CAPITULO NUEBE

En el qual se escribe el suceso de los quatro españoles que se

apartaron de Gascuña.

Dende a poco tiempo que estos españoles pasaron a descansar rribera del

rrio, para soportar mejor el tormento de la hanbre con la esperança

dicha, açerto a pasar por alli vna canoa con yndios que yvan de vn

pueblo a otro, a los quales llamaron los españoles con señas que les

hizieron para que viniesen a donde ellos estaban. Los yndios se

acercaron a tierra por ver y conocer que nueba gente era aquella; mas no

se llegaron tanto que los españoles los pudiesen asir para matallos y

comellos, como despues lo pusieron por la obra, y viendo que los yndios

se llegavan rrecatadamente, solo les dieron a entender, con señales que

les hizieron, la neçesidad que padeçian, rrogandoles que les truxesen

alguna cosa de comer.

Los yndios, por el senblante o aspeto que en los españoles vieron,

entendieron lo que les pedian y abian menester, y asi se fueron el rrio

arriba a donde tenian su poblazon, y tomando la comida que les pareçio

que era bastante para tan poca gente, bolvieron a donde los españoles

estaban, los quales, como los vieron bolver, pareçiendoles que el

mantenimiento que podian traer seria poco, determinaron que se tomasen

los yndios y se matasen y asasen en barbacoas[45] para guardar y tener

de respecto para su comida. Los yndios llegaron sinçeramente, sin

rreçelo de rreçebir daño ninguno de los españoles, a quien con tan buena

voluntad trayan de comer, y saltaron en tierra, sacando el mayz y otras

rrayzes y legunbres que trayan. Los españoles, desque los vieron que les

pareçia que podian ser señores de ellos, cada vno echo mano de su yndio

para poner por obra lo que antes abian tratado, y como su flaqueza era

tanta y sus fuerças tan pocas, poca fuga fue menester para que los

yndios se soltasen de sus manos; y visto que los yndios se les yvan,

juntaronse todos a vno de los yndios, y asiendose del lo mataron y

despedaçaron muy liberalmente y asaron en barbacoa para su sustento.

Esto de asar[46] en barbacoa esta carne es vna costumbre casi general en

las Indias entre algunos yndios, los quales jamas acostumbran a salar

carne ni pescado, avnque tengan bundancia de sal, mas haziendo vnas

barbacoas que no sean muy altas del suelo, que son vnas estacas hincadas

en tierra, del altor que les pareçe, encima de las quales hazen vn

cañizo algo rralo de varas que llaman barbacoa, y alli ponen la carne a

asar y mucha candela debaxo, hasta que se consume todo el xugo y vmor y

queda del todo seca: y con esto se entretiene mucho tiempo la carne,

avnque sea de puerco, y el pescado y todas otras cosas que despues de

muertas se pueden corronper y dañar; y a falta de sal, los españoles, en

las jornadas y nuevas poblazones se aprovechan deste vso de los

naturales, y asi lo hizieron estos de quien al presente vamos hablando;

que muerto su yndio y hecho sacrifiçio del a su dios el vientre, lo

asaron en barbacoa por sus puestas[47], y luego alli comieron el

asadura, pies y manos, y el menudo, con tanta alegria como si fuera de

otro animal de los acostumbrados a comer entre cristianos.

Y rrecelandose que los yndios que se escaparon de sus manos no

conbocasen gente y viniesen sobre ellos, acordaron de yrse de donde

estaban, y asi començaron a caminar rribera arriba de aquel rrio todos

ellos, eceto vno llamado Françisco Martin, que por tener vna llaga en

vna pierna muy enconosa no pudo caminar y le fue forçoso quedarse alli;

y los demas, prosiguiendo su desesperado camino el rrio arriba,

padeçieron como todos los otros avian hecho y acabaron sus vidas con

bien largas y penosas muertes. Y porque en lo deste capitulo me queda y

en el siguiente, he de deçir el subçeso deste Françisco Martin, que por

la enfermedad de su pierna no pudo seguir a sus compañeros en la muerte

como los abia seguido en la bida, dire lo que este honbre hizo, antes de

llegar a este rrio.

Andaban sus compañeros y el tan acosados de la hanbre que se podia bien

dezir por ellos que rrabiaban de hanbre. Cupole a vn yndio que les abia

que dado la suerte del sacrifiçio, y asi lo sacrificaron y mataron,

dandole por sus propias manos la muerte, porque fuese mas açeto. Estando

haziendo puestas o pedaços el cuerpo muerto, para dar a cada vno su

parte, quitaron el mienbro genital, como cosa mas ynmunda, y echaronlo a

mal, lo qual, como biese este Françisco Martin arremetio a el y

alçandolo del suelo, sin esperar a ponello en el fuego se lo comio asi

crudo, como se abia quitado del cuerpo; que fue cosa por çierto, no de

honbre sino de mas que bruto y carniçero animal; y por esto no quento la

diligencia que todos ponian en que no se perdiese cosa ninguna de lo que

en vn cuerpo humano ay. La sangre no era menester llegalla al fuego,

porque en abriendo el muerto, con las manos la sacaban y se la bebian, y

avn como suelen deçir, se quedaban lambiendo las manos; y por no ser

molesto no quiero pasar adelante con estos abominables enxemplos de

crueldad.

Este honbre llamado Françisco Martin, permitiendolo Dios, para questos

castigos fuesen notorios, vino a escapar con la vida y a bolver a poder

y conpañia despañoles de la manera que por el discurso desta Istoria se

vera; mas para llegar a este tiempo paso muchos trances que tanbien ire

declarando. Viendose el triste solo en aquella playa o rribera donde sus

conpañeros lo abian dexado, acordo echarse el rrio abaxo, pareçiendole

que pues por alli nabegaban canoas, que no dexaria de aber algunas

poblazones donde, o le conservarian la bida o con mas brevedad lo

despenarian. Sabia nadar, y ayudandose de vn madero o palo grueso que

alli hallo, se hecho por el rrio abaxo, y giandolo sus hados fue a dar a

vna poblazon de yndios que en la rribera deste rrio estaba, gente de

buena dixistion o condiçion, los quales como lo biesen, admirados de ver

vn honbre barbado y tan blanco, cosa que ellos nunca abian hasta

entonces visto, lo tomaron y lo llevaron al caçique y señor de aquella

prouinçia, el qual, con la misma admiraçion que sus vasallos, lo mando

recojer y tener en su casa por cosa de grandeza, sin hazer ningun mal ni

consentir que se le hiziese por ninguno de sus subditos.

Historia de Venezuela, Tomo I · 第 33 / 305 题