XIX

Tabaquerías.—Personajes célebres.—Salones aristocráticos.—Un

entierro.

ENTRE la multitud de avisos con que se pretende llamar la atencion del

público, sobresalen los de las tabaquerías, que además del aparador con

cajas de polvos, pureras, bolsas de budruz, mechas, eslabones, cajitas

de tabacos, etc., y además de la enorme pipa suspendida en la puerta,

que puede distinguirse á media legua, hay una estatua enorme sobre su

pedestal de madera, que invade la banqueta y casi tira de la ropa á los

transeuntes.

Estas estatuas, verdaderas blasfemias de la escultura, representan

indios bravos, con su penacho y su cendal de plumas, marinos barrigones

y abiertos de piernas, con su sombrerillo de paja y su enorme puro

entre los lábios, negros que corren con un mazo de puros en las manos,

soldados y contrabandistas de navaja al cinto y de fusil terciado.

La mayor parte del comercio de tabacos está en manos de habaneros

y españoles, siendo innumerables estos establecimientos en los

Estados-Unidos, merced á la prohibicion, que convierte el contrabando

en extraordinariamente lucrativo.

Las tabaquerías están adornadas con verdadero lujo, y hay negociantes

que tienen invertidos en ellas cuantiosos capitales.

Como accesorios de los tabacos se venden en las tabaquerías, pipas de

todas clases y tamaños, entre las que tienen la primacía las de espuma

de mar, valiosas muchas veces en cincuenta y cien pesos; pureras,

bolsitas de tabacos y otros muchos útiles pagados á alto precio por los

buenos fumadores.

El consumo del cigarro y del puro habano es el más lucrativo, aunque

se comercia en grande escala con el tabaco de mascar, que se rebana en

panes como el jabon, y del que se hacen grandes marquetas.

En los tabacos hay grande variedad, teniendo aprecio el tabaco turco

que se expende en cigarros y en hebras para pipa, y el habano, que se

elabora en todas partes.

Para eludir los altos derechos, se compra el tabaco habanero y el papel

aparte, haciéndose los cigarros donde se quiere; esto burla la tarifa

y permite á los contrabandistas hacer impunes introducciones por la

imposibilidad de inspeccionar cigarro por cigarro.

La renta que produce al erario el tabaco es enorme, y sin embargo,

cualquiera conoce que si se disminuyeran los derechos produciria doble,

con mucha menor extorsion del pueblo.

La circunstancia de estar las tabaquerías en manos de españoles y

cubanos, hace que cada uno de esos establecimientos sea agradable

tertulia de cuantos hablan español, y por _consiguiente_, reniegan del

yankee y sus costumbres.

A una de esas tabaquerías de la calle de Kearny concurria yo

frecuentemente.

En uno de tantos dias, me llamó la atencion en una cajetilla el retrato

de un personaje grotesco, de gran baston, plumas sobre el sombrero y un

rubro abajo del busto, que decia: “_Northon, emperador de California y

protector de México_.”

—¿Cómo andamos ahí? dije sorprendido.... quién es este bicho? ¿Tenemos

un protector y está en México?

—No, amigo, me dijo el Sr. López, dueño de la tabaquería, ese

emperador de California, protector de México, está en San Francisco,

paseándose muy fresco.

—¿Quién es ese hombre?

—Northon es un personaje célebre, de esos que suelen tener las grandes

ciudades y aun los pueblos, como vdes. tuvieron su loco Santa María,

San Luis Potosí su Juan del Jarro, y su Tlaco de risa, Puebla; con

la diferencia que éste, ni pertenece á familia distinguida como el

primero, ni sabe de memoria el Calendario como el segundo, ni comparte

sus limosnas con los infelices como el último.

Nació en Inglaterra y estuvo empleado en la marina mucho tiempo,

haciendo sus viajes por el Cabo de Buena Esperanza. Establecido en

California, entró en grandes negocios; con rara habilidad, hizo una

gran fortuna y despues la perdió en uno de tantos vaivenes de este

mercado.

Entónces le hirió la monomanía que le preocupa, esto es, que es el

emperador de California y protector de México.

Su tema es la paz universal; en la cuestion Franco-Prusiana, se le

oia constantemente hablar contra los horrores de la guerra. Entraba

á las redacciones de los periódicos y suplicaba se publicasen sus

observaciones, ya respecto de las operaciones militares, ya sobre los

proyectos de la paz.

En la cuestion actual de Rusia y Turquía exhorta á la reconciliacion;

pero en el fondo, es ardiente partidario de los turcos.

Fuera de su monomanía, habla con acierto y es rara su instruccion en

materias históricas y científicas.

Anda en las calles de una á otra parte, entrando en talleres y tiendas,

almacenes y gabinetes de lectura.

Viste leviton azul, pantalon blanco, lleva las botas siempre lustrosas

y en buen órden, y solo se sospecha su trastorno mental por las plumas

de gallo que pone en su sombrero.

Jamás arma pendencia ni importuna á nadie. Todas las puertas de San

Francisco están abiertas para el emperador, sin que nadie le moleste.

Recoge abundantes limosnas, y cuando por casualidad su erario está

exíguo, decreta una contribucion entre sus súbditos, lo que le da

siempre excelentes resultados. Se citan muchas agudezas de Northon, y

aun los periódicos suelen publicar originales algunas de sus singulares

producciones.

—No todos los personajes populares de la ciudad tienen el tipo del

loco Northon; otros, como Thomas Star King, James Lic y Jack, son

característicos de esta sociedad.

El primero de estos personajes es el tipo del sacerdote evangélico. Su

vida es un modelo de honor. Su actividad para el bien forma sus títulos

al aprecio universal y _conserva California verde su memoria_, como él

deseaba, porque aún fructifica la semilla de sus inmensos beneficios.

La vida de Star tiene poca semejanza con la de nuestros padres

católicos, segun nosotros los ensalzamos, dijo despues de una pausa el

español que tenia la palabra.

No aparece interiorizándose é influyendo en la vida íntima de las

familias, por medio del confesonario: no se jacta de haber conducido

al claustro jóvenes inexpertas que despiertan en la desesperacion,

encadenadas con el voto de esposas del Señor; no reviste con formas

piadosas, cotidianas especulaciones que solo aprovechan á los

mercaderes del templo; no desliza consejos ó preceptos en la hora

suprema de la muerte, que se vuelven en el testamento cosechas de los

vivos. Oigan vdes. esa vida:

Nació en 1824, perdió á sus padres á los once años: ganó desde luego su

vida como escribiente y como profesor de primeras letras, sin abandonar

el estudio, en que hizo rápidos progresos.

A los veintiun años predicó su primer sermon, y fué tan elocuente y

tan sentido, y sus palabras fluian tan llenas de uncion y de amor al

pueblo, que fué llamado á la Iglesia Unitaria de Boston, donde ejerció

su ministerio, siendo consuelo de los desvalidos, luz de los ignorantes

y amparo de los desgraciados.

La fama de sus virtudes llegó á California, y fué invitado para hacerse

cargo de la Iglesia Unitaria.

Continuó en esta ciudad sus tareas evangélicas, contrarestando con su

fervor y con su ejemplo, los progresos de la corrupcion, que tanto

cunde en esta turbulenta sociedad.

En sus horas de solaz se dedicaba á la literatura, y publicó obras

deliciosas, en que resplandecen elevadas dotes poéticas y una moral

purísima.

No he leido todas esas obras ni soy voto para calificarlas; pero

aseguro á vd. que su “White Hills,” sus Leyendas y Poesías, son de

muchísimo mérito.

Atento á las necesidades de su grey, dió en su Iglesia luminosísimas

lecturas sobre agricultura y laborío de las minas, en que no se sabia

qué admirar más, si lo profundo de la ciencia ó la tersura y claridad

de un estilo que se hacia comprender hasta de los niños.

La sociedad religiosa á que pertenecia Mr. Star, tenia de deudas á su

ingreso en la Iglesia, más de veinte mil pesos.

Al año habia pagado todas las deudas y comenzó á construir la actual

Iglesia Unitaria, que tuvo de costo noventa mil pesos, y se ve como un

monumento elevado á su tierna memoria.

—Ya que para biografías estamos, pemítame vd., _Fidel_, que le refiera

la de James Lick, aunque de otro tipo, pero tambien es característica.

—Ya escucho á vd.

—James Lick nació en Frederisckburg de Pensilvania: en sus primeros

años apénas pudo recibir la educacion que se daba entónces en las

escuelas públicas de primera enseñanza.

Muy muchacho, entró de aprendiz en una fábrica de órganos, en donde no

solo aprendió el oficio, sino que adquirió vastos conocimientos en el

comercio de pianos, que siguió despues con tan buen éxito.

En 1819, ocupaba Lick un puesto distinguido en una fábrica de pianos de

Baltimore.

Al siguiente año se separó de Baltimore y se dirigió á Buenos Aires,

donde su habilidad financiera, su constancia y su honradez, le

procuraron una fortuna de cuarenta mil pesos al cabo de doce años, con

la que regresó á establecerse como fabricante de pianos en Filadelfia.

Pero apénas se habia instalado en su país natal, cuando la espectativa

de lucrativos negocios, lo llamó á Buenos Aires de nuevo.

Entónces conoció California, viajó por Buenos Aires, Valparaiso, Chile,

el Perú y México, y en 1847 se fijó definitivamente en San Francisco.

Su génio lucidísimo fungió como de adivinacion de la suerte, que á poco

deparó á San Francisco el descubrimiento de los placeres de oro.

Compró un lote en estos ántes vastos arenales, en cinco mil pesos, en

la calle de Montgomery, que vendió despues á la Compañía de Seguros en

treinta mil pesos.

Era el año de 1848; la fiebre del oro estaba en todo su auge. Lick se

entrega á atrevidas especulaciones, engrandeciéndose su génio á medida

que los negocios se hacian más cuantiosos.

En el naciente pueblo de San José establece en ese tiempo un molino de

harina, de tal magnificencia, de tan grandiosas proporciones, que se

le dió el nombre de la “Locura de Lick,” porque no podia presumirse

que aquel pueblo correspondiese á los costos de la maquinaria y de la

fábrica, que fueron de doscientos mil pesos.

Casi al mismo tiempo edificaba este trabajador ardiente, el “Lick

House,” en la calle de Montgomery, hotel que fué el más lujoso de San

Francisco, y cuyo comedor, de que ya hemos hablado, no tiene rival

hasta el dia en todos los Estados-Unidos.

Pero en lo que Lick realmente sobresale; lo que le ha concitado la

admiracion y le ha ganado la justa estimacion y el renombre de que

disfruta, es en sus legados para establecimientos de ciencias, de artes

y de beneficencia.

Parece increible que un obrero oscuro, que un hombre de educacion casi

rudimental, y que persona dedicada á fatigosos trabajos, tuviera y

supiera realizar ideas tan grandiosas en bien del pueblo á que debia

su fortuna. Escuchen vdes. algunos de sus legados testamentarios,

y servirá de paso para que haga vd. conocimiento, Sr. _Fidel_, con

algunas instituciones y establecimientos de San Francisco.

—Oigamos los legados.

A los regentes de la Universidad de California, 700,000 pesos para la

construccion de un gran telescopio que se colocará en un observatorio

que se denominará: “Departamento Astronómico de Lick, en la Universidad

de California.”

Para la escuela de artes y oficios en que se eduquen y aprendan hombres

y mujeres, 540,000 pesos.

Para la fabricacion y sostenimiento de baños públicos, 150,000 pesos.

Para la ereccion de un monumento de bronce á Francis Scott-Key, autor

de la cancion titulada: “Star Spingled Banner,” 60,000 pesos.

Para un grupo de bronce que represente la ciudad de California y

deberá colocarse al frente de la Casa Municipal, 100,000 pesos.

Para el establecimiento de un asilo de huérfanos, sea la que fuere su

nacionalidad, 25,000 pesos.

Para la Sociedad Bienhechora de los animales, 10,000 pesos.

Para el hospital de mujeres ancianas, 100,000 pesos.

Conozca vd. al hombre, y dígame si tiene razon de amarlo California.

—Para la galería que hemos comenzado á formar á vd., permítame que,

aunque muy en bosquejo, le dé el retrato de dos personajes célebres de

California, me dijo otro amigo. Nada ménos que de dos cuadrúpedos.

—Que no se agote la paciencia de vd., porque no será larga mi

biografía.

—¿De dos cuadrúpedos? repliqué yo.

—Sí, señor, de dos cuadrúpedos: así como ha visto vd. llamar á los

caballos con los nombres de los héroes, y á las yeguas, nombrárseles

señoritas, mis personajes son dos perros.

—¡Hombre de Dios!!

—Dos perros, adoptados como hijos protegidos y mantenidos por la

ciudad, con su comida, su casa y consideraciones entre toda clase de

personas.

—Ya oigo á vd.

—Este era un _bar-room_ de esos en que se paga lo que se bebe, de que

ya tiene vd. prolijas noticias; á este _bar-room_, á la misma hora,

pero con infalible asiduidad, concurria un perro, el más considerado

y pulcro que vd. puede imaginarse. Sus buenas maneras hacian que no

faltara quien le arrojase un buen pedazo de carne. Apénas se proveia,

cuando se salia el perro corriendo á todo escape, sin probar bocado, y

desaparecia.

La singular conducta del perro atrajo al cabo de tiempo la atencion

de muchos de los concurrentes al _bar-room_, y se propusieron hacer

indagaciones sobre su vida.

En efecto, despues de muchas diligencias, supieron que el perro tomaba

su carne, corria, salia de la ciudad y se perdia en una especie de

cueva que estaba al pié de una colina.

Irritada con esto la curiosidad, propagada la noticia y desfigurada

con los fingidos accidentes de una leyenda, estuvieron algunos en

acecho de la cueva: entró á ella el perro con su carne, se acercaron

los curiosos, y vieron que llevaba aquel alimento á otro perro herido

de una mano, tendido en un rincon de la cueva, que recibia al amigo

generoso con muestras de tierna gratitud. Era aquella pareja, Pílades y

Orestes en cuatro piés.

La historia de los perros conmovió todos los ánimos; el ayuntamiento

de la ciudad se hizo eco del sentimiento popular, sacaron á los perros

de la cueva, los condujeron en triunfo á una casa de la municipalidad,

llamada _del incendio_, y se dió especial acuerdo por el municipio,

adoptando por hijos aquellos canes, manteniéndolos y recomendándolos á

la bondad del pueblo.

Pronto se restableció de sus males el perro enfermo; les lavaron y

compusieron, pusiéronles ricos collares para distinguirlos, y desde

entónces los perros fueron objeto del aprecio general.

Los dos canes amigos eran inseparables; visitaban los paseos,

penetraban en todas las casas, y en todas partes eran atendidos y

agasajados.

Por fin, dieron los perros en visitar la bahía, y manifestaron deseos

de viajar.

Acogidos en todos los buques y con pasajes grátis, fueron á China,

á Australia, á Valparaiso y á donde querian, siendo á su regreso

perfectamente recibidos en su casa, donde los esperaban las atenciones

de la ciudad.

—Singular historia, dije yo, comparando la suerte de aquellos perros

con la de algunos heróicos servidores de mi patria.

Al salir de la tabaquería, ví varios coches como detenidos en una

bocacalle....

—¿De qué se trata?

—Está pasando un entierro: vea vd. la fila de coches, y los cocheros

se detienen no solo por respeto, sino porque está muy extendida la

supersticion de que el que corta un entierro muere sin remedio.

—¿Pero esos coches son los del duelo?

—Sí, señor; ¿por qué lo pregunta vd.?

—Porque veo á los concurrentes vestidos de color y adornados como para

una fiesta: además, van mujeres y niños.

—Esa es la costumbre; no hay diferencia, en efecto, entre una comitiva

de paseo y la de un entierro. Las cortinitas de los coches se echan

para librarse del sol, ó cuando los que van dentro del coche no quieren

que los vean; pero en los entierros es otra cosa.

—¡Rarezas! ¡rarezas de los yankees!

Viaje a los Estados Unidos, Tomo I · 第 41 / 106 题