Lector amigo: yo he escrito este discurso, que no me he atrevido a
llamarle libro, pasándome de la jineta de los consonantes[49] a la brida
de la prosa, en las vacantes que me han dado las despensas[50] de mi
familia y los autores de las comedias por su Majestad[51]; y como es _El
Diablo Cojuelo_, no lo reparto en capítulos, sino en trancos[52].
Suplícote que los des en su leyenda[53], porque tendrás menos que
censurarme, y yo que agradecerte[54]. Y, por no ser para más[55] ceso, y
no de rogar a Dios que me conserve en tu gracia.
De Madrid, a los que fueren entonces del mes y del año, y tal y tal y
tal[56].