LIVERPOOL--ALGODONES--ALZA DE 20%.

_Puerco salado (Cleveland) se piden 4,000 barricas á 14 dollars._

A los agricultores--ocasion única.

Cuatro hermosos _asnos de Italia_, padres de primera clase.

Dirijirse á MM. Ginocchio hermanos. 70. William-Street.

--Pueblo de mercaderes! esclamé mostrando el puño á los pasantes,

raza grosera que hace marchar revueltos y al mismo paso los negocios,

los sentimientos, el algodon y las ideas--doy gracias á Dios de no

pertenecerte. Viva el pais del ideal, viva la Francia, que se la arrastra

siempre con una palabra sonora, la Francia que, alabado sea Dios! no

piensa jamás en sus intereses sino cuando es demasiado tarde! Nuestra

locura vale mas que la prudencia de estos Yankees; nuestra pobreza es mas

noble que su riqueza. Cuatro asnos de Italia, y el precio del puerco, hé

ahi las grandes noticias de Europa para estos colonos ignorantes! Y ni

palabra de Francia, de las nuevas modas, del baile de la Corte, de la

última novela, del último _vaudeville_. Pálidos vándalos, no tengo para

vosotros sino desprecio.

A la vez que daba libre curso á mi justa cólera, no queria dejar de dar

las gracias al periodista que el dia anterior habia hablado de mi. Fuese

quien fuera aquel folletinista, no me convenia deberle una atencion.

Honrarlo con mi visita, era quedar á mano con él.

Entré en una casa de poca apariencia, que tenia por toda muestra

una placa de cobre, clavada en la pared, y sobre la cual se leia:

PARIS-TELEGRAPHE, _Truth, Humbug y Ca. propietarios. directores_. Una

puerta de sarga verde estaba frente á mi, la empujé y me encontré en

presencia de un hombrecillo vestido de negro y abrochado hasta el cuello:

era M. Truth. Sentado delante de un escritorio de jacarandá, tenia en la

mano unas tijeras enormes, cortaba largas tiras de papel de un diario

inglés y las echaba á una especie de buzon de cartas que comunicaba con

la imprenta. Era la redaccion á bajo precio.

--Qué quereis, Señor?--preguntóme sin levantar la cabeza, ni interrumpir

su trabajo.

--Señor, le dije con voz grave y reposada, soy el doctor Daniel Smith,

bombero de la séptima compañía, el mismo cuyo elojio habeis tenido la

bondad de hacer en vuestra hoja de ayer.

--Bien, dijo el periodista continuando sus recortes--¿Qué quereis?

--Daros las gracias, señor: pagar la deuda de agradecimiento.

El hombre miróme con aire sorprendido.

--No me debeis nada, doctor. Publicando vuestra bella accion, he hecho mi

oficio; y me habeis valido ayer mas de doscientos dollars. No me debeis

pues, ningun favor.

Con lo que continuó su trabajo, sin invitarme siquiera á tomar asiento.

--Señor Truth, le dije en tono seco y digno, no me ocupo de los motivos

que os hayan hecho obrar ayer. Me habeis hecho un servicio, soy, y me

reconozco vuestro deudor.

Iba á salir cuando levantó de nuevo la cabeza y fijó en mi sus grandes

ojos negros, cuya espresion dolorosa me hirió.

--Doctor, dijo con voz jadeante, si tratais absolutamente de chancelar

una deuda imaginaria--la ocasion se os presenta. Decidme con toda

sinceridad de qué enfermedad sufro, y cuanto tiempo me queda de vida:

Se levantó, púsose la mano sobre el corazon y se detuvo de repente. Una

asma violenta le oprimia. Le tomé el pulso, escuché su respiracion--le

ausculté--Tenia síntomas que no permitian engañarse.

--Doctor, me dijo Truth, os pregunto la verdad. Cuando se tiene,

como yo, la costumbre de decirla á todo el mundo, se tiene la fuerza

suficiente de escucharla por su cuenta. Tengo necesidad de saber en que

estado me encuentro.

--Teneis, le respondí, una enfermedad al corazon, que está lejos de ser

incurable. Los cigarrillos de stramonio os aliviarán. Pero si quereis

sanar, os son necesarios, el aire puro, la vida tranquila, el descanso

del alma y del cuerpo, cosas todas que no se encuentran en la oficina de

un diario.

--Gracias, doctor, me dijo:--vuestra opinion es la misma que mi

médico me ha dado esta mañana. Es necesario renunciar á las fatigas

de mi profesion; sea, cuanto mas pronto, mejor. Un Yankee nunca mira

atrás.--Doctor, compradme mi diario. Os vendo mi parte por veinte mil

dollars; en seis meses los habreis ganado--¿Aceptais?--

--Peste! esclamé, lijero andais!

Periodista yo! es un honor en el que no he pensado jamás.

--Pensad en él--Para un hombre de bien, es la primera de las

posiciones.--Hay nada mas bello que guiar á sus hermanos por la senda de

la justicia y de la verdad!

Periodista, es un papel que no se estima de lejos, pero que de cerca,

no sé porqué todos quieren ensayarlo. Los periodistas son de la misma

familia de los comediantes: se les desdeña y se les envidia. Estos

jitanos tienen ingenio; frotándose con ellos, uno se encuentra menos

paisano.

No hay una sola mujer hermosa que no sienta placer en acercarse á

las grandes coquetas: no hay un solo hombre de Estado que, en un

momento dado, no lisonjée á los folletinistas, si no es que se enrola

modestamente entre los hacedores de diarios. A pesar mio, la proposicion

de Truth haciale cosquillas á mi vanidad; la idea de dirijir la opinion

me sonreia. Un hombre como yo tiene tantas cosas que enseñar á esa masa

ignorante y estúpida que se llama público! Solo el sentimiento de mi

dignidad me impedia ceder á esta locura.

--Dirijir un diario, dije á mi enfermo es cosa muy dificil, para quien no

ha nacido en esta industria.

--No, nada mas sencillo. Sentaos ahí, cerca de mí, permaneced durante dos

horas, y poseereis el secreto del oficio. En el fondo todo se reduce á

una sola regla de conducta: decir la verdad, nada mas que la verdad, toda

la verdad.

La curiosidad venció? Me eché en un gran sillon de cuero amarillo,

puse el baston entre mis piernas y apoyé mi brazo enfermo sobre la

empuñadura; una vez instalado, abrí mi tabaquera que habia dejado sobre

la mesa y mirando á Truth:

--Mi querido Arístides, le dije, vuestra divisa es bella; pero, aquí para

entre nosotros, no lo es demasiado? En materia de periodismo, yo creia

que la mentira era la regla, y la verdad la escepcion.

--¿Dónde habeis visto eso, doctor maquiavélico? En la vieja Europa,

quizá? En España, en Rusia, en Turquia; en todas partes donde la prensa

es un monopolio en manos del gobierno, los pobres periodistas tienen

permiso para no decir palabra durante seis dias, á condicion de mentir

oficialmente el séptimo; pero en un pais de libertad, en el que cada cual

puede pensar lo que quiere, é imprimir lo que piensa, de qué serviria la

mentira? La verdad es nuestra mercancia, lo que nos compra el público.

Mentir es perder nuestro crédito y arruinarnos vergonzosamente. Nosotros

podemos tener todos los vicios, menos uno. Ved _el Times_ inglés: es

inconstante, injurioso, violento; pero embustero, nunca! Sorprendido en

flagrante delito de mentira, su propietario perderia una renta de cien

mil dollars. No es uno vicioso á ese precio: uno es verídico por cálculo

y virtuoso por interés.

No me alucinaba esta virtud americana. Buscaba una respuesta, cuando

apercibí un hocico de garduña que atravesaba la puerta. Era mi honorable

compañero de armas y vecino el _sollicitor_[17] Fox, que se aproximó

deslizándose sobre el pavimento y nos dió la mano afectuosamente.

--Buenos dias, querido Truth, dijo al periodista sonriéndole. Vengo de

parte de M. Little, el banquero, á conversar con vos de un gran negocio.

Hay dos mil dollars de ganancia para el diario, dos mil dollars, repitió,

acentuando cada sílaba.

--Bien, respondió friamente el periodista; eso corresponde á mi socio.

Tocó la campanilla. Una puertecita se abrió dando paso, no sin trabajo, á

un hombron, á quien su cuerpo enorme, su cabeza calva, sus grandes orejas

y sus dientes delanteros, daban el aspecto de un elefante vestido.

--Buenos dias, doctor Smith, esclamó reventando de risa, buenos dias, os

reconozco por vuestro brazo en cabrestillo. ¿Qué decís de mi tablero de

ayer, querido Cincinato? ¿No valía el de hoy? Truth, los cuatro asnos

están vendidos; Ginocchio nos escribe que suprimamos el aviso. Buenos

dias, Fox, sois tan delgado que os tomaba por la sombra del doctor.

Vosotros los SOLLICITORS, teneis la conciencia tan tierna que los

escrúpulos os enflaquecen. ¿Qué nos traeis?

--Hé aquí de lo que se trata, dijo Fox, mediocremente lisonjeado por

los agasajos de M. Humbug. La casa Little hace un pequeño empréstito

mejicano; diez millones para comenzar. Las acciones son de doscientos

dollars cada una, emitidas á ciento sesenta y reembolsables á la par por

sorteo anual. Diez por ciento de interés y veinte por ciento de beneficio

sobre el capital; es un lindo negocio!

--Para Little, dijo Humbug riendo. Y necesitais anuncios: _Mundus vult

decipi, ergo decipiatur_.[18] Estad tranquilo Fox, os daremos un bonito

lugarcito en el diario. Entre los unguentos de Holloway y las píldoras de

Morrison, vuestro empréstito mejicano será una maravilla.

--Venia para arreglar con vosotros el precio, dijo Fox.

--¿Y sois vos quien pedís la tarifa de los avisos? Un centavo[19] por

palabra, un dollar por cien palabras; en este bosque comun, se _charla_ á

precio fijo, lo sabeis bien....

--Perdon, querido Humbug, respondió Fox guiñando el ojo, me habeis

comprendido mal. Cuando hablaba del precio, no era en la tarifa en lo

que pensaba. Little desearia que el proyecto de esta suscripcion útil

y patriótica fuera insertado en el cuerpo del diario, á fin de que no

tuviese aspecto de aviso. Pagaremos lo que sea necesario. ¿Me comprendeis?

--Lo temo, maese zorro, respondió el hombre sin dejar de reir. Pero como

dice el viejo Plauto:

_Stultitía est venatum ducere invictos canes._[20]

Os habeis levantado demasiado tarde mi buen Fox. De este lado del agua

no se coje á los zonzos en un lazo tan grande; eso está bueno para los

inocentes del otro mundo. Por lo demás, desde que no se trata ya de los

avisos, dirijios á mi socio. ¿Habeis comprendido lo que se nos pide, mi

querido amigo?

--Perfectamente, respondió Truth con voz acentuada. M. Little tiene

necesidad de mi honor para colocar su empréstito; y me hace preguntar á

qué precio me vendo.

--Truth, querido mio, tomais mal las cosas, dijo Fox en tono insidioso:

sois mas puritano que los peregrinos de Plymouth. No os pedimos mas

que lo que otros diarios nos han prometido; _el Lince_, _el Sol_, _la

Tribuna_, recomendarán nuestro empréstito; así lo espero, al menos:

estamos en trato.

--Puesto que teneis esos diarios, dijo Truth, por qué habeis venido? ¿Que

necesidad teneis de mí?

--Por una razon muy sencilla, mi excelente amigo, dijo Fox con

voz almibarada. En la Bolsa, no se tiene confianza mas que en el

_París-Telegraphe_; es muy natural que tratemos de ponerlo de nuestra

parte. Haremos cuanto sacrificio sea necesario para conseguirlo.

--Señor Fox, esclamó el periodista pálido de emocion, aquella es la

puerta.

--Soy vuestro servidor, señor Truth, dijo el procurador desapareciendo.

--No soy el vuestro, respondió mi cliente. Mañana sabré lo que es ese

empréstito y lo diré.

--Mi querido señor, le dije con la autoridad de mi profesion: agravareis

vuestra enfermedad, no corrijireis á nadie y os hareis de enemigos

mortales.

--Los enemigos son nuestra gloria. Somos soldados: nuestro puesto está en

el fuego.

Diciendo esto se tomó el pecho con ambas manos y se torció en el sillon.

--Doctor, esclamó Humbug, socorredle; no veis que se sofoca? Puede uno

darse semejantes emociones por esta canalla humana! Truth, perro egoista!

os matais adrede para arruinarme á mi, vuestro viejo amigo. Veamos,

miradme.

Truth le tendió la mano sonriendo tristemente. Apesar mio, sentí cierta

lástima por aquel pobre jitano que sacrificaba su vida al mas quimérico y

al mas deplorable de los oficios.

Paris en América · 第 31 / 109 题