XXII

Recuerdos.--Instalacion.--Paseo matutino.--Antiguos

conocidos.--Suvervielle.--M. Poinsart.--El Dr. Cupples.--Comida en

su casa.--María.

El año de gracia, que maldita la que me hizo á mí, de 1866, me dió

conocimiento mi asendereada fortuna con San Antonio de Béjar, con tan

villano tino y con espíritu tan decidido de quemarme la sangre, que

era precisamente cuando despejándose nuestro cielo de las negras nubes

de la intervencion francesa, el regocijo nacional regaba de flores el

regreso triunfal de Juarez al palacio de los Moctezumas.

El ilustre general Patoni y yo, con nuestras familias, abandonamos

el Paso del Norte en Diciembre de 1865, atravesamos con inauditas

penalidades el desierto, en una travesía que duró más de un mes, y nos

reconciliamos con el mundo habitado hasta el 5 de Febrero de 1866, dia

del protomártir aquel á quien reverdeció la higuera.

Caimos mi compañero de viaje y yo en San Antonio de Béjar en un

hotelito de mediana fortuna, dirigido por una matrona francesa

entendida y amable, con su servidumbre de negros, su comida á la

francesa y sus huéspedes, en su mayoría mexicanos, con excepcion de Mr.

Cupples, eminente médico inglés, severo y taciturno, que tenia por su

cuenta un departamento del hotel.

Los huéspedes mexicanos que alegraron nuestra llegada, eran el General

Gonzalez Ortega, D. Benito Zenea, oficial del Ejército, los Generales

Poucel D. Fernando, Carbajal Antonio y no recuerdo quiénes más.

Como es nuestra pícara costumbre, á los pocos dias se relajaban las

prescripciones de la casa, se introducian en la mesa nuestros platos

favoritos, se cantaban al piano nuestras canciones, y el sabio médico

inglés jugaba juegos de prendas con los emigrados de México, guisando

en inglés los chistes mexicanos.

Hondas eran las penas que á varios de nosotros aquejaban, pero valerosa

la lucha, en que al fin se sobreponia la juventud, y sobre todo, el

orgullo de que ninguna de nuestras frentes se habia doblado al yugo

ignominioso del invasor extranjero.

San Antonio constaba entónces de una sola calle amplia y regular, en

que se caracterizaba la fisonomía americana. Calle con sus edificios

altísimos, sus ventanas de persianas verdes, sus amplias banquetas ó

aceras y sus tiendas de _grozeries_, _bar-rooms_ y almacenes.

Fuera de la calle y á la vista, con irregularidad completa, veíanse

estancias aisladas, iniciativas de calles, dilatadas cercas, sembrados,

y casas de comercio, ya como en llanos y plazuelas, ya entre arboledas

y jardines.

En las dos extensas plazas del centro de la poblacion se distinguian,

como mal avenidas con su ayuntamiento, casitas bajas y accesorias como

las de nuestros pueblos, y edificios opulentos llenos de letreros,

muestras y muebles americanos.

La iglesia cristiana de la antigua mision aparecia como fuera de

quicio, como un sordo en un concierto, con su chaparra y sólida

arquitectura, sus dos torres con sus campanas y su aspecto como de la

parroquia de Mixcoac, sin barda y sin accesorios.

Análoga á la heterogeneidad de las casas era la de los habitantes:

estaban como en lucha el sombrero ancho y el fieltro, la blusa y la

chaqueta, la calzonera y el pantalon ajustado, la bota grosera y el

zapaton desgobernado, el albardon y nuestra silla de montar.

En el mercado, en los campos, en todas partes, se notaba la propia

lucha; pero con dolor se palpaba la desventaja de la competencia, la

decadencia y el naufragio de nuestra raza.

De las alturas de la ciudad parecia descender, como torrente, la

invasion americana, que iba arrollándolo todo, quedando en pié

vacilantes algunas propiedades mexicanas de gente de algun viso; pero

los infelices, despreciados, perseguidos, sin el auxilio del idioma,

sin leyes y sin jueces, se refugiaban en los afueras de la ciudad,

donde el barrio mexicano presentaba tristísimo aspecto.

A las orillas del cenagoso arroyo de San Pedro, entre las quiebras

de un desigual lomerío, bajo enramadas, toldos de lona y de cueros,

en tertulia perpétua con perros, caballos y mulas, se albergaba la

poblacion mexicana, sucia y desnuda, llena de miseria y desprecio.

Muchos, para sustraerse de la situacion descrita, imitaban el trage y

los modales de la peor canalla, bebian con temeridad, usaban navaja,

calzaban botas groseras, se ponian en cuclillas (postura muy yankee),

á las puertas de las tabernas, y se convertian en espías y enemigos de

los mexicanos.

Suelen las grandes corrientes arrastrar troncos y amontonar las basuras

que barre, en sus orillas; así quedaba la poblacion, como testimonio

palpitante de lo que se espera á nuestra raza.

Llegaba á tal punto el desprecio y la humillacion de los mexicanos,

que habiendo invadido en aquellos dias el cólera la ciudad, se cebó en

ellos la epidemia; la misma caridad les mostraba desdenes.

El Dr. Cupples se hizo notable y cobró títulos á mi gratitud eterna,

porque abandonando sus visitas lucrativas y costeando de su peculio

abrigos y medicinas, se dedicó á ser la salvacion y el amparo de los

mexicanos, como lo fueron Suvervielle, el gran Víctor Considerant, de

quien tengo la honra de ser amigo, y mexicanos como Douai, Elliot, Leal

y los Sres. Miguel y Juan Manuel Gonzalez, modelos de generosidad y

nobleza.

Cuando la epidemia se mitigó; cuando parecia haberse aplacado la

horrorosa plaga, se anunciaba en los periódicos:

"El cólera se va: demos gracias á la Providencia divina. Ya solo

mueren algunos negros, y _siguen muriendo los mexicanos_."

Acababan de pasar la guerra del Sur y la bonanza del algodon: la

primera destruyendo grandes fortunas y dejando en la orfandad muchas

familias; le segunda derramando por todas partes cuantiosas riquezas é

improvisando caudales en toda nuestra frontera y hasta Monterey y el

Saltillo.

Al revés de California, en Texas, los hijos de mexicanos en general,

borraban y como que escondian los recuerdos de sus padres, y éstos

hacian más hondo é implacable su odio á los yankees.

La razon de esta diferencia es muy obvia. Los mexicanos enriquecidos

de California se elevaron á una decente posicion social, en medio de

personas de todas las naciones: en Texas se abatieron bajo el yugo

yankee, porque hasta hoy es cuando se está desarrollando el elemento

aleman.

Era objeto de nuestro especial cariño, en el hotel que he descrito, una

niña, nietecita de M. Jecks, que entónces tendria de seis á siete años.

Blanca, de azules ojos, rubia y tan espigada, ligera y gallarda, que la

comparacion con su conjunto seria grosera, si no apelara al recuerdo

del celaje leve, dorado por los primeros rayos del sol, ó de la espuma

flotante cuando se desliza, dejando apénas huella sobre las olas.

¡Qué alegre la contemplábamos! ¡cómo el doctor y yo, suspendiéndola de

los bracitos, le fingiamos vuelo y reiamos de su reir estrepitoso y

sincero!

Algun tiempo vivimos en el hotel; despues nos establecimos en una casa

sola con su cercado de verjas de hierro, sus amplios departamentos y su

jardin espacioso.

En esa casa pasamos cerca de ocho meses Patoni y yo con nuestras

familias, el pundonoroso y patriota general Poucel y Benito Zenea,

veracruzano entusiasta y á quien todos queriamos mucho.

Estos eran en confuso los recuerdos que evocaba yo en _Minger-Hotel_,

miéntras los criados acarreaban nuestros baúles y maletas y nos

estableciamos en nuestros respectivos cuartos en toda forma.

Apénas cumplí con las reglas de mi poco fervoroso culto á la diosa del

tocador, cuando salí á la calle en pos de mis recuerdos y de mis amigos

y conocidos.

¡Cuán otro estaba San Antonio y qué sorprendente habia sido su

desarrollo en ménos de doce años!

A los lados de la calle principal de uno y otro viento hay risueñas

estancias, frondosas arboledas y calles como en Orleans y otras

ciudades americanas.

Las toscas cercas y corrales se habian trasformado en barandales y

jardines, atravesaban vistosos carruajes la ciudad y me parecia más que

duplicada la poblacion.

Dirigíme á la casa de M. Suvervielle: su misma escogida librería, su

botella de rapé en el escritorio, su ancha poltrona, sus golosinas en

la pieza interior.

--Ah de casa!

--Allá van.

Fresco, regordete, alegre, con sus pantuflas y su sombrero de jipijapa.

--Oh, mi D. Guillermo!

Otros cincuenta abrazos.

--Siéntese vd., mande vd.: aquí, como siempre, es de vd. toda la casa.

--No me detengo, voy en pos de Poinsart y de Cupples.

A cincuenta pasos, tomando por la calle real, medio hundida, descubrí

la casita de madera de Poinsart, mecánico excelente.

Es M. Poinsart chiquitin, colorado, alegre, de nariz roma y movimientos

listos, recalca la r para hablar, sus pequeñitos ojos son el asiento de

la malicia y el buen humor.

Entre exquisitas pinturas, relojes, formones, máquinas para destilar

agua, telescopios y serruchos, tiene M. Poinsart sus poetas favoritos,

ostenta su intimidad con Beranger, tutea á Voltaire y se da sus ratos

de solaz con Alfonso Karr, con Dumas y con Alfredo de Musset.

Al descubrirme, me saltó al cuello este viejo querido, me tomó del

brazo y no lanzamos nuestra primera palabra sino frente á dos vasos de

cerveza, riendo sin saber de qué, pasando alegre revista de nuestros

amigos y extraviando la charla por los más escondidos vericuetos de la

íntima confianza....

--¡Eh! amigo Elliot, aquí, aquí, venga vd., aquí está D. Guillermo.

Y Elliot, que es un gordiflon muy campechano, se entró en mangas de

camisa, como andaba en la calle, en el _bar-room_, y quedamos aplazados

para cuando volviese de la casa de mi Dr. Cupples.

La botica en que refrescaba en los dias de grandes calores habia

desaparecido; la opulenta casa de los Sres. Gonzalez estaba trasformada

en oficinas militares y despacho del General Ord, la reducida piececita

del Correo era una casa de comercio y el Correo tenia su edificio

separado, elegante, y con todas las dependencias que exigia el

acrecimiento de la poblacion.

Llegué por fin solitario, apoyado en mi baston, silencioso y

meditabundo, al que fué nuestro hotel y hoy es habitacion del Dr.

Cupples.

La casita desaparece casi en raudales y cortinas de follaje que cuelgan

y se balancean sobre el jardin más lleno de vistosas flores y más

esmeradamente cultivado que se puede imaginar.

Lo que ántes era patio posterior, era jardin tambien, pero lleno de

corpulentos árboles con sus calzadas de menuda arena, sus _kioskos_ y

sus enredaderas en los pilares del corredor inferior.

La aparicion en tropel de mis recuerdos; la ausencia eterna de mi

adorada compañera de infortunios; la separacion de mis hijos; el fin

trágico de Patoni; la situacion de Ortega, todo me preocupó y llenaba

mi alma de tal modo, que no percibí que Katty, que es ya una lindísima

señorita, desde el corredor superior de la habitacion apartaba las

yerbas y veia y seguia los movimientos del viejo, que con los ojos

clavados en el suelo permanecia mucho tiempo entregado á profunda

contemplacion.

Sin duda para saber quién era el visitante inmóvil, hizo algun ruido;

levanté mis ojos, oí mi nombre, y la linda muchacha vino gritando

regocijada los nombres de María y de mis hijos: como si hubiera sido mi

hija, queria darme el brazo, quitarme el sombrero, llevar mi baston,

que me rodearan las criadas y criados, y que Lora, su mamá, que fué de

nuestra familia, hiciese festin y mandase llamar al doctor.

¡Qué lindo se platica cuando las palabras solo son pretextos de lo que

se dice y siente el corazon! ¡qué de palabras cortadas! ¡qué de risas

intempestivas! ¡qué quererlo saber todo y que todos escuchen lo que á

nosotros nos halaga y saboreamos como empapado en almíbar!

Venia en la calle el doctor, y Katty ya me anunciaba como una

feliz nueva, viniendo á mis brazos el noble y generoso amigo, á

enorgullecerse de tener lugar distinguido en mi corazon.

El Dr. Cupples es inglés de sangre pura y aristocrática: su cútis es

suavísima como la de la más cuidada señorita; sus cabellos, en hilos de

oro y plata, embellecen su frente luminosa, y en su mirada se abre paso

la sabiduría, entre los reflejos de la bondad.

La voz de mi doctor es apagada y quejosa, pero llena de dulzura; todo

lo grande del sentimiento; todo lo más elevado de la ciencia, tienen su

culto en aquel noble corazon y en aquella clara inteligencia.

--¡Oh, D. Guillermo! ¡mi D. Guillermo!

--No quiere tomar nada, dijo Katty.

--Vea vd., D. Guillermo, su cuarto, su mesa y las plumas con que

escribia.

--Lora, ve á traer esa buena cerveza que es la del Sr. D. Guillermo:

¿dónde está su equipaje? ¿ya avisaron lo que come D. Guillermo?

Y todo eran finezas y todo cariño. Anuncié la visita del Sr. Gomez del

Palacio; se recibió con júbilo la noticia y quedamos aplazados para

comer en familia, frente al jardin, pasándose invitacion especial á

Gomez del Palacio y á Mr. Suvervielle, que es conocedor de nuestras

costumbres, de nuestras leyes y de los negocios de la frontera, como

muy pocos mexicanos.

A mi regreso al hotel, iba entrando, ya en el Correo para hacer

conocimiento con el nuevo edificio, ya á una fondita en la que me

llamaron la atencion las banderas mexicanas, y tiene el nombre de "San

Luis Potosí," ya á la casa de Elliot, ya á una tienda en que abracé á

Pascual Hernandez y departimos contentos, recibiéndole ofrecimientos

generosos.

En el hotel me entregaron una tarjeta del Sr. General Ord, que habia

estado dos veces á buscarme.

Con motivo del paso de las fuerzas americanas á nuestras fronteras,

habia yo escrito en _El Sun_ de Nueva-York, tres ó cuatro artículos

vehementes en contra del atentado, y habia rechazado aseveraciones

deshonrosas del Senador Sleicher, al parecer enemigo irreconciliable de

México.

Yo no tenia deseo de ver al General Ord; pero aquella demostracion de

finura, me hizo concertar con Gomez del Palacio nuestra visita para el

siguiente dia.

Otra de las tarjetas era del Sr. Leal, mexicano y padre de una familia

adorable, en que forman atmósfera deliciosa la bondad y la alegría.

Por el momento, la gran cuestion era comer con el doctor y su familia;

expuse á Francisco mi compromiso, suplicándole á nombre de mis amigos

que nos acompañase.

Limpieza suma, manjares excelentes, amigos alegres, señoras como

ángeles.

A las pocas palabras, el doctor y Francisco eran como viejos amigos.

Suvervielle dió suelta á su verba francesa, Katty hacia sus monerías y

se volvia niña de seis años, como cuando le enseñaba yo las primeras

palabras que supo en español.

En la tarde y la noche de ese dia me ocupé en buscar á un amigo á

quien me recomendó Cárlos Mejía, quien lo es mio muy querido y una de

las personas que mejor conocen los Estados-Unidos, y á quien no da la

valía que merece su excesiva modestia.

A ese caballero y á mi hermano Francisco Urquidi, debo las siguientes

noticias de Texas, extractadas del discurso del Gobernador Kubber para

la exposicion de Filadelfia, en Setiembre de 1876. Atencion al extracto:

"HISTORIA.--Al anexarse Texas á la Union se reservó la propiedad

de todos sus terrenos públicos, que ascendian entónces á cerca de

200.000,000 de acres, y el derecho de dividir su territorio cuando

fuese su voluntad hacerlo entre los demás Estados, lo cual no

tendrá efecto, dice el discurso, hasta que se olvide San Jacinto

y el martilogio del álamo, porque la anexacion nada costó á este

Gobierno, y Texas pagó su propia deuda, que importaba algunos

millones.

"AREA DEL TERRITORIO Y TOPOGRAFIA.--Texas es el más grande de

los Estados americanos, mayor en extension que Nueva-York,

Pensylvania, Ohio, Virginia, Maryland, Delaware y los seis Estados

de Nueva-Inglaterra juntos--más de 175.000,000 de acres de

tierra--274,360 millas cuadradas de territorio.

"Topográficamente se divide Texas en tres partes:--1ª. La orilla

del mar del Sabina al Rio Grande.--2ª. Las tierras altas ó medianía

de Texas, que constituyen la mayor superficie del Estado, y que se

eleva de 500 á 800 piés sobre el nivel del mar, conteniendo gran

variedad de terrenos accidentados, con colinas y valles, alternando

bosques y llanuras, regados por mansas corrientes.--3ª. Los

grandes llanos, inclusive el llano estacado y las tierras planas

que se extienden largamente por el Oeste y el Noroeste, cuyos

llanos están interrumpidos aquí y allí por elevadas cadenas de

montañas, en las cabeceras de los rios Colorado, Pecos y Brazos: la

primera y segunda de estas clasificaciones topográficas, no tienen

igual en riqueza, fertilidad de tierra y salubridad de clima. La

tercera y última division es aún la morada del salvaje, y más hácia

el Oeste el criadero del búfalo.

"SALUBRIDAD.--Como prueba de ello se asegura que más de 20,000

personas viven actualmente á campo raso en las praderías de Texas,

etc., etc. La mortalidad es de ménos de diez y seis al millar

anualmente.

"PRODUCCION.--Texas ha cosechado este año más de 680,000 balas

de _algodon_. Una quinta parte del territorio puede producir una

cosecha anual mayor que la de todas las tierras del globo. En

las épocas más recientes ha aumentado mucho la produccion del

_trigo_, y en el año pasado se aproximó á 10.000,000 de _buchels_.

El _algodon_, el _trigo_, el _maíz_, el _centeno_, la _avena_, el

_arroz_, la _cebada_ y la _azúcar_, se producen una al lado de otro

en los mismos fértiles campos.

"TEMPERATURA Y LLUVIA.--Segun las observaciones de varios años

hechas en San Antonio, Italia no podria presentar una tabla tan

extraordinaria de temperatura media, humedad relativa del aire y

lluvias, como la que proporcionan dichas observaciones, y que hacen

que aquella ciudad pueda llamarse la más sana del mundo.

"ADELANTOS INTERIORES.--La primera milla de ferrocarril se

construyó en 1853; despues se han construido cerca de 3,000

millas, se ha adelantado en todo género de industria, el remover

obstáculos de sus rios navegables y la irrigacion de sus llanuras

occidentales, siendo la consecuencia haber adquirido millones de

riquezas, una poblacion industriosa y haber extendido sus fronteras

hácia el Oeste, 200 millas en veinte años.

"EDUCACION. ESCUELAS LIBRES.--Las escuelas están dotadas con el

producto de las tierras que les están destinadas, á razon de

221,400 acres por una Universidad del Estado, y 17,212 acres por

cada condado, en los cuales hay 168 organizados, á que corresponden

20.000,000 de acres que se arriendan, por término medio, á $3-1/2,

ó sea 61,992 pesos para cada condado. En la actualidad las tierras

de la Universidad producen 749,000 pesos.

"RIQUEZA Y POBLACION.--Existen sin enajenar 75.000,000 de acres

de tierras públicas: la propiedad importaba, en 1850, 51.000,000

de pesos; en 1860, 194.000,000; en 1870, 274.000,000; en 1875,

275.000,000; en 1876, 300.000,000. Se cosecha algodon anualmente

más que en ningun otro Estado, llegando á la cantidad de 680,000

balas. Su exportacion anual de ganado se estima en 6.000,000 de

pesos; de lana, en 15,000; cueros, 1.800,000 pesos; carne de res,

1.300,000 pesos; frutos y otros artículos, 3.000,000. La poblacion,

en 1850, era 212,000; en 1860, 600,000; en 1870, 818,000; en 1876,

2.000,000 aproximadamente. Segun los últimos datos oficiales, el

aumento anual de poblacion, solamente por la inmigracion, es de

250,000 personas.

"ADELANTO MORAL.--Un gran respeto por la religion y la ley.--70,000

bautistas, 70,000 metodistas, 140,000 católicos, etc.--2,000

predicadores del Evangelio y 50,000 asistentes á las escuelas

dominicales, que están aprendiendo á recordar á su Creador en los

dias de su juventud.

"EMIGRACION Y TOLERANCIA.--Se invita á los emigrantes ofreciéndoles

la más cordial hospitalidad y la mayor tolerancia respecto de

opiniones políticas y religiosas, para que de todas partes de la

tierra vengan á vivir y morir por Texas y la Union, en gloria de la

paz y en defensa de su bandera."

Viaje a los Estados Unidos, Tomo III · 第 96 / 153 题