Cómo va la Lozana en casa de un gran señor, y pregunta si por dicha
le querrian rescebir uno de su tierra que es venido, y posa en su
casa.
_Loz._ Decime, señores, ¿quién tiene cargo de tomar mozos en casa
deste señor?
_Palafrenero._ Voto á Dios que es vuestra merced española.
_Loz._ Señor, sí; ¿por qué no? ¿soy por ventura tuerta ó ciega? ¿por
qué me tengo despreciar de ser española? muy agudillo salistes, como
la hija del herrero que peyó á su padre en los cojones; tornaos á
sentar.
_Palaf._ Señora, teneis razon.
_Escudero._ Señora, si no le pesa á vuestra merced, ¿es ella el mozo?
que todos la tomarémos.
_Loz._ Por Dios sí, que á vos busco yo, sé que no soy lecho que me
tengo de alquilar.
_Badajo._ No lo digo por tanto, sino porque no veo venir ninguno con
vuestra merced, pensé que queríades vos, señora, tomarme á mí por
servidor.
_Loz._ Déxese deso hoy, respóndame á lo que demando.
_Otro._ Señora, el maestro desta lo tomará, que lo ha menester.
_Loz._ Señor, por su vida que me lo muestre.
_Bad._ Señora, agora cavalgo, si lo quiere esperar, éntrese aquí y
hará colacion.
_Loz._ Señor, merced me hará, que cuando venga ese señor me lo envie
á mi casa, y allí verá el mozo si le agradáre, que es un valiente
mancebo, y es estado toda su vida rufian, que aquí ha traido dos
mujeres, una de Écija, otra de Niebla; ya las ha puesto á ganar.
_Otro._ ¿Dónde, señora, en vuestra casa?
_Loz._ Señor, no, mas ahí junto.
_Señor de la casa._ ¿Quién es esta mujer? ¿qué busca?
_Escudero._ Monseñor, no sé quién es, ya se lo queria demandar.
_Monseñor._ ¿Etate espagnola?
_Loz._ Monseñor, soy buena hidalga y llámome la Lozana.
_Mons._ Sea enhorabuena; ¿sois de nuestra tierra?
_Loz._ Monseñor, sí.
_Señor._ ¿Qué os place desta casa?
_Loz._ Monseñor, el patron della.
_Mons._ Que se os dé, y más, si más mandáredes.
_Loz._ Beso las manos de vuestra señoría reverendísima, quiero que me
tenga por suya.
_Mons._ De buena gana, tomá, y venínos á ver.
_Loz._ Monseñor, yo sé hacer butifarros á la ginovesa, garafurias, y
albóndigas, y capirotada, y salmorejo.
_Señ._ Andá haceldo, y traérnoslo vos misma mañana para comer,
¡cuánto tiempo há que yo no sentí decir salmorejo! déxala entrar
mañana cuando venga, y vay tú allá, que sabrás compralla lo
necesario, y mira si ha menester cualque cosa, cómprasela, ¡oh qué
desenvuelta mujer!
_Despensero._ Señora, si quereis cualque cosa, decímelo, que soy el
despensero.
_Loz._ Señor, solamente carbon, y será más sabroso.
_Despens._ Pues, ¿dó morais? y enviaros he dos cargas por la mañana.
_Loz._ Señor al Burgo do moraba la de los Rios, si la conocistes.
_Despens._ Señora, sí, esperá un poco y tal seréis vos como ella,
mas sobre mí que no compreis vos casa, como ella, de solamente
quitar cejas y componer novias; fué muy querida de romanas, ésta fué
la que hacia la esponja llena de sangre de pichon para los virgos,
esto tenía que no era interesal, y más ganaba por aquello, y fué
ella en mejor tiempo que no esta sinsonaderas, que fué en tiempo
de Alejandro VI, cuando Roma triunfaba, que habia más putas que
frailes en Venecia, y filósofos en Grecia, y médicos en Florencia, y
cirujanos en Francia, y maravedís en España, ni estufas en Alemaña,
ni tiranos en Italia, ni soldados en campaña, y vos siempre mozo, ¿no
la conocistes? pues cualque cosa os costaria, y esta Lozana nos ha
olido que ella os enfrenará, á mí fidamani; miralda que allí se está
con aquel puto viejo rapaz.
_Balij._ Si la conozco, me dice el borracho del despensero, yo fuí
el que dormió con ella la primera noche que puso casa, y le pagué la
casa por tres meses. Por vida de monseñor mio, que juraré que no vi
jamas mejores carnes de mujer, y las preguntas que me hizo aquella
noche me hicieron desbalixar todos los géneros de puta que en esta
tierra habia, y agora creo que ella los sabe mejor por su experiencia.
_Badajo._ Ésta no hace jamas colada sin sol.