajar á vuestra Reina
estando yo aquí! Me asombra que podáis ser hombre de ingenio. ¿Creíais
que yo permanecería impasible? Escuchad, sea cual fuere su esfera,
cuando un hombre, un traidor, ultraja á una mujer, ó comete algún
delito monstruoso, todos tenemos derecho para escupirle á la cara y
aplicarle el castigo. ¡Pardiez, si he sido lacayo, también podré ser
verdugo!...
LA REINA.--¡No matéis á ese hombre!
RUY BLAS.--Con sentimiento debo ejercer ante vos mis funciones, señora,
porque es forzoso acabar con el asunto en este sitio. (_Empuja á D.
Salustio hacia el gabinete._) ¡Está dicho; id á poneros bien con Dios
ahí dentro!
D. SALUSTIO.--¡Es un asesinato!
RUY BLAS.--¿Te parece así?
D. SALUSTIO (_desarmado y paseando una mirada de cólera á su
alrededor_).--¡Ni un arma en esas paredes! (_Á Ruy Blas._) ¡Una espada
al menos!
RUY BLAS.--¡Marqués, tú te burlas! ¿Soy yo caballero acaso para cruzar
contigo el acero? Yo no soy más que un vil lacayo, que viste librea
galoneada, un bergante á quien se castiga y se azota. ¡Pero ahora te
voy á matar, como á un infame cobarde, como á un perro!
LA REINA.--¡Gracia para él!
RUY BLAS (_á la Reina, cogiendo al marqués_).--Señora, aquí cada cual
se venga; el demonio no puede ser salvado por el ángel.
LA REINA (_de rodillas_).--¡Gracia!
D. SALUSTIO (_gritando_).--¡Al asesino! ¡Socorro!
RUY BLAS (_levantando la espada_).--¿Has acabado ya?
D. SALUSTIO (_arrojándose sobre él y gritando_).--¡Muero asesinado!
RUY BLAS (_empujándole en el gabinete_).--¡No, mueres castigado!
(_Desaparecen en el gabinete, cuya puerta se cierra._)
LA REINA (_sola, cae desvanecida en el sillón_).--¡Cielos!
(_Sigue una pausa; Ruy Blas vuelve á entrar, pálido y sin espada._)
ESCENA IV
LA REINA, RUY BLAS
(_Ruy Blas da algunos pasos vacilando hacia la Reina, inmóvil y
helada, y después cae de rodillas, con la vista fija en el suelo,
cual si no se atreviese á levantarla._)
RUY BLAS (_con voz grave y baja_).--Ahora, señora, es preciso que os
hable... pero no me acercaré. Os juro que no soy tan culpable como me
creéis. Reconozco mi traición, que debe pareceros horrible..., quisiera
referíroslo todo, mas no es fácil. Sólo puedo decir que no tengo el
alma vil, y que soy honrado en el fondo... Mi amor me ha perdido, y
harto conozco que debí buscar algún otro medio. En fin, el mal está
hecho... perdonadme, señora, por haberos amado.
LA REINA.--¡Caballero!...
[Ilustración: LA REINA.--¡_Ruy Blas_!]
RUY BLAS (_siempre de rodillas_).--No temáis; no me acercaré á Vuestra
Majestad; pero voy á decirlo todo, punto por punto. ¡Oh! creedme, no
soy un vil; hoy he corrido por la ciudad como un loco, y la gente me
miraba; cerca del hospital que habéis fundado, sentí vagamente que una
mujer del pueblo enjugaba compasiva el sudor que brotaba de mi frente.
¡Compadeceos de mí, Dios mío, mi corazón se rompe!
LA REINA.--¿Qué deseáis?
RUY BLAS (_uniendo las manos_).--Que me perdonéis, señora.
LA REINA.--¡Nunca!
RUY BLAS.--¡Nunca! (_Se levanta y adelántase hacia la mesa._) ¿Es esa
vuestra resolución?
LA REINA.--¡Sí!
RUY BLAS (_coge el frasco que está sobre la mesa, acércale á sus labios
y apura el contenido_).--¡Triste llama, extínguete de una vez!
LA REINA (_corriendo hacia él_).--¿Qué hace?
RUY BLAS (_dejando el frasco_).--¡Nada! Mis males han terminado; me
maldecís, y yo os bendigo; esto es todo.
LA REINA (_aterrada_).--¡Don César!
RUY BLAS.--¡Cuando pienso, pobre ángel, que me habéis amado!
LA REINA.--¿Qué filtro es ese? ¿Qué habéis hecho? ¡Decídmelo,
contestadme, hablad! ¡César, yo te perdono, te amo y te creo!
RUY BLAS.--Me llamo Ruy Blas.
LA REINA (_rodeándole con sus brazos_).--Ruy Blas, os perdono; pero
¿qué habéis hecho? ¡Hablad, yo os lo mando! ¿Es veneno ese horrible
licor?
RUY BLAS.--Sí; pero siento alegría en el corazón. (_Abrazando á la
Reina y levantando los ojos al cielo._) ¡Permitid, oh Dios mío, que
este pobre lacayo bendiga á su Reina, porque ella consoló su triste
corazón; permitid que por su piedad muera ya que por su amor vivió!
LA REINA.--¡Dios mío!¡Un veneno! ¡Y yo soy la causa de su muerte! ¡Yo
te amo, y te había perdonado!
RUY BLAS (_desfallecido_).--Lo mismo hubiera hecho. (_Su voz se apaga;
la Reina le sostiene en sus brazos._) Ya no podía vivir. ¡Adiós!
(_Mostrando la puerta._) ¡Huíd de aquí! Todo quedará en secreto... ¡Yo
muero!
(_Cae._)
LA REINA (_arrojándose sobre su cuerpo_).--¡Ruy Blas!
RUY BLAS (_á punto de morir, vuelve en sí al oir su nombre pronunciado
por la Reina_).--¡Gracias!
[Ilustración]
ÍNDICE
PÁGINAS.
LUCRECIA BORGIA
Prefacio. 7
LUCRECIA BORGIA: Drama en tres actos. 13
Acto primero -- Afrenta sobre afrenta.
Parte primera. 15
Parte segunda. 34
Acto II -- La pareja.
Parte primera. 49
Parte segunda. 73
Acto III -- Embriaguez mortal. 79
MARÍA TUDOR
Prefacio. 101
MARÍA TUDOR: Drama en tres jornadas. 105
Jornada primera -- El hombre del pueblo. 107
Jornada segunda -- La reina. 139
Jornada tercera -- ¿Cuál de los dos?
Parte primera. 165
Parte segunda. 190
LA ESMERALDA
Prefacio. 205
LA ESMERALDA: Libreto de ópera en cuatro actos. 207
Acto primero. 209
Acto II. 221
Acto III. 231
Acto IV. 239
RUY BLAS
Prólogo. 255
RUY BLAS: Drama en cinco actos. 263
Acto primero -- Don Salustio. 265
Acto II -- La reina de España. 289
Acto III -- Ruy Blas. 311
Acto IV -- Don César. 331
Acto V -- El tigre y el león. 361