¡FAVOR AL REY!
Entretanto, la señá Frasquita, el Sr. Juan López y
Toñuelo avanzaban hacia el molino, al cual llegaron
pocos minutos después.
--¡Yo entraré delante! (exclamó el Alcalde de monterilla).
¡Para algo soy la Autoridad!--Sígueme,
Toñuelo, y V., sená Frasquita, espérese a la puerta
hasta que yo la llame.
Penetró, pues, el Sr. Juan López bajo la parra, donde
vio a la luz de la luna un hombre casi jorobado, vestido
como solía el Molinero, con chupetín y calzón de paño
pardo, faja negra, medias azules, montera murciana de
felpa, y el capote de monte al hombro.
--¡Él es! (gritó el Alcalde). ¡Favor al Rey!--¡Entréguese
V., tío Lucas!
El hombre de la montera intentó meterse en el molino.
--¡Date!--gritó a su vez Toñuelo, saltando sobre
él, cogiéndolo por el pescuezo, aplicándole una rodilla
al espinazo y haciéndole rodar por tierra.
Al mismo tiempo, otra especie de fiera saltó sobre
Toñuelo, y, agarrándolo de la cintura, lo tiró sobre el
empedrado y principió a darle de bofetones.
Era la señá Frasquita, que exclamaba:
--¡Tunante! ¡Deja a mi Lucas!
Pero, en esto, otra persona, que había aparecido llevando
del diestro una borrica, metiose resueltamente
entre los dos, y trató de salvar a Toñuelo...
Era Garduña, que, tomando al Alguacil del Lugar
por D. Eugenio de Zúñiga, le decía a la Molinera:
--¡Señora, respete V. a mi amo!
Y la derribó de espaldas sobre el lugareño.
La seña Frasquita, viéndose entre dos fuegos, descargó
entonces a Garduña tal revés en medio del estómago,
que le hizo caer de boca tan largo como era.
Y, con él, ya eran cuatro las personas que rodaban
por el suelo.
El Sr. Juan López impedía entretanto levantarse al
supuesto tío Lucas, teniéndole plantado un pie sobre los
riñones.
--¡Garduña! ¡Socorro! ¡Favor al Rey! ¡Yo soy
el Corregidor!--gritó al fin Don Eugenio, sintiendo
que la pezuña del Alcalde, calzada con albarca de piel
de toro, lo reventaba materialmente.
--¡El Corregidor! ¡Pues es verdad!--dijo el Sr.
Juan López, lleno de asombro...
--¡El Corregidor!--repitieron todos.
Y pronto estuvieron de pie los cuatro derribados.
--¡Todo el mundo a la cárcel! (exclamó D. Eugenio
de Zúñiga). ¡Todo el mundo a la horca!
--Pero, señor... (observó el Sr. Juan López, poniéndose
de rodillas).--¡Perdone Usía que lo haya
maltratado! ¿Cómo había de conocer a Usía con esa
ropa tan ordinaria?
--¡Bárbaro! (replicó el Corregidor): ¡alguna había
de ponerme! ¿No sabes que me han robado la mía?
¿No sabes que una compañía de ladrones, mandada por
el tío Lucas...
--¡Miente V.!--gritó la navarra.
--Escúcheme V., señá Frasquita (le dijo Garduña,
llamándola aparte).--Con permiso del señor Corregidor
y la compaña...--¡Si V. no arregla esto, nos van
a ahorcar a todos, empezando por el tío Lucas!...
--Pues ¿qué ocurre?--preguntó la señá Frasquita.
--Que el tío Lucas anda a estas horas por la Ciudad
vestido de Corregidor..., y que Dios sabe si habrá
llegado con su disfraz hasta el propio dormitorio de la
Corregidora.
Y el Alguacil le refirió en cuatro palabras todo lo que
ya sabemos.
--¡Jesús! (exclamó la Molinera). ¡Conque mi marido
me cree deshonrada! ¡Conque ha ido a la Ciudad
a vengarse!--¡Vamos, vamos a la Ciudad, y justificadme
a los ojos de mi Lucas!
--¡Vamos a la Ciudad, e impidamos que ese hombre
hable con mi mujer y le cuente todas las majaderías que
se haya figurado! (dijo el Corregidor, arrimándose a
una de las burras).--Deme V. un pie para montar,
señor Alcalde.
--Vamos a la Ciudad, sí... (añadió Garduña); ¡y
quiera el cielo, señor Corregidor, que el tío Lucas,
amparado por su vestimenta, se haya contentado con
hablarle a la Señora!
--¿Qué dices, desgraciado? (prorrumpió D. Eugenio
de Zúñiga). ¿Crees tú a ese villano capaz?...
--¡De todo!--contestó la señá Frasquita.