aburrirse... Porque no se dice que llevara periódicos que leer, ni
baraja para hacer solitarios.
D. PÍO, ~dando diente con diente~.
Yo me figuro que cuando llegue a lo hondo del cantil, ya no estaré
vivo... Y así es mejor, Albrit. No le gusta a uno padecer, ni aun en
el momento crítico de poner fin a sus padecimientos... Esperemos a la
madrugada, hora en que no pasa por aquí alma viviente. Hasta media
noche, hay el peligro de que algún pescador rezagado pase, nos vea, y
nos denuncie... ~(Descubriendo un bulto lejano.)~ ¡Ah! por allí viene
alguien.
EL CONDE
Será un vagabundo... quizás un animal; que en las noches claras, como
en días de brillante sol, suelen confundirse los cuadrúpedos con las
personas.
D. PÍO, ~observando atentamente~.
Es una mujer.
~(Pausa. En el silencio grave de la noche, suena como vibración intensa
de la atmósfera la voz de Dolly gritando: _¡Abuelo!_)~
ESCENA ÚLTIMA
~EL CONDE, D. PÍO, DOLLY~
EL CONDE, ~despavorido, agarrándose a D. Pío~.
¡La voz de Dolly!... ¡Será una racha de viento!... Dios mío, ¡qué
extraña sensación!
D. PÍO
Pues, sí, me parece que es Dolly. ~(Poniéndose en pie y llamando.)~
Niña, estamos aquí.
EL CONDE
¡Dolly! ¿Pero qué...? ¿Se abre la tierra y me traga?
DOLLY, ~andando hacia las cruces, sin correr, porque cojea un poco,
como si le doliera un pie~.
¡Abuelito querido... lo que me ha costado encontrarte! ¿Sabes? Me
escapé de casa. Corrí a la Pardina, y en la puerta me encontré a la
Marqueza con una cesta de caracoles, y me dijo que te había visto
subir hacia el Calvario. ~(Acercándose.)~ ¿Pero qué haces? ¿Vuelves la
cara? ~(El Conde se agarra tan fuertemente a D. Pío, que parece querer
estrujarle.)~
D. PÍO
Cuenta, niña... Hemos oído mal. ¿Dices que te escapaste?
DOLLY
Tuve que saltar por la verja... Me lastimé un pie... A Monedero se le
antojó ponerme presa en su despacho, porque dije a mamá que a todo
trance quiero quedarme en Jerusa con el abuelo, y vivir siempre con
él... ¡Ay, lo que he corrido!
EL CONDE, ~con estupor terrorífico~.
Veo la ignominia, veo la sublimidad, no sé lo que veo... ¿Se hunde el
cielo, se acaba el mundo, o qué pasa aquí?
DOLLY, ~acongojada~.
Papaíto, ¿por qué no miras a tu Dolly?... ¿Qué dices?... ¿Ya no quieres
a tu Dolly?
EL CONDE, ~desconcertado~.
Eres mi oprobio... Dolly... ¿por qué me amas?
DOLLY
¡Vaya una pregunta! ~(Acariciándole.)~ Ya te dije esta mañana en la
Pardina que tu Dolly no se separará nunca de ti... A donde tú vayas,
voy yo... Váyase Nell con mamá; yo quiero compartir tu pobreza,
cuidarte, ser la hijita de tu alma.
EL CONDE, ~con grandísima agitación~.
¡Oh, Dolly, Dolly!...
DOLLY
¿Qué tienes?...
EL CONDE
Parece que me ahogo... Es que Dios me abre el pecho de un puñetazo, y
se mete dentro de mí... Es tan grande, tan grande... ¡ay! que no cabe...
DOLLY
Si Dios entra en tu corazón, allí encontrará a Dolly con su patita
coja... Abuelo, abuelo mío, cuando todos te abandonan, yo soy contigo.
~(Le abraza y le besa.)~
EL CONDE, ~alelado~.
Cuando todos me desprecian, tú eres conmigo... El mundo entero pisotea
el tronco de Albrit, y Dolly hace en él su nido.
DOLLY
Sí que lo haré... De veras digo que si no me llevas en tu compañía a
donde quiera que vayas...
EL CONDE, ~vivamente~.
Si no te llevo, ¿qué?
DOLLY
Me moriré de pena.
EL CONDE, ~elevando hacia el cielo las palmas de sus manos~.
Señor, ¿qué es esto? ¿Tal monstruosidad es obra tuya? ¿Qué nombre debo
dar a esta cosa espantable y enorme que llena mi alma de gozo?... Del
seno del cataclismo salen para mí tus bendiciones... Ya veo que de nada
valen los pensamientos, los cálculos y resoluciones del ser humano.
Todo ello es herrumbre que se desmorona y cae. Lo de dentro es lo que
permanece... El ánima no se oxida.
D. PÍO, ~con hermosa ingenuidad~.
Señor, ¿hacia qué parte de los cielos o de los abismos cae el honor?
¿En dónde está la verdad?
EL CONDE, ~abrazando a Dolly~.
Aquí... ~(Como quien vuelve de un desvanecimiento.)~ Dime, amigo
Coronado, ¿he dicho muchos disparates? Porque siento que vuelve a mí la
razón. Esta chiquilla, trastornándome, me ha vuelto a mi ser, y yo,
trepidando, recobro mi equilibrio. Ya ves... Todos me desprecian; ella
sola me ama, y consagra a este pobre viejo su florida juventud.
DOLLY, ~besándole~.
Albrit, ¿quién te quiere?
EL CONDE
Tú sola.
DOLLY
No te llamaré Albrit, sino _Abuelo_.
EL CONDE
Sí, sí: me gusta ese nombre... ¡Es tan dulce! Puedes darle el sentido
que quieras.
D. PÍO, ~con unción~.
Dios es el abuelo de todas las criaturas.
EL CONDE
Por eso es tan grande. La eternidad, ¿qué es más que el continuo
barajar de las generaciones? Y ahora, Pío, gran filósofo: si te dan a
escoger entre el honor y el amor, ¿qué harás?
D. PÍO, ~sollozando~.
Escojo el amor... el amor mío, porque el ajeno lo desconozco. Nadie me
ha querido. Lo juro por la laguna Estigia.
EL CONDE
¡Eres tan infeliz como yo dichoso, pobre Pío!... ~(Con resolución,
incorporándose.)~ Vámonos.
D. PÍO
¿A dónde?
EL CONDE
A pedir hospitalidad a cualquiera de mis antiguos colonos. Son pobres;
pero a Dolly no le importa la pobreza.
DOLLY
Con mi cariño te haré yo rico.
EL CONDE, ~con ardiente júbilo~.
Coronado, ¿has oído esto?
D. PÍO
Oigo a Dolly... Ángeles he visto yo en sueños; pero siempre mudos.
Ahora hablan.
EL CONDE
Vámonos... Pío, te nombro mi amigo, te hago la síntesis de la amistad.
Ven, síguenos.
D. PÍO. ~señalando el cantil~.
Pero...
EL CONDE
Estás lucido. ¡Matarme yo, que tengo a Dolly! ¡Matarte a ti... que me
tienes a mí! Ven, y esperaremos a morirnos de viejos.
D. PÍO
Escondámonos en cualquier aldea.
EL CONDE
Dios nos protege. ~(A Dolly.)~ ¿Está cojito mi ángel? Ven a mis brazos.
Pesas poco, y yo aún tengo vigor para cargarte. ~(La toma en brazos.)~
Vámonos primero hacia Rocamor. Allí espero encontrar almas compasivas.
~Huyen hacia Occidente. D. Pío, conocedor de los senderos y atajos,
va delante guiando. A ratitos, Dolly, por no cansar al abuelo, se
desprende de los brazos de él y anda. Desaparecen en las lomas que
separan el término de Jerusa del de Rocamor. En la aldea de este nombre
y en una pobre casa de labor, les da generosa y cordial hospitalidad un
matrimonio dedicado a la cría de carneros y vacas; gente sencilla; un
par de viejos honradísimos y joviales, que allí habían nacido, y allí
moraban desde tiempo inmemorial; restos nobilísimos, olvidados ya, del
poderoso Estado de Laín. Amanece.~
~Al filo del mediodía, llega la pareja de la Guardia civil con una
carta de la Condesa. Dolly la lee. Dice así: «_Señor Conde, puesto que
usted quiere a Dolly, y Dolly le quiere, doy mi consentimiento para
que viva en su compañía, por sus días. Y que estos sean muchos desea
ardientemente su hija_--LUCRECIA.»~
D. PÍO, ~entre helechos, filosofando~.
¿El mal... es el bien?
FIN DE LA NOVELA
Santander (San Quintín), Agosto-Septiembre de 1897.
ÍNDICE
Págs.
Prefacio V
Dramatis Personæ 2
JORNADA PRIMERA
Escena primera 3
Escena II 13
Escena III 29
Escena IV 40
Escena V 44
Escena VI 56
Escena VII 57
Escena VIII 59
Escena IX 64
Escena X 68
Escena XI 70
Escena XII 74
JORNADA SEGUNDA
Escena primera 81
Escena II 83
Escena III 90
Escena IV 95
Escena V 118
Escena VI 140
JORNADA TERCERA
Escena primera 145
Escena II 158
Escena III 163
Escena IV 169
Escena V 179
Escena VI 183
Escena VII 186
Escena VIII 192
Escena IX 215
Escena X 225
Escena XI 227
Escena XII 243
Escena XIII 247
JORNADA CUARTA
Escena primera 251
Escena II 254
Escena III 260
Escena IV 267
Escena V 270
Escena VI 275
Escena VII 280
Escena VIII 281
Escena IX 290
Escena X 294
Escena XI 299
Escena XII 302
Escena XIII 320
Escena XIV 325
Escena XV 332
JORNADA QUINTA
Escena primera 341
Escena II 347
Escena III 351
Escena IV 355
Escena V 365
Escena VI 370
Escena VII 374
Escena VIII 376
Escena IX 387
Escena X 389
Escena XI 394
Escena XII 397
Escena XIII 402
Escena XIV 405
Escena XV 410
Escena XVI 412
Escena última 417