En el qual se escribe el suceso de los quatro españoles que se
apartaron de Gascuña.
Dende a poco tiempo que estos españoles pasaron a descansar rribera del
rrio, para soportar mejor el tormento de la hanbre con la esperança
dicha, açerto a pasar por alli vna canoa con yndios que yvan de vn
pueblo a otro, a los quales llamaron los españoles con señas que les
hizieron para que viniesen a donde ellos estaban. Los yndios se
acercaron a tierra por ver y conocer que nueba gente era aquella; mas no
se llegaron tanto que los españoles los pudiesen asir para matallos y
comellos, como despues lo pusieron por la obra, y viendo que los yndios
se llegavan rrecatadamente, solo les dieron a entender, con señales que
les hizieron, la neçesidad que padeçian, rrogandoles que les truxesen
alguna cosa de comer.
Los yndios, por el senblante o aspeto que en los españoles vieron,
entendieron lo que les pedian y abian menester, y asi se fueron el rrio
arriba a donde tenian su poblazon, y tomando la comida que les pareçio
que era bastante para tan poca gente, bolvieron a donde los españoles
estaban, los quales, como los vieron bolver, pareçiendoles que el
mantenimiento que podian traer seria poco, determinaron que se tomasen
los yndios y se matasen y asasen en barbacoas[45] para guardar y tener
de respecto para su comida. Los yndios llegaron sinçeramente, sin
rreçelo de rreçebir daño ninguno de los españoles, a quien con tan buena
voluntad trayan de comer, y saltaron en tierra, sacando el mayz y otras
rrayzes y legunbres que trayan. Los españoles, desque los vieron que les
pareçia que podian ser señores de ellos, cada vno echo mano de su yndio
para poner por obra lo que antes abian tratado, y como su flaqueza era
tanta y sus fuerças tan pocas, poca fuga fue menester para que los
yndios se soltasen de sus manos; y visto que los yndios se les yvan,
juntaronse todos a vno de los yndios, y asiendose del lo mataron y
despedaçaron muy liberalmente y asaron en barbacoa para su sustento.
Esto de asar[46] en barbacoa esta carne es vna costumbre casi general en
las Indias entre algunos yndios, los quales jamas acostumbran a salar
carne ni pescado, avnque tengan bundancia de sal, mas haziendo vnas
barbacoas que no sean muy altas del suelo, que son vnas estacas hincadas
en tierra, del altor que les pareçe, encima de las quales hazen vn
cañizo algo rralo de varas que llaman barbacoa, y alli ponen la carne a
asar y mucha candela debaxo, hasta que se consume todo el xugo y vmor y
queda del todo seca: y con esto se entretiene mucho tiempo la carne,
avnque sea de puerco, y el pescado y todas otras cosas que despues de
muertas se pueden corronper y dañar; y a falta de sal, los españoles, en
las jornadas y nuevas poblazones se aprovechan deste vso de los
naturales, y asi lo hizieron estos de quien al presente vamos hablando;
que muerto su yndio y hecho sacrifiçio del a su dios el vientre, lo
asaron en barbacoa por sus puestas[47], y luego alli comieron el
asadura, pies y manos, y el menudo, con tanta alegria como si fuera de
otro animal de los acostumbrados a comer entre cristianos.
Y rrecelandose que los yndios que se escaparon de sus manos no
conbocasen gente y viniesen sobre ellos, acordaron de yrse de donde
estaban, y asi començaron a caminar rribera arriba de aquel rrio todos
ellos, eceto vno llamado Françisco Martin, que por tener vna llaga en
vna pierna muy enconosa no pudo caminar y le fue forçoso quedarse alli;
y los demas, prosiguiendo su desesperado camino el rrio arriba,
padeçieron como todos los otros avian hecho y acabaron sus vidas con
bien largas y penosas muertes. Y porque en lo deste capitulo me queda y
en el siguiente, he de deçir el subçeso deste Françisco Martin, que por
la enfermedad de su pierna no pudo seguir a sus compañeros en la muerte
como los abia seguido en la bida, dire lo que este honbre hizo, antes de
llegar a este rrio.
Andaban sus compañeros y el tan acosados de la hanbre que se podia bien
dezir por ellos que rrabiaban de hanbre. Cupole a vn yndio que les abia
que dado la suerte del sacrifiçio, y asi lo sacrificaron y mataron,
dandole por sus propias manos la muerte, porque fuese mas açeto. Estando
haziendo puestas o pedaços el cuerpo muerto, para dar a cada vno su
parte, quitaron el mienbro genital, como cosa mas ynmunda, y echaronlo a
mal, lo qual, como biese este Françisco Martin arremetio a el y
alçandolo del suelo, sin esperar a ponello en el fuego se lo comio asi
crudo, como se abia quitado del cuerpo; que fue cosa por çierto, no de
honbre sino de mas que bruto y carniçero animal; y por esto no quento la
diligencia que todos ponian en que no se perdiese cosa ninguna de lo que
en vn cuerpo humano ay. La sangre no era menester llegalla al fuego,
porque en abriendo el muerto, con las manos la sacaban y se la bebian, y
avn como suelen deçir, se quedaban lambiendo las manos; y por no ser
molesto no quiero pasar adelante con estos abominables enxemplos de
crueldad.
Este honbre llamado Françisco Martin, permitiendolo Dios, para questos
castigos fuesen notorios, vino a escapar con la vida y a bolver a poder
y conpañia despañoles de la manera que por el discurso desta Istoria se
vera; mas para llegar a este tiempo paso muchos trances que tanbien ire
declarando. Viendose el triste solo en aquella playa o rribera donde sus
conpañeros lo abian dexado, acordo echarse el rrio abaxo, pareçiendole
que pues por alli nabegaban canoas, que no dexaria de aber algunas
poblazones donde, o le conservarian la bida o con mas brevedad lo
despenarian. Sabia nadar, y ayudandose de vn madero o palo grueso que
alli hallo, se hecho por el rrio abaxo, y giandolo sus hados fue a dar a
vna poblazon de yndios que en la rribera deste rrio estaba, gente de
buena dixistion o condiçion, los quales como lo biesen, admirados de ver
vn honbre barbado y tan blanco, cosa que ellos nunca abian hasta
entonces visto, lo tomaron y lo llevaron al caçique y señor de aquella
prouinçia, el qual, con la misma admiraçion que sus vasallos, lo mando
recojer y tener en su casa por cosa de grandeza, sin hazer ningun mal ni
consentir que se le hiziese por ninguno de sus subditos.