Late en tus ojos dulces la armonía
del que sabe de un Sér ordenador
sobre las cosas. Tu filosofía
no conoce la duda y su negror.
Hay calma en tu mirar de terciopelo:
y es que todos los días logras ver
en el repuesto asilo de tu cielo
la propia faz de tu Supremo Sér.
Conoces unos genios tutelares
que te juzgan y dan fallo diverso,
castigo ó premio, el palo ó los yantares...
Has hallado un sentido al universo.
¿Lo has hallado? ¿Ó es sólo cobardía
que te dobla del hombre á los antojos
y hacia él te arrastra, un día y otro día,
ágil la cola y húmedos los ojos?
No lo sé. Y así siendo, perro mío,
te otorgo la caricia de mi mano,
por humilde, por falto de albedrío,
por servil, por cobarde, por humano.