¡AVE MARÍA PURÍSIMA! ¡LAS DOCE Y MEDIA Y SERENO!
Así gritaba por las calles de la Ciudad quien tenía
facultades para tanto, cuando la Molinera y el Corregidor,
cada cual en una de las burras del molino, el Sr.
Juan López en su mula, y los dos alguaciles andando,
llegaron a la puerta del Corregimiento.
La puerta estaba cerrada.
Dijérase que para el Gobierno, lo mismo que para los
gobernados, había concluido todo por aquel día.
--¡Malo!--pensó Garduña.
Y llamó con el aldabón dos o tres veces.
Pasó mucho tiempo, y ni abrieron, ni contestaron.
La señá Frasquita estaba más amarilla que la cera.
El Corregidor se había comido ya todas las uñas de
ambas manos.
Nadie decía una palabra.
¡Pum!... ¡Pum!... ¡Pum!...--golpes y más
golpes a la puerta del Corregimiento (aplicados sucesivamente
por los dos alguaciles y por el Sr. Juan
López)...--Y ¡nada! ¡No respondía nadie! ¡No
abrían! ¡No se movía una mosca!
Sólo se oía el claro rumor de los caños de una fuente
que había en el patio de la casa.
Y de esta manera transcurrían minutos, largos como
eternidades.
Al fin, cerca de la una, abriose un ventanillo del piso
segundo, y dijo una voz femenina:
--¿Quién?
--Es la voz del ama de leche...--murmuró
Garduña.
--¡Yo! (respondió D. Eugenio de Zúñiga).--¡Abrid!
Pasó un instante de silencio.
--¿Y quién es V.?--replicó luego la nodriza.
--¿Pues no me está V. oyendo?--¡Soy el amo!...
¡el Corregidor!...
Hubo otra pausa.
--¡Vaya V. mucho con Dios! (repuso la buena
mujer).--Mi amo vino hace una hora, y se acostó en
seguida.--¡Acuéstense Vds. también, y duerman el
vino que tendrán en el cuerpo!
Y la ventana se cerró de golpe.
La señá Frasquita se cubrió el rostro con las manos.
--¡Ama! (tronó el Corregidor, fuera de sí). ¿No
oye V. que le digo que abra la puerta? ¿No oye V.
que soy yo? ¿Quiere V. que la ahorque también?
La ventana volvió a abrirse.
--Pero vamos a ver... (expuso el ama). ¿Quién
es V. para dar esos gritos?
--¡Soy el Corregidor!
--¡Dale, bola! ¿No le digo a V. que el señor Corregidor
vino antes de las doce..., y que yo lo vi con
mis propios ojos encerrarse en las habitaciones de la
Señora? ¿Se quiere V. divertir conmigo?--¡Pues
espere V..., y verá lo que le pasa!
Al mismo tiempo se abrió repentinamente la puerta,
y una nube de criados y ministriles, provistos de sendos
garrotes, se lanzó sobre los de afuera, exclamando
furiosamente:
--¡A ver! ¿Dónde está ese que dice que es el Corregidor?
¿Dónde está ese chusco? ¿Dónde está
ese borracho?
Y se armó un lío de todos los demonios en medio de
la obscuridad, sin que nadie pudiera entenderse, y no
dejando de recibir algunos palos el Corregidor, Garduña,
el Sr. Juan López y Toñuelo.
Era la segunda paliza que le costaba a D. Eugenio
su aventura de aquella noche, además del remojón que
se dio en el caz del molino.
La señá Frasquita, apartada de aquel laberinto, lloraba
por la primera vez de su vida...
--¡Lucas! ¡Lucas! (decía). ¡Y has podido dudar
de mí! ¡Y has podido estrechar en tus brazos a otra!
--¡Ah! ¡Nuestra desventura no tiene ya remedio!