No es describible el entusiasmo de mis amigos y las expresiones de
gratitud de M. Rève, quien ofreció que nadie más escribiria en aquel
libro, que él habia comprado como una cajita de oro para guardar un
recuerdo de M. Guillermo.
Despues de las doce de la noche, y cuando las calles estaban totalmente
oscuras, volví al hotel, donde hallé á Francisco muy preocupado con la
cuestion del viaje.
En efecto, todas las facilidades que se ofrecen al viajero para
trasportarse; toda la conciencia que adquiere de que está en vecindad
inmediata y como unido á cualquier punto de los Estados-Unidos; la
misma idea de la distancia que se limita y se borra al frente de una
vía férrea, desaparecen luego que los vehículos escasean y que la
corriente de transeuntes queda como arremolinándose y buscando salida
por el conducto reducidísimo de un carro, un coche de colleras ó un
guayin, como aquí sucede.
El guayin hacia viajes dos veces por semana y tardaba en su correría
de treinta y seis á cuarenta horas, de San Antonio á Piedras Negras,
tocando en _Fort Clark_ por una molestísima desviacion.
El guayin de Texas es como los que conocemos, de nueve asientos
estrechísimos, con sus cortinas embreadas, su pescante y su estructura
de cajon.
Pero uno es describir el mueble, y otro pasar en él treinta y seis
horas mortales, en aquella prision rodante.
De todas maneras, la suerte quiso que demorásemos nuestra marcha por
falta de vehículo, y así, no hubo más que apechugar con la situacion y
pasar el tiempo lo ménos mal que fuese posible.
Entre las visitas que nos honraron, recibimos la de M. Douay, antiguo
amigo de mi familia, persona de clarísima inteligencia y de excelente
corazon.
La conversacion de M. Douay nos convenció de la necesidad de sostener
en San Antonio activos agentes mercantiles, de que fuesen familiares
á nuestros hombres públicos los periódicos de Texas, haciendo que se
leyesen en las Cámaras, en las Bibliotecas, etc.; y recogí datos de mi
amigo, que pienso utilizar en mis estudios económicos.
A las cuatro de la tarde, el Sr. Leal estaba en nuestro hotel con el
objeto de presentarnos á su familia.
Compónese la familia del Sr. Leal, de su señora, un jóven de
veinticinco años y una elegante y hermosa señorita.
La familia es netamente mexicana: desatóse la parvada de recuerdos de
México, aleteando contenta y llevándonos por todos los lugares más
gratos á nuestro corazon.
En el interior de la casa se ven flores por todas partes, cuadros con
vistas de México, retratos de mexicanos notables amigos de la familia;
y por aquí tejidos de gancho, por allá canastitas de abalorio en los
estantes, los trastos con la simetría que suelen colocarse por nuestras
señoras en el tinajero, coqueteando la loza de Guadalajara y la de
Zinzunza, como representando orgullosa la nacionalidad de la familia.
La señorita cantó y tocó el piano con rara habilidad, el Sr. Leal
hablaba de sus viajes y de las campañas de los indios, el chico nos
queria instruir del estado actual de Texas, y la señora y yo traiamos
al retortero memorias de épocas felices en nuestra patria y entre las
personas que nos eran más queridas.
A la caida del sol vino un carruaje por nosotros; las señoras nos
hicieron compañía y salimos á recorrer los alrededores de la ciudad.
Ya hemos dicho que la trasformacion ha sido completa: toda la orilla
del rio la bordan arboledas y jardines, fincas de campo y estancias
deliciosas; por todas partes deja sus huellas la abundancia y la paz, y
en algunos puntos parece que ha servido de abono la extinguida miseria,
para que aparezca más hermosa y floreciente la poblacion.
La visita del Sr. Leal nos fué en extremo grata.
Entre tanto, á nuestro regreso al hotel se nos dió parte de que
quedaban allanadas todas las dificultades, y que dentro de tercero dia
partiriamos para _Piedras Negras_.
Hicimos nuestros aprestos al siguiente dia, y en la noche nos dirigimos
á despedirnos de M. Cupples.
La noche estaba oscurísima; aunque en la calle principal habia algunos
billares y _bar-rooms_ con luz, al torcer para la casa del doctor se
veia negro el horizonte y flameando debilísimo el gas de los faroles,
entre el ramaje de los árboles.
Penetramos por el jardin como en excursion misteriosa; tanto así era el
silencio que por todas partes reinaba.
Tocamos la puerta; un criado diligente nos abrió y subió con nosotros
la escalera.
En la casa se nos esperaba: el saloncito estaba iluminado, la luz
que salia de las ventanas resbalaba en los profusos cortinajes de
enredaderas del corredor.
Katy y su mamá, despues de saludarnos, sirvieron el café, como de
costumbre, diciéndome que el doctor estaba un tanto indispuesto.
La conversacion, con pretensiones de animada, caia en el silencio.... y
volvia trabajosa y como por llamaradas á encenderse, para agotarse de
nuevo.
Al fin, la señora nos dijo que el doctor acababa de tener uno de sus
terribles ataques del pecho que lo ponian á la muerte, y que aun no
estaba fuera de peligro.
Katy lloraba, la señora hablaba de la diversion que se nos tenia
preparada, y en la que habia puesto tanta diligencia el doctor, quien
decia con mucha gracia, "que le habiamos llevado un cargamento de
felicidad."
Ofrecimos nuestros servicios; no eran necesarios: Katy me presentó
su álbum, y yo no sé qué escribí bajo la dolorosa impresion que me
dominaba: puso en mis manos la linda jóven una coleccion magnífica de
poetas ingleses, en una lujosísima edicion.
Hondamente conmovidos nos despedimos Gomez del Palacio y yo de nuestros
amigos, y cautos, silenciosos, conteniendo el aliento, comenzamos á
bajar la escalera; ántes de tocar su término oimos un ruido, alzamos
los ojos, y como un fantasma envuelto en su blanca sábana, sobre la que
resbalaba la luz como en el mármol, apareció en lo alto de la escalera
el doctor, que pálido, desencajado, saltó del lecho á darnos la mano de
amigos de su corazon.
Las señoras le contuvieron, nosotros nos precipitamos para desaparecer;
pero el doctor hizo un empuje y cayó cerca del término de la escalera,
sacando por entre el barandal su brazo descarnado, pero como de
alabastro, y diciéndonos:
--Amigos, adios.... mi D. Guillermo, adios.... mucho feliz México.
La noche, la luz única, el cadáver viviente que me despedia, el lugar
aquel tan poblado de recuerdos, la conmocion del gran corazon de
Francisco, me hicieron una impresion terrible.
Llegamos al hotel: Francisco se encerró á muerte en su cuarto sin
hablar palabra; á mí me ahogaba la congoja.
Saqué una mecedora al corredor, y allí permanecí como enajenado, como
hundido en estupor profundo mucho tiempo.
--Oiga vd., M. Praits, me dijo un desconocido que estaba, como yo, en
el corredor tomando fresco.
--¿Qué mandaba vd., caballero?
--Que vd. se va mañana, y que quiero vd. tome un trago de esta
cerveza, por Pancho y Manuelito que son muy queridos.
En efecto, era un jóven de la casa de Miguel y Juan Manuel Gonzalez
que, como he dicho, fueron la providencia de los mexicanos que
estuvimos en Texas en 1866.
Venciendo el estado de mi espíritu, entré al cuarto de Henry.
--Vd. alemana?
--No, Henry, bebo mejor la de San Luis. ¿De dónde viene vd. ahora?
--De la Laguna.
--Siempre el comercio.
--Sí, señor; pero ahora está perdido.
--¿Cómo hace vd. su comercio en la frontera?
--Yo de cualquier modo; pero en lo general es otra cosa.
--Veamos, cuénteme vd. algo, porque sabe que soy curioso.
--Pues otro trago, y abra vd. los oidos.
Los propietarios ó cultivadores de tierra de Texas tienen una manera
de comerciar; otra los comerciantes extranjeros ó americanos no
relacionados con México, y otra los rayanos ó comerciantes mezclados
entre mexicanos y texanos.
De los primeros tiene vd. conocimiento por las noticias estadísticas,
y ese tráfico está íntimamente enlazado con la activísima especulacion
de tierras, que asciende á millones, y que da el cimiento sólido de
la propiedad á esa increible inmigracion que cada dia se hace más
importante, más rica y fecunda.
El solo cultivo del algodon bastaria para dar verosimilitud á esas
trasformaciones casi instantáneas de desiertos en pueblos florecientes.
La vía férrea que une á Texas y sus puertos con el Sur y el centro de
los Estados-Unidos, comunica preponderancia creciente á esa parte de la
Union, desarrollándola en el sentido político y mercantil, de un modo
que no me atrevo á explicar, porque Dios no me ha dado chirúmen para
meterme en honduras.
Por ahora, y respecto de México, como para la comunicacion fácil y
barata tienen los pueblos americanos el ferrocarril, á él acuden para
el cambio de sus productos; y por agua, con el auxilio de ese propio
ferrocarril, estarán en comunicacion con nuestras costas del golfo.
Los productores de Texas buscan sus mercados en el Norte y el centro
de los Estados-Unidos, y esta asercion la puntualizan las tablas de
su tráfico, y á esta clase me refiero respecto de los comerciantes no
relacionados con México.
Es corto el número de comerciantes que solicitan efectos mexicanos para
venderlos en los Estados-Unidos, y el tráfico, que no es muy cuantioso,
consiste en pieles de chivo y lana en greña.
--Respecto de los rayanos, continuó el negociante, se toca la gran
cuestion de contrabando, y eso tiene mucho que saber.
--Cabalmente es sobre lo que quisiera rectificar mis ideas, expuse yo.
--La cuestion de contrabando, siguió mi amigo, tiene tales
proporciones, ha servido de muletilla ó comodin á tan encontrados
intereses, se ha ligado á otros de un modo tan extraño, que cuando se
le dan soluciones sencillas, una especie de desencanto nos sobrecoge,
y creemos parto de nuestra ignorancia la aclaracion, sin ambages ni
misterios.
Ante todo, es necesario fijarnos en la posicion geográfica.
Las poblaciones mexicanas que están á la orilla del rio, distan unas de
otras, en sus cercanías á Matamoros, pocas leguas, como Reynosa, doce;
Camargo, ocho; Mier, cuatro; Guerrero, trece ó catorce; pero aunque
la distancia de unas á otras poblaciones es corta, el intervalo es de
desierto cubierto de chaparros, de suerte que la vigilancia siempre es
difícil.
De Mier á Guerrero hay doce leguas de desierto; de Guerrero á Laredo
sesenta leguas, y de este punto á Piedras Negras, la misma distancia,
poco ménos.
En esas cien leguas, que tienen de intermedio dos poblaciones aisladas,
el rio abunda en vados que se atraviesan á pié, á caballo, en carreta
y como se quiere. ¿Qué costo no tendria el establecimiento de líneas
de resguardo eficaces? ¿A cuánto ascenderia el mantenimiento de
cantones? ¿Cómo se haria eficaz un sistema de contraresguardos como los
carabineros españoles, ó como las primeras líneas fiscales de Francia?
Al frente de cada poblacion mexicana hay una poblacion americana
rodeada de rancherías, en donde pueden depositarse efectos que se
sustraigan á toda inspeccion y hacerse impunemente el fraude.
El arancel americano permite el libre tránsito, por los Estados-Unidos,
de los artículos que de allí y Europa van á consumirse á otros pueblos,
y al atravesar la frontera, cubriendo toda responsabilidad con un
certificado que acredite que han pasado el rio.
A veces una misma familia ocupa localidades de uno y otro lado del rio,
sin que persona alguna extraña intervenga en sus tráficos.
Además de lo expuesto, hay hacendados de la frontera mexicana, que
vienen muy frecuentemente á San Antonio á proveerse de efectos. A poca
distancia del rio están sus tierras, y en ellas el seguro contra toda
pesquisa.
Algunas fuerzas militares, sin respeto y sin dependencia del Ministerio
de Hacienda, pueden impunemente favorecer el fraude, y ya se ha dado
caso de que el comerciante haya hecho sus ajustes dentro de un cuartel,
teniendo con eso todo género de garantías.
Por otra parte, como ese tráfico clandestino protege muchos intereses y
sirve de sostén á muchas personas, poblaciones enteras se alian á los
contrabandistas, los amparan y ocultan, llegando al extremo de que los
comerciantes de buena fé no encuentran sirvientes, porque todos sirven
con más gusto y mayor lucro á los contrabandistas.
La falta de atencion y la escasez de dotaciones á los contraresguardos,
así como las circunstancias de emplearse personas que no conocen
aquellas localidades, facilita la corrupcion de los empleados, y así el
fraude es mucho más seguro.
Ultimamente ha aparecido y se ha hecho sensible otra causa accidental,
que es decisiva en materias de contrabando, y es la falta de
puntualidad en las pagas al ejército que guarnece la frontera.
Remitidos los libramientos por el Ministerio de Hacienda, los Jefes se
ven precisados á descontarlos con pérdidas enormes; ¿y qué más motivo
de desequilibrio y perturbacion que ese comercio?
Por último, la existencia de efectos sin salida en los Estados-Unidos,
con especialidad de tejidos de algodon, hace que los comerciantes
americanos, urgidos por la realizacion, den sus efectos á un ínfimo
precio, á veces con enormes pérdidas, y esto desequilibra todo cálculo
y hace irresistible el contrabando.
Por lo mismo, combinar la vigilancia con la baja del arancel, y
por medio de un tratado hacer la vigilancia recíproca de las dos
orillas del rio, es el medio único de atenuar los males inmensos del
contrabando.
--Bien parlao, dijo uno de los convidados, cebando su vaso de cerveza;
pero si ahora están las cosas tan turbias mediando el desierto, más lo
estarán con la inmigracion: hay una sola línea de ferrocarriles que
conduce más de treinta colonos diariamente.
--Eso, eso, dijo otro, mexicano por más señas; pero protegerá
el Gobierno de los Estados-Unidos, les dispensará del pago de
contribuciones, tendrá agentes y direccion, todo bien pagado y en regla.
--Nada de eso, dijo un Miguelito, listo como una avispa y que se habia
enriquecido haciendo de corredor en estos negocios; nada de eso, el
Gobierno general no tiene que ver en estas cosas.
El colono acude al Gobierno del Estado dueño de las tierras, se
dirige al agrimensor, compra á treinta y dos centavos el acre, é
inmediatamente y casi á la vez que construye su casa, siembra trigo,
algodon, y plantea su cria de ganado. Las harinas de Texas se
consideran supremas y han merecido premio en la última exposicion.
--Todo eso, interrumpió un viejo, depende de que aquí las aguas son
abundantes y México tiene muy contados puntos en que puede hacer esas
hazañas la colonizacion. De todas maneras, ella, al querer ó no,
independiente de todo cálculo, tendrá que modificar el modo de ser de
la frontera mexicana.
--Ayuda mucho al desarrollo prodigioso de Texas, la afluencia de
comerciantes de los Estados del Norte y del N. O. que se instalan en
éste.
Aquí se encuentra vd. poderosos capitalistas del Missouri, hijos
del Norte: son los banqueros, y el tráfico con esos pueblos es
cuantiosísimo. No hace seis meses, Fortwotch apénas contaba tres mil
habitantes, poco más: hoy tiene ocho mil.
Las orillas del Rio Colorado rebosan en vida, Galveston es un puerto
importantísimo, y á Austin no lo conoceria vd.: teatros, colegios,
iglesias, monumentos, paseos y mejoras, brotan como por encanto,
procediéndose como por improvisaciones, de un modo que deslumbra y
aturde.
--Entre tanto, Sr. D. Guillermo, me decia tristemente el viejo, si
fuera vd. por donde transitábamos, en la ribera de San Pedro, ya ni las
tristes barracas, ni los humildes corrales, ni los insuficientes antros
en que vivian los mexicanos, han quedado en pié; y unos fragmentos de
ranchería, unos resíduos, es todo lo que queda de nuestra raza y de los
señores de aquellas tierras.
Como el gravámen del impuesto se agrava á los terrenos cultivados, y
los mexicanos están en la miseria, los remates fiscales fungen de
despojo y de confiscacion, y la ley es un instrumento terrible que
consuma el robo con todas las fórmulas de la equidad y el bien.
Esta conversacion nos entristeció hondamente, y nos separamos
silenciosos evitando cada quien la despedida.
[Ilustración:
_LIT. M. IRIARTE MÉXICO._
_Guillermo Prieto_]