Es un huacal que de afrenta
Puede servir á los pollos,
Y no menciono á los cerdos
Porque ofendo su decoro.
Es una jaula á que falta,
Para ser jaula de locos,
Con su chicote un loquero,
El estanque y refectorio.
Ese horror de cuatro ruedas,
Ni es galera ni es birlocho;
Con terror le ve el viajero
Y las mulas con sonrojo....
Sin cortinas, es la fiebre,
Con cortinas, calabozo;
Es disparate con ruedas,
Es una trampa de lobos
Que se encuentra de carruaje
Sin saber cuándo ni cómo.
En ese nos embutimos
Al salir de San Antonio,
Con dos ancianas, un negro,
Dos carreros y dos gordos.
Eramos por todos nueve,
Pero en el valer diez y ocho,
Contando con adiciones
De canastos y envoltorios.
Apénas entrado hubimos,
Y ya el carruaje era un horno.
¡Qué bufar de aquellas brujas,
Qué resoplar de los gordos!
¡Qué rebullidas del negro,
Y de todos, qué sofoco!
De cuatro encendidas pipas,
Porfiaban de humo los chorros.
Era el chicharron humano
En el festin del demonio!
Y era un fandango de piernas,
Y de brazos y accesorios,
Que en las secciones del cuerpo,
Rompiendo mares de estorbos,
Juraban su independencia
De apreturas y rescoldos.
Cada vaiven da materia
Para llenar quince tomos:
Por aquí gritan las viejas,
Por allá ruedan los gordos:
El negro pega unos saltos
Cual sus abuelos los monos,
Y el que no resulta herido,
Es que está al perder un ojo.
¡Qué comer! sagrado cielo!
Mejor nos fuera rastrojo,
O pedernales refritos
Con ensalada de abrojos.
Eran pedazos de oreja
De caballo, pelos de oso,
Cola de pegar maderas,
Hule con astas de toro,
Jabon con hiel y vinagre
Y de asafétida trozos.
Item; glóbulos de acíbar,
Item, caprichos de corcho,
Y por líquido elemento
Los intestinos de un pozo,
Con tremendos guzarapos
Negros, morados y rojos.
Item, un _whiskey_, que el bruto
Que apechuga con un sorbo,
Queda como sin aliento,
Con lágrimas en los ojos,
Y extendiendo las dos manos
Solicitando socorro.
Y es tan horrenda pintura,
Como canto melodioso
Comparada con la noche
Que fué nuestro purgatorio.
El negrazo patiabierto
Forma á las ancianas biombo,
Y sus enormes botazas
Se nos plantan en el rostro:
Este sube, el otro baja,
Hipa el uno, tose el otro,
Y se chocan contra el techo
Piernas, sorbetes y gorros.
Al rezongar del negrito
Hacen bajo los dos gordos,
Con roncar tan desalmado,
Tan majadero y tan bronco,
Que en competencia el rebuzno
Pareciera melodioso,
Y el chirriar de la carreta,
Y la algazara del _gongo_.
Así pasaron las horas,
Sospechando cada prójimo
(Presa casi de la asfixia
Y tostado en aquel horno),
Ver en carbon convertidos
Piés y manos, pecho y ojos,
Hasta que salió la aurora
Poniendo cara de tonto,
Sobre un llano tan ingrato,
Tan seco y tan de mal modo,
Como se junta una suegra
Con aborrecido novio,
Como se juntan dos plagas,
Como se besan dos monstruos.
La luz alumbró en el coche
Horrores, del mundo asombro:
Por aquí gorros ajados,
Por allí pálidos rostros;
Los flacos cual _para-rayos_,
Casi desnudos los gordos;
Y ligas, guantes, tirantes,
Como de un guiso en el bodrio,
En lagos de mantequilla
Que el conductor codicioso
Puso á nuestros piés en botes
Y que derritió el bochorno.
Con todo, al mirar la aurora,
"¿Llegamos?".... dijimos todos,
Y el conductor nos responde
Bostezando perezoso:
"Poco tiempo, otro poquita,
Como te vas San Antonio."
* * * * *
Humanidad desdichada,
Condenada cual nosotros
A pasar este suplicio,
A bramar en este potro,
Pídele á Dios que esta tierra,
Que no pisan ni los lobos,
Vergüenza de los desiertos,
De los reptiles emporio,
O se acorte ó mar se vuelva,
O la cierna un terremoto
Y del mapa desparezca,
Donde está dejando un hoyo.