Tabaquerías.—Personajes célebres.—Salones aristocráticos.—Un
entierro.
ENTRE la multitud de avisos con que se pretende llamar la atencion del
público, sobresalen los de las tabaquerías, que además del aparador con
cajas de polvos, pureras, bolsas de budruz, mechas, eslabones, cajitas
de tabacos, etc., y además de la enorme pipa suspendida en la puerta,
que puede distinguirse á media legua, hay una estatua enorme sobre su
pedestal de madera, que invade la banqueta y casi tira de la ropa á los
transeuntes.
Estas estatuas, verdaderas blasfemias de la escultura, representan
indios bravos, con su penacho y su cendal de plumas, marinos barrigones
y abiertos de piernas, con su sombrerillo de paja y su enorme puro
entre los lábios, negros que corren con un mazo de puros en las manos,
soldados y contrabandistas de navaja al cinto y de fusil terciado.
La mayor parte del comercio de tabacos está en manos de habaneros
y españoles, siendo innumerables estos establecimientos en los
Estados-Unidos, merced á la prohibicion, que convierte el contrabando
en extraordinariamente lucrativo.
Las tabaquerías están adornadas con verdadero lujo, y hay negociantes
que tienen invertidos en ellas cuantiosos capitales.
Como accesorios de los tabacos se venden en las tabaquerías, pipas de
todas clases y tamaños, entre las que tienen la primacía las de espuma
de mar, valiosas muchas veces en cincuenta y cien pesos; pureras,
bolsitas de tabacos y otros muchos útiles pagados á alto precio por los
buenos fumadores.
El consumo del cigarro y del puro habano es el más lucrativo, aunque
se comercia en grande escala con el tabaco de mascar, que se rebana en
panes como el jabon, y del que se hacen grandes marquetas.
En los tabacos hay grande variedad, teniendo aprecio el tabaco turco
que se expende en cigarros y en hebras para pipa, y el habano, que se
elabora en todas partes.
Para eludir los altos derechos, se compra el tabaco habanero y el papel
aparte, haciéndose los cigarros donde se quiere; esto burla la tarifa
y permite á los contrabandistas hacer impunes introducciones por la
imposibilidad de inspeccionar cigarro por cigarro.
La renta que produce al erario el tabaco es enorme, y sin embargo,
cualquiera conoce que si se disminuyeran los derechos produciria doble,
con mucha menor extorsion del pueblo.
La circunstancia de estar las tabaquerías en manos de españoles y
cubanos, hace que cada uno de esos establecimientos sea agradable
tertulia de cuantos hablan español, y por _consiguiente_, reniegan del
yankee y sus costumbres.
A una de esas tabaquerías de la calle de Kearny concurria yo
frecuentemente.
En uno de tantos dias, me llamó la atencion en una cajetilla el retrato
de un personaje grotesco, de gran baston, plumas sobre el sombrero y un
rubro abajo del busto, que decia: “_Northon, emperador de California y
protector de México_.”
—¿Cómo andamos ahí? dije sorprendido.... quién es este bicho? ¿Tenemos
un protector y está en México?
—No, amigo, me dijo el Sr. López, dueño de la tabaquería, ese
emperador de California, protector de México, está en San Francisco,
paseándose muy fresco.
—¿Quién es ese hombre?
—Northon es un personaje célebre, de esos que suelen tener las grandes
ciudades y aun los pueblos, como vdes. tuvieron su loco Santa María,
San Luis Potosí su Juan del Jarro, y su Tlaco de risa, Puebla; con
la diferencia que éste, ni pertenece á familia distinguida como el
primero, ni sabe de memoria el Calendario como el segundo, ni comparte
sus limosnas con los infelices como el último.
Nació en Inglaterra y estuvo empleado en la marina mucho tiempo,
haciendo sus viajes por el Cabo de Buena Esperanza. Establecido en
California, entró en grandes negocios; con rara habilidad, hizo una
gran fortuna y despues la perdió en uno de tantos vaivenes de este
mercado.
Entónces le hirió la monomanía que le preocupa, esto es, que es el
emperador de California y protector de México.
Su tema es la paz universal; en la cuestion Franco-Prusiana, se le
oia constantemente hablar contra los horrores de la guerra. Entraba
á las redacciones de los periódicos y suplicaba se publicasen sus
observaciones, ya respecto de las operaciones militares, ya sobre los
proyectos de la paz.
En la cuestion actual de Rusia y Turquía exhorta á la reconciliacion;
pero en el fondo, es ardiente partidario de los turcos.
Fuera de su monomanía, habla con acierto y es rara su instruccion en
materias históricas y científicas.
Anda en las calles de una á otra parte, entrando en talleres y tiendas,
almacenes y gabinetes de lectura.
Viste leviton azul, pantalon blanco, lleva las botas siempre lustrosas
y en buen órden, y solo se sospecha su trastorno mental por las plumas
de gallo que pone en su sombrero.
Jamás arma pendencia ni importuna á nadie. Todas las puertas de San
Francisco están abiertas para el emperador, sin que nadie le moleste.
Recoge abundantes limosnas, y cuando por casualidad su erario está
exíguo, decreta una contribucion entre sus súbditos, lo que le da
siempre excelentes resultados. Se citan muchas agudezas de Northon, y
aun los periódicos suelen publicar originales algunas de sus singulares
producciones.
—No todos los personajes populares de la ciudad tienen el tipo del
loco Northon; otros, como Thomas Star King, James Lic y Jack, son
característicos de esta sociedad.
El primero de estos personajes es el tipo del sacerdote evangélico. Su
vida es un modelo de honor. Su actividad para el bien forma sus títulos
al aprecio universal y _conserva California verde su memoria_, como él
deseaba, porque aún fructifica la semilla de sus inmensos beneficios.
La vida de Star tiene poca semejanza con la de nuestros padres
católicos, segun nosotros los ensalzamos, dijo despues de una pausa el
español que tenia la palabra.
No aparece interiorizándose é influyendo en la vida íntima de las
familias, por medio del confesonario: no se jacta de haber conducido
al claustro jóvenes inexpertas que despiertan en la desesperacion,
encadenadas con el voto de esposas del Señor; no reviste con formas
piadosas, cotidianas especulaciones que solo aprovechan á los
mercaderes del templo; no desliza consejos ó preceptos en la hora
suprema de la muerte, que se vuelven en el testamento cosechas de los
vivos. Oigan vdes. esa vida:
Nació en 1824, perdió á sus padres á los once años: ganó desde luego su
vida como escribiente y como profesor de primeras letras, sin abandonar
el estudio, en que hizo rápidos progresos.
A los veintiun años predicó su primer sermon, y fué tan elocuente y
tan sentido, y sus palabras fluian tan llenas de uncion y de amor al
pueblo, que fué llamado á la Iglesia Unitaria de Boston, donde ejerció
su ministerio, siendo consuelo de los desvalidos, luz de los ignorantes
y amparo de los desgraciados.
La fama de sus virtudes llegó á California, y fué invitado para hacerse
cargo de la Iglesia Unitaria.
Continuó en esta ciudad sus tareas evangélicas, contrarestando con su
fervor y con su ejemplo, los progresos de la corrupcion, que tanto
cunde en esta turbulenta sociedad.
En sus horas de solaz se dedicaba á la literatura, y publicó obras
deliciosas, en que resplandecen elevadas dotes poéticas y una moral
purísima.
No he leido todas esas obras ni soy voto para calificarlas; pero
aseguro á vd. que su “White Hills,” sus Leyendas y Poesías, son de
muchísimo mérito.
Atento á las necesidades de su grey, dió en su Iglesia luminosísimas
lecturas sobre agricultura y laborío de las minas, en que no se sabia
qué admirar más, si lo profundo de la ciencia ó la tersura y claridad
de un estilo que se hacia comprender hasta de los niños.
La sociedad religiosa á que pertenecia Mr. Star, tenia de deudas á su
ingreso en la Iglesia, más de veinte mil pesos.
Al año habia pagado todas las deudas y comenzó á construir la actual
Iglesia Unitaria, que tuvo de costo noventa mil pesos, y se ve como un
monumento elevado á su tierna memoria.
—Ya que para biografías estamos, pemítame vd., _Fidel_, que le refiera
la de James Lick, aunque de otro tipo, pero tambien es característica.
—Ya escucho á vd.
—James Lick nació en Frederisckburg de Pensilvania: en sus primeros
años apénas pudo recibir la educacion que se daba entónces en las
escuelas públicas de primera enseñanza.
Muy muchacho, entró de aprendiz en una fábrica de órganos, en donde no
solo aprendió el oficio, sino que adquirió vastos conocimientos en el
comercio de pianos, que siguió despues con tan buen éxito.
En 1819, ocupaba Lick un puesto distinguido en una fábrica de pianos de
Baltimore.
Al siguiente año se separó de Baltimore y se dirigió á Buenos Aires,
donde su habilidad financiera, su constancia y su honradez, le
procuraron una fortuna de cuarenta mil pesos al cabo de doce años, con
la que regresó á establecerse como fabricante de pianos en Filadelfia.
Pero apénas se habia instalado en su país natal, cuando la espectativa
de lucrativos negocios, lo llamó á Buenos Aires de nuevo.
Entónces conoció California, viajó por Buenos Aires, Valparaiso, Chile,
el Perú y México, y en 1847 se fijó definitivamente en San Francisco.
Su génio lucidísimo fungió como de adivinacion de la suerte, que á poco
deparó á San Francisco el descubrimiento de los placeres de oro.
Compró un lote en estos ántes vastos arenales, en cinco mil pesos, en
la calle de Montgomery, que vendió despues á la Compañía de Seguros en
treinta mil pesos.
Era el año de 1848; la fiebre del oro estaba en todo su auge. Lick se
entrega á atrevidas especulaciones, engrandeciéndose su génio á medida
que los negocios se hacian más cuantiosos.
En el naciente pueblo de San José establece en ese tiempo un molino de
harina, de tal magnificencia, de tan grandiosas proporciones, que se
le dió el nombre de la “Locura de Lick,” porque no podia presumirse
que aquel pueblo correspondiese á los costos de la maquinaria y de la
fábrica, que fueron de doscientos mil pesos.
Casi al mismo tiempo edificaba este trabajador ardiente, el “Lick
House,” en la calle de Montgomery, hotel que fué el más lujoso de San
Francisco, y cuyo comedor, de que ya hemos hablado, no tiene rival
hasta el dia en todos los Estados-Unidos.
Pero en lo que Lick realmente sobresale; lo que le ha concitado la
admiracion y le ha ganado la justa estimacion y el renombre de que
disfruta, es en sus legados para establecimientos de ciencias, de artes
y de beneficencia.
Parece increible que un obrero oscuro, que un hombre de educacion casi
rudimental, y que persona dedicada á fatigosos trabajos, tuviera y
supiera realizar ideas tan grandiosas en bien del pueblo á que debia
su fortuna. Escuchen vdes. algunos de sus legados testamentarios,
y servirá de paso para que haga vd. conocimiento, Sr. _Fidel_, con
algunas instituciones y establecimientos de San Francisco.
—Oigamos los legados.
A los regentes de la Universidad de California, 700,000 pesos para la
construccion de un gran telescopio que se colocará en un observatorio
que se denominará: “Departamento Astronómico de Lick, en la Universidad
de California.”
Para la escuela de artes y oficios en que se eduquen y aprendan hombres
y mujeres, 540,000 pesos.
Para la fabricacion y sostenimiento de baños públicos, 150,000 pesos.
Para la ereccion de un monumento de bronce á Francis Scott-Key, autor
de la cancion titulada: “Star Spingled Banner,” 60,000 pesos.
Para un grupo de bronce que represente la ciudad de California y
deberá colocarse al frente de la Casa Municipal, 100,000 pesos.
Para el establecimiento de un asilo de huérfanos, sea la que fuere su
nacionalidad, 25,000 pesos.
Para la Sociedad Bienhechora de los animales, 10,000 pesos.
Para el hospital de mujeres ancianas, 100,000 pesos.
Conozca vd. al hombre, y dígame si tiene razon de amarlo California.
—Para la galería que hemos comenzado á formar á vd., permítame que,
aunque muy en bosquejo, le dé el retrato de dos personajes célebres de
California, me dijo otro amigo. Nada ménos que de dos cuadrúpedos.
—Que no se agote la paciencia de vd., porque no será larga mi
biografía.
—¿De dos cuadrúpedos? repliqué yo.
—Sí, señor, de dos cuadrúpedos: así como ha visto vd. llamar á los
caballos con los nombres de los héroes, y á las yeguas, nombrárseles
señoritas, mis personajes son dos perros.
—¡Hombre de Dios!!
—Dos perros, adoptados como hijos protegidos y mantenidos por la
ciudad, con su comida, su casa y consideraciones entre toda clase de
personas.
—Ya oigo á vd.
—Este era un _bar-room_ de esos en que se paga lo que se bebe, de que
ya tiene vd. prolijas noticias; á este _bar-room_, á la misma hora,
pero con infalible asiduidad, concurria un perro, el más considerado
y pulcro que vd. puede imaginarse. Sus buenas maneras hacian que no
faltara quien le arrojase un buen pedazo de carne. Apénas se proveia,
cuando se salia el perro corriendo á todo escape, sin probar bocado, y
desaparecia.
La singular conducta del perro atrajo al cabo de tiempo la atencion
de muchos de los concurrentes al _bar-room_, y se propusieron hacer
indagaciones sobre su vida.
En efecto, despues de muchas diligencias, supieron que el perro tomaba
su carne, corria, salia de la ciudad y se perdia en una especie de
cueva que estaba al pié de una colina.
Irritada con esto la curiosidad, propagada la noticia y desfigurada
con los fingidos accidentes de una leyenda, estuvieron algunos en
acecho de la cueva: entró á ella el perro con su carne, se acercaron
los curiosos, y vieron que llevaba aquel alimento á otro perro herido
de una mano, tendido en un rincon de la cueva, que recibia al amigo
generoso con muestras de tierna gratitud. Era aquella pareja, Pílades y
Orestes en cuatro piés.
La historia de los perros conmovió todos los ánimos; el ayuntamiento
de la ciudad se hizo eco del sentimiento popular, sacaron á los perros
de la cueva, los condujeron en triunfo á una casa de la municipalidad,
llamada _del incendio_, y se dió especial acuerdo por el municipio,
adoptando por hijos aquellos canes, manteniéndolos y recomendándolos á
la bondad del pueblo.
Pronto se restableció de sus males el perro enfermo; les lavaron y
compusieron, pusiéronles ricos collares para distinguirlos, y desde
entónces los perros fueron objeto del aprecio general.
Los dos canes amigos eran inseparables; visitaban los paseos,
penetraban en todas las casas, y en todas partes eran atendidos y
agasajados.
Por fin, dieron los perros en visitar la bahía, y manifestaron deseos
de viajar.
Acogidos en todos los buques y con pasajes grátis, fueron á China,
á Australia, á Valparaiso y á donde querian, siendo á su regreso
perfectamente recibidos en su casa, donde los esperaban las atenciones
de la ciudad.
—Singular historia, dije yo, comparando la suerte de aquellos perros
con la de algunos heróicos servidores de mi patria.
Al salir de la tabaquería, ví varios coches como detenidos en una
bocacalle....
—¿De qué se trata?
—Está pasando un entierro: vea vd. la fila de coches, y los cocheros
se detienen no solo por respeto, sino porque está muy extendida la
supersticion de que el que corta un entierro muere sin remedio.
—¿Pero esos coches son los del duelo?
—Sí, señor; ¿por qué lo pregunta vd.?
—Porque veo á los concurrentes vestidos de color y adornados como para
una fiesta: además, van mujeres y niños.
—Esa es la costumbre; no hay diferencia, en efecto, entre una comitiva
de paseo y la de un entierro. Las cortinitas de los coches se echan
para librarse del sol, ó cuando los que van dentro del coche no quieren
que los vean; pero en los entierros es otra cosa.
—¡Rarezas! ¡rarezas de los yankees!