Responde la Tia, y prosigue.
_Tia._ Sobrina, más há de los años treinta que yo no vi á vuestro
padre, porque se fué niño, y despues me dixeron que se casó por
amores con vuestra madre, y en vos veo yo que vuestra madre era
hermosa.
_Lozana._ ¿Yo, Señora? Pues más parezco á mi agüela que á mi señora
madre, y por amor de mi agüela me llamaron á mí Aldonza, y si esta
mi agüela viviera, sabría yo más que no sé, que ella me mostró
guisar, que en su poder deprendí hacer fideos, empanadillas,
alcuscuzu con garbanzos, arroz entero, seco, graso, albondiguillas
redondas y apretadas con culantro verde, que se conocian las que yo
hacia entre ciento. Mirá, señora Tia, que su padre de mi padre decia
estas son de mano de mi hija Aldonza; ¿pues adobado no hacia? sobre
que cuantos traperos habia en la cal de la Heria querian proballo,
y máxime cuando era un buen pecho de carnero, y ¡qué miel! pensá,
señora, que la teniamos de Adamuz y zafran de Peñafiel, y lo mejor de
la Andalucía venía en casa de esta mi agüela. Sabía hacer ojuelas,
pestiños, rosquillas de alfaxor, textones de cañamones y de ajonjolí,
nuégados, xopaipas, hojaldres, hormigos torcidos con aceite,
talvinas, zahinas y nabos sin tocino y con comino; col murciana con
alcarabea, y olla resposada no la comia tal ninguna barba; pues
boronía ¿no sabía hacer? por maravilla, y cazuela de berengenas
moxies en perficion; cazuela con su ajico y cominico, y saborcico de
vinagre, ésta hacia yo sin que me la vezasen. Rellenos, cuajarejos de
cabritos, pepitorias y cabrito apedreado con limon ceuti, y cazuelas
de pescado cecial con oruga, y cazuelas moriscas por maravilla, y
de otros pescados que sería luengo de contar. Letuarios de arrope
para en casa, y con miel para presentar, como eran de membrillos, de
cantueso, de uvas, de berengenas, de nueces, y de la flor del nogal,
para tiempo de peste; de orégano y hierba buena, para quien pierde el
apetito; pues ¿ollas en tiempo de ayuno? éstas y las otras ponia yo
tanta hemencia en ellas, que sobrepujaba á Platina, _De boluptatibus_
y Apicio Romano, _De re coquinaria_, y decia esta madre de mi madre:
Hija Aldonza, la olla sin cebolla es boda sin tamborin. Y si ella me
viviera, por mi saber y limpieza (dexemos estar hermosura) me casaba,
y no salia yo acá por tierras ajenas con mi madre, pues que quedé sin
dote que mi madre me dexó solamente una añora con su huerto, y saber
tramar, y esta lanzadera para texer cuando tenga premideras.
_Tia._ Sobrina, esto que vos teneis y lo que sabeis será dote para
vos, y vuestra hermosura hallará ajuar cosido y sorcido; que no os
tiene Dios olvidada; que aquel mercader que vino aquí ayer me dixo
que cuando torne, que va á Cáliz, me dará remedio para que vos seais
casada y honrada; mas querria él que supiésedes labrar.
_Loz._ Señora Tia, yo aquí traigo el alfilero, mas ni tengo aguja ni
alfiler, que dedal no faltaria para apretar; y por eso, señora Tia,
si vos quereis, yo le hablaré ántes que se parta, porque no pierda mi
ventura, siendo huérfana.