(Seth Doolittle, propietario del Hotel de la Rosa, en
Montmorency, tiene el honor de prevenir al público que, durante
toda la buena estacion, los enamorados que se apeen en su casa
no pagarán mas que la mitad del precio).
--¿Por qué esta escepcion,? pregunté yó.
--Amigo, respondió el hombrecillo, cruzando las manos sobre su vientre y
dirijiendo sus ojos al cielo, nada hay mas bello ni mas respetable que
el amor. Poned á un jóven delante de un vestido blanco y de dos bucles
negros que se ajiten al viento y se sentirá tan celestial, de tal manera
eterizada, que en toda la semana no descendará nunca á probar el asado.
Es un robo hacer pagar el precio comun á esos ánjeles del cielo que no
examinan jamás la cuenta; mi conciencia se opone á esa iniquidad.
--Ese escrúpulo te honra, dijo el exelente Humbug, mordiéndose los
lábios. Pasemos á la segunda insercion: