En que se escriue todo el demas subcesso que Joan de Yucar tubo en
la Dominica con los yndios, y lo que Luis Martin Goual hizo en una
caravela en que auia salido de Puertorrico.
El capitan Diego Vazquez con sus compañeros camino con tanta presteza al
pueblo donde las negras estauan, que antes que amaneçiese dio en el, y
hallando descuidados y dormidos aquellos miserables moradores,
facilmente los subjeto, y tomo muchos de ellos, y muchos mato a
cuchillo, y muchos quemo bibos en los buhios, que luego, poniendoles
fuego, arruino de suerte que en los miserables moradores de aquel
lugarejo exercito todos los generos de crueldad que pudo. Algunos de sus
soldados fueron heridos por mano de aquellos indios que, sintiendo el
tumulto que en su pueblo andaua, se lebantaron, y tomando las armas en
las manos, quisieron defender su patria y echar los enemigos della, los
quales, siendo cercados por los españoles, fueron miserablemente muertos
con los demas.
Hecho esto, los españoles tomaron las negras, de quien supieron muy por
estenso todo lo susodicho; y llebando a rrecaudo los indios e indias que
auian dejado biuos, dieron la buelta a donde estaua la otra pressa de
indios que en el primer pueblo de atras auian tomado y dexado.
El capitán Joan de Yucar, que estaua esperando tras del promontorio las
piraguas, no ubo el[402] menor subceso en su empresa, que Diego
Vazquez[403], aunque no de tanta sangre, porque como las piraguas
viniesen nabegando sin rrecelo ni sospecha de los que les estauan
esperando, al tiempo que doblaron el promontorio y enparejaron con la
enboscada, fueron con tanta presteza acometidos por los vergantines, y
como las piraguas biniesen cargadas y enbalumadas[404] de cosas de comer
y de beuer pertenecientes a sus rregucijos, no pudieron usar de la
presteza y ligereza que otras vezes, y asi fueron todas quatro tomadas
con la gente que en ellas venia, sin escapar mas de solamente seis
yndios, que atreviendose a su diestro nadar, se arronjaron a la mar, y
caminando gran trecho por debaxo del agua, fueron a salir a tierra donde
no podian rreçibir ningun daño de Joan de Yucar, el qual, temiendose que
aquellos yndios que se abian arroxado al agua no fuesen a dar mandado y
auiso a los pueblos comarcanos, navego con toda diligencia la costa
arriba, y dando en vn pueblo de yndios que estauan descuidados y
cubiertos con çierta rroca o peña alta, fueron presos y captibos por la
gente española obra de sesenta piezas de aquel pueblo, varones y
mugeres, y metidos a cuchillo con barbara crueldad, y queriendo el
capitan pasar adelante con su castigo y vengança, hallo que ya eran
sentidos y tenian los demas naturales auiso de la gente que en su tierra
andaua; y estandose en aquel aprieto donde auia hecho esta presa,
vinieron a el por tierra muy gran cantidad de naturales con las armas en
las manos, a vengar las muertes y daños hechos en sus compañeros y
hermanos, y apartandose los españoles con los vergantines de tierra, los
yndios començaron a flechalles y a tiralles flechas, aunque no les
hazian daño con ellas, y por el consiguiente, los españoles con el
artilleria que llebauan, tiraban a los yndios, pero en nada les dañaban
con ello.
El capitan Joan de Yucar, queriendo ber si podria hazer algun engaño a
aquellos barbaros, con que destruir algunos dellos, habloles desde la
mar con un dispierto interprete que traian, tratandoles de paçes y que
se diesen rrehenes los vnos a los otros y se concertasen. Los yndios
vinieron en ello, y enbiando a los vergantines quatro prinçipales, fue
por el Capitan preguntado a los españoles si auia algunos que en lugar
de aquellos yndios quisiesen yr a tierra; mas como todos conoçian quan
dubdosa fee y palabra hera la de aquellos barbaros, rreusaron la
ida[405] por rrehenes, sino fue Limon, de quien atras dijimos que con
solos los vestidos de que naturaleza le uistio fue a discubrir la
poblacon. Este, con otro uizcaino llamado Horozco, con animos
temerarios, acetaron el yr por rrehenes entre los yndios, de que no poco
despues se arrepintieron, porque como aquellos uaruaros los tuuiesen en
su poder y ellos sean en si gente desuergonzada y rrustica y sin ningun
jenero de miramientos ni comedimientos, llegauanse a estos dos españoles
y con uestial desenuoltura les llegauan con sus manos a tentar sus
uerguenzas y a uer la forma que tenian, y luego les ponian las manos en
las uaruas y les tirauan blandamente dellas, por uer si hera cossa
postiza; y para rregozijarse de todo punto jugauan con ellos a
pasa-gonzalo, dandoles buenos papirotes en las narices.
En estas cosas y otras semejantes pasaron el tiempo estos dos soldados
en el ynter quen poder de los yndios estuuieron, que serian dos oras,
que cierto para hellos fueron dos muy largos años. Dieronles de comer
los yndios, pero con tan mala salsa no podia hazer buen gusto la comida.
Pasadas estas cosas los españoles fueron bueltos a los vergantines y los
yndios a tierra: y como en estos tratos no hizieron ninguna cosa de las
que entranbas partes pretendian, que hera engañarse los vnos a los
otros, ceso entre hellos la guerra, con que otro dia se uinieron en
aquel propio lugar para de todo punto hazer fija e pacifica amistad;
pero estos uaruaros andauan haziendo estos entretenimientos con los
españoles por poner en cobro sus mugeres e hijos y uer si podian hazer
junta de mas jente para ofendelles.
El capitan, con su jente y presa, se partio luego a donde estaua
esperandolo Diego Uelazquez[1] con los demas compañeros e yndios que
auian cautiuado, y aquella noche propia se enuarcaron todos los que con
Velazquez[406] estauan con la presa que auian echo en aquella parte, y
poniendo las presas en horden y rrecaudo dentro de los vergantines, otro
dia de mañana, todos juntos, se uoluieron a tratar de las paces y
amistades quel dia antes auian quedado principiadas por el capitan Joan
de Yucar con los otros cariues; y como llegando a este puerto no hallase
ninguna jente ni pareciese en toda aquella costa, pasose adelante a un
puerto muy seguro y bueno, dicho el puerto del Azufre, donde auia vn
rrio llamado el rio Caliente; y como asi mesmo no hallase en el jente,
determino de saltar en tierra y entrar a la tierra adentro con sus
soldados, hazer todos los daños que pudiese en los yndios, y poniendolo
en efecto, tomo consigo ochenta hombres vien aderezados y los mas
belicosos y dispuestos para aquel travajo y guerra; y auiendo por alli
zerca vnos yndios que les dijeron y dieron rrelacion de donde estaua
rrecojida la jente de aquella prouincia, los lleuaron por guias, y
metiendose con ellos la tierra adentro, caminaron quatro dias, lleuando
sienpre Joan de Yucar delante de si, apartados distancia de vn tiro de
arcabuz, seis honbres que a manera de esploradores o espias fuesen
biendo y descubriendo lo que auia, en las quales jornadas allaron mas
de treinta lugares o pueblos de yndios sin ninguna jente, los quales
quemaron y arruinaron, y al quinto dia dieron los que yban adelante en
vn harroyo o quebrada de muy mal pasaje, de la otra uanda del qual, en
vna alta barranca, estauan rrecojidos y echos fuertes los yndios, con
sus mugeres e hijos, los quales auian ya sentido la ida de los españoles
en su busca, y estauan en aquel arroyo vna parte dellos puestos en
salto[407]; y como los seis esploradores españoles, por cierta sospecha
que del coracon, pronosticador de los malos sucesos, les uenia, temiesen
y rrehusasen la pasada de aquel arroyo, alcaron los ojos y bieron los
yndios que los estauan mirando desde su alojamiento; y queriendo
rretirarse para dar mandado al Capitan que tras dellos yba, fueron de
rrepente cercados por los cariues, que estauan puestos en çelada, los
quales alcaron las voces, pareciendoles que tenian ya segura aquella
presa; mas como el Capitan oyese la grita de los yndios, porque iua
caminando por montaña y podia oyrlos y no bellos, apresuro el paso con
su jente, y dando en los yndios de repente los rreuatio y aparto de
suerte que quitaron el cerco que tenian puesto a los seis soldados y se
juntaron todos, mas los yndios no se apartaron mucho de donde estauan,
antes peleando obstinadamente[408] ponian en condicion a los nuestros de
ser desvaratados y perdidos; pero como los españoles no diesen a
entender a sus enemigos que hen ellos auia flaqueza, y los vnos y los
otros sustentasen muy bien sus brios en pelear, cansaronse los yndios
primero, y suspendiendo sus armas y apartandose vn poco, dieron lugar a
los nuestros a que les boluiesen las espaldas con titulo de rretirarse,
porque el Capitan, viendo quan desiguales le heran los yndios en numero
y que peleauan por su libertad y por la defensa de sus personas y
mugeres e hijos, pareciale que no se podia auer ninguna honrrosa uitoria
con jente que a sus buenos brios aconpañauan y fauorescian tantas justas
condiciones, y a el y a los suyos contrarias, y asi, tomando el capitan
Joan de Yucar, con los mas balientes soldados, la rretroguardia, que en
aquel tiempo hera mas peligroso lugar, dieron la buelta hazia la mar.
Los yndios los siguieron con mucha lijereza, acometiendoles por muchas
partes, sin que pudiesen rreceuir daño ninguno de los nuestros; y
auiendo caminado dos leguas, los yndios dejaron el alcanze y se
uoluieron a su alojamiento, y los nuestros llegaron otro dia a la mar
dessanbridos[409] y fatigados del trauajo del camino, aunque con pocas
heridas, donde se estuuieron quatro dias descansando y holgando, en el
qual tiempo los yndios de la tierra juntaron algunas piraguas y
determinaron venir a dar en los españoles por tierra y por mar, y
poniendolo en efeto, vn dia, estando los nuestros descuidados, asomaron
por vna punta que la tierra alli se rrehazia, hobra de diez piraguas,
las quales, como por los nuestros fuesen bistos, presumieron lo que
hera, y quiriendo con toda presteza apartarse de tierra los vergantines
para hazersse a lo largo, fueron asaltados por los yndios que en un
pequeño montecillo, que vn tiro de ballesta de la mar auia, estauan
enboscados; y como el vergantin del capitan Joan de Yucar, con gran
presteza, cortase el pois[410] y se hiziese a lo largo, el otro
vergantin fue enuarazado por no vsar de la presteza que hera rrazon en
cortar su prois, y asi rreciuio notable daño, porque cayendo sobre hel
ynumerable multitud de flecheria y piedras que los yndios les tirauan,
les mataron beinte y cinco honbres, sin[411] otros muchos que les
hirieron.
Joan de Yucar, yendose a encontrar con las piraguas, fue dellas
rreceuido con mucho ynpetu, y peleando gran rrato los vnos con los
otros, despues de auerse echo daño de la una y de la otra parte, se
arredraron los piraguas y se hizieron a lo largo y dieron la buelta, y
como se uiesse libre de las piraguas el uergantin del capitan acudio
luego con toda presteza a socorrer a los del vergantin que auia quedado
en la costa, a quien los yndios no cesauan de ofender con sus continuas
flechas y piedras, y sacandolo de aquella aflecion dieron la buelta a
donde frai Vicente les estaua esperando con la carauela, echando cada
dia jente a la mar, porque como las flechas con que herian a los
españoles tenia muy penosa yerua, por pequeña que fuese la herida que
con hella davan, hera mortal, y ansi fueron pocos los que con la uida
escaparon de los heridos.
Juntaronse los uergantines con el fraile, y los de la caravela se fueron
a Tierra Firme a tomar yndios y hazellos esclauos, y los uergantines con
sus presas se voluieron a Puertorrico(A).
Casi en este mismo tiempo sucedio, yendo de esta isla de Puertorrico vna
carauela con esclauos y algunos españoles y mugueres[412] a Santo
Domingo, para de alli yrse a Piru, que yban hen ella ciertos flamencos,
vno de los quales hera un Luis de Longaual, y su muger malmasela[413]
Clareta, que decian ser deudos de Mingo Bal, cavallerico del emperador
Don Carlos Quinto, nuestro rrey. Estos salieron enojados y agrauiados de
Puertorrico porque entre el bulgo se auia dicho que no heran casados,
sino amanzeuados, y tomando por muy gran injuria esta bulgar opinion, se
iuan a Santo Domingo, para de alli yrse a España a quejar al Emperador;
y como los españoles que en la carauela yuan saltasen en tierra en la
isla llamada la Mona, para alli rrecrear sus personas y echasen todos
sus esclavos en tierra para el mesmo efeto, este Luis Mingobal determino
hazer vn auominable echo para en uenganza de su ynjuria, y fue que como
los españoles empezasen a rrecoxerse con sus esclavos al nauio, a la
segunda barcada, tomando las armas en las manos este furioso flamenco y
los demas de su nacion que con el estauan, que heran bien pocos,
quitaron el vatel a los marineros y comencando a herir en ellos los
mataron a todos, y los demas españoles y españolas que en el nauio auia,
sin dejar uiua criatura, ni negro alguno, ni perro ni gato, ni cosa uiua
que los españoles alli lleuasen, y entre los demas honbres y mugueres
mataron estos baruaros a vna donzella de noble linaje y muy hermosa que
se iua o la llevauan a casar a Santo Domingo.
Dizese que los que en tierra estauan bian a la muger de Mingobal con vna
espada en la mano dar el salto de vna parte a otra, ymitando la maluada
crueldad de su marido, tras las mugeres españolas que en el nauio
andauan vyendo de una parte a otra, y asi se hizieron a la bela con el
nauio y con los que en el auia.
Sauido por el Presidente y Arcouispo de Santo Domingo, que hera
Fuenmayor, enbio con ciertos nauios a buscar estos flamencos para
castigallos, y andando en busca dellos, llegaron a la costa de los
Lucayos, donde hallaron la caravela, que auia dado al traves, y en la
playa muchos rrastros de sangre y cauellos de jente que parecian auer
muerto alli. Presumiose que, por permision divina, dieron estos
flamencos en esta costa de los Lucayos, donde con crueles muertes que
los yndios les darian, pagaron su maluado echo y crueldad.
Los que en la isla de la Mona quedaron se estuuieron alli hasta que
pasando otra carauela por alli los rrecogio y lleuo consigo.