Prosigue el autor tornando al décimosexto mamotreto, que viniendo de
la judería, dice.
_Ramp._ Si aquel jodío no se adelantára, esta gelosía se vende, y
fuera buena para una ventana, y es gran reputacion tener gelosía.
_Loz._ ¿Y en qué veis que se vende?
_Ramp._ Porque tiene aquel ramico verde puesto, que aquí á los
caballos ó á lo que quieren vender le ponen una hoja verde sobre las
orejas.
_Loz._ Para eso mejor será poner el ramo sin la gelosía y venderémos
mejor.
_Ramp._ ¿Mas ramo quereis que Trigo, que lo dirá por cuantas casas de
señores hay en Roma?
_Loz._ Pues veis ahí, á vos quiero yo que seais mi gelosía, que yo no
tengo de ponerme á la ventana, sino cuando muncho asomaré las manos;
¡oh qué lindas son aquellas dos mujeres! por mi vida, que son como
matronas; no he visto en mi vida cosa más honrada ni más honesta.
_Ramp._ Son Romanas principales.
_Loz._ Pues ¿cómo van tan solas?
_Ramp._ Porque ansí lo usan; cuando van ellas fuera, unas á otras se
acompañan, salvo cuando va una sola, que lleva una sierva, mas no
hombres ni más mujeres, aunque sea la mejor de Roma; y mirá que van
sesgas, y aunque vean á uno que conozcan no le hablan en la calle,
sino que se apartan ellos y callan, y ellas no abaxan cabeza ni hacen
mudanza aunque sea su padre ni su marido.
_Loz._ ¡Oh qué lindas que son! pasan á cuantas naciones yo he visto,
y áun á Violante, la hermosa, en Córdoba.
_Ramp._ Por eso dicen bulto romano y cuerpo senés, andar florentin y
parlar boloñés.
_Loz._ Por mi vida, que en esto tienen razon, esotro miraré despues;
verdad es que las Senesas son gentiles de cuerpo, porque las he visto
que sus cuerpos parecen torres iguales. Mirá allá cuál viene aquella
vieja cargada de cuentas y más barbas que el Cid Ruy Diaz.
_Vieja._ ¡Ay mi alma, parece que os he visto y no sé dónde! ¿por qué
habés mudado vestidos? no me recordaba; ya, ya, decíme, ¿y habeis
os hecho puta? amargá de vos, que no lo podrés sufrir, que es gran
trabajo.
_Loz._ Mirá que vieja raposa, por vuestro mal sacais el ajeno, puta
vieja, simitarra, piltrofera, sóislo vos dende que nacistes, y pésaos
porque no podeis; nunca yo medre si vos decís todas esas cuentas.
_Viej._ No lo digais, hija, que cada dia las paso siete á siete, con
su gloria al cabo.
_Loz._ Ansí lo creo yo, que vos bebedardos sois; ¿por que no estais á
servir á cualque hombre de bien, y no andaréis de casa en casa?
_Viej._ Hija, yo no querria servir donde hay mujer, que son terribles
de comportar; quieren que hileis para ellas y que las acompañeis, y
haz aquí y toma allí, y esto no está bueno, y ¿qué haceis con los
mozos? comé presto y vení acá, enxaboná, y mirá no gasteis mucho
xabon, xaboná estos perricos, y aunque xaboneis como una perla mal
agradecido, y nada no está bien, y no miran si el hombre se vido
en honra y tuvo quien la sirviese, sino que bien dixo quien dixo
que no hay cosa tan incomportable ni tan fuerte como la mujer rica;
ya cuando servis en casa de un hombre de bien, contento él y el
canavario, contento todo el mundo, y todos os dicen: ama, hilais para
vos, podeis ir á estaciones y á ver vuestros conocientes, que nadie
vos dirá nada, y si tornais tarde, los mozos mismos os encubren, y
tal casa de señor hay que os quedais vos dona y señora; y por eso me
voy agora á buscar si hallase alguno, que le ternia limpio como un
oro y miraria por su casa, y no querria sino que me tomase á salario,
porque á discricion no hay quien la tenga, por mis pecados, y mirá,
aunque soy vieja, só para revolver una casa.
_Loz._ Yo lo creo, y áun una cibdad, aunque fuese el Cairo ó Milan.
_Viej._ ¿Esta casa habés tomado? sea en buen punto con salud, mal ojo
tiene, moza para Roma y vieja á Benavente, allá la espero.
_Trig._ Sobí, señora, en casa vuestra, veisla aderezada y pagada por
seis meses.
_Loz._ Eso no quisiera yo, que ya no me puede ir bien en esta casa,
que aquella puta vieja, santiguadera, se desperezó á la puerta, y
dixo: afan, mal afan venga por ella, y yo, por dar una coz á un perro
que estaba allí, no miré, y metí el pié izquierdo delante, y mirá qué
nublo torné en entrando.
_Jud._ No cureis, que Aven-Ruiz y Aven-Rey serán en Israel, y por
vuestra vida y de quien bien os quiere, porque só yo el uno, que iré
y enviaré quien pague la casa y la cena; y vos, pariente, aparejáme
esos dientes, no os desnudeis, sino estáos así, salvo el paño
listado, que no lo rompais, y si alguno viniere, hacé vos como la de
Castañeda, que el molino andando gana.