Mr. Snider[6] opina, que con el mapa á la vista, tenemos la

PREHISTORIA

DE

PUERTO-RICO

POR EL

DR. CAYETANO COLL Y TOSTE

DE LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA

ESTUDIO PREMIADO POR _La Sociedad Económica de Amigos del País_ EN EL

CERTAMEN PÚBLICO DEL 8 DE MAYO DE 1897.

LEMA.—Por todas partes la mirada del

investigador encuentra la _evolución_: en las

tierras del planeta y en las sociedades humanas.

SAN JUAN

TIP. BOLETIN MERCANTIL

1907

DEDICATORIA

_A la Real Academia Española de la Historia._

_Dr. CAYETANO COLL Y TOSTE,

SOCIO CORRESPONDIENTE._

TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.

ÍNDICE.

CAPÍTULO I.

El Archipiélago antillano.—Su división geológica.—Banda Norte.—Banda

Este.—La corriente ecuatorial.—Opinión de Snider y Valdés Aguirre

respecto á que la América estuvo adherida al Viejo Mundo.—Opinión de

Humbold sobre la formación del globo.—Las grandes Antillas han estado

unidas al Continente americano.—Pruebas geológicas.—Pruebas

paleontológicas.—Cia, Poey y Fernandez de Castro.—El futuro Continente

Antillano.

CAPÍTULO II.

La isla de Puerto Rico.—Situación geográfica.—Constitución geológica.—

Cordillera central.—Granito.—Diorita.—Serpentina.—Sienita.—Caliza.—

Canteras de mármoles, de asperón, de yeso.—Cavernas.—Margas y arenas.—

Vetas minerales de oro, cobre, plata, plomo y hierro.—¿Cómo se formó la

isla?—¿Ha estado unida al Continente?—Teoría de Moreau de Jonnes en

contra.—Opinión de Stahl.—Parecer de Vasconi.—Nuestra opinión.—

Paleontología.—Lenguas petrificadas.

CAPÍTULO III.

Prehistoria y protohistoria.—Indeterminación de fechas.—Thomsen: ley

cronológica de la industria humana.—Mortillet: edad de la piedra y sus

períodos eolítico, paleolítico y neolítico.—Colecciones etnológicas de

Puerto Rico: Látimer, Acosta, Los Jesuitas, Stahl, Neumann, Nazario.—

Nuestra colección prehistórica boriqueña.—Restos humanos en yacimientos

del interior y de la costa de la Isla.—Fijación social del autóctono

boriqueño en el período de la _piedra pulimentada_.—Opinión contraria de

algunos autores.—El taller de piedra de la gruta de _Miraflores_, en

Arecibo.—Pérdida del lenguaje indo-antillano.—Conservación de los

idiomas indios del Continente.—El boriqueño trabajaba también la

arcilla.—Utilizaba los huesos de pescado.—Conocía el oro é ignoraba el

uso de los demás metales.—Desconocía el uso doméstico de la sal.—

Collares de piedra. Los siete collares del tesoro de Caonabó.—Su

significación.—La muerte y el olvido tras la Conquista.—Las tribus

boriqueñas.—Sus jefes.—El _dujo_.—El boriqueño no había llegado en su

civilización al último grado del período neolítico.—Carencia de

túmulos.—_Tal vez_ se encuentren algún día.

CAPÍTULO IV.

Ley histórica: emigración siguiendo el curso de los ríos.—El hombre

primitivo de las Antillas procedía del inmediato Continente americano.—

La emigración vino de la América meridional.—Error de Guridi y de Stahl

al traerlos de la América septentrional.—Los españoles encontraron _dos_

pueblos que se disputaban la hegemonía del Archipiélago: el _Aruaca_

antillano, perdida la memoria de su origen continental, y el _Caribe_,

que la conservaba.—Los _Caribes_ procedían de los _Galibis_

continentales.—Invasión caribeña en el Archipiélago.—Superioridad

guerrera del invasor.—Derrota del _Aruaca_ indo-antillano.—Informes de

Pedro Mártir de Anglería y del doctor Chanca.—Error de Ulloa, que visto

_un_ indio estaban vistos _todos_.—Linneo.—Gmelin.—Buffón.—Herder.—

Kant.—Hunter.—Blumenbach.—Cuvier.—Moquin Tandon.—Dumeril.—Bory de

Saint-Vicent.—D’Orbigny.—Brasseur de Bourbourg.—Retzius.—Virchow.—

Broca.—Humbold.—Morton.—Nott.—Dally.—Deniker.—Brinton.—Error de

Zaborowski en hacer á todos los indo-antillanos _Caribes_.—El tronco

basilio-guaraní.—El _Guaraní_ español y el _Tupí_ portugués eran uno

mismo.—Siboneyes, Aruacas y Caribes de Girard de Rialle.—Síntesis.—

Razas, sub-razas y razas mixtas.—El _Aruaca_ y el _Caribe_, insulares,

constituían dos sub-razas, cuyo entroncamiento estaba en la raza Guaraní

de la América meridional.

CAPÍTULO V.

Nuestras investigaciones sobre los _Aruacas_.—El pueblo de _Aruacay_ en

Tierra Firme.—Datos filológicos: _yaya_ é _iguana_.—Exploración de

Ordaz.—Los pacíficos _Aruacas_ y los belicosos _Caribes_.—Datos aducidos

por Cristóbal Colón.—La intrusión de Cedeño en la gobernación de Ordaz

trajo la perturbación en Costa Firme.—Mal ejemplo de los conquistadores

disputándose un fortín.—El alzamiento general.—Destrucción de _Aruacay_

y guerra á sangre y fuego.—La cacería de indígenas para sostener las

cuadrillas mineras de San Juan y Santo Domingo, y la pesquería de perlas

en Cubagua.—Jamás volvió el indio de Tierra Firme á una franca paz, como

al principio, porque las expediciones de Ojeda y Guerra fueron también

atropelladoras.—Los Oficiales Reales de Santo Domingo dieron lugar á

todos estos errores.—Informe de Zuazo.—Informe y sentencia de Rodrigo de

Figueroa.—Los _Aruacas_ tenían la misma alimentación que los

indo-antillanos y aplicaban los mismos vocablos á sus vituallas.—Los

naturales de las islas Trinidad y Cubagua también eran _Aruacas_.—La

guerra trajo el error y la confusión.—Aplicación de epítetos al

capricho.—Los pacíficos _Aruacas_ ocuparan primero á Venezuela y

Colombia é iban siendo suplantados por los belicosos _Caribes_.—La

Filología confirma esta tesis.

CAPÍTULO VI.

El tipo indio boriqueño.—La indígena.—El indiezuelo.—Error de Íñigo

Abbad.—Facultades mentales del aborigen.—La vida en tribu ó clan.—

Gobierno paternal.—El _cacique_ ó jefe supremo de la tribu.—El _bohique_

ó curandero augur.—El _nitayno_ ó sub-jefe.—Tres categorías en los

jefes.—El _naborí_, especie de vasallo pechero.—La aldehuela.—El aduar

_Guaynía_, del cacique _Agüeybana_, radicaba al Sur de los campos de

_Boriquén_.—Fué primero la población del pacífico _Agüeybana_, cacique

principal de la Isla, y luego de su hermano el valiente _Guaybana_.—Los

poblejos indios ó _yucayeques_.—Las rancherías _Guaynía_, de Agüeybana;

_Aymaco_, de Aymamón; _Yagüeca_, de Urayoán; _Guajataca_, de Mabodamaca;

_Abacoa_, de Arasibo; _Otoao_, de Guarionex; _Sibuco_, de Guacabo;

_Toa_, de Aramaná; _Guaynabo_, de Mabó; _Bayamón_, de Majagua;

_Jaymanío_, de la cacica Yuisa; _Cayniabón_, de Canóbana; _Turabo_, de

Caguax; _Guayaney_, de Guaraca; _Guayama_, de Guamaní; _Jatibonicu_, de

Orocobix; _Macao_, de Jumacao; y _Daguao_, de Yuquibo.—El _caney_ ó casa

del cacique.—El fuego.—El boriqueño más adelantado que el nativo de

algunas de las islas Marianas.—La poligamia.—La compra de la mujer.—El

_colesibí_ y el _guanín_ como dote.—Ninguna ceremonia religiosa para el

casamiento.—El _matriarcado_ para heredar.—_Guaybana_ heredó á

_Agüeybana_, y no los hijos de éste.—El boriqueño no era adúltero.—Las

ablusiones.—El _tatuaje_.—El achiote ó _bija_.—La _jagua_.—El boriqueño

no practicaba el hurto.—Respeto á la propiedad en los primeros tiempos

de la colonización.—Alimentación del indígena.—Sus bebidas.—Uso del

tabaco.—Desconocimiento de la sal para adobar su comida.—Estadios

públicos.—Juegos de pelota.—_Bato_ y _batey_.—El baile.—Enfermedades y

cuidados del curandero.—El ben purgativo ó _tau-túa_.—El agua fría

y el masaje.—Por qué aceptamos en el boriqueño un estado

político-social-religioso.

CAPÍTULO VII.

El indo-antillano tenía religión.—Los tres frailes Pane, El Bermejo y

Tisím.—Dos grandes agrupaciones de cultos religiosos: el animismo difuso

y el condensado.—¿Qué culto correspondía al indígena boriqueño?—Sitio

religioso del indo-antillano en el animismo difuso.—Amuletos ó dioses

penates.—Los _zemís_.—El totemismo.—Zoolatría.—Fitolatría.—

Antropomorfismo.—Ídolos para proteger las sementeras, obtener la lluvia,

facilitar los partos, conseguir caza, pesca y ayuda en los combates.—El

espíritu benéfico morador de Luquillo.—_Yucajú_, convertido en _Yukiyu_,

dios bienhechor de _Boriquén_.—Los dioses penates ó _zemís_, eran

irradiaciones de _Yucajú_.—El espíritu maléfico de _Boriquén_ venía de

fuera.—_Juracán._—Los fantasmas nocturnos, ó _maboyas_, eran

irradiaciones de _Juracán_.—Los adoratorios.—El _bohique_ ó augur

curandero.—Ofrendas.—El _cojoba_.—Consejo de jefes y toma del _cojibá_.—

Stahl niega religión á los boriqueños.—García les concede astrolatría á

los haytianos.—Parecer de Colón, Mártir de Anglería, Pane, Las Casas y

Oviedo respecto á la astrolatría indo-antillana.—Nuestra opinión.—

Nebulosa concepción de ultratumba entre nuestros aborígenes.—Idea del

bien y del mal.—No podían comprender, en su estado _neolítico_ ó de la

piedra pulimentada, la unidad absoluta de Dios.

CAPÍTULO VIII.

El indio boriqueño, en la época colombina, era ya agricultor.—Sementeras

en camellones.—La _coa_.—El conuco.—Cultivo de la yuca como alimento

fundamental de la tribu.—Como se prepara el _casabí_.—El _uikú_, bebida

hecha con casabe fermentado.—El vinagre de la _naiboa_. El maíz ó

_maisí_.—El boriqueño comía tostado el maíz.—Hacía también de él la

bebida fermentada la _xixá_.—Ignoraba hacer pan de maíz como los de

Tierra Firme.—La batata y los boniatos ó _ajes_.—Sus variedades.—

Cultivos secundarios: el _lirén_ y el _maní_.—El boriqueño utilizaba sin

sembrarlos la _yahutía_, el _mapüey_, la _imocona_, el _guayaru_ y otras

raíces.—Entre las frutas cultivaba la yayama ó piña dulce; y cosechaba

las otras frutas al capricho.—Cultivo del _ají_, del tabaco y de la

_tautúa_.—Aprovechamiento del algodón, _majagua_ y _maguey_, sin

plantarlos.—Tejidos.—Cordelería.—Tintorería.—Zumos de la _jagua_, de la

_bija_ y del _jikileti_.—La cabuya.—Las _jabas_.—El tallado y pulimento

de la piedra. Canteras destinadas á este fin.—La cueva de _Miraflores_,

en Arecibo.—El taller indígena.—El hacha ó _manaya_.—El almirez.—Los

collares.—Los _zemís_ ó dioses penates.—Los _guayos_.—El _colesibí_.—La

_tatagua_.—La alfarería.—Objetos de madera.—La macana.—Arcos y flechas.—

La azagaya de _cupey_.—Utensilios domésticos de higüera.—Objetos de

hueso.—El boriqueño como cazador y pescador.—El aborigen estaba en

harmonía con el período histórico que atravesaba y su medio ambiente.

CAPÍTULO IX.

Lenguaje boriqueño.—Lengua general indo-antillana.—Dialectos.—Datos del

Diario de Colón.—Su carta desde Lisboa á los Reyes Católicos.—El

dialecto de _Macorix_.—Fray Román Pane.—Cristóbal Rodriguez.—Datos de

Bernal Díaz del Castillo.—Informes del padre Raymond Breton.—

Imposibilidad de los primeros misioneros para recoger el idioma

indo-antillano.—Las reliquias de la lengua general de las Antillas en

ríos, montañas, árboles, frutas, lugares, puertos, cabos etc.—Lo mismo

en aves, peces y objetos domésticos.—Alguna que otra palabra en los

Cronistas.—Dos ó tres frases.—Error de Juan Ignacio de Armas y otros

escritores en la manera de explicar las voces indo-antillanas.—El idioma

indo-antillano se formó con el trascurso del tiempo, pues la separación

de las tribus _Aruacas_, que invadieron el Archipiélago era muy remota,

hasta el punto de haber perdido el recuerdo de ella.—Enlace del habla

_Aruaca_ continental y del idioma indo-antillano.—Datos á granel en los

mapas.—Viajeros modernos.—Sagot.—Los hermanos Hernhutes de Zittau.—El

misionero Schultz.—Enlace del habla _boriqueña_ y del habla _caribe_

insular.—Su origen continental.—El lenguaje _boriqueño_ era rico en

vocales y de muy dulce conversación.—El aborigen tenía una aspiración

parecida á la del árabe.—La fijaron los Cronistas en las voces con una

_h_.—Pruebas de la aglutinación y del polisintetismo. El estudio de los

restos del idioma indo-antillano nos ha dado una prueba fehaciente de

que el origen del _indo-boriqueño_ está en el _Aruaca_ de la América

meridional.

CAPÍTULO X.

Vocabulario español-boriqueño.—El vocablo boriqueño comparado con el

_caribe_ insular y el _caribe_ continental.—Comparación con el _galibi_,

el _aruaca_, el _rucuyano_ de la Guayana, el _guaraní_, el _kogaba_, el

_chibcha_, el _maya_, el _nahuatl_, el _quiché_ y el _dakota_.—Es decir,

comparar los restos del lenguaje de _Boriquén_ con el caribe de

_Sibuqueira_ (Guadalupe) y _Cayrí_ (Domínica); y con idiomas del

Continente meridional y septentrional.—Estos vocablos, que poseemos,

proceden del escrupuloso estudio de los Cronistas, Las Casas, Pedro

Mártir de Anglería, Oviedo, Fernando Colón, el Diario del Gran Almirante

en su primer viaje, el Informe de fray Román Pane, los trabajos del

Padre Raymond Breton, las gramáticas y léxicos de los idiomas

indo-americanos y los documentos inéditos del Archivo de Indias.—Además,

son algunos el eco fiel de la tradición, conservada en algunos lugares

de la Isla, en árboles, frutos, frutas, ríos, montañas, aves, peces y

utensilios, que eran del uso del indígena de _Boriquén_.—Junto á la

palabra _boriqueña_ irá una abreviación, indicando el otro idioma con

que se compara.—Las abreviaciones son _Ci., caribe insular_.—_Cn.,

caribe continental._—_Chb., chibcha._—_Gl., galibi._—_Gní., guaraní._—

_Ar., aruaca._—_Kg., koggaba._—_Ru., rucuyano_ de la Guayana.—_My.,

maya._—_Ntl., nahuatl._—_Qé., quiché._—_Qchú., quichúa._—_Dk., dakota._—

_DD., dené-dindjiés_ (Pieles Rojas).—A la _h_, que aparece en los

cronistas, como significando la aspiración de la fonética indígena, la

sustituímos por la _j_. Y á la _qu_, que son dos letras, por la _k_, que

es una sola, y puede representar el mismo sonido español, evitando

errores de pronunciación.

CAPÍTULO XI.

Estudio de la oración dominical en el lenguaje de algunas tribus

indígenas.—Pérdida de la traducción en el lenguaje indo-antillano.—El

_padre nuestro_ en caribe Continental, conservado por el venezolano

Figuera Montes de Oca.—La misma oración conservada en caribe insular por

el padre Raymond Breton.—Recopilación de la traducción del _padre

nuestro_ en lenguas indo-venezolanas por Arístides Rojas.—La oración

dominical en _tupí-guaraní_.—La misma, en el lenguaje actual de los

_arhuacos_ de la Sierra Nevada de Santa Marta, en Colombia, recogida por

el presbítero Celedón.—Un esfuerzo de construcción de una plegaria

religiosa en lenguaje indo-antillano, par_a_ que se note la harmonía y

suavidad del idioma de los indios de las Antillas.

CAPÍTULO XII.

Vocabulario indo-antillano.—Estudio de voces indígenas, que se conservan

en los Cronistas.—Estudio de palabras, que se cree proceden del lenguaje

aborigen y es un error, porque vienen de otros idiomas.—Apoyo de

nuestras opiniones con la cita oportuna del Cronista, que ha conservado

la palabra indígena.—Estudio filológico de algunos vocablos boriqueños y

lo que significan en español.—Pruebas de la aglutinación y del

polisintetismo en el lenguaje boriqueño.

CAPITULO I.

El Archipiélago antillano.—Su división geológica.—Banda Norte.—Banda

Este.—La corriente ecuatorial.—Opinión de Snider y Valdés

Aguirre respecto á que la América estuvo adherida al Viejo

Mundo.—Opinión de Humbold sobre la formación del globo.—Las

grandes Antillas han estado unidas al Continente americano.—

Pruebas geológicas.—Pruebas paleontológicas.—Cia, Poey y

Fernández de Castro.—El futuro Continente Antillano.

La isla de Puerto Rico corresponde al Archipiélago de las Antillas; á

este hermoso grupo de islas, las más privilegiadas del mundo, que

enclavadas entre los dos Continentes americanos y arrulladas por las

azules ondas del Mediterráneo Colombino, se extienden en semi-círculo,

desde las anchas desembocaduras del Orinoco hasta frente al cabo

Catoche. El Archipiélago antillano se acerca por las islas Lucayas á la

península de la Florida, por las islas de Sotavento y Trinidad á las

costas de Venezuela y por la isla de Cuba á la península de Yucatán.

Casi en medio de esta gran cadena comba se destaca nuestra isla, entre

los 17 y 18 grados de latitud Norte y los 59 y 61 grados de longitud

Oeste, del meridiano de San Fernando.

La costa septentrional de la América del Sur describe una línea curva,

que completada por otra línea que traza el Sur de las Antillas, da lugar

á la formación de una gran hoya, de forma elíptica, donde agita sus

aguas el mar Caribe, mar de las Antillas ó Mediterráneo Colombino. Este

mar está cerrado al S. S. O., mientras que al N. y E. está abierto por

una multitud de canales, que separan entre sí las antillanas islas, las

que, de diferente tamaño, forman dos bandas distintas: una al Norte y

otra al Este.

La banda de islas al Norte está formada de islas _estratificadas_:

constituidas por rocas eruptivas antiguas, acompañadas de depósitos

sedimentarios de diversas edades, desde el terreno silicoso hasta los

calcáreos, conchíferos y madrepóricos de época reciente, que se

continúan por los arrecifes de las islas Lucayas. Comienza, en realidad,

esta banda por un apéndice calcáreo en el pequeño grupo de San Martín y

San Bartolomé, al cual suceden las islas Vírgenes; y por San Thomas,

Vieques, Culebra sigue á Puerto Rico, Mona y Desecheo hasta las alturas

del _Cibao_ y pico del _Yaque_, nudo central de la isla de Santo

Domingo. Allí se bifurca: una rama continúa su dirección por la

península haitiana, yendo por el cabo Tiburón en busca de las _Montañas

Azules_ de Jamaica; la otra rama se dirige al N. O. y vuelve á unir,

bajo las aguas del mar, la isla de Santo Domingo, por el cabo de San

Nicolás y y cabo Maisí, á la isla de Cuba; la cual después de

aproximarse á la punta de la Florida se inclina hacia Yucatán. La

_Sierra Maestra_, desde cabo Cruz á Santiago de Cuba, tiene una

dirección casi paralela á los ejes de Santo Domingo y Puerto Rico: así

como el ramal que desde el _Cibao_ se dirige al cabo Tiburón, en la

dominicana isla, corresponde con el cortado é interrumpido de las

_Montañas Azules_ de Jamáica. Por lo que es de suponer sean de una misma

época geológica, pues, según Elie de Beaumont, las cadenas de montañas

paralelas en su dirección son generalmente de igual edad. Parece que el

_Continente Antillano_ tuvo por nudo y trabazón de estas cordilleras el

gran triángulo oriental de Cuba; la _Sierra Maestra_, según Humbold,

Lasagra y Latorre; y la _Sierra Haitiana_, según Schomburgk, Poey y

Pichardo.

La banda Este del Archipiélago antillano está formada de una hilera

doble de pequeñas islas, que se llaman las islas de _Barlovento_ y de

_Sotavento_. Las primeras están comprendidas entre el cabo Paria y la

isla de Puerto Rico; las segundas están situadas á lo largo de _Costa

Firme_, desde el golfo de Cariaco al golfo de Maracaibo. La primera

hilera, con un poco que nos fijemos en un mapa de las Antillas, se verá

que se desdobla á su vez y comprende una docena de pequeñas islas

volcánicas, formando dos alineamientos, que vienen á cortarse en la

Martinica, bajo un ángulo muy obtuso, lo que da al conjunto el aspecto

de Una curva, cuya convexidad mira al Atlántico; y otra segunda línea de

islas, colocadas con menos regularidad, casi exclusivamente compuestas

de calcáreo moderno, y en el número de las cuales debe contarse la isla

de Trinidad, que marca la unión de las islas calcáreas al Continente

Sud-americano; y la Barbadas,[1] arrojada 60 millas de las otras, en

pleno Atlántico. Estas islas constituyen una cadena exterior, que al

primer golpe de vista, parece no tienen ninguna relación con la hilera

anterior; pero un examen atento demuestra, que estas dos cadenas se

tocan y que la isla de Guadalupe es el punto de encuentro. La Guadalupe

es, en efecto, la única de estas islas, donde se encuentra una isla

calcárea unida á una isla volcánica.[2] Todas las islas, que preceden de

S. á N.—Granada, San Vicente, Santa Lucía, Martinica y Domínica—son

exclusivamente volcánicas, sin trazas importantes de depósitos

calcáreos. Después de Guadalupe la cadena se desdobla y se continúa, de

un lado, por las islas de San Cristóbal, Monserrate y Santa Cruz, con

las grandes Antillas; y del otro, por las islas planas y calcáreas de

Antigua, Nieves, etc., á las Lucayas y á la península de la Florida

donde termina su evolución geonósica[3]. De manera, que podemos

considerar, que hacia el golfo de Paria una cadena de montañas

primitivas de la América del Sur se hunde bajo el mar á una cierta

profundidad y se prolonga horizontalmente hasta el grado 18 de latitud

N., y que sobre este prolongamiento submarino se han producido

levantamientos formados de capas de terrenos de diferentes caracteres,

lo que indica pertenecen á épocas diversas, pero no muy lejanas: éstas

son las islas calcáreas de _Barlovento_; y, posteriormente, siguiendo

una línea casi regular, que sirva de limite en este sentido al Mar

Caribe, se ha hecho un trabajo eruptivo, del cual los centros, tan

pronto aislados, tan pronto dispuestos por grupos, han dado nacimiento á

la serie de islas llamadas volcánicas.[4]

La línea montañosa de las Antillas debe ser considerada como la cresta,

apenas elevada en sus puntos culminantes, de una cadena de montañas, que

inclinada en pendiente muy dulce hacia el litoral americano se sumerje

bruscamente, al contrario, hacia la depresión atlántica.

La gran corriente ecuatorial penetra en el mar de las Antillas por los

canales, que dejan entre sí las islas, cuyos canales tienen menos

extensión que las tierras que separan. Según Maury, el célebre director

del Observatorio de Washington, la profundidad de estos canales no pasa

de mil brazas (1,830 metros): é igual sucede con los mayores sondajes

del Golfo de Méjico. En cambio, según el mismo Maury, frente á las islas

Lucayas, Puerto Rico y las pequeñas islas de Barlovento tenemos una

profundidad, en el Atlántico, de 2, 3 y 4 mil brazas, á medida que

penetramos mar á fuera; y entre las islas Bermudas y el Banco de

Terranova está la mayor profundidad, que rebasa de 4 mil brazas (17,320

metros).[5]

La corriente ecuatorial penetra, atravesando el Mar Caribe, hasta el

fondo del Golfo Mejicano y remonta, en seguida, hacia el N. por el canal

de Bahama. Las potencias reunidas de esta corriente y de los alisios del

E., ejerciéndose en sentido inverso del movimiento rotatorio de nuestro

planeta, explican muchos de los caracteres físicos de estas tierras,

principalmente la estrechez de las grandes Antillas de N. á S., sobre

todo la de la isla de Cuba, en cambio de sus prolongamientos de E. á O.

Mr. Snider[6] opina, que con el mapa á la vista, tenemos la prueba de

que la América se separó del antiguo mundo, y de que toda su extensión

corresponde perfectamente á la parte O. de las costas de Europa y

Africa. Si la correspondencia es más visible á partir de los 30 gr.

latitud N. hasta el cabo de Magallanes, es porque el espacio ó mar, que

separa los dos Continentes, está menos sembrado de islas diseminadas á

causa del cataclismo. La proyección formada por las Islas Británicas

corresponde á la amplia entrada de la Bahía de Baffin. La prominencia de

la costa americana en New-founland á la Bahía de Vizcaya. La parte

saliente del Africa, desde el Cabo Verde hasta el Sur de Liberia,

entraría muy bien en el mar de las Antillas y Golfo Mejicano. Por el

contrario, la parte saliente del Brasil corresponde al golfo de Guinea

en Africa, en el que se acomodaría perfectamente. Don Fernando Valdés y

Aguirre, catedrático de la Universidad de la Habana,[7] tenía igual

opinión que Snider.[8] Heer, en su _Flora tertiaria Hervetia_, hace ver

la analogía que existe entre la Flora de los Estados Unidos y la

_miocena_ de la Europa central. Mr. Conrad ha demostrado la identidad

específica de las conchas terciarias de la América del Norte en las

capas análogas de Francia. Unger ha descubierto, en el estudio de las

floras fósiles del antiguo y nuevo mundo las mismas semejanzas. Pomel,

Aymard y otros zoólogos manifiestan lo mismo respecto á ciertos

vertebrados, especialmente al Mastodonte. En los lignitos del cabo

Mondego (costa occidental de Portugal) las investigaciones del eminente

geólogo portugués Carlos Ribeiro han descubierto la existencia de toda

una flora americana.[9] Es de creer, pues, que esta unión ó comunicación

existió para la época terciaria. Sin que aceptemos la _Atlántida_,

creación imaginaria de Platón, como los viajes astronómicos de Cyrano de

Bergerac y las aventuras modernas de Julio Verne.[10] Las islas

Canarias, son de moderna creación volcánica y no los restos de las

antiguas tierras, que unieron á Europa con América.

Según Humbold,[11] la tierra no se ha formado de un solo impulso, y su

aparecimiento es debido á grandes fuerzas subterráneas, que arrancando

de la primera época de los terrenos paleozóicos siguió los períodos de

su formación hasta los terrenos terciarios; y, poco á poco, después de

una prolongada serie de levantamientos y hundimientos sucesivos, ha

llegado á completarse por la aglutinación de pequeños continentes, hasta

entonces aislados, para finalmente presentar el aspecto actual.

Las grandes Antillas han estado unidas al Continente vecino. La

geognosia y la paleontología lo comprueban. Una formación sedimentaria,

depositándose siempre en capas más ó menos horizontales, no puede

aparecer en _estratos_ inclinados sino á consecuencia de dislocaciones,

posteriores á su depósito. Una cadena de montañas es, como línea de

relieve, más joven que las capas que ella ha levantado, y más antigua

que las que han venido después á apoyarse horizontalmente contra sus

flancos.

Es indudable que las partes de la tierra correspondientes á las grandes

Antillas han formado todas ellas un cuerpo unido al Continente

Americano; especialmente, cuando la corteza del globo gozaba de una

movilidad más ó menos grande. Llegada la época de las primeras

dislocaciones, pues la Geología reconoce varias, aunque dos principales

á causa de su generalidad, surgió en la zona correspondiente á las

grandes Antillas una línea de relieve, esbozándose en ese período, las

montañas antillanas, hacia los tiempos secundario y terciario.

Sabido es, que las lluvias de agua caliente, que caían en la época

primitiva sobre los picos montañosos y las agujas graníticas del globo,

y también los torrentes que se precipitaban á lo largo de sus flancos en

los valles, desprendían los diversos silicatos, cuyos despojos

terminaron por formar inmensos bancos de arcilla y de arena cuarzosa,

que fueron los primeros terrenos modificados por la acción del aire y de

las aguas, y los primeros sedimentos depositados por el mar. Por otra

parte, por las fisuras de la corteza del globo, hacia el período

_devoniano_[12] de la época de _transición_, se escapaban las aguas

hirvientes, teniendo en disolución bicarbonato de cal y, algunas veces,

bicarbonato de magnesia. Estas aguas calcáreas, mezcladas al mar, lo

cargaron de sales de _cal_, que fueron depositándose poco á poco, y,

desde este período en adelante, formando los _terrenos calcáreos_.

Ahora bien, las montañas antillanas, surgiendo del fondo de los mares y

elevando los terrenos sedimentosos, no son exclusivamente graníticas,

sino compuestas también de rocas _esquistosas_, que estaban depositadas

en las aguas, y las fisuras que se formaron en la costra térrea al

verificarse esta primera dislocación, se llenaron de granito y de

compuestos metálicos diversos como oro, cobre, hierro, etc. A la segunda

época de las dislocaciones del globo, que podemos referir al fin del

_eóceno_ y principio del _plióceno_, se acentuaron estas montañas

antillanas, encontrando alguna resistencia en su dirección, ya debida al

primer levantamiento granítico ó á los grandes sedimentos; y por lo

tanto, sufrieron alguna variación en su gran eje. Según el ingeniero

español don Policarpo Cia[13] las _Sierras de Najaza_ y _Chorrillo_ en

Cuba, no son sino restos de otras masas mayores. Y, en Santo Domingo, el

monte _Tina_, al S. E. del pico de _Yaque_, y al cual Schomburgk

atribuye mayor altura que á este último, no corresponde directamente á

la cordillera central del _Cibao_. Después, en los tiempos en que se

redondeaba el actual Continente europeo y concluían de levantarse las

cadenas de los Apeninos en Europa y de los Andes en América se destrozó

el que nosotros llamamos _Continente Antillano_. A este gran

levantamiento para constituir los Andes corresponde el hundimiento de

parte de la cadena antillana y la creación de las islas colombinas,

viniendo luego la caliza, los aluviones y los bancos madrepóricos á dar

la forma que caracteriza actualmente á las grandes islas de nuestro

Archipiélago.

La Geología nos induce á creer en esta unión de las grandes Antillas al

Continente. En la Jamaica existe un calcáreo conchífero de color claro

cuya fauna presenta una semejanza sorprendente con la creta de

Gosau.[14]

La presencia de estos políperos cretáceos sobre el borde occidental del

Atlántico autoriza la suposición, que, en esa época, la Europa debía

estar unida á la América, ya por una cadena de islas ya por un

continente, ocupando el sitio del Atlántico Norte.[15] El _oligoceno_ de

la vertiente atlántica de los Estados Unidos está formado por el

calcáreo _Vicksburg_, rico en numulitas y en orbitolitas (orbitoides

Mantelli) y forman la edad _orbitoica_ de Heilpin. El calcáreo de

orbitoides Mantelli se encuentra en las Antillas y la gran analogía de

los yacimientos _oligocenos_ de estas islas, con los de Vicenti y Malta,

da á suponer que, en esta época una costa continuada ó una cadena de

islas unía á la América con la Europa.[16]

Por la Paleontología sabemos hoy, que en el período _post-terciario_,

continuaban unidas aún las grandes Antillas al Continente Americano, en

virtud de los restos fósiles de animales de esa misma época hallados en

Cuba y Santo Domingo. En Puerto Rico se han encontrado ya las _lenguas

petrificadas_, que fueron los primeros hallazgos en Cuba. Es de creer,

que para los tiempos de esa unión la tierra desde el Ecuador á las dos

extremidades del eje del globo formaba una especie de pradera sin

límites, y una inmensa alfombra de verdura cubría, por todas partes, su

superficie.[17] Pastos tan abundantes eran necesarios para proveer al

entretenimiento de esta prodigiosa multitud de herbívoros de gran talla,

cuyas osamentas gigantescas admiramos, gracia á la paciente y sabia

labor del gran Cuvier.[18]

Los fósiles recogidos por el señor Cia, en San Lázaro, cerca de la

Habana, y en las calizas terrosas de Jaruco, consistentes en dientes

antidiluvianos del _Carcharodon megalodon_, Ag., denominados por el

vulgo _lenguas petrificadas_,[19] y los hallazgos del sabio naturalista

don Felipe Poey y del ingeniero don Manuel Fernández de Castro[20], que

en la _Majagua_ (Unión), en _Bainoa_ (Jaruco) y en _Ciego Montero_

(Cienfuegos) han encontrado fósiles de mamíferos, dientes molares del

_Equus_, contemporáneo del Megaterio, colmillos del _Hipopotamus major_,

y la quijada inferior de un Edente, el Miomorphus,[21] comprueban “que

el territorio cubano formó parte de dicho continente, cuando se

encuentran en su suelo tan perfectamente conservados los restos de los

hipopótamos y de los edentados, que vivieron en la última época de los

terrenos terciarios, según unos, y en la cuaternaria ó _post-pliocena_,

según otros.”[22]

En el período post-plioceno,[23] vino, pues, el desgarre y rotura del

Continente Antillano, su fraccionamiento, y la creación del Golfo de

Méjico y del Mar de las Antillas, con la formación del _Gulfstream_. La

corriente ecuatorial debió influir poderosamente en las temperaturas del

Continente europeo, porque á su salida del canal de la Florida marcha

con una velocidad de 2 metros 57 centímetros por segundo, y arroja en

medio de un mar, cuya temperatura no es más que de 18 grados, aguas

calientes de 25. Hoy día ejerce este tibio río submarino sobre el clima

de la Europa septentrional una bienhechora influencia, debida casi toda

á las circunstancias geográficas del Mediterráneo Colombino, lo que sin

duda no ha existido siempre y está expuesto á desaparecer el día en que

las islas antillanas formen una cadena de montañas, continuada con la

costa americana[24]

La vida submarina en el Mar de las Antillas y en el Golfo de Méjico

presenta una riqueza zoológica tan extraordinaria y una abundancia de

depósitos calcáreos tan acentuada, que probablemente en futuros siglos

se constituirá de nuevo el _Continente Antillano_. De 1877 á 1879 se

recogieron en estas aguas, á 3500 metros de profundidad, 214 especies de

crustaceos, de los cuales 134 eran nuevos para la ciencia.[25] Es

verdaderamente prodigiosa la abundancia de organismos en las aguas de

esta zona tropical. Rindiendo Mr. Murray cuenta del resultado del

crucero _Challenger_ ha hecho notar, que si los organismos son tan

numerosos en las cien primeras brazas como en la vecindad inmediata de

la superficie, se puede estimar en seis toneladas la cantidad de

carbonato de cal contenido por cada kilómetro cuadrado de esta zona,

bajo la forma de carapachos calcáreos de organismos. Estos seres

inferiores, cuando mueren, caen en lluvia contínua al fondo, donde su

materia orgánica sirve de alimento á animales más superiores. Datos

científicos, que están en consonancia con los de Agassiz[26], que

asevera, que á las corrientes calientes de la superficie corresponde una

rica fauna en la profundidad, y que en ninguna parte este resultado se

marca mejor que en los citados mares, antillano y mejicano, entre dos

mil á cinco mil metros, por debajo de la superficie.

Ahora bien, cuando el agua del mar contiene en suspensión una suficiente

cantidad de sales calcáreas, la evaporación rápida, á la cual está

sometida sobre ciertas playas, es suficiente para determinar la

precipitación del carbonato de cal, que sirve, entonces, de cemento para

aglutinar los fragmentos de arena á los despojos de conchas. Estos son

los fenómenos de aglutinación por las aguas marinas. En el Mar Caribe el

fenómeno de la formación contemporánea de piedras se produce

ampliamente, bajo la acción del sol, que lleva la temperatura del agua

del mar, en la superficie, hasta los 32 grados. La toba de la isla de

Guadalupe, célebre por el esqueleto de un caribe, que allí se encontró,

pertenece á esta formación.[27] Cuando Humbold recorrió la costa que se

encuentra en Cuba desde Batabanó á Cienfuegos, hablando de estos

hacinamientos calizos[28] dice: “Por la sonda se ve, que son rocas que

se levantan precipitadamente sobre un fondo de 20 á 30 brazas. Unas se

hallan á flor de agua y otras exceden de la superficie un cuarto á un

quinto de toesa.” Lo mismo ocurre en diferentes puntos de las costas de

Santo Domingo[29] y Puerto Rico.

Con tal acumulación de productos calcáreos en el Mediterráneo Colombino

se va levantando lentamente el suelo, y formándose esos inmensos bancos

madrepóricos en torno de las Antillas, que hoy _cayos_, y mañana

_isletas_ é _islones_, servirán como intermediarios para entorpecer

primero, y desviar después, la corriente ecuatorial: y encauzándola

probablemente por dos grandes canales, unir en siglos venideros, las

islas entre sí y formar de nuevo el Continente Antillano.

CAPITULO II.

La isla de Puerto Rico.—Situación geográfica.—Constitución geológica.—

Cordillera central.—Granito.—Diorita.—Serpentina.—Sienita.—

Caliza.—Canteras de mármoles, de asperón, de yeso.—Cavernas.—

Margas y arenas.—Vetas minerales de oro, cobre, plata, plomo y

hierro.—¿Cómo se formó la isla?—¿Ha estado unida al

Continente?—Teoría de Moreau de Jonnes en contra.—Opinión de

Stahl.—Parecer de Vasconi.—Nuestra opinión.—Paleontología.—

Lenguas petrificadas.

Hemos dicho, en el capítulo anterior, que la isla de Puerto Rico ocupa

casi el centro de la cadena circular que forman las islas antillanas en

el Mediterráneo Colombino, y que está situada á los 17 y 18 gr. de

latitud N. y los 59 y 61 gr. de longitud O. del meridiano de San

Fernando.[30]

La cordillera central puertorriqueña, cadena irregular de montañas

dominando algo más hacia el sur el rectángulo que forma la isla, está

dirigida de E. á O. y guarda cierto paralelismo con las de las islas de

Santo Domingo, Cuba y Jamaica, lo que induce á creer, según la ley

geognóstica de Elie de Beaumont[31], que esta cordillera es

contemporánea con la de la _Sierra Maestra_ de Cuba, la del _Cibao_ en

Santo Domingo y las _Montañas Azules_ en Jamaica.

[Illustration: Fig. 1ª. Fig. 2ª. Bandas ó Collares. Fig. 3ª. Dujo.]

Esta quilla central de la isla de Puerto Rico se compone de rocas

eruptivas antiguas, sobre todo, grandes masas de _diorita_ y

_serpentina_ en las regiones central y occidental; y de _granito_,

especialmente _sienita_, en la región oriental. En Luquillo[32], Gurabo,

Naguabo, Juncos, las Piedras, San Lorenzo, Maunabo y Yabucoa dominan

gigantescas masas graníticas en las elevadas sierras. En la Pandura los

bloques de granito señorean las cúspides; y en las montañas de Cayey y

en las cuchillas de San Germán y Añasco imperan colosales bloques en sus

altos picachos. Atravesando esta montaña por la vía que conduce de

Yabucoa á Maunabo, hemos recogido muy buenos ejemplares de granito;

formando el cuarzo, el feldespato y la mica curiosas variedades.

Dan morfología á la isla los depósitos sedimentarios de diversas edades;

predominando, en las ramificaciones montañosas y en las estribaciones

colaterales del eje central, la _calizà_.[33] Esta es, en unas partes,

compacta y resistente, y en otras, áspera y porosa. Así tenemos las

variedades de _mármoles_ de Río Piedras, Caguas, Naguabo, Cayey y Coamo;

las canteras de _yeso_ y _piedra blanca_ de Juana Díaz y Ponce; y las de

_asperón_ de la Moca. De esta misma caliza ha generado la socavación de

las aguas y sus arrastres, con el trascurso de los tiempos, amplias y

vistosas cavernas, que en un tiempo fueron lugar de vivienda de los

indios, pues conservan en sus paredes los _zemies_ esculpidos, á manera

de dioses penates. Las cuevas de Aguas Buenas, las de Lares y las de

Miraflores y el Consejo, en Arecibo, son las más hermosas de la isla.

Los _llanos_ de las alturas, y de algunos puntos de las costas, están

ocupados por margas compactas, llamadas en el país _barro sipey_,

salpicadas á trechos de depósitos arenosos, arrancados á las rocas de

las montañas inmediatas y acompañadas también de alguna escasa tierra

vegetal. Otras margas, muy cargadas de óxido de hierro, y, tomando los

aspectos rojo y amarillo de este mineral, constituyen los terrenos

llamados _barro colorado_ y _barro amarillo_, alternando también con

grandes bancos de _arenisca_.

Las extensas _vegas_, regadas por los ríos que bajan de la cordillera

central en dirección N. y S.; principalmente las cuencas del Plata, del

Loiza, del Sibuco, del Manatí, del Grande de Arecibo y del Añasco están

sobrecargadas de terrenos modernos de _aluvión_, compuestos de los

desgastes de los picachos arenosos y calizos de las montañas vecinas, de

abundante tierra vegetal y de cantos rodados, en un todo arrastrado por

las aguas. En los otros ríos, de segundo orden, acontece lo mismo.

Los montículos que figuran al N. de la vega de Yabucoa tienen un extenso

yacimiento de cuarzo cristalizado, merecedor de ser explotado en

industrias de porcelana y cristalería.

En las vertientes de la sierra de Luquillo se descubren vetas minerales

acompañadas de caliza compacta, principalmente por Naguabo y Juncos; y

también en Ponce, Lajas y Maricao. Varios ríos y quebradas arrastran

_arenas auríferas_[34]; los ríos Mameyes, Río Prieto, Sabána, Fajardo,

Gurabo, Espíritu Santo y Río Grande, cuyos criaderos están en el

_Yunque_, arrastran pepitas del preciado metal; así como las _quebradas_

Filipina, Cajones, Guaraguao, La Mina, La Máquina, Tabonuco y Anón,

afluentes del Mameyes. Las cuencas hidrográficas de los ríos Corozal,

Negro Congo, Sibuco y Mabiya también arrastran _arenas auríferas_. Y

también hay criaderos en Coamo, Mayaguez, San Germán y Yauco. Hay

mineral de _plata_ en Naguabo, Corozal, Río Grande, Fajardo, Lajas y Las

Piedras. De _plomo_ en Guayama y Naranjito. De _cobre_ en Río Blanco,

Gurabo, Naguabo, Corozal, Ciales, Jayuya, Maricao, Guayama y Ponce. Y el

mineral de _hierro_ abunda en Loiza, Juncos, Humacao, Gurabo y San

Sebastián. En el cerro de Malapascua, _carbón de piedra_; y _lignitos_

en Utuado.

Vienen á terminar la configuración de la isla los conglomerados de

fósiles, de varias formas y dimensiones, como los hallamos en las

canteras del Islote, en Arecibo, en las de Toa-Alta, Punta de Salinas,

el Condado, etc., y con especialidad en las playas, donde los _detritus_

de conchas y corales forman grandes depósitos, cuya agregación está en

contínua génesis, dando nacimiento á los terrenos conchíferos y

madrepóricos más recientes.

¿Cómo se ha formado la isla? Según Mr. Moreau de Jonnes[35] el núcleo de

las grandes Antillas es _granito_, rodeado de terrenos de transición,

calcáreos y pirógenos. Opina, que primeramente la potencia volcánica

elevó los asientos del Archipiélago y que luego el mar multiplicó las

islas. Nos inclinamos á creer que, estando constituido el esqueleto de

las grandes Antillas por rocas de la mayor dureza, no es verosímil que

la corriente ecuatorial, que ejerce una acción tan débil y limitada

sobre los materiales de sus riberas, haya tenido potencia bastante para

romper por más de sesenta lugares la cadena de que hacían parte,

abriendo brechas de algunas leguas de ancho. El geólogo francés supone,

que la corriente ecuatorial fué la generadora del Archipiélago

antillano. Nosotros nos inclinamos más á creer, que tanto dicha

corriente como las islas fueron un efecto del dislocamiento que produjo

en la corteza térrea americana la reciente aparición de los Andes.

Las estribaciones de la cordillera central de la isla de Puerto Rico

están _acantiladas_ al N. E. por las Cabezas de San Juan, al S. E. por

el cabo Mala pascua y al N. O. por la costa de Quebradillas á Rincón,

demostrando la fractura violenta de la cadena antillana, debida

indudablemente no á la acción de las aguas, incapaces de producirla,

sino á una revolución geológica. Esta dislocación de la corteza térrea,

que nosotros referimos al período _post-plioceno_, produjo el golfo de

Méjico, el mar de las Antillas, las islas y la misma corriente

ecuatorial actual.

El doctor don Agustín Stahl[36] ilustrado puertorriqueño, es de parecer

que la isla de Puerto Rico, es de formación geológica reciente. Acepta

dos movimientos del poder central, uno para formar el núcleo de la isla,

al que el agua, el aire y el calor le arrancaron después los materiales

que forman las margas compactas, los lechos de arena y demás depósitos.

Sin proceder inmersión alguna en el Océano, vino, en el segundo

movimiento la potencia volcánica á elevar nuevamente, y con violencia,

las masas primitivas y á formar el _Yunque_ de la sierra de Luquillo,

arrastrando en su ascenso la cordillera de la isla, que se extiende

hacia el O.

El señor don Angel Vasconi, ilustrado ingeniero de minas, que ha

ejercido su carrera mucho tiempo en la isla y reconocido las montañas,

opina, que tirando una línea recta de Río Grande á Caguas y de Caguas á

Arroyo; otras, de Caguas á Rincón y de Arroyo á Mayaguez, se dividiría

la isla en cuatro zonas. Los terrenos comprendidos en la zona N. y en la

zona S. pueden considerarse como terciarios, los terrenos de la zona

central de la época secundaria, los de la zona E. compuestos de rocas

antiguas ácidas, exceptuando la playa de Naguabo y 10 kilómetros de la

costa de Mayaguez, que son cuaternarios. En Arecibo hay también un gran

banco cuaternario.

Sobre los flancos de la armazón principal de la isla descansan terrenos,

cuyos puntos culminantes son el _Yunque_ de Luquillo, el _Torito_ de

Cayey y las _Tetas de Cerro-gordo_ en San Germán, debidos á las épocas

secundaria y terciaria, hasta los modernos aluviones. Hay capas margosas

y arenosas, _inclinadas_, que comprenden haber sido levantadas por la

fuerza interior impulsiva que esbozó los primeros delineamientos

montañosos; fenómeno que se puede comprobar perfectamente observando los

terrenos contiguos á la carretera central, en los cortes de uno y otro

lado, que ha habido necesidad de hacer para trazar esta gran vía. La

relación que guarda el _Yunque_ de Luquillo con el resto de la

cordillera significa gráficamente, que en la revolución geológica del

período _post-plioceno_ volvió con predilección la fuerza volcánica á

ejercer presión elevadora en esta comarca, llegando en ella á la mayor

altura.

Subiendo desde Arecibo hasta Utuado, tan pronto se dejan los aluviones

de la vega arecibeña y se llega á las primeras estribaciones de las

montañas, se destacan los restos de montes de caliza, tajados de tal

manera en dos partes, que aparecen estas dos grandes secciones

respectivamente á cada lado del valle por donde serpentea el río. Según

se avanza en dirección al centro de la isla, aparecen montañas de

conglomerados y arcillas, abras, picos y farallones calizos, y hasta

bloques de granito. Obra toda de una fuerza avasalladora, que accionó

poderosamente sobre los _estratos_ y provocó hundimientos y destrozos.

Comprueban este cataclismo, ver al pie de esas mismas montañas grandes

bancos de arcilla, de arena y de cantos rodados. Estos descuajes de la

costa N. de la isla en sus grandes masas calcáreas y los _paredones_

calizos, que se observan en varios puntos, y sobre todo los grandes

bloques de granito desprendidos, han sido producidos por la dislocación

_post-pliocena_, que ocasionó el fraccionamiento del _Continente

Antillano_, la formación de las islas y la irrupción de las embravecidas

olas, buscando nivelarse en el nuevo suelo submarino.

Tenemos en nuestro poder, procedentes de los campos de Hatillo, y hemos

visto también recogidos en Mayaguez, esos restos fósiles, que denominan

_lenguas petrificadas_, y que son dientes fósiles de animales de la

época terciaria. Estas mal llamadas lenguas petrificadas, han sido los

primeros restos paleontológicos que en la inmediata isla de Cuba dieron

la voz de alerta del paso de grandes animales antediluvianos por estos

territorios. En un principio se puso la objeción, que eran debidos al

arrastre de las aguas; pero los hallazgos posteriores y el encontrarlos

en perfecto estado, suprimieron las dubitaciones y hoy es una verdad

científica comprobada, que la isla de Cuba estuvo en un período

geológico unida al inmediato Continente. El diente fósil que poseemos, y

los que hemos visto, corresponden perfectamente á una de esas especies

extinguidas de la época terciaria, al formidable _Carcharodon_,

gigantesco _tiburón_, de más de 20 metros de longitud, destructor y

voraz, á juzgar por el tamaño, configuración y fortaleza de estos

dientes.

Según Lacepède[37] el origen de designar á estos dientes fósiles con el

raro nombre de _lenguas petrificadas_, proviene de que los primeros

ejemplares fueron obtenidos por los naturalistas en la isla de Malta,

donde se les encuentra frecuentemente, y donde se les llamaba así, desde

tiempos tradicionales, por referir la leyenda, que fueron lenguas de

serpientes, cambiadas en piedras por San Pablo, cuando este apóstol fué

á dicha isla á predicar el Evangelio y encontró el país infestado de

serpientes. Se les ha llamado también _glossopetras_[38],

_odontopetras_[39], _ichthyodontes_[40] y _lamiodontes_.[41]

Se han encontrado ejemplares de estos dientes fósiles, además de la isla

de Malta, en muchas otras partes. En el Museo de historia natural de

París hay uno muy grande, procedente de Dax, cercanías de los Pirineos,

y que, según los cálculos del sabio naturalista Lacepède, perteneció á

un tiburón de 23 metros de longitud, por lo menos. La espedición del

_Challenger_ los recogió del fondo del Océano Pacífico. Y en la Florida

se encuentran en los _estratos_ de la época terciaria.

Prehistoria de Puerto-Rico · 第 1 / 20 段