De lo que aconteció aquella misma noche en Granada.
Farax-Aben-Farax, con seis mil monfíes, habia emprendido aquella tarde,
cumpliendo la órden del emir, su marcha sobre Granada.
Pero estaban tan difíciles los pasos de la sierra, que para llegar á la
media noche se vió obligado á elegir los mas prácticos en el terreno,
los mas hábiles y los mas fuertes y con solo trescientos hombres tomó á
buen paso el camino de la ciudad.
Pero no llegó tan pronto que no pasase con mucho la hora de la media
noche, y las gentes de la ciudad tuvieron tiempo para ir á las iglesias
á oir la misa del gallo, y volver tranquilamente á sus casas.
Aunque los moriscos del Albaicin estaban prevenídos y todo lo tenian
preparado, no se atrevieron á moverse por sí solos, porque,
amedrentados, querian que se lo diesen hecho todo los monfíes.
Por otra parte la tardanza de estos empezaba á desanimarlos.
Contaban ademas con ocho mil moriscos del valle de Lecrin, del partido
de Orgiva y de las alquerías de la Vega, y ni un solo emisario de estos
se habia presentado. En un lugar de la sierra que se llama Cenes, debian
esperar ocultos en un cañaveral dos mil hombres, y tambien faltaron:
estos hombres mandados por los walíes de la montaña el Partal y el Nacoz
debian acometer la Alhambra, y escalar la parte que corresponde á
Generalife, para cuyo efecto se habian fabricado en los lugares de Dudar
y Quentar diez y siete escalas grandes de esparto, por cuyos anchos
travesaños de madera podían subir á un tiempo tres hombres: la longitud
de estas escalas se habia hecho con arreglo á la altura de los muros,
cuyas medidas habia dado un morisco albañil llamado maese Francisco
Aben-Edem, y los moriscos del Albaicin debian acudir con sus capitanes á
la primera señal.
Lo que debian hacer estos capitanes era lo siguiente:
Miguel Acis, con las gentes de las parroquias de San Cristóval, San
Gregorio el Alto y San Nicolás debia acudir á la puerta de Frex-el-Leux,
ó de Fajalanza con un estandarte de damasco carmesí con lunares de plata
y flecos de oro: Diego Niquelí, el mozo, con las gentes de San Salvador,
Santa Isabel de los Abades y San Luís, y una bandera de tafetan
amarillo, á la plaza de Bib-al-Bonut, y Miguel Mozagaz con la gente de
San Miguel, San Juan de los Reyes, y San Pedro y San Pablo, y una
bandera de damasco azul turquesado, á la puerta de Guadix.
Lo primero que debian hacer los de esta parte, era pasar á cuchillo á
los cristianos que vivian en el Albaicín, y, dejando une guardia en
aquellos lugares, acometer despues la ciudad por tres partes, y al mismo
tiempo la fortaleza de la Alhambra.
Los de la puerta de Frex-el-Leux, debian bajar al campo del Triunfo por
fuera de los muros, ocupar el Hospital Real, acometer la puerta de
Elvira, entrar por ella, matando á los cristianos que encontrasen,
forzar la cárcel de la Inquisicion, y soltar los moriscos presos en
ella.
Los de la plaza de Bib-al-Banut, debian bajar por la cuesta de Alacaba,
dando por la calle de la Calderería en la cárcel de la ciudad, poniendo
libertad á los moriscos, y yendo despues á las casas del arzobispo y
procurando prenderle ó matarle.
Los de la puerta de Guadix debian bajar por la ribera del Darro,
acometer las casas de la Audiencia Real, y prender al presidente don
Pedro de Deza, yendo despues á reunirse todos á la plaza de Bibarrambla
donde debian acudir tambien los ocho mil hombres del valle de Lecrin,
del partido de Orgiva y de la Vega.
La ciudad debia ser entregada al degüello, al saqueo y al incendio.
Teníase sospechas de que los moriscos tramaban algo; pero como no
hubiese un solo traidor entre ellos, ni se conocía su plan, ni se sabia
el dia de la rebelion, ni aun se creia que pudiese ser, á pesar de que
en Granada habia muy poca gente de armas y casi ningun pertrecho.
El marqués de Mondéjar don Iñigo Lopez de Mendoza, habia escrito al
consejo del rey pidiendo hombres, y su peticion se habia desatendido
hasta tal punto, que si los moriscos llegan á poner en práctica su plan
concertado, hubiera sido horrible lo que hubiera acontecido en Granada
la Noche Buena de 1568.
Todo consistió en esperar los unos la resolucion de los otros: Farax
Aben-Farax confiando en las gentes del Albaicin y necesitando aprovechar
el tiempo, creyó que le bastaba presentarse en el Albaicin con los
trescientos monfíes que llevaba, y tanto anduvo, que á pesar del
temporal, de lo oscuro de la noche y de lo intransitable de la sierra,
llegó á Granada á la una de la noche, y tomando de los molinos que estan
junto al rio Darro los picos y herramientas que habia de ellos, llegó á
un muro que en aquellos tiempos existia aun, y del cual solo quedan hoy
algunos restos, y abriendo con los picos un portillo que estaba tapiado
por cima de la puerta de Guadix, entró por lo alto del barrio de
Raab-Albayda, en el Albaicin, dejando veinticinco monfíes de guardia en
el portillo, y haciendo que los restantes se pusieran bonetes encarnados
y tocas blancas para parecer turcos, se fué á la casa que tenia en
Granada junto al convento de Santa Isabel de los Abades, y llamó á los
principales moriscos con quienes estaba concertado el alzamiento.
[imagen: Harum-el-Geniz.]
--¿Qué es esto, les dijo? acabo de entrar en la ciudad y la encuentro
tranquila, desiertas y silenciosas las calles, y hasta las rondas
metidas en sus casas. ¿Qué es lo que pensais hacer? La Alpujarra se ha
levantado, y en estos momentos los cristianos son degollados é
incendiadas sus haciendas: vosotros solos estais en silencio y
acobardados.
Disculpáronse los llamados con que nadie les habia acudido.
--Los ocho mil hombres que deben venir del Valle y de la Vega, dijo
Farax, y los capitanes de las parroquias del Albaicin estan prevenidos.
Pero es necesario que vosotros los ricos y los respetados les deis los
primeros el ejemplo, no mostrándoos cobardes y débiles. Que para esto he
venido yo.
--Has venido con muy poca gente, dijo Abul-ben-Eden, y te perderás:
nosotros no queremos perdernos mas de lo que estamos. Los primeros que
nos han faltado son los monfíes.
--¡Cómo! exclamó irritado Farax; me habeis hecho perder mi casa, mi
familia y mi hacienda, y darme á la sierra, solo por la libertad de la
patria, y ahora que llegamos al punto del combate, los que mas debiais
favorecernos y ayudarnos os echais fuera del peligro, como si hubiese
otra salvacion que la guerra, ó como si despues de lo que hemos hecho
esperasemos alcanzar perdon de los cristianos! antes debiais haberlo
pensado: pero ya que sois tan miserables y tan cobardes, yo, yo solo con
los que tengo, haré que el Albaicin se levante ó perezcais todos los que
estais en él.
Y rugiendo en cólera se salió de su casa antes del amanecer, llevando
los trescientos monfíes en dos cuadrillas, y por la calle de
Raab-Albayda se encaminó á la plazuela que está delante de la colegiata
del Salvador, donde le dijeron que habia una guardia de seis ú ocho
soldados.
Cuando llegaron á la plazuela los monfíes que iban delante, se
detuvieron á esperar la llegada de los otros, porque vieron un soldado
que se paseaba por la plazuela haciendo centinela, y cuando sintió el
ruido de los pasos de los monfíes que subian por Raab-Albayda, creyendo
que era la ronda del corregidor, se fué hácia los monfíes con la mano
puesta en la espada y echándola de valiente y cuando estaba cerca de
ellos les dió el ¿quién vive?
La contestacion de los monfíes fue disparar sobre él las ballestas que
llevaban armadas, hiriéndole en un muslo.
El soldado dió á huir hácia el lugar donde sus compañeros dormian
descuidadamente alrededor de una hoguera, y empezó á dar gritos y á
llamar al arma.
Los monfíes cargaron sobre los soldados, que aturdidos con el sueño, no
pudieron levantarse tan pronto que no dejasen dos hombres muertos,
llevando consigo otros dos heridos.
Siguiéronlos los monfíes por unas callejuelas estrechas hasta la plaza
de Bib-al-Bonut, donde en aquellos tiempos estaba el convento de los
Jesuitas: llamaron é insultaron al jesuita Albotodo, que era morisco, y
no pudiendo forzar la puerta que era muy fuerte, arrancaron una cruz de
madera que estaba clavada sobre ella y la hicieron pedazos.
La otra cuadrilla de monfíes, capitaneada por el walí Nacoz, tomó desde
la plazuela del Salvador á la derecha, llegó á la Plaza Larga, derribó
la puerta de una botica que era de un familiar del Santo Oficio, llamado
Diego de Madrid, y no habiéndole encontrado dentro, le robaron é
hicieron pedazos botes, redomas, armarios, cuanto encontraron, y luego
pasaron el portillo de San Nicolás, situado junto á la puerta mas
antigua de la alcazaba Cadima, y saliendo á la plazuela de la iglesia,
desde donde se ve enteramente la Alhambra, el barrio del Hajeriz y gran
parte de la ciudad, empezaron á tocar la zambra con sus dulzainas y
atabalejos, y á decir á grandes voces:
--No hay mas Dios que Dios y Mahoma su mensajero: todos los moros que
quisieren vengar las injurias que los cristianos han hecho á sus
personas y ley, vénganse á juntar con estas banderas, porque el rey de
Argel y el Xerife, á quien Dios ensalce, nos favorecen y nos han enviado
toda esta gente, y la que nos está aguardando allí arriba. Ea, ea,
venid, venid, que ya es llegada nuestra hora y toda la tierra de los
moros está levantada[26].
Los cristianos escucharon aterrados este pregon, porque temian lo que no
sucedió: esto es: que se levantanse los moriscos del Albaicin: en vano
Farax-Aben-Farax y Nacoz y el Niqueli, repitieron sus pregones: ni un
solo morisco salió á la calle.
Entre tanto las campanas de la Colegiata del Salvador tocaban
apresuradamente á rebato, y empezaba á extenderse este toque á las
torres de las demás parroquias.
Desesperado Farax, y viendo que ya amanecia, que nadie le ayudaba, y que
no llegaba el grueso de los monfíes, se decidió á abandonar la ciudad.
Al pasar ya en retirada con sus dos cuadrillas por la calle de los
Panaderos, se abrió una ventana y apareció un viejo.
--¿Cuantos sois? preguntó á Farax.
--Seis mil contestó, el alguacil mayor del reino.
--Venís pocos y venís tarde; exclamó el viejo con desprecio, y cerró la
ventana.
Salióse ya enteramente desesperado Farax por el portillo por donde habia
penetrado en el Albaicin, y antes de retirarse definitivamente quiso
probar el último recurso, y subiendo al cerro de San Miguel hizo dar
desde su cumbre otro pregon, y como nadie le contestase tampoco, gritó
con todas sus fuerzas como si hubiera querido que le oyesen todos los
moriscos del Albaicin:
--¡Perros! ¡traidores! ¡cobardes! ¡que nos habeis engañado y no cumplis
lo prometido! ¡quedaos en paz! ¡pero yo os juro que si vuelvo será para
degollaros lo mismo que á los cristianos!
Y seguidamente, rugiendo como un leon herido, se precipitó con sus
trescientos monfíes por la ladera del cerro, y subiendo por el rio Darro
tomó el camino del lugar de Cenes.
Solo Dios sabe lo que hubiera acontecido aquella noche, si los moriscos
del Albaicin se hubiesen levantado á la voz de Farax, ó si hubiesen
llegado los restantes monfíes, que á causa de la nieve no pudieron
atravesar la sierra.