D. BERNARDO. Para traerle aquí dentro.

INÉS. Son _de ponleví: el talón_

os hará mal en el pecho.»

Como el _tacón,_ terminado en semicírculo pequeño, venía a acabar hacia

la mitad del largo del zapato, tal como hoy, los pies mayores parecían

diminutos, especialmente en la huella. El mismo Lope, en el acto I de

_Las Bizarrías de Belisa_:

«TELLO. ...Hay enanas; las hay con larga trampa:

unas con pie de apóstol, _consoladas

del ponleví, que imprime poca estampa_.»]

[Nota 481: «_Escarpín_--dice el _Diccionario_ de autoridades--,

funda pequeña de lienzo blanco con que se viste y cubre el pie, y se

pone debaxo de la media o calza.»]

[Nota 482: _Tapetado_, según Covarrubias, es el cuero envesado, dado

color negro. En el auto de _La Paciencia de Job_, de autor anónimo, dice

el bobo a Satán:

«¿Mi hermano sois vos? Si tal ha parido

mi madre, yo muera vestido y calzado:

mi madre era blanca, vos sois _tapetado_....»

Y Quevedo, describiendo una _Boda de negros_ (Musa VI):

«Iba afeitada la novia

todo el _tapetado_ gesto

con hollín y con carbón

y con tinta de sombreros.»]

[Nota 483: _Se subía a tocar_, es decir, a _tocarse_, a arreglar su

tocado; pero, jugando del verbo _tocar_, añade lo de _tocar de la

tarántula,_ por alusión a que se hacía _tocar_ o tentar el cabello por

la _tarántula_ de sus dedos; que eso semejaban con el teclear por toda

la cabeza. No hay aquí, pues, contra lo que imaginaron los señores Durán

y Bonilla, referencia alguna a la música o tonada llamada _de la

tarántula._]

[Nota 484: _Espejo de armar_, expresión que el léxico de la Academia

da por anticuada, siendo así que se usó mucho en los siglos XVI y XVII,

es--dice el _Diccionario_ de autoridades--«el que es de bastante grandor

para poder verse en él todo el cuerpo humano u la mayor parte de él».]

[Nota 485: Leo _nigromancía_ (y no _nigromancia_, al uso de hoy),

porque en el siglo XVII aún se pronunciaba así. Calderón, en la jorn. I

de _El Jardín de Falerina_:

«LISIDANTE. Tú, que, sabia, la gran _piromancía_

escribes en pirámides de fuego....

MARFISA. Tú, que en el aire, a los conjuros ciego,

das a las aves la _eteromancía_....

LISIDANTE. Tú, que en sepulcros la _nigromancía_

ejecutas....»]

[Nota 486: Visto que el _Diccionario_ de la Academia sólo dice que

_echar las habas_ es «hacer hechizos o sortilegios», el señor Bonilla ha

reparado muy justamente: «Pero claro es que los _hechizos_ o

_sortilegios_ se podían hacer de muchas maneras, y una de ellas era

_echando las habas_.» Y esto advertido, cita dos versos de Quevedo, que

dicen:

«En mi vida _eché las habas_;

antes me echaba a mí propia»,

y con ellos da por terminada su nota. Nos quedamos, por tanto, sin saber

qué era _echar las habas_, aun después de ver bien rectificada la

definición de la Academia.

_Echemos las habas_: quiero decir, veamos cómo y para qué se echaban,

aunque esta nota exceda de la extensión que de ordinario tienen las del

presente libro. Y para lograr bien nuestro propósito, tomemos por

maestras a las mismas gitanas que poco antes del año 1633 (tiempo en que

ya la Rufina María del texto practicaba esas habilidades) tenían por

discípula, en la villa y corte de Madrid, a doña Antonia Mexía, la cual,

pesarosa, después, de su aprendizaje, se denunció al Tribunal del Santo

Oficio (Archivo Histórico Nacional, Inquisición de Toledo, legajo 91 de

causas, número 176), manifestando, entre otras cosas: «Que las dichas

gitanas le enseñaron _la suerte de las habas_ en esta manera...: que

tomase nueue hauas, un poco de carbon, un grano de sal, un poco de çera,

un ochauo, un poco de piedra lumbre, un poco de açufre, un poco de pan,

un poco de paño colorado, un poco de paño açul, y que las dos de las

hauas las señalase mordiendolas, o las más que quisiese, diciendo este

es Juan (su marido), este es Francisco, y esta Catalina, y que si

saliese la mordida, que es la persona que se quiere, junto al carbon,

significa noche; si junto a la sal, gusto; junto a çera, martelo, que

quiere deçir golpe, porraço o cosa semejante; junto al ochauo, que abrá

dinero; junto a la piedra alumbre, con lo colorado, sangre; y junto a

lo açul, çelos; y junto al açufre, si sale con la sal, oro, y si sale

solo, pesadumbre; junto al pan, que abrá comida....»

La sentencia de otro proceso inquisitorial, dictada en 1638, acaso en

los mismos días en que Vélez de Guevara revelaba las aficiones

hechicerescas de Rufina, nos permite ver en funciones a Isabel Bautista,

natural de Sevilla, quizá trianera como la mulata huéspeda del Cojuelo y

de don Cleofás (Inquisición de Toledo, legajo 82, núm. 26): «... sacó una

bolsilla colorada con unas habas, y las echó, y entre ellas un poco de

paño azul, y alumbre, y un poco de carbon, y un medio real, y otro

pedazo de grana, diciendo que el paño azul significaba celos, y el

alumbre, y el carbón, noche, y el medio real, que les habían de dar

plata, y echó vn maravedí, que significaba que les habían de dar

cuartos, y el paño de grana, alegría, todo lo qual echó sobre vn paño

colorado, y las dichas habas traya a la mano halagándolas «hijitas mias,

decid la verdad», y luego las soltaba, y en cayendo las habas las decía:

«Rociadas con el rocio del cielo», y hablaba entre dientes, que no se le

entendía lo que decía, y volvió a decir: «Vosotras decid la verdad, que

la decis más que el Evangelio»; y a la dicha muger le dijo señalando

vnas habas: «Este es tu padre, esta eres tú y esta tu madre; ya viene

por el camino; muy pronto le verás», señalando entre las habas y las

demás cosas el camino que decía por donde venía.» La propia Isabel

Bautista había declarado en su confesión «... que era verdad que echó

las habas, y que eran nueve pares, todas señaladas cuál era macho y

hembra; que echaba además una haba partida y que las palabras que decía

entre dientes eran santas y buenas, porque decía:

«Con San Pedro y San Pablo

y el apostol Santiago

y con el bienaventurado San Cebrian,

suertes echasteis en la mar;

muertas las echasteis,

vivas las sacasteis;

así me saqueis

vivas y verdaderas estas suertes.

Si fulano ha de venir,

salga en camino»;

que era hacer camino las habas, apartándose unas de otras, que era que

venía la persona que esperaban, y si se juntaban, era que no venía, y si

salía el haba junto al carbón, era que venía de noche, y si junto al

paño colorado, era alegría, y si junto a la sal, que habían de tener

gusto, y si junto al ochavo, que le darían dineros, y si salía el haba

junto al haba partida, era ropa que le habían de dar....» También solían

echar entre las demás cosas un pedazo de yeso blanco, que significaba

dolor, y un cantillo redondo de haba, que representaba a la iglesia.

Algunas echadoras de habas, antes de empezar a practicar con ellas, las

bautizaban, metiéndolas en las pilas del agua bendita de tres templos, y

el conjurarlas antes de echarlas era constante, metiéranlas o no en la

boca. Doña Catalina Márquez de Avalos, mujer del capitán Francisco

Alonso de la Serna (Madrid), compareciendo a delatarse de su voluntad en

1631 (Inquisición de Toledo, leg. 90, núm. 161), manifestó, entre otras

cosas, que decía a las habas, teniéndolas en la boca:

«Hijas amadas,

hijas queridas,

por el labrador que os sembró,

por la tierra en que estuvistes,

por San Pedro, por San Pablo,

por el apostol Santiago,

por el mar, por las arenas,

por San Cebrian,

que echó suertes en la mar,

que ansí como le salieron ciertas y verdaderas,

ansí me digáis lo que os quiero preguntar.»]

[Nota 487: Para el señor Bonilla, _andar el cedazo_ es «lo mismo que

_adivinar por tela de cedazo_», especie que quiso justificar con el

_Diccionario_ de autoridades, según el cual es «el ejercicio de la arte

mágica, cuando el demonio hace que los profesores de esta diabólica

ciencia, mirando por un cedazo, vean las cosas que están muy distantes,

ocultas, o por venir, a lo cual llamó la gentilidad _coscinomancia_».

Pero no sólo ahí está la frase con que el señor Bonilla intentó explicar

lo de _andar el cedazo: «adivinar por tela cedaço_--dice Covarrubias,

art. _cedaço_--es dezir lo que claramente se ve y se entiende ser assi,

porque como dize otro Proverbio, muy ciego es el que no ve por tela de

cedaço.» Con todo esto, pues _ver_ uno una cosa _por tela de cedazo_

significa, según el léxico actual de la Academia, «verla o entenderla

confusamente, o juzgarla, no como es en sí, sino como se la presenta su

pasión o preocupación», voy a demostrar que en este punto el

_Diccionario_ de autoridades y cuantos le han seguido _vieron por tela

de cedazo_. Con acudir a nuestra literatura bastaría, y aun sobraría

mucho, para convencerse de que _andar el cedazo_ no es ni lejano

pariente de _adivinar_, ni de _ver, por tela de cedazo_, y aun el

mencionárselo casi siempre con el _echar las habas_ da, por sí solo,

clara sospecha de ser otra especie de sortilegio. Cervantes, en la

cantaleta del acto I de _El Rufián dichoso_:

«...La que en darse a sí excedió

a las godeñas más francas;

_la que echa por cinco blancas

las habas y el cedacillo_....»

Tirso de Molina, en el acto 1 de _En Madrid y en una casa_:

«MAJUELO. ¡Lo de Toledo ha sabido

también! ¡Vive Dios que _ha habido

haba y cedazo_!»

Y Ruiz de Alarcón, en el acto II de _La Cueva de Salamanca_:

«LUCÍA. ¿Hay alguna que no tenga,

si ausente o celosa está,

un poco de _echar las habas_

y un mucho de conjurar

_el cedacillo_, el rosario

(que de eso les sirve ya)

el chapín y la tijera,

espejo de agua o cristal....»

Pero si estos ejemplos indican sobradamente que lo _del cedazo_ era un

sortilegio, que jamás podría hacerse mirando al través de la tela,

estotras citas demostrarán muy claro que tal sortilegio se hacía

_moviendo_ o _moviéndose, el cedazo_, cosa que ya se echaba de ver por

la expresión _andar el cedazo_, usada por Vélez de Guevara. Agustín de

Rojas, en el libro I de _El Viaje entretenido_, cuenta que las

hechicerías de una vieja su amiga vinieron a parar en que la

encorozaron, y después, ida a Antequera, «cogiéronla _haciendo bailar un

cedazo y echando unas habas_, y diéronle otros doscientos tocinos».

Mateo Alemán dice en su _Guzmán de Alfarache_, parte II, libro III, cap.

III: «Respóndame por vida de sus ojos..., si pasando la raya sin rebozo

ni temor de Dios, _no dejó cedazo con sosiego, ni habas en su lugar, que

todo no lo hizo bailar_, por malos medios y con palabras detestadas y

prohibidas por nuestra santa religión....» Y, en fin, Quevedo, en el

soneto referente a una hechicera antigua, que deja sus herramientas a

otra reciente (Musa VI):

«Esta redoma rebosando babas,

_el cedazo que sabe hacer corvetas_,

estas que se metieron a profetas,

con poco miramiento, siendo _habas_....»

Ahora bien, ¿quiere el lector ver qué corvetas eran las que sabía hacer

el cedazo de la vieja de Quevedo? Pues sin ninguna clase de hechicería

nos lo va a revelar María López, que era vecina de Malagón por los años

de 1625; la cual, dando su declaración en causa contra Ana Hernández

(Inquisición de Toledo, legajo 88, núm. 117), manifestó que esta Ana le

pidió un cedazo y unas tijeras, y preguntándole para qué los quería,

dijo que tenía un mozo en Almagro y deseaba saber si la esperaba o si

había de venir; «y tomó las tisseras y las hincó en el aro del çedazo la

una punta, asiendo en la mano el anillo de la misma punta de la tissera,

y la otra tissera puesta en cruz, colgando el çedazo dellas, y diciendo

unas palabras que esta declarante no entendió, anduvo el çedazo muy

reçio a la redonda, y le dixo la susodicha: «Yo me voy mañana, que me

esperan»; y quando no era ansi lo que quería, se estaba quedo el

çedazo».

Las palabras que María López no había entendido eran el conjuro propio

del sortilegio. Tengo hasta cuatro o cinco versiones de él, halladas en

otros tantos procesos inquisitoriales; pero las dejo a un lado,

prefiriendo una recogida de la tradición oral en nuestros días, de boca

de ciertos gitanos errantes, por mi buen amigo don Pedro Díaz Cassou,

excelente folklorista murciano, con el nombre de _Orasión der seaso_.

Dice así:

«San Simón,

suerte quiero arcansá,

que me digas la berdá,

las tijeras están agarrás;

en er seaso están clavás;

personas que reselo boy a nombrá;

que ande er seaso si la sospecha es berdá.

San Simón que lo sabe lo declarará.

Entro y consiento en er pauto creminá.»

¿Está ahora bien claro que _andar el cedazo y adivinar por tela de

cedazo_ son dos cosas distintas, aunque el cedazo sea un solo cedazo

verdadero?]

[Nota 488: Ruiz de Alarcón, en el acto I de _Mudarse por mejorarse_,

explicaba así la razón del nombre de esta calle:

«LEONOR. ¡_Calle Mayor_! ¿Tan grande es,

que iguala a su nombre y fama?

D.ª CLARA. Diréte por qué se llama

_la calle Mayor_.

LEONOR. Di, pues.

D.ª CLARA. Filipo es el rey mayor,

Madrid, su corte, y en ella

la mayor y la más bella

calle es la _calle Mayor_.

Luego ha sido justa ley

_la calle Mayor_ llamar

a la mayor del lugar

que aposenta al mayor rey.»]

[Nota 489: Hoy diríamos _es mesa_, sin repetir el _que_ de la línea

anterior. De este _que_ superfluo traté largamente en una nota del

_Quijote_ (I, 229, 16).]

[Nota 490: Por eso se llamaron caballeros _de la Tabla Redonda_

aquellos de que se acompañaba el rey Artús.]

[Nota 491: Bien se echa de ver que el Cojuelo mostró a Rufina María

la calle Mayor en una de las tardes que en Madrid llamaban _de rua_.

Mesonero Romanos, en _El Antiguo Madrid_, tomo I, pág. 265, tratando de

la estancia del Príncipe de Gales en la coronada Villa, cuando en 1623

vino a ofrecer su mano a doña María, hermana de Felipe IV, dice: «El

domingo siguiente hubo _rua o paseo por la calle Mayor_, a que asistió

gran concurso de príncipes y magnates en sus carrozas, y todas las

hermosas de la Corte».]

[Nota 492: _Con tanto ojo_, elíptico, por _con tanto ojo abierto_,

frases que faltan en el _Diccionario_.]

[Nota 493: Ocasionalmente ocurren aquí, como pocas páginas atrás

(205, 23)[474], dos versos endecasílabos:

«... _que con los malos términos se abrasa,

y con los agasajos se destempla_!»]

[Nota 494: Dice _de dos yemas_, como de los huevos nombrados así,

bien que la _litera_, por lo común, tenía dos asientos. «Es--nota el

_Diccionario_ de autoridades--de la misma hechura que la silla de manos,

algo más prolongada, y con dos assientos, aunque algunas veces no los

tiene, y en su lugar se tienden colchones, y en este caso va recostado

el que la ocupa. Llévanla dos machos, mulas o caballos, afianzadas las

varas en dos grandes sillones.»]

[Nota 495: Así en la edición príncipe, por _Eliche_.]

[Nota 496: _Alcañizas_ en la edición original, por _Alcañices._]

[Nota 497: Mejor sintaxis fuera ésta: y _grande hombre de a caballo_

en entrambas sillas. Alude a las dos maneras de cabalgar: la brida y la

jineta. Recuérdese lo dicho en nota de los preliminares (9, 6)[49].]

[Nota 498: Dice _Simancas_, por decir con alguna novedad

_archivos_.]

[Nota 499: En la edición original, sin duda por yerro, _de vna misma

edad y al parecer que lleuan_....]

[Nota 500: _Espumando sangre generosísima_, como _espumando valor_

en el tranco I (22, 5) [Nota del transcriptor: "Don Cleofás, espumando

valor, prerrogativa de estudiante de Alcalá, le dijo:"].]

[Nota 501: _A sí mismos_, diríamos hoy.]

[Nota 502: Hace aplicación, algo violentamente, del cabalgar en

ambas sillas, de la brida y de la jineta, a la destreza en ambas

espadas, negra y blanca. Deslizáronsele aquí a Vélez no menos de cinco

versos octosílabos involuntarios:

«_... don Francisco de Mendoza,

gentilhombre cortesano,

favorecido de todos

y diestro en entrambas sillas

de la espada blanca y negra._»]

[Nota 503: _Hallará_, en la edición príncipe, pero sin duda es

errata, por _hallara_.]

[Nota 504: Es manera tópica de alabanza. En el _Quijote_ (II, 17),

dice el Caballero del Verde Gabán al Ingenioso Hidalgo: «... entiendo

que si las ordenanzas y leyes de la caballería andante _se perdiesen, se

hallarían_ en el pecho de vuesa merced como en su mismo depósito y

archivo.»]

[Nota 505: El señor Bonilla corrigió _Ildefonso_, notando al pie de

la página que el texto original dice _Ilefonso_. E _Ilefonso_ se decía,

y se escribía, y se estampaba. Rector del Colegio de San _Ilefonso_, de

Sanlúcar de Barrameda, se llamó Pedro Espinosa en las portadas de sus

obras _Espejo de cristal (1625), El Perro y la Calentura (1625), Elogio

al retrato de ... don Manuel Alonso Perez de Guzman el Bueno ... (1625),

Panegírico a la ... ciudad Antequera_ (1626) y _Pronostico

judiciario_ ... (1627).]

[Nota 506: _Velmar_, por _Bedmar_.]

[Nota 507: _Ladrada,_ por _la Adrada_.]

[Nota 508: _Nájara_, por _Nájera._]

[Nota 509: Jerónimo de Quintana, en su _Historia de la antigüedad,

nobleza, y grandeza de la villa de Madrid_ (Madrid, Imprenta del Reyno,

M.DC.XXIX), fol. 376 vto., menciona muchas casas «de grandes señores

fabricadas con sumptuosidad, hermosura y grandeza», y, entre ellas, «las

del Conde de Oñate, en la calle Mayor». Y Mesonero Romanos, en _El

Antiguo Madrid_, tomo I, pág. 259, dice: «Esta casa-palacio, una de las

más espaciosas e importantes de la grandeza, debió ser construída a

fines del siglo XVI, si bien la portada y balcón principal son obra del

XVII o principios del pasado, al estilo apellidado _churrigueresco_».

Demolido este edificio pocos años ha, para ensanchar la calle Mayor, su

portada, sueltas pero numeradas las piedras de que se compone, espera,

en el jardín del Museo Arqueológico Nacional, que se determine dónde ha

de levantarse de nuevo, para conservarla como preciada muestra del

estilo arquitectónico a que pertenece.]

[Nota 510: Como antes (230, 22) dijo _Simancas_, por decir con

novedad _archivos_, ahora dice _Mercurio Mayor_, por no decir _Correo

Mayor_. Sabido es que Mercurio fué, no ya el correo, sino hasta el

correveidile y terceruelo de los dioses.]

[Nota 511: Se refiere al célebre _mentidero_ de Madrid, del cual, en

el cap. I del _Viage del Parnaso_, fol. 3 vto. de la edición príncipe,

se había despedido Cervantes diciendo:

«A Dios de san Felipe el gran passeo,

donde si baxa o sube el Turco galgo

como en Gazeta de Venecia leo.»

Moreto, en la jorn. I de _De fuera vendrá_..., pinta admirablemente, por

boca de un alférez, cuán rápidamente crecía la diaria almáciga de

embustes en las famosas Gradas:

«ALFÉREZ. Mas al despique apelo;

que yo con estas gradas me consuelo

de San Felipe, donde mi contento

es ver luego creído lo que miento.

LISARDO. ¡Que no sepáis salir de aquestas gradas!

ALFÉREZ. Amigo, aquí se ven los camaradas.

Estas losas me tienen hechizado;

que en todo el mundo tierra no he encontrado

tan fértil de mentiras.

LISARDO. ¿De qué suerte?

ALFÉREZ. Crecen tan bien aquí, que la más fuerte

sembrarla por la noche me sucede,

y a la mañana ya regarse puede.

LISARDO. De vuestro humor, por Dios, me estoy riendo.

ALFÉREZ. Por la mañana yo, al irme vistiendo,

pienso una mentirilla de mi mano,

vengo luego, y aquí la siembro en grano,

y crece tanto, que de allí a dos horas

hallo quien con tal fuerza la prosiga,

que a contármela vuelve con espiga.

Aquí del Rey más saben que en palacio;

del Turco, esto se finge más de espacio,

porque le hacen la armada por diciembre,

y viene a España a fines de setiembre....»]

[Nota 512: En la edición principe, sin duda por yerro del impresor,

se lee así, y lo mismo en las del señor Bonilla: «¿Qué entierro es este

tan sumptuoso, _preguntó don Cleofás, que passa por la calle Mayor, que

estaua tan aturdido...._»]

[Nota 513: El lujoso entierro del Astrólogo sería, _plus minusve_,

como aquel que pinta Quevedo en _El mundo por de dentro_: «En esto,

llegamos a la calle Mayor.... Tomamos puesto conveniente para registrar

lo que pasaba: fué un entierro, en esta forma: venían envainados en unos

sayos grandes de diferentes colores unos pícaros, haciendo una taracea

de muñidores. Pasó esta recua incensando con las campanillas; seguían

los muchachos de la Dotrina, meninos de la muerte y lacayuelos del

ataúd, chirriando la calavera; seguíanse luego doce galloferos,

hipócritas de la pobreza, con doce hachas, acompañando el cuerpo y

abrigando a los de la Capacha, que, hombreando, testificaban el peso de

la difunta....»]

[Nota 514: Como si dijera, tal como suele decirse: _¡Con su pan se

lo coma!_]

[Nota 515: Vendíase, en efecto, mucha fruta en la Puerta del Sol.]

[Nota 516: El antiguo Hospital Real de Corte se llamó, como su

iglesia, _del Buen Suceso_, por una imagen de la Virgen que bajo tal

advocación se veneraba en ella. «Esta plaza--dice Mesonero Romanos _(El

antiguo Madrid_, tomo II, pág. 115)--, o más bien espaciosa encrucijada

de las diversas calles principales de la población, presentaba la figura

que todos recordamos, de un prolongado trapecio, y se hallaba dominada

en su frente principal, entre las calles de Alcalá y San Jerónimo, por

la modesta fachada de la iglesia del Buen Suceso, la cual, antes de la

ocupación francesa, estaba algo más decorada, y tenía una pequeña lonja

o atrio con verjas de hierro. Delante de ella estaba la famosa fuente

churrigueresca de principios del siglo pasado, y que reemplazó a otra no

menos extravagante, si hemos de creer a la vista de ella que estampa

Álvarez Colmenar en la obra titulada _Annales d'Espagne et de Portugal_.

Una y otra estuvieron coronadas por la estatua de Venus, no la Medicea,

de Pafos o de Citeres, sino la célebre _Mariblanca_, que hoy yace

relegada a la plazuela de las Descalzas.»]

[Nota 517: Dice Mesonero (_El antiguo Madrid_, tomo I, pág. 291) que

el convento de la Victoria, con su iglesia, huerta y tahona ocupaba gran

parte de una manzana, y dió lugar con su derribo (1836) a la formación

de la calle de Espoz y Mina, al ensanche de la de la Victoria, y a la

construcción entre ambas de las manzanas de casas de los señores

Mariátegui y Mateu, pasaje o galería cubierta, y otros varios edificios.

Los lugares respectivos de la Victoria y de la fuente del Buen Suceso

están bien indicados en los siguientes versos de Tirso de Molina (_Por

el sótano y el torno_, acto II):

«D. DUARTE. Salieron las dos hermanas,

que, a ser tres como eran dos,

las tres Gracias en mentira

fueran verdaderas hoy.

De las manos y tapadas,

hacia la Puerta del Sol

echaron, y yo tras ellas

siguiendo sus pasos voy.

Llegamos al Buen Suceso

(bueno me lo dé el amor),

por las gradas de la fuente

ellas, por la puerta yo

frontera de la Victoria....»

Hartzenbusch, al llegar aquí, pone esta nota. «_Ventana_, dice la

edición que seguimos; pero es claro que se habla de la puerta del Buen

Suceso, frente a la calle de Espoz y Mina, cuya entrada era antes la

lonja del convento de la Victoria.»]

[Nota 518: _Estar_, por _ser_, como en más de un lugar del _Quijote_

(I, 292, 7; III, 333, 16, etc.).]

[Nota 519: Así solían decir al ver a un niño, refiriéndose al mal de

ojo, las que iban, o podían ir, para brujas. Esto, cuando con el propio

intento no le daban una higa, porque, como decía Covarrubias, «también

es cosa vsada al que ha parecido bien darle vna higa diciendo: tomá para

que no os ahogen (_aojen_)». Igualmente se hacía y se decía esto por vía

de pulla, y así Feliciano de Silva, por boca de Elicia, en la cena XXXIX

de la _Segunda comedia de Celestina_: «¡Al diablo la vieja, que no se

contenta con cuanto ha ganado conmigo, sino que si tengo amor a uno, no

le tengo de osar mirar! _¡Toma para tus ojos_: que yo le hablaré aunque

te pese...!»]

[Nota 520: En la edición príncipe, _guedegas_, por evidente errata,

que copia el señor Bonilla.]

[Nota 521: _Después que_, equivaliendo a _desde que_, usadísimo en

los siglos XVI y XVII, como advertí más de una vez en mis notas al

_Quijote_ (I, 265, 8; II, 74, 4; III, 124, 17; IV, 282, 12, etc.).]

[Nota 522: Siguiendo su alegoría, dice _dar grada_, por alusión a la

_grada_ o escaño corrido que en el teatro ocupaban las mujeres.]

[Nota 523: Alude a la costumbre, general en algunas naciones, de

saludarse besándose públicamente hombres y mujeres, de la cual decía

Juan Minsheu, por boca de Guillermo, en el sexto de sus _Pleasant and

delightfvll dialogves in Spanish and English_ ... (Londres, Edm.

Bellifant, 1599), pág. 51: «Yo para mi tengo que la mayor causa de la

desoluçion en algunas mugeres de Ynglaterra es esta costumbre de

besallas en público, por que con esto pierden la verguença y a el

tocamiento del beso, les entra vn veneno que las ynficiona». Y poco

después:

«EGIDIO. ¿En España no se vsa besar los hombres a las mugeres?

DIEGO. Sí, besan los maridos a sus mugeres, y esto allá detrás de siete

paredes, donde aun la luz no los pueda ver.

GUILLERMO. Es porque los españoles son demasiadamente celosos.

ALONSO. No, sino porque somos tan trabiessos, que no hemos menester este

apetito para hacer mil malos recaudos. ¿Qué sería si tubiessemos essa

ocasion?»]

[Nota 524: _La calle Mayor_ y _el Prado_: en estas dos universidades

estudiaban discreción y cortesanía los galanes y las damas de Madrid.

Lope de Vega, en el acto II de _El Desconfiado_:

«PEDRO. ...Que una mujer en la Corte

es imposible ser necia,

y más cuando ella se precia

de que esta fama le importe;

pues para tomar el grado

de doctas, gastan, señor,

_cursos de calle Mayor

y cuodlibetos del Prado»_.

El enamorado, pues, tenía ambos lugares, _la calle Mayor_ o _Carrera_ y

_el Prado de San Jerónimo,_ por estaciones principalísimas de su diaria

devoción. Calderón de la Barca, en la jorn. I de _Hombre pobre todo es

trazas_:

«D. DIEGO. Por la mañana estaré

en la iglesia a que acudís;

por la tarde, si salís,

en _la Carrera_ os veré;

al anochecer, iré

_al Prado_, al coche arrimador

luego, en la calle embozadador

ved si advierte bien mi amor

horas de _calle Mayor_,

misa, reja, coche y _Prado_.»

De este paseo se lee en la _Primera y segunda parte de las grandezas y

cosas notables de España_, de Pedro de Medina, corregidas y ampliadas

por Pérez de Mesa, fol. 205: «A la otra mano derecha del mismo

monasterio [de San Jerónimo], saliendo de las casas, ay otra alameda

tambien muy apacible, con dos órdenes de árboles, que hazen vna calle

muy larga hasta salir al camino que llaman de Atocha.... Llaman a estas

alamedas _el prado de san Hieronymo_, donde de invierno al sol y de

verano a goçar de la frescura, es cosa muy de ver y de mucha recreacion

la multitud de gente que sale, de viçarrisimas damas, de bien dispuestos

caualleros, y de muchos señores y señoras principales, en coches y

carroças. Aqui se goza con gran deleyte y gusto de la frescura del

viento todas las tardes y noches del estío, y de muchas buenas

musicas....»]

[Nota 525: Así en la edición príncipe, aunque sin acentuar el

pronombre, pues no se acostumbraba hacerlo. El señor Bonilla leyó

equivocadamente: «que otro día le enseñaremos en el río de Mançanares»,

diciendo abajo en nota: «El texto repite «el». Claro es que no se

trataba de enseñar _el espejo en el río_, como parece haber entendido el

señor Bonilla, sino de enseñar _el río en el espejo_.]

[Nota 526: _Y pasa el verano de noche_, es decir, _y pasa durante el

verano de noche_.]

[Nota 527: Compara Vélez el Manzanares con la moneda de Navarra, o

_navarrisca_, que no era de curso legal en Castilla, pero que solía

pasarse de noche, a favor de la poca luz, como las monedas chanflonas de

que traté en nota del tranco I (18, 5)[76]. La voz _navarrisco_ falta en

el _Diccionario_ de la Academia, aun habiendo sido de uso muy corriente.

Juan de Castellanos, _Elegías de varones ilustres de Indias_, parte II,

_Elogio de Rojas,_ canto IV:

«... y el _navarrisco_, que por ellas muere,

dijo que le dará cuanto pidiere.»]

[Nota 528: _Caudal_, como adjetivo, equivalente a _caudaloso_.]

[Nota 529: Otros dijeron que el Manzanares, tan merendado, cenado y

concurrido de gente, era río que lo tenía todo, excepto río. Calderón,

en la jorn. I de _Fuego de Dios en el querer bien_, refiriéndose á las

orillas del Manzanares en una tarde de julio:

«D. ALVARO. Aquí cantan, allí bailan,

aquí parlan, allí gritan,

aquí riñen, allí juegan,

meriendan aquí, allí brindan:

país tan hermoso y vario,

que para ser la Florida

estación de todo el orbe

la más bella, hermosa y rica,

_sólo al río falta el río_;

mas ya es objeción antigua.»

Y Lope de Vega había comenzado así un soneto de _Burguillos_ en que

_Laméntase Manzanares de tener tan gran puente:_

«Quítenme aquesta puente que me mata,

señores regidores de la villa;

miren que me ha quebrado una costilla:

que, aunque me viene grande, me maltrata.»]

[Nota 530: No sé a qué conseja o cuentecillo se refiere aquí don

Cleofás. A no pedir lo del ahogarse que las ayuntadas fuesen _ranas_, se

podría sospechar que estaba errado el texto, por _ratas_. A lo menos, en

Andalucía es muy vulgar la desenfadada expresión: _¡Al ... diablo,

ratas; que se quemó el molino_!]

[Nota 531: A este escudo se había referido Lope de Vega en el acto

II de _El Anzuelo de Fenisa_:

«ALBANO. ...Tiene el Duque de Medina

(ya entenderás que es Sidonia)

justo a su casa en Sevilla

un corredor de pelota....

Tiene aqueste corredor,

no enfrente, sino en la popa,

las armas de los Guzmanes,

y sobre el timbre y las hojas

que con diversos penachos

cercan el escudo y orlas,

al gran don Alfonso Pérez

de Guzmán que el Bueno nombran,

sobre el muro de Tarifa,

que al moro la daga arroja

para que mate a su hijo

(¡divina hazaña española!),

y debajo de las armas,

aquella sierpe espantosa

que mató en África, haciendo

la hazaña de Hércules corta....»]

[Nota 532: Del Conde de Salvatierra traté en el prólogo.]

[Nota 533: _De buena capa_, es decir, _de buena apariencia_. También

se decía _de buena ropa_.]

[Nota 534: Puntúo como la edición príncipe: _«... con mantos, de

medio ojo_, sentadas en el suelo»; esto es, _tapadas de medio ojo_, que

era una de las maneras de taparse, y no _con manto de medio ojo_, como

lee el señor Bonilla, porque nunca hubo tal suerte de mantos. De las

mujeres sevillanas decía Alonso Morgado (pág. 142 de su _Historia de

Sevilla_): «Vsan el vestido muy redondo, precian se de andar muy

derechas y menudo el passo, y assi las haze el buen donayre y gallardia

conocidas por todo el Reyno, en especial por la gracia con que se

loçanean _y se atapan los rostros con los mantos, y miran de vn ojo»_.

¿De dónde vino el taparse de esta manera? A esto responde fray Juan de

la Puente, recordado por Antonio de León Pinelo en su curioso libro

_Velos Antiguos i modernos en los rostros de las mugeres, sus

conueniencias, y daños_ ... (Madrid, Juan Sánchez, 1641), fol. 47 vto.:

«De los Árabes tomaron las mugeres españolas el _taparse de medio ojo_,

de lo qual las alaba Tertuliano....» Y añade León Pinelo (fol. 48) que,

«como las Moriscas siempre andavan tapadas con sus almalafas o sabanas

blancas..., en vistiéndose a lo Español, convirtiéndolas en los mantos

negros, dieron en taparse con ellos del modo que solian con las

sabanas.... I como es uso garvoso, lascivo, alegre i (como dezimos) de

garavato, i las Moriscas, por ser todas de excelentes ojos, andavan assi

más briosas i apuestas que las Españolas, i estas avian començado, ya

desde antes del año de MDxxvj, a agradarse del Tapado, i a usarle

también, confundiendose por este modo las unas con las otras, llegó a

introduzirse del todo por este de sesenta i seis o sesenta i siete

[alude a una pragmática sobre mudar de trajes los moriscos, promulgada

en 1566]: i fue con tanto excesso, que veinte años después, en las

Cortes de Madrid de MDxxxvj, se trató de su prohibicion, que se promulgó

la vez primera por ley el de noventa....» El _taparse de medio ojo_,

aunque se extendió por casi toda España y fué comunísimo en la Corte,

era señaladamente sevillano. Así Lope, en el acto I de _Las Bizarrías de

Belisa_:

«Ponte _el manto sevillano;

no saques más de una estrella_....»

Y Tirso de Molina, en el acto I de _El Amor médico_, cuya acción pasa en

Sevilla:

«¿Qué quieres que diga?

Cada cual su rumbo siga:

tu amor, tú; yo, a la tapada;

que el diablo del sombrerete,

que parece tajador

de aldea, para mi humor

tiene no sé qué sainete

que alienta mis disparates.

¡Oh anascote, oh caifascote,

oh basquiña de picote,

oh ensaladas de tomates

de coloradas mejillas,

dulces a un tiempo y picantes!

¡oh chapines, no brillantes,

mas negros y con virillas!

¡Oh _medio ojo_ que me aojó!

¡Oh atisbar de basilisco!

¡Oh _tapada a lo morisco_!

¡Oh fiesta, y no de la O!»

La costumbre de taparse las mujeres, de medio ojo, o derribando el manto

hasta la barba, y aun hasta el pecho, arraigó tanto, que en balde fué

objeto de reiteradas prohibiciones en el último tercio del siglo XVI y

en el primero del siguiente. Por el citado capítulo de Cortes de 1586 se

prohibió que las mujeres anduviesen tapadas, y sobre su observancia y

cumplimiento se publicó una pragmática en 1594, mandada guardar por otra

de 1600, que es la ley XIV, cap. XX, tít. XII, libro VII de la _Nueva

Recopilación_; pero como, aun así, esto no se cumplia, por otra

pragmática, dada en Madrid a 12 de abril de 1639, se mandó «que en estos

Reinos y Señoríos todas las mugeres de qualquier estado y calidad que

sean anden descubiertos los rostros, de manera que puedan ser vistas y

conocidas, sin que en ninguna manera puedan tapar el rostro en todo ni

en parte con mantos ni otra cosa...,» y que, además de la pena de tres

mil maravedís que se había impuesto por las pragmáticas y leyes

anteriores, «por la primera vez caigan e incurran en perdimiento del

manto y de diez mil marauedis, aplicados por tercias partes, y por la

segunda, los dichos diez mil marauedis sean veinte, y se pueda imponer

pena de destierro, segun la calidad y estado de la muger».]

[Nota 535: La academia sevillana a que alude Vélez debió realmente

de existir; pero de ella no han quedado más noticias que las que aquí da

nuestro autor. Así, pues, mi docto amigo don Joaquín Hazañas, en su

_Noticia de las Academias Literarias, Artísticas y Científicas_ de los

siglos XVII y XVIII (Sevilla, 1888), se limitó, en cuanto a la de la

calle de las Armas, a reseñar el pasaje del escritor ecijano.]

[Nota 536: Antonio Ortiz Melgarejo había nacido en 1580, pues al

declarar (diciembre de 1637) en las pruebas de Juan Antonio del Alcázar

y Zúñiga para el hábito de Calatrava, dijo tener cincuenta y siete años.

Por esta declaración consta que, en efecto, era presbítero y del hábito

de San Juan (Archivo Histórico Nacional, Pruebas de Calatrava, núm. 72,

fols. 81 y 82).]

[Nota 537: Qué negocios fueran éstos no se sabe; pero sí que por los

años de 1635 y 1637 se representaron en Sevilla algunos autos del Corpus

compuestos por Cubillo de Aragón, por los cuales la ciudad le libró

ciertos dineros (Sánchez-Arjona, _Noticias referentes a los anales del

Teatro en Sevilla desde Lope de Rueda hasta fines del siglo XVII_,

Sevilla, 1898, páginas 300 y sigts.).]

[Nota 538: Lo poco que se sabía de Blas de las Casas Alés, y algo

más que logré averiguar, está resumido en mi libro _Pedro Espinosa_

(Madrid, 1906), págs. 270 y 277. Además, de un curioso papel inédito

suyo di noticia, y aun copia, al fin de las _Obras de Pedro Espinosa_

(Madrid, 1909), págs. 409 y sigts.]

[Nota 539: Don Cristóbal de Rozas, quizás antequerano, fué autor de

tres obras dramáticas citadas por Barrera en su _Catálogo bibliográfico

y biográfico del Teatro antiguo español_.... De don Diego de Rosas puede

presumirse que sea el don Diego de Rosas y Argomedo citado en el mismo

_Catálogo_ como autor de la comedia _Donde hay valor, hay honor_, cuyo

manuscrito poseyó don Agustín Durán, bien que la misma obra fué impresa

con otras de diversos autores en Zaragoza, 1640, bajo el nombre de _don

Diego de Rojas_.]

[Nota 540: _Dragmático_ en la edición original.]

[Nota 541: Don García de Salcedo y Coronel es escritor muy conocido

en nuestra república de las letras por sus diversas colecciones de

poesías, y aún más que por ellas, por sus comentos de Góngora. Tuvo

estrecha amistad con Vélez, cuya muerte lamentó en dos composiciones

insertas en sus _Cristales de Helicona_ (1649).]

[Nota 542: _Primero_, en la acepción de _sobresaliente_.]

[Nota 543: _Sujeto_, en su acepción, hoy poco usada, de _materia_,

_tema_ o _asunto_.]

[Nota 544: Llamábase esta celebrada poetisa doña Ana Caro de Mallén,

y de ella dió curiosas noticias don Manuel Serrano y Sanz en sus

_Apuntes para una Biblioteca de Escritoras españolas desde el año 1401

al 1833_ (Madrid, 1903), y aun reprodujo algunos de sus trabajos.]

[Nota 545: _Décima musa andaluza_ se la llama en el epígrafe de su

comedia _El Conde de Partinuplés,_ publicada en el _Laurel de Comedias

de diferentes autores. Quarta parte_ (Madrid, Imprenta Real, 1653). Fué

muy frecuente esta denominación de _décima musa_. Garcilaso, al

principio de uno de sus sonetos:

«Ilustre honor del nombre de Cardona,

_décima moradora del Parnaso_...»;

y dijo el Brocense en su comento: «Muchos han usado esta frasi, de

llamar a la damas doctas _Décima Musa_ o _Quarta Gracia,_ siendo las

Musas nueve y las Gracias tres....» Lope de Vega había escrito en 1604,

en la _Representación moral del Viaje del alma_:

«...Doña Oliva de Nantes, _musa décima_,

y doña Valentina de Pinedo,

la _cuarta gracia_, o verso o prosa escriba.»

Y años después, en la silva II del _Laurel de Apolo_, dijo de Juliana

Morella:

«...Porque mejor por ti, _que has hecho cuatro

las Gracias, y las Musas diez_, pudiera

que por Safo Antipatro

decir aquella hipérbole....»]

[Nota 546: En efecto, el soneto que a continuación lee don Cleofás

había sido escrito por Vélez a la máscara que indica, celebrada en la

noche del domingo 15 de febrero de 1637, y lo leyó por vía de

introducción a la oración que hizo en el certamen literario que presidió

el viernes siguiente.]

[Nota 547: Comentó Durán y copió Bonilla, acerca de este

_masebarrilete:_ «Según el sentido del período, puede entenderse que

habla del Sota u oficial mayor del sastre. Acaso Barrilete sea algún

personaje que haga papel de oficial de sastre en algún entremés o en

alguna jácara. Si así fuere, el autor habrá usado de dicha palabra

aludiendo al personaje popularizado en la escena cómica o en el romance

popular.»]

[Nota 548: De las acepciones de _adolecer_ que hallo en los léxicos,

la que menos desconviene a este pasaje es la de «aficionarse o

apasionarse por alguna cosa o por algún sujeto», y aun ésta no

satisface.]

[Nota 549: A lo que creo, _Doctor_ es errata, por _Rector_, pues sin

duda se refiere a Bartolomé Leonardo de Argensola, que tuvo esa

_rectoría._]

[Nota 550: Refiérese Vélez de Guevara a la renombrada _Academia de

la Crusca_, fundada en Florencia en el siglo XVI.]

[Nota 551: _Templada sin sentillo_ es gentil encarecimiento, pues el

oír templar un instrumento fué siempre cosa harto molesta, por lo cual

don Guillén de Castro hizo decir a un rey en la jornada I de _El Amor

constante_:

«Cante, pues, lo que cantare,

muy melancólico sea,

_y no temple, porque es cosa

que nunca esperarla pude_....»

Este y otros fastidiosos preliminares del tañer y el cantar resumió

Quiñones de Benavente en su _Entremés de los Mariones:_

«MARÍA. Músico, desabrigue la guitarra

y haciéndola sonar como chicharra,

_sin templar, sin toser, sin escombrarse,

ni aguardar a la súplica o al ruego_,

cante un romance, y pagaréle luego.»]

[Nota 552: Se refiere a don Antonio Hurtado de Mendoza, excelente

autor dramático y lírico.]

[Nota 553: González de León, en su citada _Noticia histórica_...,

página 472, dice de _la Almenilla_: «La puerta inmediata [a la de San

Juan], que pertenece al mismo cuartel y parroquia de Omnium Sanctorum,

se llama de la Barqueta, por estar junto a ella la barca pública que

tiene la ciudad para facilitar el tránsito del río por esta parte.»

Antiguamente se llamó _de la Almenilla_, por una que tenía encima.

También se llamó de Vib-arragel, por el nombre de la plaza que tiene

junto. Pero por extensión se nombró _la Almenilla_ a esta plaza, en la

cual--dice el mismo autor--«está el sitio que llaman el Blanquillo, que

es un pedazo de la muralla que da sobre el río, muy ancho, al cual se

sube por dos cómodas escaleras de piedra, y su suelo está ladrillado y

muy cómodo, por lo que en otro tiempo había en él muchas funciones y

bailes en las noches de verano.»]

[Nota 554: El real monasterio de San Clemente, de Sevilla, en la

collación de San Lorenzo, siempre se tuvo, como dice Morgado (pág. 435),

«por el más antiguo y primero que de Monjas en ella fué fundado después

de ganada de poder de los Moros...», y su compás, «llamado (por ser

suyo) de San Clemente, que tiene poco menos de trezientos vezínos,

posseen y an posseído continuamente sus Monjas, con verdadero título y

real donación».]

[Nota 555: El señor Bonilla leyó _del Tejo_, como la edición

príncipe; pero rectificó al pie de la página: «Por _Tajo_.» Y yo,

releyendo el pasaje de Vélez y viendo asociado a lo del _Tejo_ (que me

traía a la memoria aquellos versos del preclaro poeta Camoens:

_«Vejo o puro, suave e brando_ Tejo,

_Com as concavas barcas, que nadando

Vão pondo em doce effeito seu desejo_...,»)

lo de la _estranjera voz_ de aquel _Seraphin_ o _Seraphina_, me di a

sospechar si en San Clemente habría habido, por el tiempo en que Vélez

escribía su novela, o poco antes, alguna monja portuguesa, tan famosa

por su buena voz como aquella otra monja de Santa Paula, también en

Sevilla, de que habló Cervantes en _La Española inglesa_. Y esto

pensado, acudí una vez más, como en otros casos, á la bondadosa voluntad

de mi antiguo amigo y compañero de aulas don José María de Valdenebro,

rogándole que hiciera en San Clemente la deseada investigación. Hecha

está, y véase cuán acertada ha salido mi conjetura. En 30 de octubre de

1630, el doctor Alonso Jofre de Loaysa, visitador de monjas de aquella

ciudad, estando a la reja del comulgatorio del convento de San Clemente

el Real, exploró a doña Mariana, a doña Ana María _Serafina_ y doña

Isabel Bravo, de diez y nueve, diez y siete y quince años

respectivamente, hijas de González Gómez Bravo y de Leonor Rodríguez,

_vecinos de Lisboa_, antes de darles el hábito de novicias del dicho

convento. Y dado en el mismo día, las tres hermanas profesaron en 16 de

abril de 1632. La que nos interesa firmó en el acta de la profesión _Ana

Sarafina_. Esta monja era, pues, el _serafín_, o _Serafina_, que había

sido primero dulcísimo ruiseñor _del Tejo_. Y conviene añadir que al

practicarse tal búsqueda, con el inmejorable resultado que acabamos de

ver, las monjas de San Clemente, enteradas del objeto de ella, han

manifestado que por referencia venida de unas en otras saben que hubo en

su convento una cantora tan admirable, «que se llenaba la iglesia por

oírla, y a más, el compás, cundiendo por toda la ciudad sus elogios».]

[Nota 556: _Hipérbole,_ femenino hoy, fué masculino en otras

calendas. Tirso de Molina, en sus _Cigarrales de Toledo_: «Buscando

estoy comparaciones para las mexillas de quien ellas son _el hypérbole,_

y no las hallo....»]

[Nota 557: _Carcajadas de risa_, pleonasmo aun muy usado por el

vulgo, especialmente en Andalucía. También lo tiene Espinel en sus

_Relaciones de la vida del escudero Marcos de Obregón._]

[Nota 558: Como dice el léxico de la Academia, _señalado de la mano

de Dios_ es frase «con que se suele zaherir al que tiene un defecto

corporal».]

[Nota 559: Se dice _nacido en las malvas_ del que tuvo humilde

origen, y aun añaden tal cual vez _criado en las ortigas_. Góngora, en

una de sus letrillas burlescas:

«Al que pretende más salvas

y ceremonias mayores

que se deben por señores

a los Infantados y Albas,

siendo _nacido en las malvas

y criado en las ortigas_,

cinco higas.»]

[Nota 560: Por _limeta_ nunca se entendió _vaso_ sino genéricamente;

es y fué siempre _botella, redoma_. Oudin, en su _Tresor des devx

langues...: «Limeta, vne espece de phiole de verre comme ce que l'on

appelle á Paris un bocal_.» Y Franciosini, en su _Vocabolario_, la da

por equivalente de _guastada_ o _caraffa_.]

[Nota 561: Entre los vinos andaluces eran muy celebrados los de

_Alanís_ y _Cazalla_. Cervantes, en el _El Licenciado Vidriera: «_...

ofreció a Esquivias, _a Alanís, a Cazalla_, Guadalcanal y la

Membrilla....» Sería bien fácil citar veinte o más autores que celebran

estos vinos.]

[Nota 562: Como si dijera: _de moho que tiraba a cecina_. Quevedo,

en la _Visita de los chistes_: «Y diles a todos los _dones_ a teja vana,

caballeros chirles, _hacia hidalgos_ y casi dones, que hagan bien por

mi....» _Hacia_, así antepuesto, es menos que _semi_ y mucho menos que

casi, porque no denota sino tendencia ó dirección.]

[Nota 563: Llaman figuradamente _sacar la sardina con la mano del

gato_ a servirse de otro para que se arriesgue, o haga la costa, en

costa de nuestra utilidad.]

[Nota 564: De la proverbial valentía--o, mejor,

_valentonería_--sevillana dije en el discurso preliminar de mi edición

crítica de _Rinconete y Cortadillo_ (pág. 71): «Mas ¡también singular

cosa! con esa propensión al ocio coexistían, en los hombres de todas las

clases sociales, una altivez y un como orgullo, provenientes en mucha

parte de ser hijos de la magnífica ciudad, y aun de solo residir en

ella, que solían traducirse, cuando no en actos de ostensible valor, en

contiendas verbales llenas de interjecciones, pésetes, mentises e

hiperbólicas amenazas, en que ponía lo menos el propósito de hacer daño

a nadie, y ponían lo más la exuberancia de fantasía y la facundia

retórica que da pródigamente a sus naturales aquella noble y

privilegiada tierra.» Y añadí poco después: «Quien lo hereda, no lo

hurta, y como de herencia tenían los sevillanos aquel decoro, y aquella

noble arrogancia. «Todos, hasta los niños--escribía el bachiller Luis de

Peraza, cabalmente hacia el año referido (1540)--, presumen de hombres,

y andan con sus «espadicas» a los lados, y aun se las pegan a las veces

con «el diablo». Con razón, pues, decía Castillo Solórzano en _La

Garduña de Sevilla y anzuelo de las bolsas_, capítulo III: «... demás

desto era un poco dado a la valentía, cosa en que pecan todos los más

hijos de Sevilla que se crían libres como este que decimos». No había,

pues, de ser una excepción de la regla la pobrería hispalense.]

[Nota 565: Aquí parece aludir el Cojuelo a las seguidillas y

villancicos en que los ciegos solían burlarse de él, como dije en nota

del tranco VI (158, 4)[383].]

[Nota 566: _Hasta a los lirones_, quiere decir.]

[Nota 567: _Carril_ o _carrillo_ llaman en Andalucía a la garrucha

por donde pasa la soga con que se saca el agua del pozo; y para que el

eje, que es de hierro, no se entorpezca con las lluvias, suelen cobijar

la tal polea con una esportilla de palma o un sombrerillo viejo. Uno de

ese jaez era el que lucía el Duque.]

[Nota 568: No he logrado hallar explicación a esto de llamar el

Sargento a un mendigo «porque tenía un brazo menos». Creo que ha de

referirse alguna insignia (lazo, capona, o cosa semejante) que los

sargentos llevarían en un solo brazo. Con todo, a más señores.]

[Nota 569: El andar arrastrando, por solo ello, no explica el por

qué del mote de este marqués. Le llamaban Marqués de los Chapines porque

para andar se ayudaba de las manos, calzados en ellas unos chapines

viejos. Así dice Vélez poco después (265, 12). «Entonces el Conde [es

errata, por _Marqués_], metiendo las manos en los chapines....»]

[Nota 570: _Vusía,_ contracto de _vuestra señoría._ Falta en el

_Diccionario_ de la Academia, que registra, entre otros, _vueseñoría,

useñoría y usiría._]

[Nota 571: Recuérdese lo dicho en nota del tranco IV a propósito de

la frase _demonios a las veinte_ (89, 18)[244].]

[Nota 572: Pérez y González recuerda que estos dos ríos eran famosos

por lo sucios y mal olientes, tanto, que Salas Barbadillo, en una jácara

inserta en su novelita picaresca titulada _La Ingeniosa Elena, hija de

Celestina_, pone asimismo juntos sus nombres, «como en competencia de

suciedad»;

«A Valladolid la rica,

con quien el sol suele hacer

tal divorcio, que el invierno

de sus ojos no le ve,

donde _el espeso Esguevilla,

émulo de Zapardiel,

portador de malas nuevas

para las narices es_....»

Y pregunta Pérez y González: «Al decir Vélez de Guevara que la Berlinga

había sido _senda de Esgueva a Zapardiel_, ¿quería referirse a la

distancia que media entre ambos ríos, o quería indicar que aquella pobre

mendiga era sucia en extremo, como si hubiera reunido la suciedad de

Zapardiel y de Esgueva?» A mi parecer, con todo ello quiso decir de esta

pordiosera que era tan sucia como larga, aun llamándose la Berlinga.]

[Nota 573: _Paulina_, como dice el _Diccionario_ de autoridades, es

«la carta o edicto de excomunión que se expide en el Tribunal de la

Nunciatura, u otro Pontificio. Llamóse assi porque en tiempo del papa

Paulo III tomó fuerza la costumbre de estos edictos. Por extensión se

dice por el conjunto de palabras injuriosas con que uno zahiere a

otro».]

[Nota 574: _Palabra preñada_, según el _Diccionario_ de autoridades,

es «el dicho que incluye en si más sentido del que manifiesta, y se dexa

al discurso del que lo oye».]

[Nota 575: Hoy lo diríamos con más clara sintaxis: «hubiera entre

pobres y pobras un paloteado de los diablos». Esta pobrería lisiada y

mendigante, por serlo, nunca podría menos de parecerse mucho a la que

esbozó Quevedo en su _Boda de pordioseros_ (Musa V):

«...Quando por una calle

el Manquillo de Ronda

entró, dando chillidos,

recogiendo la mosca:

«Denme, nobles cristianos,

por tan alta señora,

ansí nunca se vean,

su bendita limosna.»

Columpiado en muletas

y devanado en sogas,

Juanazo se venía

profesando de horca.

En un carretoncillo,

y al cuello unas alforjas,

Pallares, con casquete

y torcida la boca,

y el Ronquillo a su lado,

fingiendo la temblona,

cada cual por su acera

desataron la prosa,

y levantando el grito,

dijeron con voz hosca

lo del aire corruto

y aquello de la hora.

Con sus llagas postizas,

Arenas el de Soria

pide para una bula,

que eternamente compra.

Romero el estudiante,

con sotanilla corta,

y con el _quidam pauper_,

los bodegones ronda.

Con niños alquilados,

que de continuo lloran

a poder de pellizcos,

por lastimar las bolsas,

la taimada Gallega,

más bellaca que tonta,

entró de casa en casa,

bribando la gallofa....»]

[Nota 576: Como dice el _Diccionario_ de autoridades, se llamaba

_particular_ «la comedia que se representa por los farsantes fuera del

theatro público». Agustín de Rojas decía en _El Viaje entretenido:_

«Hacen _particulares_ a gallina asada, liebre cocida, cuatro reales en

la bolsa, dos azumbres de vino en casa, y a doce reales una fiesta con

otra». Y Quiñones de Benavente, en el _Baile de los Zarrapastrones_:

«BRAS. Prega a Dios que no seais Menga

con quien los poetas anden

de día con las comedias,

de noche en _particulares_.»]

[Nota 577: _Para pagarlo de bonete_, esto es, de la limosna que para

ello se recogiera entre la pobrería; _echando_, como dicen, _un

guante._]

[Nota 578: Entre personas principales era cosa muy frecuente el

jurar por la vida del cónyuge--así, verbigracia, la Duquesa en el

_Quijote_ (II, 31)--, y Vélez, donosamente, pone tal juramento en boca

de este Duque de los Andrajos.]

[Nota 579: En la pretina o cinto solían llevar la vara los

alguaciles, para tener desembarazadas y libres entrambas manos. Lo mismo

hacen los arrieros, como dice esta copla popular:

«Echemos la despedida,

la que echan los harrieros:

_con la vara en la cintura_,

«¡Harre, borrico platero!»]

[Nota 580: _Por iglesia_, en una de sus acepciones, se entiende el

refugio, favor e inmunidad que da a quien se vale de su sagrado.

Dijeron, pues, _pedir iglesia_ a alegar esa inmunidad, bien por estar

acogido a lugar que tenía ese privilegio, o bien por haber sido sacado

de él por fuerza. Pero como a todo criminal a quien detenía la justicia

importaba mucho hacer entender que tenía ganado el derecho de asilo, por

estar, o haber estado, acogido, era frecuente el _llamarse Iglesia,_ es

decir, el empeñarse en no responder otra palabra que _Iglesia_ a cuanto

le preguntaban. Quevedo, en una de sus jácaras:

«Tienen gran tirria conmigo

los confesores de historias;

mas sólo _iglesia me llamo_

pueden hacer que responda.»

Y Lope de Vega, en el acto III de _El Alcalde mayor_, donde Rosarda hace

llamar a Dinardo, que está preso en la cárcel, y cuando le traen con

grillos, dicen:

«ROSARDA. ¿Conocías a Camilo?

DINARDO. _Iglesia_.

ROSARDA. (Pluguiera a Dios

que nos viésemos los dos

a su puerta.) ¡Lindo estilo

de delincuentes! El día

que al campo salió contigo,

¿no llevabas otro amigo?

DINARDO. _Iglesia_.

El Diablo Cojuelo · 第 44 / 54 题