_El Titeretier_ (por _El Titerero_ o _El Titiritero_) se titula una
mojiganga de don Francisco de Avellaneda, núm. 3260 del _Catálogo de las
piezas del Teatro que se conservan en el departamento de Manuscritos de
la Biblioteca Nacional_. Y el mismo Vélez, en un romance dirigido al Rey
(véase mi folleto intitulado _Cinco poesías autobiográficas de Luis
Vélez de Guevara_):
«... que agora son más que nunca
sus escudos menesteres,
para caminar con Vos
desde aquí a Jerusalén,
protestando que será
en todo el Pentecostés
de las alabanzas vuestras
eterno _versifiquier_....»]
[Nota 599: Así, _ridmos_, en la edición príncipe, cambiada la _t_ en
_d_, como en _atmósfera_, _atlántico_, etc., que el vulgo, por la ley
del menor esfuerzo, pronuncia _admósfera_, _adlántico_, etc.]
[Nota 600: El señor Bonilla leyó distraídamente _modo_.]
[Nota 601: De estas once voces que reprobaba por nuevas y exóticas
Vélez de Guevara, diez son hoy de uso corriente, y aun _purpurear_, que
se emplea poco, está, como las otras, en todos los diccionarios. Cuando
al hojear nuestros libros del siglo XVII encuentro listas de palabras
que entonces se rechazaban por nuevas, y ahora estamos a pique de
arrinconarlas por antiguas, la resistencia que mi clásica educación
literaria opuso siempre al habla modernista que va cundiendo tira a
ceder, de tal manera, que me desconozco. Veo, además, que entre estas
novedades con que quieren regalarnos hay muchas que no lo son sino
porque cayeron en desuso cuatro o cinco siglos ha, y recuerdo aquel
_Multa renascentur_ ... de Horacio, que aprendí en la adolescencia y que
el cordobés Rosal acomodaba en verso, en esta guisa:
«Muchos vocablos serán
estimados, que cayeron,
y muchos que florecieron
otra vez se olvidarán.»
Vea el curioso, para demostración de ello, algunas listas de palabras
cuyo uso o abuso afeaban nuestros antiguos dramáticos. Lope de Vega, en
el acto I de _El Desprecio agradecido_:
«FLORELA. ¡Qué bueno estuvo esta tarde
el Prado!
LISARDA. La procesión
de los coches fué notable.
FLORELA. ¡Bravo humo, brava gloria,
brava prosa de galanes!
Muy valido anduvo _riesgo,
superior, inexcusable,
valimiento, acción, despejo,
ruidoso, activo, desaire,
lucimiento_ y _carabanas_.
LISARDA. ¡Caso extraño! ¡Que el lenguaje
tenga sus tiempos también!
FLORELA. Vienen a ser novedades
las cosas que se olvidaron.»
Lo de _bravo humo_ y _brava gloria_ se refiere--y dígolo porque hoy no
es fácil de entender--a los mantos que se llamaron _de humo_ y _de
gloria_. Tirso de Molina, en el acto III de _Celos con celos se curan_:
«GASCÓN. ...Miren vuesirías dos
cuál anda ya nuestro idioma:
todo es _brilla, emula, aroma,
fatal_.... ¡Oh! Maldiga Dios
al primer dogmatizante
que se vistió de _candor_.»
Y Rojas Zorrilla, en la jorn. I de _Entre bobos anda el juego, don Lucas
del Cigarral_:
«ANDREA. ¿Habla culto?
D.ª ISABEL. Nunca entabla
lenguaje disparatado;
antes, por hablar cortado,
corta todo lo que habla.
Vocablos de estrado son
con los que a obligarme empieza:
dice _crédito, fineza,
recato, halago, atención_....»]
[Nota 602: _Posposiciones_, o sea _transposiciones_, pues en ellas
siempre hay palabra o expresión _pospuesta_, que con buena sintaxis no
lo estaría. Llegó a arraigar tanto el abuso de esta licencia, por poetas
y aun por prosistas, en la primera mitad del siglo XVII, que ni las
mayores burlas fueron freno que los contuviese. En vano escribió Quevedo
contra Góngora y sus secuaces aquella _receta para hacer soledades en un
día_, que empezaba:
«Quien quisiere ser culto en solo un día,
_la jeri_ (aprenderá) _gonza_ siguiente...»,
y en balde Lope de Vega, en la silva IV de _La Gatomaquia_:
«...Y con estas demencias y furores,
_en una de fregar cayó caldera_
(trasposición se llama esta figura)
de agua acabada de quitar del fuego....»
Pero en todo nuestro parnaso no se hallará una burla tan donosa contra
el hipérbaton gongorino como aquel soneto que el mismo Lope insertó en
el acto I de _El Capellán de la Virgen_. Dice así:
«Inés, tus bellos ya me matan ojos
y al alma roban pensamientos mía,
desde aquel triste que te vieron día
con tan crueles por tu causa enojos.
Tus cabellos, prisiones de amor, rojos
con tal me hacen vivir melancolía,
que tu fiera en mis lágrimas porfía
dará de mis la cuenta a Dios despojos.
Creyendo que de mi no amor se acuerde,
temerario levántase deseo
de ver a quien me por desdenes pierde.
Que es venturoso si se admite empleo
esperanza de amor me dice verde,
viendo que te desde tan lejos veo.»
Este soneto está, además, con leves variantes, en una colección de
_Poesías manuscritas_ (letra del siglo XVII), procedente de la librería
de Usoz y que hoy para en la Biblioteca Nacional, Mss. 3795-97, tomo I,
fol. 103.]
[Nota 603: _Sembrados de sal_, quiere decir, como se acostumbraba
hacer con el solar de las casas de algunos traidores, después de
derribarlas, a fin de que ni hierbas produjese aquel terreno.]
[Nota 604: Lo dice en latín, por donaire: _guttur = garganta_.]
[Nota 605: Bien se echa de ver que Vélez, al decir todo esto del
fénix, tenía en memoria el romance de Quevedo: uno de los cuatro
referentes a otros tantos animales fabulosos (_la phénix_, el pelícano,
el basilisco y el unicornio). Lo de «hija y heredera de sí propia» y lo
de que «en ninguna región nadie ha encontrado su aduar» son
reminiscencias de estos versos de aquel romance:
«Tú, a quien ha dado la aurora
una celda y una ermita,
_y sólo saben tu nido
las coplas y las mentiras_;
tú, _linaje de ti propria,
descendiente de ti misma_,
abreviado matrimonio,
marido y esposa en cifra....»]
[Nota 606: _Afrenta de los miserables_, porque, según la fábula, se
abre el pecho para alimentar con su sangre a sus hijos.]
[Nota 607: _El capón de leche_ citábase como el más apetitoso de los
manjares. Lope de Vega, en una epístola, hablando de la muerte:
«Tan presto se merienda los ayunos
como los hartos del _capón de leche_,
y pasados por agua sorbe algunos.»]
[Nota 608: _El Paular_ fué un famoso monasterio de Cartujos, en la
provincia de Madrid.]
[Nota 609: Acerca del _le_ usado como dativo de plural quedó nota en
el tranco V (131, 5)[327].]
[Nota 610: Un antiguo romance de Bernardo del Carpio vulgarizó
sobremanera lo que se suele llamar _la ley del mensajero_, en los versos
siguientes, recordados por Cervantes en el _Quijote_ (II, 10), y por
otros muchos escritores:
«Con cartas un mensajero
el Rey al Carpio envió;
Bernardo, como es discreto,
de traición se receló.
Las cartas echa en el suelo,
y al mensajero ansí habló:
«_Mensajero sois, amigo:
non mereceis culpa, non_....»
En la escena II de la _Comedia llamada Florinea_, del bachiller Juan
Rodríguez Florián (1554) dice Belisea al paje de Floriano: «... y en
saber cúyo eres entiendo cúya será la carta, y en saber cúya ella sea,
sé que busco de mi enojo su daño y tu perdicion por mensajero: dado que
diz que _los mensajeros no merescen culpa_....» Y en la escena VI (fol.
23) dice la misma Belisea: «Vengas, paje, en buen hora: y porque _de ley
de mensajero no meresces pena_, aunque no te limpias de la culpa....»
Con todo esto, para tal exención el mensajero había de ser de casa
extraña, porque del de la propia decía otra cosa el refrán: «Mensajero
de casa, palos demanda.» Así, en el _Diálogo de los pajes_, de Diego de
Hermosilla, escrito hacia el año de 1575, aunque nunca impreso hasta el
de 1901, rogando Lorza a Godoy, criado del Duque, que recuerde a éste
que ha de pagar cierta deuda, respóndele Godoy: «Id, señor, con Dios...;
y en esotro, vos por carta se lo acordad al Duque, porque mensajero de
casa, palos demanda; que sienten mucho que sus criados les traigan a la
memoria ninguna cosa de las que ellos están obligados a hacer....»]
[Nota 611: Así se acostumbraba volver la honra a los deshonrados
injustamente, bien que el remedio, como dicen, solía ser peor que la
enfermedad. Cuéntase--y lo tiene referido en una de sus comedias uno de
nuestros mejores ingenios, no recuerdo cuál--que habiendo sido azotado
injustamente un sujeto, él logró que se reconociese el error, por lo
cual le sacaron en público a caballo y con chirimías, proclamando el
pregonero su inocencia; mas con ello sólo se consiguió que todo el mundo
le llamase _el azotado_, siendo así que antes del ruidoso desagravio muy
pocos habían tenido noticia de la injusta pena.]
[Nota 612: Esto de _a furia me provoco_ es un ripio de cuyo uso
pocos poetas del tiempo de Vélez se escaparían, ni él mismo quizás. Sólo
de Lope, del gran Lope, versificador correcto y facilísimo, podrían
citarse muchos ejemplos. Véanse dos. En el acto III de _Contra valor no
hay desdicha_:
«REY. ...Di, villano, al otro infame
que mi nieto no se llame:
que _a más furor me provoco_.»
En el acto II de _Dineros son calidad_:
«CAMILA. ...Ya el mundo dello se admira:
que es, _si a furia me provoco_,
espada en manos de loco
lengua en la mujer con ira.»
Y _a risa_, porque lo que importaba era el _provoco_, para la
consonancia con _loco, poco, toco_, etc. El mismo Lope, en el acto III
de _Santiago el Verde_:
«CELIA. Yo, Teodora, haré muy poco
en dejarte un hombre tal;
pues _a risa me provoco_,
de ver que siendo oficial
tuviese intento tan loco.»]
[Nota 613: Estos dos versos, estampados como prosa en la edición
original, tienen curiosa historia. Cuando, antes de terminar el siglo
XVI, ciertos percances amorosos de que fueron consecuencia algunos
desahogos satíricos dieron con Lope de Vega, desterrado de Madrid, en la
hermosa ciudad del Turia, compuso, entre otros romances, uno que se
encuentra en el _Romancero general_, fol. 153 de la edición de 1604, y
que empieza así:
«Hortelano era Belardo
de las huertas de Valencia
_que los trabajos obligan
a lo que el hombre no piensa_.»
Vulgarizóse la sentencia contenida en los dos versos últimamente
copiados, y, corriendo el tiempo, al escribir en 1620 un largo romance
para la conclusión de la justa poética celebrada con motivo de la
beatificación de San Isidro, los parodió su mismo autor en la forma
siguiente:
«En la glosa del soneto
fué mayor la diferencia,
porque el acabar en _fruto_,
adonde tan pocos quedan,
hizo buscar consonantes
que, aun referidos, disuenan;
_porque un consonante obliga
a lo que el hombre no piensa_.»]
[Nota 614: _Servir con dos comedias en Orán_, como _con dos lanzas_,
que era condena que solía imponerse a algunos nobles.]
[Nota 615: Hace adjetivo a _jabalí_, y lo es, en efecto, aunque por
tal no lo tenga el _Diccionario_. En Andalucía rara vez dicen _jabalí_ a
secas, sino _cochino jabalí_.]
[Nota 616: _Sobre qué caer poeta_, dicho a imitación de _no tener
sobre qué caer_, o _caerse, muerto_, que equivale a haber llegado a la
más extremada pobreza.]
[Nota 617: _Talla_, en la acepción de premio que se ofrece por la
prisión de un criminal.]
[Nota 618: Hoy omitiríamos el _no_, diciendo: «Que ningún hijo de
poeta ... pueda jurar...»; pero en otro tiempo solía decirse con ese
_no_, que bien se echa de ver que en realidad no redunda, ordenando de
otra manera las palabras: «Que _no_ pueda jurar ningún hijo de
poeta....»]
[Nota 619: _Ninguno_, equivaliendo a _alguno_. «Los negativos de
origen positivo--dice Bello, _Gramática,_ anotada por Cuervo (París,
1908)--se emplean a veces en su significado antiguo ... y aun sucede que
por analogía se extiende el mismo uso a los que son negativos de suyo y
lo han sido siempre: «Las más altas empresas que hombre _ninguno_ haya
acabado en el mundo, esto es, _hombre alguno, nadie_.»]
[Nota 620: Nuestro mundo no puede tener más de dos _hemisferios,_ o
miente la etimología del vocablo; pero Vélez cuenta por otro, del mundo
ultraterreno, la región infernal.]
[Nota 621: _Alguacil de los veinte_.--«Frase--dice el señor Bonilla
en su comento--con la cual alude Vélez al número de los alguaciles de
Sevilla». No, no eran _veinte_ los alguaciles de aquella ciudad; sino
que, además de otros muchos de diferentes clases y categorías (alguacil
mayor, sus tenientes, alguacil de las entregas, alguacil de Triana, y
alguaciles de los tribunales y juzgados), había unos alguaciles de a
caballo, llamados _de los veinte_, porque éste, por tasa, era su
número.]
[Nota 622: Juego de las acepciones del vocablo _corchete_.]
[Nota 623: En la edición príncipe, por errata, _pudieran_.]
[Nota 624: _Y la he de hacer de Evangelio_. Juega de la palabra
_orden_, dando a entender que siendo _orden_ (mandato) de Madrid, la ha
de convertir en _orden_ (grado sacerdotal) de Evangelio, es decir, la ha
de hacer tan verdadera (por lo bien cumplida) como el Evangelio.]
[Nota 625: _No_, antepuesto a un subjuntivo, suele equivaler a _no
sea que. Quijote_, I, 34: «Acaba, corre, aguija, camina, _no se esfogue_
con la tardanza el fuego de la cólera que tengo....»]
[Nota 626: _Sacar a paz y a salvo_ a uno es, como dice el
_Diccionario_ de la Academia, «librarle de todo peligro y riesgo». Tal
frase nació del objeto de aquellas escrituras en que, habiendo una
persona, en otras anteriores o simultáneas, salido por fiador de otra
persona, ésta se obligaba a sacarla con bien de cualquiera reclamación o
procedimiento que con tal motivo se intentara o siguiera. Tales
escrituras se llamaban de _a paz y a salvo_.]
[Nota 627: _Meterle_ a uno _las cabras en el corral_ es, como dice
el léxico de la Academia, _atemorizarle, infundirle miedo_.]
[Nota 628: A este _académico_ llama Vélez _un estudiantón del
Corpus_, no como conjeturaba el señor Puyol y Alonso y decía el señor
Bonilla, porque estudiase el _Corpus juris civilis_ o el _Corpus juris
canonici_, sino refiriéndose, tal cual lo notó Pérez y González, a su
corpulencia y aspecto, lo mismo que pudo llamarle _un gigantón del
Corpus_, por alusión a los que sacaban en la procesión del Sacramento,
que por cierto solían ir vestidos con sotana, manteo y valona, a lo
estudiante. «La paronomasia--añade el malogrado escritor
hispalense--entre _estudiantón_ y _gigantón_ bien puede servir para
hacer la frase sin que lo _del Corpus_ tuviera más alcance, o acaso con
la intención de referirse más claramente a la estatura y fortaleza,
teniendo en cuenta que el _estudiantón_ no sería pequeño ni desmirriado,
cuando ofrecía «no dejar oreja de ministro a manteazos.»]
[Nota 629: En el tan citado libro de Pérez y González, págs. 33, 41
y 140, hay para colmar las medidas al más deseoso de entender a derechas
y cabalmente qué sea esto de _graduado por la Feria y pendón verde_. Se
llamó _de la Heria y pendón verde_ una sublevación popular que ocurrió
en Sevilla por los años de 1521, porque los amotinados, en su mayoría
gente avalentada del barrio de _la Heria_ o _Feria_, para llevar alguna
insignia o bandera, sacaron de la inmediata iglesia parroquial de Omnium
Sanctorum un estandarte verde cogido a los moros, que por trofeo estaba
colgado en la capilla de Jesús Nazareno. La gente de _la Heria_ tenía
merecida fama de ahigadada y pendenciera, por lo cual, en la jorn. I de
_El Rufián dichoso_, de Cervantes, una mujer alaba a Lugo diciendo:
«¿Hay más que ver que le dan
parias los más arrogantes,
_de la Heria los matantes_,
los bravos de San Román?»
Y desde aquel motín de 1521, para nombrar gente del bronce y
arrufianada, fuera o no de Sevilla y del dicho barrio, se la llamó, tal
cual vez _gente de la Feria y pendón verde_. En uno de los romances de
germanía publicados por Juan Hidalgo:
«Un hombre que ser solía
tenido hace algunos meses
por uno de los que llaman
_de la Heria y pendón verde_,
vino huyendo de Sevilla,
que es Chipre de los valientes,
por no sé qué niñerías,
robos, capeos y muertes.»
Y hasta a los ojos salteadores se les dió ese dictado. Quiñones de
Benavente, en su _Entremés de los Cuatro galanes_:
«... ojos de rastro y estafa,
jiferitos y corchetes,
que son rufianes azules
_de la Heria y pendón verde_.»]
[Nota 630: Hoy lo diríamos sin posponer la oración causal: «que,
como había tanto que jugaba las armas, era, sobre alentada, muy
diestra....» En los siglos XVI y XVII fué muy frecuente esa posposición,
cosa que demostré con diversos ejemplos en mis notas al _Quijote_ (VII,
41, 2).]
[Nota 631: _Que jugaba las armas_, frase satírica, de cuya intención
y alcance sabrá darse cuenta el lector.]
[Nota 632: El _diaquilón_ era--dice el _Diccionario_ de
autoridades--«emplasto compuesto de varios zumos viscosos de hierbas,
que usa la Cirujía para ablandar tumores».]
[Nota 633: Morgado, en su _Historia de Sevilla_, pág. 174: «... y
assi mismo [pueden contarse por excelencia de la ciudad] los muchos
barqueros que biven de solo passar gente de vna a otra vanda en _el
Passaje_ de Sevilla a Triana, aun con estar a pocos pasos por cima la
puente....»]
[Nota 634: _El Altozano_ de Triana no era calle, sino una plaza a la
salida del puente de barcas. Mal-lara, _Recebimiento_..., fol. 48:
«... la Puente está armada sobre barcos grandes, es de gruessos maderos y
tablas, que viene a parar al _Altoçano_ de Triana, junto al Castillo
adonde está el Sancto officio de la Inquisición....» Vélez, al decir
«_la calle del Altozano_, calle Mayor de aquel ilustre arrabal»,
comparándola con la calle Mayor de Madrid, se refirió, sin duda, a la
que en 1839, cuando González de León publicó su _Noticia histórica del
origen de los nombres de las calles de ... Sevilla_, se llamaba calle
_Larga,_ y de la cual dijo: «No tiene la ciudad una calle en su
longitud, anchura y rectitud que pueda igualarse con esta. Llega desde
_el altosano_ al puerto de camaroneros, que es casi la mitad de la
estensión de toda Triana.»]
[Nota 635: Nombraban _el Arenal_ a una grande explanada que había
entre la ciudad y el río, y en la cual se labró después todo el que hoy
llaman barrio de la Carretería. Lope de Vega tiene una comedia
intitulada _El Arenal de Sevilla_, porque una buena parte de su acción
sucede en este sitio, concurridísimo antaño de gente de todas las
naciones del mundo, y por eso mismo, de la flor de la picaresca
andaluza.]
[Nota 636: Más comúnmente se dice de los tesoros de los duendes lo de
convertirse en carbón; así Cervantes, en el _Quijote_ (II, 67): «... y
los tesoros de los caballeros andantes son, _como los de los duendes_,
aparentes y falsos....» Y Tirso de Molina, en el acto II de _Cautela
contra cautela_:
«CHIRIMÍA. Lo que da mujer es viento:
_tesoros de duende son.
¡No se nos vuelva carbón!_
¡Abre la caja con tiento!»]
[Nota 637: Alude a la conseja según la cual en medio del infierno
hay una encina de cuyas ramas se hace todo el carbón que allí se
consume, sin que se amengüe jamás en este menester la leña de aquel
gigantesco árbol.]
[Nota 638: Hasta pocos años ha conservaba su antiguo nombre esta
calle, que sale por uno de los extremos a la llamada hoy _de Fernández y
González_, antes _de Vizcaínos, y de Castro_ en tiempo de Cervantes, y
por el otro extremo a la calle _de Zaragoza_, que se nombró _de la
Pajería_. Hoy la calle de _Tintores_ se llama de _Joaquín Guichot_.]
[Nota 639: _Un escribano del número,_ que quiere decir uno de los
veinticuatro escribanos que por tasa había en Sevilla, ante quienes se
otorgaban las escrituras públicas. Había, además, muchos otros
escribanos: los de los juzgados, los de provincia, los de rentas reales,
etc.]
[Nota 640: De la moralidad de los escribanos y de estar perdigados
para el infierno se escribió tanto, que sería bien prolija tarea
resumirlo. Vea el lector un texto, por todos. Mateo Alemán _(Guzmán de
Alfarache_, parte I, libro I, cap. I), después de enumerar las proezas
escribaniles, dijo: «Y así, me parece que cuando alguno se salva..., al
entrar en la gloria dirán los ángeles unos a otros, llenos de alegría:
«_Laetamini in domino_: ¡escribano en el cielo, fruta nueva, fruta
nueva!»]
[Nota 641: Así en la edición original; pero quizás _lo que trujo_ es
errata, por _la que trujo_.]
[Nota 642: La opinión vulgar siempre hizo de una misma camarada a
escribanos y sastres, y de ahí la conocida copla:
«_Un sastre y un escribano
fueron al infierno juntos:_
el sastre se fué por varas,
y el escribano por puntos.»
Que es alusión a los puntos de la pluma. Quevedo, con quien siempre
estuvieron muy malquistos los sastres, dijo en la _Visita de los
chistes_: «Pues sastres, ¿a quién no matarán las mentiras y largas de
los sastres, y hurtos? Y son tales, que para llamar a la desdicha peor
nombre, la llaman _desastre_, del sastre....» E hizo decir a Escarramán
en una de sus jácaras (Musa V):
«Como el ánima del sastre
suelen los diablos llevar,
iba en poder de corchetes
tu desdichado jayán.»
Años después, Tirso de Molina, recordó estos versos de Quevedo en su
comedia _Santo y sastre_:
«PENDÓN. Mira que te han de agarrar
cuando la muerte te arrastre,
_como el ánima del sastre
suelen los diablos llevar_.»]
[Nota 643: Juega del verbo _tener_ en dos de sus acepciones: la de
_poseer_ y la de _asir_.]
[Nota 644: Este _con que_ equivale a _con lo que_ o _con lo cual_, y
aunque poco usado ahora, ocurre con frecuencia en nuestros escritores de
antaño.]
[Nota 645: _No se pudra en su leyenda_, es decir, _no se enfade_, o
_aburra, con su lectura_.]