La librería de Bancroft.—Las escuelas.—La alta sociedad.
ENTRE las personas distinguidas con quienes nos dió conocimiento el Sr.
general Vallejo, fué de las más agradables el de M. H. H. Bancroft.
Los hombres estudiosos de México tienen conocimiento de este literato
eminente, por la publicacion de su obra monumental titulada: “Sobre el
orígen de las razas, etc.”
En efecto, tal obra es por su profundidad de miras, por su correccion
y elegancia y por la vastísima erudicion que encierra, una de las más
preciadas joyas de la literatura americana.
Antes de pasar adelante, diré que es necesario no confundir á M. H.
H. Bancroft con M. Jorge Bancroft, nacido en 1800 en el Estado de
Masachutes, autor de la excelente _Historia de los Estados-Unidos,
desde el descubrimiento de América hasta nuestros dias, impresa en
Boston en seis volúmenes, desde 1844 á 1855_, y uno de los principales
redactores de la _Northon American Review_.
La publicacion de la obra de M. H. H. Bancroft da idea de la magnitud
de sus empresas.
En el quinto piso de la librería que lleva su nombre, está instalado el
sabio escritor.
La Biblioteca, de que hablaré despues, tendrá cincuenta varas de
extension, dividiéndose en secciones abiertas que la comparten en
varios salones, y dos departamentos privados para copistas de ambos
sexos y para el Sr. Bancroft.
En la Biblioteca existe una oficina en forma, con empleados superiores
y escribientes, ocupados en hacer extractos de las obras que tiene
el sabio en estudio; éste forma el conjunto del estudio y escribe,
alcanzando así una suma maravillosa de datos.
Además, tiene secciones de correspondencia con varias naciones, y
caballeros especialmente expensados en Europa y América para que
registren los archivos y le comuniquen noticias.
Es el Sr. Bancroft un hombre de cuarenta y cinco á cincuenta años,
perfectamente conservado, y de notable gallardía y finura de maneras.
Alto, rubio, de frente despejada y ojos claros, de una profusa barba
como de oro, que se abre bajo su labio inferior y cae sobre su pecho en
dos raudales luminosos.
La esposa del Sr. Bancroft es muy jóven y habla perfectamente español,
así como su hija, ideal de perfecciones y de gracias.
Presentónos el Sr. Vallejo á M. Bancroft: nos embarcamos en un elegante
elevador, y surcando el viento, nos encontramos en dos minutos en los
espléndidos salones de la Biblioteca.
M. Bancroft da animacion y como que comunica luz á aquel
establecimiento magnífico. Grandes y numerosas ventanas dan luz á los
salones: por todas partes se ven atriles con libros, bastidores con
mapas, de mecanismo sencillísimo, copiadores y útiles de toda clase,
para economía de trabajo y celeridad de todas las operaciones.
Lápices con gutta perca en el extremo opuesto, para borrar; libros
en los que se escribe, sacándose dos y tres copias á la vez; reglas,
broches, tintas, pinceles y papel de todas clases y tamaños.
Tragaluces, cortinas para modificar la luz, veladores, y no sé cuántas
cosas más, para que el pensamiento gire libre y la parte mecánica no lo
distraiga ni entorpezca.
Mostrónos el Sr. Bancroft diez y ocho tomos de apuntaciones
curiosísimas de solo California, con multitud de anotaciones, hijas de
una inverosímil erudicion.
Yo escuchaba con orgullo y con admiracion al Sr. Iglesias y á Gomez
del Palacio, ampliar las notas, apuntar las incorrecciones, y verter,
sin pretensiones y con la mayor modestia, raudales de erudicion que
sorprendian al auditorio, dejando complacido al extremo á nuestro sabio
_cicerone_.
Con especial agrado, y haciéndonos notar mil particularidades y
bellezas, hojeó M. Bancroft á nuestra vista la historia inédita de
California, escrita por el Sr. general Vallejo, y que es un tesoro de
curiosidades científicas y literarias.
¡Qué claridad de estilo! ¡qué sencillez tan limpia y tan llena de
verdad!
Vimos muchas preciosidades bibliográficas, entresacadas de cerca de
veinte mil volúmenes.
Al fin, nos detuvimos en un saloncito muy esmeradamente cuidado y en el
que existirán como cuatro mil tomos, y allí, con la mayor sencillez,
nos dijo M. Bancroft: “Examinen vdes. con atencion: todo lo que vdes.
ven, habla de México.”
Iglesias, Gomez del Palacio, Alcalde y yo hicimos el registro más
minucioso de aquella Biblioteca Mexicana, sin duda la primera en su
género en los Estados-Unidos, y acaso, con vergüenza lo confieso, del
mismo México.
Autores ignorados; otros apénas conocidos de nombre; ediciones
rarísimas, desde la época de Juan Pablos; crónicas de conventos;
colecciones de periódicos, desde las primeras Gacetas; folletos;
relaciones de viaje manuscritas; diarios curiosos de individuos
particulares; autógrafos, y todos los historiadores, desde Alva
Yxtlatxochil, hasta nuestros dias.
En cuanto á biografías de mexicanos, el número de las que posee el Sr.
Bancroft me sorprendió. No mencionábamos ninguno de nuestros hombres
célebres, del que no nos diese detalles, siendo en general rectas y
justas sus apreciaciones.
Por halagarnos, y con exquisita galantería, nos mostró el Sr. Bancroft
la historia de la guerra americana, en que el Sr. Iglesias y yo
escribimos bastante, mis _Indicaciones sobre las rentas generales_,
y mis _Viajes de Orden Suprema_, diciéndome para _Fidel_, cariñosos
cumplimientos. Es de advertir que yo hace tiempo busco esa obrita para
tenerla y no la he podido conseguir.
Dió el Sr. Bancroft al Sr. Iglesias mil testimonios de estimacion,
haciendo la justicia que se merecen, su vastísima erudicion, su claro
talento y su recto juicio.
Aquella visita fué una aparicion en espíritu de nuestros amigos más
queridos; era la asistencia al juicio de la posteridad que les fingia
la distancia.
Es dulce encomiar el bello clima y los claros cielos en que vimos la
luz; nos enorgullece y como que se citan timbres de nobleza, cuando
maravillas de la creacion se ostentan en la patria; pero nada enaltece
ni ilumina al alma, como el elogio á nuestros compatriotas eminentes.
Se siente uno bañado en los rayos de sus altas inteligencias, les rinde
espontánea admiracion, como que los vemos vengados del desden y de la
mala suerte que frecuentemente los aflige.
Sin sombra de envidia; sin las reticencias con que suele el celo
amenguar el elogio; sin la realidad de los defectos que suele exagerar
nuestra pequeñez; sin los cambiantes colores con que el prisma político
nos hace contemplar los objetos, se goza del astro el brillo, de
la flor el perfume, del sér sublime la esencia inmortal, vencedora
del tiempo; nos hacemos el grandioso apoteósis de esos obreros del
Progreso, que son al fin los más grandes blasones de gloria de los
pueblos.
Despues de examinar á nuestro sabor la librería, nos invitó el Sr.
Bancroft á que por vía de paseo, en nuestro descenso, viéramos el
establecimiento de librería que contiene el edificio, uno de los más
grandiosos de la calle del Mercado (Market Street).
La librería y sus dependencias, de que nos vamos á ocupar, está
situada en la calle de Montgomery, y cuando se proyectó trasladarla á
la calle del Mercado, entre la tercera y cuarta calle, en 1869, estaba
de tal manera despoblado aquel rumbo, que los burlones decian con
cierto chiste: “Bancroft se lleva sus almacenes al campo.”
En ménos de seis años, la humilde calle del Mercado es una avenida de
palacios.
El edificio ocupa 170 piés de frente entre las calles del Mercado y la
de Steveson.
Los negocios que comprende la librería son por mayor y por menor.
Leyes, educacion, billetes de banco, impresiones, música, litografía,
etc.
Hay más de doscientas personas empleadas en las diversas oficinas.
El subterráneo ó _bassement_, contiene local para las manipulaciones
estereotípicas, y un gran pozo artesiano relacionado con todos los
pisos para caso de incendio.
El salon del primer piso, que está al ras de la calle y al que se
entra por arcos con cristales de cerca de siete varas de largo, y tan
trasparentes que chocaria uno con ellos si no viera á su través papeles
suspendidos de sus marcos, tiene 170 piés de largo (56⅔ varas), por 35
piés de ancho (11⅔ varas).
Están las paredes completamente tapizadas de libros, y en el centro
forman calle dilatadísimos mostradores con libros y curiosidades para
escritorio. Este piso es el destinado á la comunicacion con el público,
y al comercio por mayor y al menudeo.
El segundo piso se ha reservado á la fabricacion de libros en blanco,
siendo extraordinario el número de máquinas, rayadores, etc., y
forjándose por cientos esos libros de baratura extrema y de inmenso
consumo. En ese mismo departamento existen las oficinas relativas á la
impresion de música.
Ocupan el tercer piso la imprenta y la litografía, y en esto hay tales
adelantamientos y se ha llegado á tal perfeccion, que me aseguraron los
conocedores, que despues de haber recorrido aquellas oficinas, no me
sorprenderian, en cuanto á los prodigios de la mecánica, las grandes
oficinas del _Herald_ de New-York, ni la misma casa de Appleton, que
disfruta de nombradía universal.
Todo lo relativo á encuadernacion existe en el cuarto piso, que es un
salon lleno de preciosas _ladies_ ocupadas en sus labores, y en cuyo
local reinan el aseo, el silencio y la decencia.
El quinto piso es en el que nos recibió el Sr. Bancroft y donde tuvimos
nuestra agradable entrevista con nuestra patria.
En toda esta dilatada excursion, en que nos llenó de atenciones nuestro
_cicerone_, no dejamos de admirar su erudicion inmensa, su talento
perspicaz y una dulzura y sencillez de carácter que cautivan tanto ó
más que su inteligencia.
Un amigo nuestro de Sonora nos decia al salir de la librería de
Bancroft: “Ya vdes. verán otras librerías y otras imprentas, y se
formarán idea del movimiento intelectual de California.”
—¿Se han fijado vdes., continuó, en un edificio ancho, macizo, que se
encuentra en la calle de Bush, entre Montgomery y Samsone?
Forman la fachada nueve elevadísimos arcos superpuestos, que tienen
otros arcos laterales en intercolumnios, coronando el todo del edificio
un bastion de zinc, circundado con su barandal de fierro.
Esa es la que se llama la Librería Mercantil: contienen sus salones,
librería, gabinetes de lectura para damas y caballeros con separacion,
cuartos para escribir, para platicar y fumar, y un riquísimo museo.
Una asociacion de negociantes fundó este establecimiento por
suscricion, que llegó en su principio á la suma de dos mil quinientos
pesos. Esto pasaba en 1868.
La asociacion, aunque con nombre mercantil, está al servicio de toda
clase de personas, sin distincion de nacionalidades, ni de edad, ni de
sexo.
Los socios se han aumentado al número de 2,135, que por medio de muy
módica suscricion, sostienen aquel establecimiento, honra del pueblo de
California.
Hoy cuenta la Librería Mercantil cincuenta mil volúmenes en los
departamentos de ciencias y literatura.
La mayor parte de las obras son en inglés; pero hay muchos libros
franceses, alemanes, españoles y de todos los idiomas conocidos.
No me fué dado calcular siquiera en aquel gran número los volúmenes de
periódicos políticos, científicos, etc., que á más de los cincuenta mil
volúmenes, están á disposicion de los concurrentes á la librería.
La Sociedad de Particulares de San Francisco, costea una librería que
tiene treinta y dos mil volúmenes.
Hay otras muchas librerías que tienen objetos especiales, del peculio
de las asociaciones privadas, como la librería de Obreros, la de la
Academia de ciencias, de Jóvenes cristianos, la librería Militar y la
de la Asociacion de los Abogados, que es muy numerosa y escogida.
Además, casi no hay una calle en que no haya una librería, y en puntos
de educacion, puede decirse que los libros se esparcen en los vientos y
se riegan en las calles.
Los libros usados y los de educacion primaria, abundan á dos y tres
centavos, y el zapatero, el sastre, el boticario, dan por vía de halago
á sus marchantes, una guía, una historia, un almanaque, cualquier libro
curioso, sin contar con los itinerarios de ferrocarriles, que se dan
grátis, y con los que se podrian formar cursos completos de historia y
geografía.
A pesar de lo expuesto, el espíritu fiscal, siempre mezquino, y el
sistema prohibitivo, siempre salvaje, tienen impuestos á los libros que
no son americanos tan altos derechos, que hacen su circulacion difícil
é influyen no poco en cierto atraso en materias literarias y teorías.
Las personas estudiosas siempre compran los libros extranjeros; pero
la misma carestía impide el empleo de sumas en los libros nacionales,
resultando que sin beneficiarse esa industria, se perjudican los
adelantos.
De ahí es que en lo práctico, mejor dicho, en lo mecánico, los avances
son asombrosos; no así en los demás ramos en que se conoce el orígen
europeo, dándole cada dia más aprecio la prohibicion, que llama en su
auxilio al contrabando, contra esa estúpida legislacion.
—Vdes. no imponen derechos á los libros, me decian los americanos
ilustrados; basta ese rasgo para vindicar á vdes. del atraso en que tan
injustamente se les supone.
Extractamos por vía de complemento de este capítulo, algunas noticias
tomadas del _Evening Post_, y que se refieren á la suntuosa librería de
Bancroft:
“Desde 1868, dice el periódico á que hacemos referencia, se hallaba M.
Bancroft en posesion de cinco mil volúmenes, incluyendo los panfletos.
“En ese año recorrió Madrid, Roma y Viena, aumentando su coleccion.
“En 1869, dejó los negocios mercantiles bajo la direccion de su
hermano, y se entregó de todo punto á las tareas literarias, atesorando
dia á dia preciosidades bibliográficas.
“Despues de ese tiempo tuvo noticia M. Bancroft, de que en Lepsik se
encontraba la Biblioteca del Emperador Maximiliano, formada por el Sr.
D. José María Andrade, en un período de más de cuarenta años. Bancroft
escribió á Lóndres, puso en juego sus relaciones y recursos, y adquirió
más de tres mil volúmenes de curiosidades bibliográficas sobre México,
raras y altamente apreciadas en aquella nacion. Entre estos libros hay
preciosísimos autógrafos de mexicanos ilustres.
“La librería, de resultas de las nuevas adquisiciones, contaba diez
y seis mil volúmenes, en fines de 1869, sin entrar en este cálculo,
folletos, periódicos, manuscritos y autográficos de todos los hombres
notables de América.
“La librería consta ahora de veinte mil volúmenes, habiéndolos entre
ellos de mucho costo: un solo tomo titulado: “Exploracion de las Costas
de los Estados-Unidos,” ha tenido de costo 1,000 pesos. La librería se
ha valuado, tal como se encuentra, en 60,000 pesos (1872).
“La mayor parte de las obras están escritas en inglés; pero hay
como una tercera parte de libros españoles, franceses, latinos,
portugueses, alemanes, rusos, aztecas y de varias lenguas indígenas.
“Los libros españoles, las crónicas de los conventos mexicanos, y los
manuscritos, forman sin duda la parte más valiosa de la coleccion;
entre esos libros se encuentran las “Noticias de las Californias,” del
V. P. Francisco Palau, tan codiciadas de los hombres estudiosos.
“Las ediciones más raras de todas las obras sobre California, de
Clavijero, Ugarte, Venegas, Gomara y otras, se encuentran en esa
librería.
“Hemos visto allí la obra titulada: “Navegacion especulativa y práctica
del Almirante Cabrena,” así como los “Viajes de Navarrete y Fages,”
y es de muy alto precio sin duda la “Coleccion completa de todos los
Concilios Mexicanos.”
“En cuanto á manuscritos, nada tiene tanto valor en la librería de M.
Bancroft, como los recuerdos históricos y personales del Sr. general
Vallejo.”
* * * * *
Joaquin Alcalde, que es en su trato íntimo, amabilísimo, condescendente
y servicial, me acompañaba frecuentemente en mis estudios sobre
instruccion pública, que durante mi viaje fueron ocupacion á que me
entregaba con particular placer, con la esperanza de sacar de mis
tareas algun provecho para mi país.
Antes de tocar materia tan delicada, diré las ideas que yo tenia
en general, y que he podido ratificar despues sobre la instruccion
pública en los Estados-Unidos. Y advertiré de paso, que estas son muy
superficiales apuntaciones, pues me propongo escribir sobre esta
materia un libro especial, con el detenimiento que merece.
Para la nacion americana, la libre escuela ó la escuela comun, es el
asunto de todos los ciudadanos, como si se tratara de empeño personal;
cuidar la escuela es proveer á la subsistencia de la patria y del
suelo en que se vive: por esto el americano no hace distincion marcada
en este punto, entre lo que debe á sus hijos y lo que debe á los
demás; el niño es la semilla comun; el cuidado es de todos, porque
ese niño ignorante podria producir el mal de muchos: esta aspiracion
en comun me parece á mí que es el elemento fundamental de la grandeza
de la escuela, aunque en esto no hayan pensado escritores eminentes,
dedicados al estudio de la instruccion pública en los Estados-Unidos.
Las escuelas se sostienen de los productos de las tierras afectas á
esa obligacion, de las contribuciones que se imponen entre sí los
ciudadanos y de los donativos de ricos particulares.
La instruccion y la educacion se confunden en la escuela, y se
confunden para servir de sávia á las instituciones políticas en que
descansa la sociedad.
En la escuela está la patria; allí se identifica el niño con ella, se
amamanta á su seno, hace indivisible su vida del bien y la prosperidad
de aquella.
La escuela tiene de dar ciudadanos aptos para entender en sus destinos;
en la escuela se produce el hombre y sale de ella como armado de todos
sus derechos.
Esta materia prima de la sociedad se elabora en la escuela; de ahí los
cuidados físicos; de ahí la escrupulosidad moral.
_Antes que sabios se quiere que sean honrados_; aspiracion distinta de
la nuestra, en que no nos detenemos en que se corrompa el niño, con tal
de que se distinga en el púlpito, en la tribuna, ó en el foro.
Los españoles que perseguian en la Nueva España el trabajo, lo primero
que instituyeron fué _una Real y Pontificia Universidad_.
La instruccion tiene por objeto en los Estados-Unidos procurar á todos
los discípulos, indistintamente, arbitrio para que al salir de las
escuelas se puedan aplicar á las _diversas_ profesiones de la vida,
dando lleno á sus deberes de ciudadanos y ciudadanas de la República.
El depósito general á que todos los niños tienen accion en las
escuelas, es el conocido con los nombres de Instruccion Primaria y
Superior, con solo una parte de la enseñanza clásica, que más bien se
dirige á las literaturas griega y latina.
De este modo la instruccion es la gran toma de aguas del saber, en que
cada cual se provee de lo que necesita, sin coto para tomar ménos que
cualquier otro; no hay distincion social, la masa es una y para todos.
La enseñanza, que en España, que en Francia, y en general, en todos los
países latinos, era de la gente decente; esa enseñanza á que los hijos
de los pobres no podian llegar sino por favor, esa, está en este gran
surtidor para todo el mundo, y esta es una peculiaridad esencialísima.
Así, las _grammar schools_ y la _alta escuela_ son pocas, á las que
llegan todos los que tienen fuerzas para ello, sin que la autoridad los
detenga en su camino.
Es la instruccion primaria como un paradero de ferrocarril, á donde
pueden llegar todos, grátis, y tomar despues el derrotero que le
parece, á cada uno, segun sus personales aspiraciones. La democracia,
en su expresion más íntima, involucrada en el entendimiento y la
conciencia, está en la escuela.
Se calculaba en 1868, que se empleaban 450 millones de pesos en el
sostenimiento de los establecimientos de enseñanza, en todos los
Estados-Unidos; que habia una escuela por cada 180 habitantes; que el
número de preceptores y preceptoras era de 350,000, sobrevigilados por
más de 500,000 ciudadanos elegidos por el pueblo.
La escuela tiene por objeto apoderarse de los niños, de las mujeres y
de los hombres que ingresan de nuevo á aquella sociedad, y asimilarlos
á ella, confundiendo sus intereses con el interes comun. Es como un
molde en que cobran formas semejantes las masas que se depositan en él,
aplanando y borrando las desigualdades, para que no opongan obstáculos
á la felicidad comun.
El negocio de instruccion pública, legalmente es del municipio, bajo la
vigilancia del gobierno general: el municipio tiene el deber de que se
mantenga un número de escuelas proporcional á los niños de la Comuna;
este deber es tan estricto, que si fuera posible que se rehusara á un
niño la enseñanza, el padre de familia tendria derecho á demandar daños
y perjuicios al ayuntamiento por semejante falta.
Pero en este punto la accion del pueblo es tan poderosa, que el propio
municipio no hace sino seguir el impulso de los padres de familia, y
el cuerpo de enseñanza no es sino una asociacion popular con funciones
determinadas, para el objeto exclusivo de la instruccion.
La enseñanza, como se ha visto, es gratuita, y en cuanto á la
obligatoria, nadie pone en duda que se trata de los derechos del niño,
sin que pueda existir entre las prerogativas paternales el hacer de un
niño un bruto; por el contrario, el deber del Estado es hacer de un
niño, no solo un hombre, sino un buen ciudadano.
Por esta razon, el cuidado del Estado, en su calidad de tal, es la
instruccion primaria y _no otra_, porque las carreras profesionales
no pueden considerarse como elemento fundamental para la prosperidad
pública; mejor dicho, no pueden incluirse entre los deberes del Estado.
Como hemos dicho, las escuelas se dividen en tres clases: _primary
schools_, _grammar schools_, _high schools_: estas escuelas se recorren
en doce años, y en ellas se aprende:—
Lectura, escritura, dibujo, música, gimnasia, gramática, lengua
materna, lenguas extranjeras, geografía, historia, aritmética, álgebra,
geometría, trigonometría, física, química, historia natural.... Este es
el conjunto de conocimientos puestos al alcance de todo el mundo, y que
sirven á su vez para entrar á cualquiera de las carreras profesionales.
Además de estas escuelas, las hay nocturnas, dominicales, y con
determinados objetos, entrando en esto la competencia de las sociedades
de beneficencia, corporaciones religiosas y aun asociaciones
mercantiles é industriales.
Siempre el local en que se sitúa la escuela es un local _ad hoc_, bien
ventilado, y en que se atiende á la vez á las condiciones físicas y
morales de los niños.
El presupuesto de la ciudad de New-York para la conservacion y mejora
de las escuelas, se eleva algunas veces hasta tres millones de pesos.
Hé ahí mis ideas mal expresadas sobre la instruccion pública, es
decir, los conocimientos que tenia á mi llegada á California; faltábame
ver la práctica, y con este motivo me acompañé de Joaquin Alcalde para
visitar la escuela de Lincoln, á cuya visita fuimos invitados por el
caballeroso jóven Godoy.
La escuela de Lincoln es un grandioso edificio de dos pisos, coronado
por extensa cornisa y rematando en almenas airosas.
El primer piso se compone de una série de salones para las distintas
clases, divididos por amplios corredores que reciben las escaleras del
primer piso, que es exactamente igual.
La fachada es maciza y severa; pero la alegran vistosos árboles y
plantas, y la circunda un elegante barandal de fierro.
A la derecha del espectador, al pié de la ancha escalera del pórtico,
se levanta dulce y llena de majestad la estatua de Lincoln, en ademan
de invitar á que pasen al establecimiento.
Cuando nosotros entramos eran las nueve y media de la mañana: la
persona que nos iba á mostrar la escuela, y es uno de los maestros
de mayor categoría, cuyo nombre siento no recordar, se ocupaba en un
pequeño despacho en que está la portería, en preparar una leccion sobre
objetos.
Abandonó el preceptor su ocupacion, y nos dijo:
—Falta poco ménos de media hora para que los niños tengan sus
ejercicios gimnásticos; pero les llamaremos como alarma de fuego, para
que vdes. vean á los niños reunidos y juzguen en parte de la disciplina
del establecimiento.
Subimos al primer piso y se dió la señal de alarma; oimos al instante
un ruido tremendo sobre nuestras cabezas y en el primer piso; pero no
desordenado, no tumultuoso, sin que á nadie se escapase un grito, ni
hubiera señal del más leve desórden.
Sonaron dos golpes precipitados; entónces, por todas las escaleras que
de distintos puntos se desprenden y vienen á convergir al lugar en que
nos hallábamos, para derramarse y salir á distintas puertas, salieron
rios de muchachos que se precipitaban; pero en hileras, en marcha
uniforme, viendo á todos lados, como inquiriendo el lugar del incendio.
Eran cerca de mil los niños que, como raudales, veiamos descender de
las alturas; niños desde ocho hasta doce años, perfectamente aseados
y peinados, con sus amplias chaquetas, sus holgados pantalones y su
lustroso calzado.
La marcha continuó acelerada, porque todas las operaciones se habian
verificado en instantes, hasta tocar los niños en las puertas, sin
ningun accidente.
—Vea vd. lo que es el órden: bajando en peloton estos niños por las
escaleras de madera, me decia Alcalde, habria habido lastimados y
atropellados, y habrian tardado doble tiempo.
—Nosotros, dije á Alcalde, en odio al militarismo, vemos de reojo
estas formaciones dentro de las escuelas: ellas se prestan á las
monerías, empujones y juegos de los niños; pero no tenemos razon: basta
solo con la ordenacion de los movimientos, la compostura en el andar,
el brío y el despejo de la marcha, para recomendar tal sistema.
Impacientes esperaban los chicos en las puertas, tal vez el toque de
salida y dispersion, cuando la campana, porque con campana se daban
las señales, llamó á la turba á los patios del gimnasio.
Cesó la alarma, en la misma formacion; pero con la alegría en todos
los semblantes, volvieron los jóvenes á los patios, en donde entraron
despues de ciertos toques, saltando, gritando, confundiéndose, llenos
de contento.
El gran patio del gimnasio se divide en dos secciones, por un gran
jacalon central que forma caballete á la altura de las ventanas del
primer piso.
Por una de esas ventanas saltó el preceptor, y en pos de él, un ágil
muchacho que se terció al hombro la correa de que pendia un tambor, y
tocó llamada desde el caballete.
Los chicos se formaron en hileras y por tallas, en ambas secciones del
patio, y á los toques comenzaron en un lugar, distintos ejercicios de
cabezas, de piés, de manos, de inflexiones y escorzos violentísimos.
Ya corria la luz en los movimientos de los piés, como haciendo olas en
los claros que les dejaban los pasos; ya se veian las manos en alto
como que aleteaban palomas blancas en tumulto singular; ya parecian
los brazos partes componentes de una maquinaria que se estiraba y se
encogia; ya los movimientos de las fisonomías centuplicaban las caras y
habia como naufragios de ojos, de sonrisas, en mares de cabellos negros
y rubios.
Alcalde se habia encaramado á la ventana contigua al caballete, y con
su fisonomía animadísima y con sus movimientos, seguia los de los
niños, haciendo yo acaso lo mismo, porque el Sr. Godoy nos advirtió á
ambos que no nos cayésemos de la ventana.
A un toque, volvieron los niños á ordenarse y entraron en sus clases.
La escuela de Lincoln es _grammar schools_, es decir, escuela de
perfeccionamiento de la instruccion primaria.
Los departamentos son varios, y en todos ellos hay un preceptor
particular, combinándose para cada seccion de enseñanza, niños más y
ménos adelantados.
En las paredes de todos esos departamentos, hay cuadros con dibujos de
ornamentacion, figuras geométricas y retratos de los hombres eminentes
de los Estados-Unidos.
La clase de deletreo es muy escrupulosa, porque no pronunciándose el
inglés segun se escribe, para escribir propiamente se necesita un muy
perfecto conocimiento de las letras con que cada palabra se escribe, y
este ejercicio es aun de las clases que pudieran llamarse superiores.
Para la lectura se acostumbra mucho que todos los niños atiendan
al mismo texto; uno lee en voz alta, y el maestro interrumpe,
cerciorándose así de que los niños prestan la debida atencion.
En varias clases de aritmética está abolido el pizarron: con una pasta
adecuada, se forma al rededor del cuarto una especie de guardapolvo
(_como de hormigon_), á la altura de los niños, y esto permite que
muchos á la vez hagan la misma operacion. Este pizarron no estorba á
la vista y facilita mucho la enseñanza de la lectura, haciendo que los
niños escriban letras, sílabas y palabras.
En cada departamento, la preceptora ó preceptor están en una plataforma
que domina, tras un barandal de madera semicircular. Al entrar los
niños, se ponian de pié: se nos presentaba á la preceptora ó preceptor,
éstos hacian que los niños mostraran sus conocimientos y despues
nos invitaban á que les dirigiésemos la palabra, á lo que accediamos
alternativamente Alcalde, ó yo, sirviéndonos de intérprete el Sr. Godoy.
Despues de recorrer varias clases, descansamos en el cuarto del
profesor, á quien agobiamos á preguntas, lo mismo que al Sr. Godoy. De
esto, y de algunas lecturas, formé las ligeras apuntaciones que van á
ver mis lectores, siempre que Dios les dé paciencia para ello:
El número total de niños registrados en las
escuelas del Estado de California, de 5 á
17 años, es de 130,930