Después de la batalla de Medellín había sentado el mariscal Victor sus

reales en Mérida, ciudad célebre por los restos de antigüedades que aún

conserva, y desde la cual situada en feraz terreno se podía fácilmente

observar la plaza de Badajoz, y tener en respeto las reliquias del

ejército de Don Gregorio de la Cuesta. Para mayor seguridad de sus

cuarteles fortificó el mariscal francés la casa del _Conventual_,

residencia hoy de un provisor de la orden de Santiago, y antes parte de

una fortaleza edificada por los romanos, divisándose todavía del lado

de Guadiana, en el lugar llamado el Mirador, un murallón de fábrica

portentosa. En lo interior establecieron los franceses un hospital y

almacenaron muchos bastimentos.

[Sidenote: Patriotismo de Extremadura.]

De Mérida destacaron los enemigos a Badajoz algunas tropas e intimaron

la rendición a la plaza, confiados en el terror que había infundido la

jornada de Medellín y también en secretos tratos. Salió su esperanza

vana, respondiendo a sus proposiciones la junta provincial a cañonazos.

Era en esta parte tan unánime la opinión de Extremadura, que por

entonces no consiguió el mariscal Victor que pueblo alguno prestase

juramento ni reconociese el gobierno intruso. Solo en Mérida obtuvo

de varios vecinos, casi a la fuerza, que firmasen una representación

congratulatoria a José; mas el acto produjo tal escándalo en toda la

provincia, que al decretar la junta contra los firmantes formación de

causa, prefirieron estos comparecer en Badajoz y correr todo riesgo a

mancillar su fama con la tacha de traidores. Su espontánea presentación

los libertó de castigo. No era extraño que los naturales mirasen con

malos ojos a los que seguían las banderas del extranjero, cuando este

saqueaba y asolaba horrorosamente la desgraciada Extremadura.

[Sidenote: Inacción de Victor.]

Por lo demás Victor había permanecido inmoble después de lo de

Medellín, no tanto porque temiese invadir la Andalucía cuanto por

ser principal deseo del emperador la ocupación de Portugal. Ya

dijimos fuera su plan, que al tiempo que Soult penetrase aquel reino

vía de Galicia, otro tanto hiciesen Lapisse por Ciudad Rodrigo y

Victor por Extremadura. La falta de comunicaciones impidió dar a lo

mandado el debido cumplimiento, dificultándose estas a punto de que

se interrumpieron aun entre los dos últimos generales. Ocasionoles

tamaño embarazo Sir Roberto Wilson, quien, antes de pasar a Portugal en

cooperación de Wellesley, había destacado dos batallones al puerto de

Baños, y cortado así la correspondencia a los enemigos. Incomodados

estos con tales obstáculos, estuviéronlo mucho más con la insurrección

del paisanaje que cundió por toda la tierra de Ciudad Rodrigo,

[Sidenote: Pasa Lapisse de tierra de Salamanca a Extremadura.] de

manera que temiendo Lapisse no entrar en Portugal a tiempo, determinó

pasar a Extremadura y obrar de acuerdo con Victor. Así lo verificó

haciendo una marcha rápida sobre Alcántara por el puerto de Perales.

[Sidenote: Entra en Alcántara.]

Los vecinos de aquella villa trataron de defender la entrada

apostándose en su magnífico puente, mas, vencidos, penetraron los

franceses dentro, y en venganza todo lo pillaron y destruyeron, sin

que respetasen ni aun los sepulcros. Diéronse no obstante los últimos

priesa a evacuarla, continuando por la noche su camino, temerosos del

coronel Grant y de Don Carlos de España que seguían su huella, y los

cuales, entrando por la mañana en Alcántara, se hallaron con el espantoso

espectáculo de casas incendiadas y de calles obstruidas de cadáveres.

Se incorporó en seguida Lapisse con Victor en Mérida el 19 de abril.

[Sidenote: Únense Lapisse y Victor.]

Entonces prevaleciendo ante todo en la mente de los franceses la

invasión de Portugal, mandó José al mariscal Victor que en unión con

el general Lapisse marchase la vuelta de aquel reino. Parecía oportuno

momento para cumplir a lo menos en parte el plan del emperador, pues

a la propia sazón se enseñoreaba el mariscal Soult de la provincia de

Entre Duero y Miño.

[Sidenote: Marchan contra Portugal.]

Encaminose pues Victor hacia Alcántara, poniendo al cuidado de Lapisse

repasar el puente, ocupado a su llegada por el coronel inglés Mayne,

quien en ausencia de Wilson al norte de Portugal, mandaba la legión

lusitana. Quiso el inglés volar un arco del puente, y no habiéndolo

conseguido se replegó el 14 de mayo a su antigua posición de Castelo

Branco. Hasta allí, después de cruzar el Tajo, envió Lapisse sus

descubiertas por querer el mariscal Victor ir más adelante. [Sidenote:

Desisten de su intento.] Mas, aunque resuelto a ello, detuvieron a este

temores del general Mackenzie, el cual, según apuntamos en el libro

anterior, apostado en Abrantes al avanzar Wellesley a Oporto, salió al

encuentro de los franceses para prevenir su marcha. El movimiento del

inglés y voces vagas que empezaron a correr de la retirada de Soult de

las orillas del Duero, decidieron a Victor no solo a desistir de su

primer propósito, sino también a retroceder a Extremadura.

[Sidenote: Muévese Cuesta.]

Por su parte, Don Gregorio de la Cuesta, luego que supo la partida

de aquel mariscal, moviose con su ejército, rehecho y engrosado, y

puso los reales en la Fuente del Maestre, amagando sin estrecharle al

Conventual de Mérida que guarnecían los franceses. Victor al volver de

su correría se colocó en Torremocha, vigilando sus puestos avanzados

los pasos de Tajo y Guadiana. Pero su inútil tentativa contra Portugal,

el haber asomado ingleses a los lindes extremeños, y el reequipo y

aumento del ejército de Cuesta, dieron aliento a la población de las

riberas del Tajo, la cual, interceptando las comunicaciones, molestó

continuadamente a los enemigos. [Sidenote: Partidarios de Extremadura

y Toledo.] Mucho estimuló a la insurrección la junta de Extremadura,

enviando para dirigirla a Don José Joaquín de Ayesterán y a Don

Francisco Longedo, quienes de acuerdo con Don Miguel de Quero, que ya

antes había empezado a guerrear en la Higuera de las Dueñas, provincia

de Toledo, juntaron un cuerpo de 600 infantes y 100 caballos bajo

el nombre de voluntarios y lanceros de Cruzada del valle de Tiétar.

Recorriendo la tierra molestaron los convoyes enemigos, y fueron

notables más adelante dos de sus combates, uno trabado el 29 de junio

en el pueblo de Menga con las tropas del general Hugo, comandante de

Ávila, otro el que sostuvieron el 1.º de julio en el puente de Tiétar,

y de cuyas resultas cogieron a los franceses mucho ganado lanar y

vacuno. Se agregó después esta gente a la vanguardia del ejército de

Cuesta.

Mientras tanto el mariscal Victor, viendo lo que crecía el ejército

español, y temeroso de las fuerzas inglesas que se iban arrimando a

Castelo Branco, repasó el Tajo situándose el 19 de junio en Plasencia.

[Sidenote: Vuelan los franceses el puente de Alcántara.] Poco antes

envió un destacamento para volar el famoso puente de Alcántara,

admirable y portentosa obra del tiempo de Trajano, que nunca fuera

tan maltratada como esta vez, habiéndose contentado los moros y los

portugueses en antiguas guerras con cortar uno de sus arcos más

pequeños.

[Sidenote: Ejército de la Mancha.]

Otras atenciones obligaron luego a Victor a mudar de estancia. En

la Mancha y asperezas de Sierra Morena, después que Venegas tomó el

mando de aquel ejército, se habían aumentado sus filas, ascendiendo

el número de hombres a principios de junio a unos 19.000 infantes y

3000 caballos. Para no permanecer ocioso y foguear su gente, resolvió

Venegas salir en 14 del mismo mes de las estrechuras de la sierra y

sus cercanías, y recorrer las llanuras de la Mancha. Alcanzaron sus

partidas de guerrilla algunas ventajas, y el 28 de junio la división de

vanguardia, regida por Don Luis Lacy, escarmentó con gloria al enemigo

en el pueblo de Torralba.

La repentina marcha de Venegas asustó en Madrid a José, ya inquieto,

según hemos dicho, con la entrada de Blake en Aragón. [Sidenote: Va

a su encuentro sin fruto José Bonaparte.] Así fue que, al paso que

ordenó a Mortier que se aproximase por el lado de Castilla la Vieja a

las sierras de Guadarrama, previno al mariscal Victor que poniéndose

sobre Talavera le enviase una división de infantería y la caballería

ligera. Agregada esta fuerza a sus guardias y reserva, se metió José

desde Toledo en la Mancha, y uniéndose con el 4.º cuerpo del mando

de Sebastiani, avanzó hasta Ciudad Real. Venegas, que por entonces no

pensaba comprometer sus huestes, replegose a tiempo, y ordenadamente

tornó a Santa Elena. Penetró el rey intruso hasta Almagro, y no osando

arriscarse más adentro, se restituyó a Madrid devolviendo al mariscal

Victor las tropas que de su cuerpo de ejército había entresacado.

Tales fueron las marchas y correrías que precedieron en Extremadura

y Mancha a la campaña llamada de Talavera, la cual siendo de la

mayor importancia, exige que antes de entrar en la relación de sus

complicados sucesos, contemos las fuerzas que para ella pusieron en

juego las diversas partes beligerantes.

[Sidenote: Campaña de Talavera.]

De los ocho cuerpos en que Napoleón distribuyó su ejército al hacer en

octubre de 1808 su segunda y terrible invasión, incorporose más tarde

el de Junot con los otros, reduciéndose por consiguiente a siete el

número de todos ellos. [Sidenote: Fuerzas que tomaron parte en ella.]

Cinco fueron los que casi en su totalidad coadyuvaron a la campaña de

Talavera. Tres, el 2.º, 5.º y 6.º, acantonados en julio en Valladolid,

Salamanca y tierra de Astorga bajo el mando supremo del mariscal Soult,

y el 1.º y 4.º, alojados por el mismo tiempo en la Mancha y orillas

del Tajo hacia Extremadura. Concurrió también de Madrid la reserva y

guardia de José, pudiéndose calcular que el conjunto de todas estas

tropas rayaba en 100.000 hombres. De los españoles vinieron sobre

aquellos puntos los ejércitos de Extremadura y Mancha, el 1.º de 36.000

combatientes, el 2.º de unos 24.000. La fuerza de Wellesley, acampada

en Abrantes después de su vuelta de Galicia, aunque engrosada con 5000

hombres, no excedía de 22.000, menguada con los muertos y enfermos.

Pasaban de 4000 portugueses y españoles los que regía el bizarro Sir

Roberto Wilson: de los últimos, dos batallones habían sido destacados

del ejército de Cuesta. Además, 15.000 de los primeros, que disciplinaba

el general Beresford, desde el Águeda se trasladaron después hacia

Castelo Branco. Por manera que el número de hombres llamado a lidiar o

a cooperar en la campaña era, de parte de los franceses, según acabamos

de decir, de unos 100.000, y de casi otro tanto de la de los aliados,

con la diferencia de ser aquellos homogéneos y aguerridos, y estos de

varia naturaleza y en su mayor parte noveles y poco ejercitados en las

armas.

El general Wellesley, aunque al desembarcar en Lisboa había conceptuado

como más importante la destrucción del mariscal Victor, empezó sin

embargo, conforme relatamos, por arrojar a Soult de Portugal para

caer después más desembarazadamente sobre el primero. Así se lo

había ofrecido al gobierno español al ir a Oporto, rogando que en el

intermedio evitasen los generales españoles de Extremadura y Mancha

todo serio reencuentro con los franceses. [Sidenote: Marcha Wellesley

a Extremadura.] Cumpliose por ambas partes lo prometido; viose forzado

Soult a evacuar a Portugal, y Wellesley, después de haber dado descanso

y respiro a sus tropas en Abrantes, salió de allí el 27 de junio

poniéndose en marcha hacia la frontera de Extremadura.

[Sidenote: Planes diversos de los franceses.]

Andaban los franceses divididos acerca del plan que convendría adoptar

en aquellas circunstancias. José deseaba conservar lo conquistado, y

sobre todo no abandonar a Madrid, pensando, quizá con razón, que la

evacuación de la capital imprimiría en los ánimos errados sentimientos,

en ocasión en que aún se mostraba viva la campaña de Austria. El

mariscal Soult, ateniéndose a reglas de la más elevada estrategia,

prescindía de la posesión de más o menos territorio, y opinaba que se

obrase en dos grandes cuerpos o masas, cuyos centros se establecerían

uno en Toro donde él estaba, y otro donde José residía.

[Sidenote: Situación de Soult.]

Después de la vuelta de Soult a Castilla nada de particular había

ocurrido allí, esforzándose solamente dicho mariscal por arreglar

y reconcentrar los tres cuerpos que el emperador había puesto a su

cuidado. Encontró en ello estorbos, así en algunas providencias de

José que había, según se dijo, llamado hacia Guadarrama a Mortier, y

así en la mal dispuesta voluntad del mariscal Ney, quien picado de la

preferencia dada por el emperador a su compañero, quería separarse, so

pretexto de enfermedad, del mando del 6.º cuerpo. Embarazaban también

escaseces de varios efectos, y sobre todo el carecer de artillería

el 2.º cuerpo, abandonada a su salida de Portugal. Para remover tales

obstáculos, pedir auxilios y predicar en favor de su plan, envió Soult

a Madrid al general Foy, que en posta partió el 19 de julio. Tornó este

el 24 del mismo, y aunque se remediaron las necesidades más urgentes,

y se compusieron hasta cierto punto las desavenencias entre Ney y

Soult, no se accedió al plan de campaña que el último proponía, atento

solamente José a conjurar el nublado que le amenazaba del lado del

Tajo.

[Sidenote: Cuesta en las Casas del Puerto.]

Manteníase en Extremadura tranquilo D. Gregorio de la Cuesta, en espera

del movimiento del general Wellesley, no habiendo emprendido, aunque

bien a su pesar, acción alguna de gravedad. Hubo solamente choques

parciales, y honró a las armas españolas el que sostuvo en Aljucén

Don José de Zayas, y otro que con no menor dicha trabó en Medellín

el brigadier Ribas. Forzoso le era al anciano general reprimir su

impaciencia, pues tal orden tenía de la junta central. Limitábase

a avanzar siempre que los franceses retrocedían, y al situarse en

Plasencia el mariscal Victor el 19 de junio, sentó Cuesta el 20 del

mismo sus cuarteles en las Casas del Puerto, orilla izquierda del Tajo.

Allí aguardó a que adelantasen los ingleses, enviando al comisionado

de esta nación, coronel Bourke, a proponer a su general el plan que le

parecía más oportuno para abrir la campaña.

Sir Arturo Wellesley después de levantar el 27 de junio su campo de

Abrantes, prosiguió su marcha y estableció el 8 de julio su cuartel

general en Plasencia, [Sidenote: Avístase allí con él Wellesley.]

pasando el 10 a avistarse con Cuesta en las Casas del Puerto.

Conferenciaron entre sí largamente ambos generales, y propuestos varios

planes, se adoptó al fin el siguiente como preferible y más acomodado.

[Sidenote: Plan que adoptan.] Sir Roberto Wilson con la fuerza de su

mando y dos batallones que Cuesta le proporcionaría, había de marchar

el 16 por la Vera de Plasencia con dirección al Alberche, ocupando

hasta Escalona los pueblos de la orilla derecha; el 18 cruzaría el

ejército británico por la Bazagona el Tiétar, en que se había echado un

puente provisional, y dirigiéndose por Majadas y Centenilla a Oropesa

y al Casar, había de extender su izquierda hasta San Román y ponerse

en contacto con la división de Wilson. El ejército español de Cuesta

cruzando el 19 el Tajo por Almaraz y Puente del Arzobispo había de

seguir el camino real de Talavera, y ocupar el frente del enemigo desde

el Casar hasta el puente de tablas que hay sobre el Tajo en aquella

ciudad, mas procurando en su marcha no embarazar la del ejército

aliado. También se acordó que Venegas, cuyo cuartel general estaba

entonces en Santa Cruz de Mudela, y que dependía hasta cierto punto de

Cuesta, avanzase si la fuerza del general Sebastiani no era superior a

la suya, y que pasando el Tajo por Fuentidueña se pusiese sobre Madrid,

debiendo retroceder a la sierra por Tarancón y Torrejoncillo, en caso

que acudiesen contra él tropas numerosas. Agradó este plan por lo

respectivo al movimiento de Cuesta y de los ingleses: no pareció tan

atinado en lo tocante a Venegas, cuyo ejército alejándose demasiado

del centro de operaciones, ni podía fácilmente darse la mano con los

aliados en cualquiera mudanza de plan que hubiese, ni era posible

acudir con prontitud en su auxilio, si aceleradamente caían reforzados

sobre él los enemigos.

Acordes Cuesta y Wellesley volvió el último a Plasencia, e

impensadamente escribió el 16 al ayudante general Don Tomás Odonojú

diciéndole que si bien estaba pronto a ejecutar el plan convenido,

desprovisto su ejército de muchos artículos y sobre todo de

transportes, podrían quizá presentarse dificultades inesperadas, y

después añadía con tono más acerbo, que en todo país en que se abre

una campaña, debiendo los naturales proveer de medios de subsistencia,

si en este caso no se proporcionaban, tendría España que pasarse sin

la ayuda de los aliados. Tal fue la primera queja que de este género

se suscitó. [Sidenote: Medidas que había tomado la central.] Había la

junta central ofrecido suministrar cuantos auxilios estuviesen en su

mano, y en efecto expidió órdenes premiosas a las juntas de Badajoz,

Plasencia y Ciudad Rodrigo para hacer abundantes acopios de todos los

artículos precisos a la subsistencia del ejército británico, escogiendo

además a Don Juan Lozano de Torres, con los correspondientes comisarios

de guerra, para que le saliesen a recibir a la frontera de España.

Semejantes resoluciones pudieran haber bastado en tiempos ordinarios,

ahora no, mayormente estando nombrado para ejecutarlas el Lozano de

Torres, hombre antes embrollador que prudente y activo. Las escaseces

fueron reales, mas agriándose las contestaciones, se trataron con

injusticia unos y otros, dando ocasión, según después veremos, a enojos

y desabrimientos.

[Sidenote: Marcha adelante el ejército aliado.]

Comenzó no obstante al tiempo convenido la marcha de los ejércitos

aliados, haciendo solo en ella los españoles una corta variación

por falta de agua en el camino de Talavera. El 21 de julio se

alojaban ambos entre Oropesa y Velada: prosiguieron el 22 su camino

encontrándose la vanguardia regida por Don José de Zayas con fuerza

enemiga, capitaneada por el general Latour-Maubourg. Las escaramuzas

duraron parte del día, portándose nuestros soldados bizarramente, y

con eso, y aparecer los ingleses, cruzaron los enemigos el Alberche,

estando en Cazalegas el cuartel general del mariscal Victor. Las

divisiones de Villatte y Lapisse formaban sobre su derecha en altozanos

que dominan la campaña, y la de Ruffin cubría sobre la izquierda

tocando al Tajo el puente del Alberche, larguísimo y de tablas,

amparado además su desembocadero con 14 piezas de artillería. Ascendían

sus fuerzas a 25.000 hombres, y permanecieron en sus puestos los días

22 y 23.

[Sidenote: Propone Wellesley a Cuesta atacar.]

Acercáronse allí por su lado los ejércitos aliados, y Sir Arturo

Wellesley propuso a Don Gregorio de la Cuesta atacar a los enemigos sin

tardanza el mismo 23, mas el general español pidió que se difiriese

hasta la madrugada siguiente. [Sidenote: Rehúsalo el general español.]

Fútiles fueron las razones que después alegó para tal dilación,

contrastando el detenimiento de ahora con el prurito que tuvo siempre

y renovó luego de combatir a todo trance. Aseguran algunos extranjeros

que se negó por ser domingo, mas ni Cuesta pecaba de tan nimio, ni

en España prevalecía semejante preocupación. Ha habido ingleses que

han tachado a cierto oficial del estado mayor de Cuesta de la nota de

entenderse con los enemigos. Ignoramos el fundamento de sus sospechas.

Lo cierto es que los franceses, ya en situación apurada, decamparon

en la noche del 23 al 24, y en lugar de seguir el camino de Madrid,

tomaron por Torrijos el de Toledo. Falló así destruir al mariscal

Victor a la sazón que sus fuerzas eran inferiores a las aliadas, y

falló por la inoportuna prudencia de Cuesta, prenda nunca antes notada

entre las de este general.

[Sidenote: Incomódase Wellesley.]

Incomodado por ello Wellesley, receloso de que continuasen escaseando

las subsistencias, y pareciéndole quizá arriesgado internarse

más antes de estar cierto de lo que pasaba en Castilla la Vieja,

declaró formalmente que no daría un paso más allá del Alberche a

no afianzársele la manutención de sus tropas. Cuesta que el 23 se

remoloneaba para atacar, impelido ahora por aviesa mano, o renaciendo

en su ambicioso ánimo el deseo de entrar antes que ninguno en Madrid,

[Sidenote: Avanza solo Cuesta.] marchó solo y sin los ingleses, y

llegó el 24 al Bravo y Cebolla, y adelantándose el 25 a Santa Olalla y

Torrijos, hubo de costar cara su loca temeridad.

[Sidenote: Reconcéntranse los franceses.]

Los franceses no se retiraban sino para reconcentrarse y engrosar sus

fuerzas. José después de dejar en Madrid una corta guarnición, había

salido con su guardia y reserva, uniéndose a Victor el 25 por Vargas

y orilla izquierda del Guadarrama. Otro tanto hizo Sebastiani, que

observaba a Venegas en la Mancha cerca de Daimiel, cuando se le mandó

acudir al Tajo. Con esta unión los franceses que poco antes tenían para

oponerse a los aliados solo unos 25.000 hombres, contaban ahora sobre

50.000 alojados a corta distancia de Cuesta, detrás del río Guadarrama.

Venegas, sabedor de la marcha de Sebastiani, envió en pos de él y

hacia Toledo una división al mando de Don Luis Lacy, aproximándose

en persona a Aranjuez con lo restante de su ejército. [Sidenote:

Avanza Wilson a Navalcarnero.] No por eso dividieron los franceses sus

fuerzas, ni tampoco por otros movimientos de Sir Roberto Wilson, quien

extendiéndose con sus tropas por Escalona y la villa del Prado, se

había el 25 metido hasta Navalcarnero, distante cinco leguas de Madrid,

cuyo suceso hubo de causar en la capital un levantamiento.

Aunque juntos los cuerpos de Victor y Sebastiani con la reserva

y guardia de José, no pensaban los franceses empeñarse en acción

campal, aguardando a que el mariscal Soult, con los tres cuerpos que

capitaneaba en Salamanca, viniese sobre la espalda de los aliados por

las sierras que dividen aquellas provincias de la de Extremadura.

Plan sabio, de que había sido portador desde Madrid el general Foy,

y cuyas resultas hubieran podido ser funestísimas para el ejército

combinado. La impaciencia de los franceses malogró en el campo lo que

prudentemente se había determinado en el consejo.

[Sidenote: Peligro que corre el ejército de Cuesta.]

Viendo el 26 de julio la indiscreta marcha de Cuesta, quisieron

escarmentarle. Así arrollaron aquel día sus puestos avanzados, y aun

acometieron a la vanguardia. El comandante de esta, Don José de Zayas,

avanzó a las llanuras que se extienden delante de Torrijos, en donde

lidió largo rato, tratando solo de retirarse al noticiarle que mayor

número de gente venía a su encuentro. Comenzó entonces ordenadamente su

movimiento retrógado, pero arredrados los infantes con ver que no podía

maniobrar el regimiento de caballería de Villaviciosa metido entre

unos vallados, retrocedieron en desorden a Alcabón, a donde corrió

en su amparo el duque de Alburquerque, asistido de una división de

3000 caballos. Diose con esto tiempo a que la vanguardia se recogiese

al grueso del ejército, que teniendo a su cabeza al general Cuesta

caminaba no con el mejor concierto a abrigarse del ejército inglés.

La vanguardia de este ocupaba a Cazalegas, y su comandante, el general

Sherbrooke, hizo ademán de resistir a los enemigos que se detuvieron en

su marcha. Parecía que con tal lección se ablandaría la tenacidad del

general Cuesta, mas desentendiéndose de las justas reflexiones de Sir

Arturo Wellesley, a duras penas consintió repasar el Alberche.

Anunciaba la unión y marcha de los enemigos la proximidad de una

batalla, y se preparó a recibirla el general inglés. En consecuencia

mandó a Wilson que de Navalcarnero volviese a Escalona, y no dejó tropa

alguna a la izquierda del Alberche, resuelto a ocupar una posición

ventajosa en la margen opuesta.

[Sidenote: Batalla de Talavera, 27 y 28 de julio.]

Historia del levantamiento, guerra y revolución de España (3 de 5) · 第 2 / 35 段