Palace-hotel. Comercial-hotel. Gaillard.
Lick-House. Cosmopolitan-hotel. California.
Great-hotel. Nevada.
Occidental-hotel. Arizona.
Pacif.
En los hoteles de primera clase se pagan desde tres á quince pesos
diarios.
En los de segunda, de tres á seis pesos, y en los de tercera, de dos á
tres pesos.
Hay casas de huéspedes en que se alquilan cuartos y se come por ocho
pesos semanarios.
Un _lunch_ ó almuerzo económico puede conseguirse por diez centavos:
esas son las casas en que se dice que se paga lo que se bebe;
pudiéndose comer un trozo de _beesfteak_, carnes frias, pan y queso.
En la calle de Montgomery hay una fonda en que por 25 centavos se sirve:
Sopa.
Beefsteak.
Roast-beef y frijoles.
Hay una casa en el barrio de Green, en que se da alojamiento y comida
regular por cuarenta y cinco centavos diarios.
Yo tuve ocasion de visitar el Palace Hotel y no habia visto en mi vida
grandeza semejante. La área que ocupa es de 96,250 piés cuadrados.
El edificio ocupa un paralelógramo de 275 piés en un frente, y en
el otro 350: tiene siete pisos, en que hay 755 cuartos lujosos para
huéspedes: el terreno y edificio, con los principales muebles, tuvo de
costo 3.250,000 pesos.
El patio, singularidad que distingue al hotel, puede contener diez ó
doce coches que se muevan con holgura, bajo una techumbre deslumbradora
de cristales.
Por el interior se ven siete filas de corredores sostenidos por gruesas
columnas, alfombrados todos, llenos de espejos y consolas, jarrones
y estatuas, y reproduciendo incontables lámparas de gas que despiden
vivísima luz que hiere la vista como una basílica, como si estuviera
hundida la mole inmensa en un abismo de llamas.
La parte inferior del edificio la componen salones, oficinas de
ferrocarriles, despacho del hotel, telégrafos, escritorios para los
huéspedes, etc., etc. El depósito de agua contiene 630,000 galones, hay
dentro el edificio cuatro pozos artesianos. El edificio se construyó en
1875 y fué el arquitecto J. B. Gaynor.
Por divertirse con mis impresiones, Iglesias y Gomez del Palacio me
introdujeron en una piececita perfectamente alfombrada y tapizada, con
sus lámparas y sus cómodos asientos: yo creia que era alguna antesala y
seguí hablando; de repente, poniéndome á la puerta de la piececita me
dijeron, dando unos pasos fuera: asómate.... estuve al dar un grito de
espanto: habiamos subido sin sospecharlo yo siquiera al último piso,
más alto que el primer cuerpo de las torres de Catedral y me producia
vértigo aquella altura. Aquel cuartito es un _elevador_.
Lo sorprendente para mí fué hallarme en aquella elevada region con
un jardin espléndido, con profusion de deliciosas flores, fuentes,
estatuas, asientos, kioskos y cuanto habria podido inventar la poderosa
imaginacion del autor de las Mil y una Noches.
En cada uno de los pisos hay sus _Parlors_ ó salones, para la recepcion
de visitas, y en esos salones se ven los tapices de blanco y oro, con
fuentes, aves del paraíso, palmas y cascadas realzadas; se admiran los
bronces airosos, figurando guerreros, trovadores y reinas; nos encantan
las lámparas como un manojo de soles suspendidos de la techumbre de
filigrana; nos convidan sofaes y sillones; nos arroban los magníficos
pianos; nos seducen mujeres como deidades que sonríen y como que
derraman sus encantos sobre cútis de alabastro y rosas; nos alegran
niños juguetones vestidos con elegancia y haciendo flotar en sus
carreras sus cabellos de oro, y nos hechiza la reproduccion de tanta
belleza en los espejos colosales, en que parece que dejó á guardar el
dia sus fulgores.
Las galerías interiores ó claustros que conducen á las habitaciones
de los huéspedes, tienen tambien rara elegancia. Se ven tapizados y
alumbrados perfectamente.
Los departamentos de los huéspedes más pudientes constan de salon, una
ó dos alcobas, escritorio, gabinete de aseo y baño, con agua fria y
caliente.
Embutidos en los marcos de las puertas están los botones para llamar
á los criados, y los tubos de guta percha para comunicar órdenes al
despacho, sin moverse de su asiento ó su cama el huésped.
El comedor corresponde á tanta opulencia: es un salon de cien varas
cuadradas, cubierto de mesas de todos tamaños, con lo necesario para el
servicio.
De trecho en trecho hay grandes aparadores con porcelana y cristal,
espejos por todas partes, consolas y una servidumbre que es un ejército
sobrevigilado por caballeros ceremoniosos, que designan los asientos,
cuidan de la exactitud en todos los criados y llenan de atenciones á
los concurrentes.
Ya se deja suponer lo que serán las cocinas y las dependencias todas
del hotel.
Por la negociacion, tal como yo la ví, me aseguran que ofrecian en
aquellos dias los chinos siete millones de pesos.
Cuando yo creia que se habia dicho la última palabra en materia de
opulencia, me nombraron _El Baldwin House_, que estaba al estrenarse
cuando yo salí de California, y es mucho más extenso y rico que el
Hotel Palace.
El comedor del Lick House está considerado como el más elegante de
los Estados-Unidos. Se halla bajo una inmensa cúpula formando elipse,
con columnas, pórticos y bellezas arquitectónicas de primer órden. El
salon, calculado para contener quinientas personas, está alumbrado por
colosales ventanas que forman en su conjunto como un gigantesco capelo
de cristal.
Cubren el suelo grandes mesas, en las paredes hay gigantescos espejos,
y corona la pieza en su altura una amplia galería en que se coloca la
música en los dias de festin, y asiste numerosísima concurrencia á
disfrutar del espectáculo de los banquetes y escuchar los bríndis, á
que son muy afectos los americanos.
“Hay muchas posadas, donde pueden conseguirse, dice una guía,
alojamientos cómodos, por veinticinco y cincuenta centavos cada noche,
siendo de esta clase el más frecuentado el What Cheer, en la calle de
Sacramento, que fué primitivamente el mejor hotel de la ciudad.
“Los _restaurants_ son una peculiaridad notable y característica de San
Francisco: ninguna otra ciudad de los Estados-Unidos puede comparársele
en esa línea.
Restaurants _Chop-houses_, literalmente casas de chuletas y
_rotisseries_, abundan en cada manzana. Muchos de ellos son de primera
clase, y todos á tan igual altura, que es difícil hacer una eleccion.
Las _Chop-houses_ y _rotisseries_ difieren de los restaurants en que
sus cocinas están dispuestas á un lado del salon, y cada uno puede
escoger su racion de carne, y hacérsela preparar á su vista. Hay
numerosas mesas redondas, en las que pagando cincuenta centavos puede
uno comer y pedir todos los manjares puestos en lista, incluyendo el
vino. “Martins,” en la calle del Comercio, cerca de Mongomery, es
notable por sus excelentes cenas.”
V
Bar-rooms.—Salones en que se venden ostiones.—Salones de
baile.—Aguas minerales.—Dulcerías.
EN San Francisco no hay cafés á nuestra usanza, es decir, salones en
que se sirve café, chocolate, helados, refrescos y comidas, cuando
están en punible ayuntamiento el café y la fonda.
Estancias de vagamundos, residencia de politicastros, alfolies de
chismes, fábricas de crónica escandalosa, centro de novelerías,
desahogo de vejetes verdes y de beodos de levita, reinado del periódico
y teatro de las primeras hazañas del calavera temeron y del pollo
capense ó subteniente. Eso no lo hay. Tampoco hay expendios exclusivos
de licores, á la manera de nuestras vinaterías.
El _bar-room pur sang_ es una pieza con su celosía ó alambrado á
la calle, su mostrador con su indispensable pico de gas para que
enciendan dia y noche sus tabacos los bebedores, ó su fosforero, y su
botecito con limpiadientes de palo.
Contra la pared, y á espalda del mostrador, corre una repisa con vasos
y botellas, y sobre ella su espejo y su reloj de madera, teniendo á los
lados un cuadrito que señala la fecha y un calendario ó directorio de
viajeros.
Debajo del mostrador se encuentra listo un enorme barril de cerveza.
Entra el marchante, suelta sus cinco centavos y se marcha en un abrir
y cerrar de ojos, no sin visitar la oficina tributaria de que está
provisto indispensablemente todo _bar-room_.
En estos establecimientos hay, sin embargo, su variedad; ya estimulan
á la detencion órganos, valiosos algunos de ellos en veinticinco ó
treinta mil pesos, á los cuales se les da cuerda y tocan oberturas,
marchas y variaciones preciosas; ya una música de la murga ó un piano,
halagan á los devotos de Baco, y ya unido á la murga se tiene una
servidumbre femenina capaz de despertar la sed en una piedra.
En las casas citadas, hay sus mesas, se destapan botellas á montones y
se estacionan los borrachines armando gresca y fumando sus pipas, que
nublan la atmósfera de humo pestilente.
Cuando las damas intervienen, es otra cosa; la servidora se sienta
bonitamente junto al forastero ó forasteros, llama á sus amigas para
que no haya nones y se aumentan prodigiosamente los consumos.
Cuando los marchantes son caprichosos y quieren aislarse, no faltan sus
piececitas en alto, _up-stair_, en que se bebe y se conversa con mayor
holgura.
Hay sitios, sin embargo, como el de _La Fuente_, que es subterráneo
y elegantísimo, que tienen bastante semejanza con nuestros cafés; se
toman ostiones, licores ó helados y se goza de la compañía de personas
distinguidas.
El _restaurant mencionado_, que toma su nombre de una lindísima fuente
con peces de colores que tiene en su centro, es el punto de cita de los
banqueros.
En una de las paredes del edificio, como si un delgado chorro de agua
cayese, se desprende una tira de papel que culebrea y se asienta en
un canasto que está en el suelo: mucho llamó mi atencion que multitud
de personas llegasen á consultar la tirita de papel. Esa tirita para
mí fué un prodigio: contiene noticias de todo el mundo, llegadas
momento á momento y sirviendo como de resorte para todas las grandes
transacciones mercantiles: es el cable submarino. No sé por qué aquella
servidumbre del rayo, su objeto, sus consecuencias, el modo sencillo
con que sin aparato se verificaban confidencias hasta el otro lado
del mar, me produjeron tanta impresion. La unificacion de todos los
intereses del globo, fiados con seguridad á una tira un poco más ancha
que una canal de cigarro.
Abundan los _bar-rooms_ cantantes y los salones de danza; pero esos
generalmente se instalan en calles poco frecuentadas y en subterráneos.
Para comprender el subterráneo es forzoso tener presente que lo primero
que se hace en una fábrica es un salon subterráneo, al que se comunica
con la calle por una escalera cuyo último escalon es la banqueta.
Así es que el primer piso ó _bassement_ figura en la calle asomándose
á la banqueta; esos subterráneos tienen sus tragaluces incrustados y
cubiertos como de celosías de fierro y rueditas gruesas de cristal;
tendidos en las banquetas con la luz artificial, se ven como pozos de
llama por esas celosías; se pasa sobre ellos y dan á las banquetas
cierta originalidad.
En cuanto á los salones de danza, el pretexto son las damas para
encarecer los licores; por lo demás, los cantos son desaforados, los
bailes tienen mucho del tropel y el tumulto, y á veces la policía
desciende á poner en paz esos con tan justa razon llamados los
_infiernos_. El café ó salon danzante es el _trait d’union_ del
_restaurants_ de baja clase y el teatro de _Ministrils_ ó negros
falsificados.
Hacen contraste con estos pecaminosos comercios, las dulcerías,
pastelerías, á la vez expendios de aguas, de _Vichy_ y de _Soda_, y las
casas en que se venden ostiones que constituyen una especialidad de San
Francisco.
El amor y la gula están siempre de gorja en la capital del Pacífico.