II

¡Señor Rector, señor Rector! en vano

Me queréis complacer,

Si no encarnan los signos de la mano

Todo el ser de mi ser.

Escribidle, por Dios, que el alma mía

Ya en mí no quiere estar;

Que la pena no me ahoga cada día...

Porque puedo llorar.

Que mis labios, las rosas de su aliento,

No se saben abrir;

Que olvidan de la risa el movimiento

A fuerza de sentir.

Que mis ojos, que él tiene por tan bellos,

Cargados con mi afán,

Como no tienen quien se mire en ellos,

Cerrados siempre están.

Que es, de cuantos tormentos he sufrido,

La ausencia el más atroz;

Que es un perpetuo sueño de mi oído

El eco de su voz...

Que siendo por su causa, el alma mía

¡Goza tanto en sufrir!..

Dios mío ¡cuántas cosas le diría

Si supiera escribir!...

Las cien mejores poesías (lí­ricas) de la lengua castellana · 第 78 / 133 题