La última y acaso la más poderosa razón que tenía
el _señorío_ de la ciudad para frecuentar por las tardes
el molino del tío Lucas, era... que, así los clérigos
como los seglares, empezando por el Sr. Obispo y el
Sr. Corregidor, podían contemplar allí a sus anchas
una de las obras más bellas, graciosas y admirables que
hayan salido jamás de las manos de Dios, llamado entonces
el _Ser Supremo_ por Jovellanos y toda la escuela
afrancesada de nuestro país....