XXI

¡EN GUARDIA, CABALLERO!

Abandonemos por ahora al tío Lucas, y enterémonos

de lo que había ocurrido en el molino desde que dejamos

allí sola a la señá Frasquita hasta que su esposo

volvió a él y se encontró con tan estupendas novedades.

Una hora habría pasado después que el tío Lucas se

marchó con Toñuelo, cuando la afligida navarra, que se

había propuesto no acostarse hasta que regresara su

marido, y que estaba haciendo calceta en su dormitorio,

situado en el piso de arriba, oyó lastimeros gritos fuera

de la casa, hacia el paraje, allí muy próximo, por donde

corría el agua del caz.

--¡Socorro, que me ahogo! ¡Frasquita! ¡Frasquita!...--exclamaba

una voz de hombre, con el

lúgubre acento de la desesperación.

--¿Si será Lucas?--pensó la navarra, llena de un

terror que no necesitamos describir.

En el mismo dormitorio había una puertecilla, de que

ya nos habló Garduña, y que daba efectivamente sobre

la parte alta del caz.--Abriola sin vacilación la señá

Frasquita, por más que no hubiera reconocido la voz

que pedía auxilio, y encontrose de manos a boca con el

Corregidor, que en aquel momento salía todo chorreando

de la impetuosísima acequia...

--¡Dios me perdone! ¡Dios me perdone! (balbuceaba

el infame viejo).--¡Creí que me ahogaba!

--¡Cómo! ¿Es V.? ¿Qué significa? ¿Cómo se

atreve? ¿A qué viene V. a estas horas?...--gritó

la Molinera con más indignación que espanto, pero

retrocediendo maquinalmente.

--¡Calla! ¡Calla, mujer! (tartamudeó el Corregidor,

colándose en el aposento detrás de ella). Yo te lo diré

todo... ¡He estado para ahogarme! ¡El agua me llevaba

ya como a una pluma!--¡Mira, mira cómo me he

puesto!

--¡Fuera, fuera de aquí! (replicó la señá Frasquita

con mayor violencia). ¡No tiene V. nada que explicarme!...

¡Demasiado lo comprendo todo! ¿Qué me

importa a mí que V. se ahogue? ¿Lo he llamado yo a

V.?--¡Ah! ¡Qué infamia! ¡Para esto ha mandado

V. prender a mi marido!

--Mujer, escucha...

--¡No escucho! ¡Márchese V. inmediatamente,

señor Corregidor!... ¡Márchese V., o no respondo de

su vida!...

--¿Qué dices?

--¡Lo que V. oye!--Mi marido no está en casa;

pero yo me basto para hacerla respetar. ¡Márchese

V. por donde ha venido, si no quiere que yo le arroje

otra vez al agua con mis propias manos!

--¡Chica, chica! ¡no grites tanto, que no soy sordo!...

(exclamó el viejo libertino). ¡Cuando yo estoy

aquí, por algo será!... Vengo a libertar al tío Lucas,

a quien ha preso por equivocación un alcalde de monterilla...--Pero,

ante todo, necesito que me seques

estas ropas... ¡Estoy calado hasta los huesos!

--¡Le digo a V. que se marche!

--¡Calla, tonta!... ¿Qué sabes tú?--Mira...

aquí te traigo el nombramiento de tu sobrino...--Enciende

la lumbre, y hablaremos...--Por lo demás,

mientras se seca la ropa, yo me acostaré en esta cama...

--¡Ah, ya! ¿Conque declara V. que venía por mí?

¿Conque declara V. que para eso ha mandado arrestar

a mi Lucas? ¿Conque traía V. su nombramiento y

todo?--¡Santos y Santas del cielo! ¿Qué se habrá

figurado de mí este mamarracho?

--¡Frasquita! ¡soy el Corregidor!

--¡Aunque fuera V. el Rey! A mí, ¿qué?--¡Yo

soy la mujer de mi marido, y el ama de mi casa!--¿Cree

V. que yo me asusto de los Corregidores? ¡Yo

sé ir a Madrid, y al fin del mundo, a pedir justicia contra

el viejo insolente que así arrastra su autoridad por

los suelos! Y, sobre todo, yo sabré mañana ponerme

la mantilla, e ir a ver a la señora Corregidora...

--¡No harás nada de eso! (repuso el Corregidor,

perdiendo la paciencia, o mudando de táctica). No

harás nada de eso; porque yo te pegaré un tiro, si veo

que no entiendes de razones...

--¡Un tiro!--exclamó la señá Frasquita con voz

sorda.

--Un tiro, sí... Y de ello no me resultará perjuicio

alguno. Casualmente he dejado dicho en la ciudad que

salía esta noche a caza de criminales...--¡Conque

no seas necia... y quiéreme... como yo te adoro!

--Señor Corregidor; ¿un tiro?--volvió a decir la

navarra, echando los brazos atrás y el cuerpo hacia

adelante, como para lanzarse sobre su adversario.

--Si te empeñas, te lo pegaré, y así me veré libre de

tus amenazas y de tu hermosura...--respondió el

Corregidor, lleno de miedo y sacando un par de

cachorrillos.

--¿Conque pistolas también? ¡Y en la otra faltriquera

el nombramiento de mi sobrino! (dijo la señá

Frasquita, moviendo la cabeza de arriba abajo).--Pues,

señor, la elección no es dudosa.--Espere Usía

un momento; que voy a encender la lumbre.

Y, así hablando, se dirigió rápidamente a la escalera,

y la bajó en tres brincos.

El Corregidor cogió la luz, y salió detrás de la Molinera,

temiendo que se escapara; pero tuvo que bajar

mucho más despacio, de cuyas resultas, cuando llegó a

la cocina, tropezó con la navarra, que volvía ya en su

busca.

--¿Conque decía V. que me iba a pegar un tiro?

(exclamó aquella indomable mujer dando un paso atrás).--Pues,

¡en guardia, caballero; que yo ya lo estoy!

Dijo, y se echó a la cara el formidable trabuco que

tanto papel representa en esta historia.

--¡Detente, desgraciada! ¿Qué vas a hacer? (gritó

el Corregidor, muerto de susto). Lo de mi tiro era una

broma... Mira... Los cachorrillos están descargados.--En

cambio, es verdad lo del nombramiento...--Aquí

lo tienes... Tómalo... Te lo regalo... Tuyo

es... de balde, enteramente de balde...

Y lo colocó temblando sobre la mesa.

--¡Ahí está bien! (repuso la navarra). Mañana me

servirá para encender la lumbre, cuando le guise el

almuerzo a mi marido.--¡De V. no quiero ya ni la

gloria; y, si mi sobrino viniese alguna vez de Estella,

sería para pisotearle a V. la fea mano con que ha escrito

su nombre en ese papel indecente!--¡Ea, lo dicho!

¡Márchese V. de mi casa!--¡Aire! ¡aire! ¡pronto!...

¡que ya se me sube la pólvora a la cabeza!

El Corregidor no contestó a este discurso. Habíase

puesto lívido, casi azul; tenía los ojos torcidos, y un

temblor como de terciana agitaba todo su cuerpo. Por

último, principió a castañetear los dientes, y cayó al

suelo, presa de una convulsión espantosa.

El susto del caz, lo muy mojadas que seguían todas

sus ropas, la violenta escena del dormitorio, y el miedo

al trabuco con que le apuntaba la navarra, habían agotado

las fuerzas del enfermizo anciano.

--¡Me muero! (balbuceó).--¡Llama a Garduña!...

Llama a Garduña, que estará ahí... en la ramblilla...--¡Yo

no debo morirme en esta casa!...

No pudo continuar. Cerró los ojos, y se quedó como

muerto.

--¡Y se morirá como lo dice! (prorrumpió la señá

Frasquita).--Pues, señor, ¡esta es la más negra! ¿Qué

hago yo ahora con este hombre en mi casa? ¿Qué

dirían de mí, si se muriese? ¿Qué diría Lucas?...

¿Cómo podría justificarme, cuando yo misma le he

abierto la puerta?--¡Oh! no... Yo no debo quedarme

aquí con él. ¡Yo debo buscar a mi marido; yo debo

escandalizar el mundo antes de comprometer mi honra!

Tomada esta resolución, soltó el trabuco, fuese al

corral, cogió la burra que quedaba en él, la aparejó de

cualquier modo, abrió la puerta grande de la cerca,

montó de un salto, a pesar de sus carnes, y se dirigió a

la ramblilla.

--¡Garduña! ¡Garduña!--iba gritando la navarra,

conforme se acercaba a aquel sitio.

--¡Presente! (respondió al cabo el Alguacil, apareciendo

detrás de un seto).--¿Es V., señá Frasquita?

--Sí, soy yo.--¡Ve al molino, y socorre a tu amo,

que se está muriendo!...

--¿Qué dice V.?--¡Vaya un maula!

--Lo que oyes, Garduña...

--¿Y V., alma mía? ¿Adónde va a estas horas?

--¿Yo?...--¡Quita allá, badulaque!--Yo voy...

¡a la Ciudad por un médico!--contestó la señá Frasquita,

arreando la burra con un talonazo y a Garduña con un

puntapié.

Y tomó..., no el camino de la Ciudad, como acababa

de decir, sino el del Lugar inmediato.

Garduña no reparó en esta última circunstancia;

pues iba ya dando zancajadas hacia el molino y discurriendo

al par de esta manera:

--¡Va por un médico!... ¡La infeliz no puede

hacer más!--¡Pero él es un pobre hombre!--¡Famosa

ocasión de ponerse malo!... ¡Dios le da confites a

quien no puede roerlos!

El sombrero de tres picos Historia verdadera de un sucedido que anda en romances escrita ahora tal y como pasó · 第 59 / 95 题