La carta que, en contestación a ésta, halló Pateta al día siguiente bajo
las baldosas inseguras del horno de la estufa, decía:
«Querido Pepe mío:
Por Dios te pido que no me atormentes así. Te lo he dicho mil y mil
veces. Te quiero porque sí, porque creo que eres el mejor de los
hombres, y no me preguntes más. ¿No sueles decir que mi padre no me ha
educado como a las otras mujeres? Pues eso será. Si tuvieses una gran
fortuna, acaso habría mayor facilidad para que fuéramos uno de otro;
pero te querría igual que ahora, no podría darte ni una hilacha más de
cariño. Conque no me vengas con tristezas ni tontunas, ni vuelvas a
decir que te deje, ni que si te dejo yo te aguantarás. Si lo piensas, es
porque no me quieres. ¿Soy rica? Pues mejor. Ya saldrás de pobre, y si
no, yo lo mismo te he de querer, con tal de que tú no mires a ninguna
otra mujer. ¿Lo entiendes? Es lo único que no te perdonaría nunca.
Quedamos en que no volverás a las andadas ni me escribirás majaderías:
no merecen otro nombre las cosas que dices. Mi padre podrá no dejarme
casar contigo; pero, ¿casarme con otro? ¡Eso si que no! Lo que es de
esto te responde _tu_ Paz. Vamos, yo no entiendo esas _sublimidades_
tuyas de sacrificios y tonterías. No he pensado, ni pienso, ni pensaré
jamás en dejarte por nada de este mundo. ¿Lo sabes? Yo, que tantos
libros he leído de los que tiene mi padre, me acuerdo de que don Quijote
dice que todos los caballeros andantes llevaban en el escudo un letrero.
Bueno, pues tú y yo somos dos caballeros andantes con este letrero:
_cariño_ y _paciencia_. ¿Te gusta? Pues a callar y no perdamos el
tiempo en augurios tristes. Aseguran las gentes que quien espera
desespera: no importa. Yo me conformo con que me ames mucho. Me parece
que esto no tiene nada que ver con las _conveniencias sociales_, con la
humildad de tu casa, ni con tu amargura. Si me quisieses igual que yo a
tí, no exigirías más. ¿Crees que me van a meter monja o a casar por
fuerza con algún príncipe de cuento de hadas? ¿Soy yo tonta? ¡Ya verás,
ya verás, cuando te conozca mi padre como te conozco yo!
Respecto a la venida de tu hermano, nada puedo decirte, pero se me
figura que todo lo ves negro. Hasta que no sepas cuál es su situación,
no hay por qué apurarse. Si viniera a pretender, debías atreverte a
pedir a papá que le recomendase a alguien. ¿Te enfadarás si te digo que
tus temores me parecen tontos? ¿Ha de ser malo porque es cura?
Indudablemente, esto es lo que se te ha ocurrido. En verdad, la cosa es
rara, ser tan grandes los hermanos y no conocerse, pero ya verás cómo no
tenéis por eso disgustos. Y si los sufres, yo te querré un poquito más,
para que nada pierdas.