A CARMELITA ANDRADE.

El fin del libro aquí está,

Yo lo asalto con valor,

Que el libro, como mi amor,

Ya no tiene más allá.

Y tan bien pensado está

Lo que yo supe elegir,

Que en el grande ir y venir

Del mundo, el _quid_ suele estar

No en cómo hemos de empezar,

Sí, cómo hemos de concluir.

* * * * *

¿Qué importa á la mariposa

Nacer como en dulce nido

En el clavel encendido

O en el cáliz de la rosa?

En el aura vagarosa

Como en inconstante juego,

Se ve girar sin sosiego

Y el dolor no la reclama,

Despues adora en la llama

Y la devora su fuego.

* * * * *

Nace cristalina fuente

En el otero sombrío,

Corre despues manso rio

Como el cristal trasparente.

Pero tal vez en torrente

Se torna, y al rebramar,

Su vida suele acabar,

Extraviando su camino,

En el pantano mezquino

Y no en el inmenso mar.

* * * * *

Casi todas las auroras

Prometen risueños dias,

Y hay tempestades sombrías

Tras de las alegres horas.

Se miran nubes traidoras

Que envuelven en negro velo

El límpido azul del cielo:

Yo no quiero, vida mia,

Para tí, un sol de alegría,

Que muera en sombras de duelo.

* * * * *

Es enojosa rutina

Que lloremos flores muertas,

Que alumbre tumbas abiertas

El sol que nos ilumina.

Esa escala que asesina

Y se llama del vivir,

No la quisiera seguir....

Aunque la he de recorrer....

¡Qué hermoso fuera nacer

Mucho despues de morir!

* * * * *

Yo te miré, y al momento

Sentí en el pecho alegría,

Y fué, Cármen, que vivia

Del placer de tu contento.

Que siga el gozo en aumento

En el seno de tu hogar,

Y que goces sin pensar

Si en dudoso porvenir,

El dolor puede venir,

Y la dicha ha de volar.

* * * * *

Entusiastas trovadores

Y tambien sesudos sabios,

Pintan con sombras de agravios

Las alas de los amores.

Dicen que siguen dolores

A la delicia de amar;

Si tal pudiera pasar,

Y si tal pudiera ser

La conclusion del querer,

Más valiera no empezar.

* * * * *

¿Por qué ensalzar el arbusto

Que encierra traidor veneno

Y da fruto en cuyo seno

Hay gusanos de disgusto?

¿Por qué quiere el hado injusto

A las almas encender;

Que deliren de placer,

Y despues que en su gemir

Digan: ¡qué triste es vivir!

Más valiera no nacer?

* * * * *

Que á tu virginal cabeza,

Como hoy, adorada niña,

Siempre engalanada ciña

La auréola de la pureza.

No dé sombra la tristeza,

Cármen, á tu dulce hogar,

Que en el duro batallar

De la suerte, al fin rendida,

Haga más feliz tu vida

Que lo que fué al comenzar.

Viaje a los Estados Unidos, Tomo I · 第 70 / 106 题