Hubo un momento de silencio: pasó sollozando en el horizonte de
nuestras almas, la memoria de la patria.
Terminada la comida, espié un momento para escaparme, porque tenia
resuelto no despedirme de aquella casa, á la que tanto debí y á la que
amo tanto......
Me escapé al fin, sin que nadie lo apercibiese, y al hallarme solo en
la sombría calle 26, oyendo á lo léjos, como las caidas de agua de
la montaña, el rumor de las avenidas de la gran ciudad, no cesaba de
repetir: "Amor y bendiciones para los que acogen al extranjero como
á hermano, y le sientan en su hogar y calientan su corazon con el
cariño. Que la prosperidad les acompañe, y que la salud y el contento
aderecen su mesa y hagan mullido su lecho de descanso; que la virtud
y la sabiduría estrechen á su seno á las hijas y á los hijos de esta
familia, y que la Providencia divina derrame como lluvia benéfica, sus
más preciosos dones sobre esas flores de mi corazon......"
Vagué unos momentos al acaso, me senté en la plaza de Madisson, y veia
con indiferencia de autómata el círculo trasparente en que, á guisa de
vistas disolventes, se suceden figuras, que es una forma singular de
avisos.
Aquella fantasmagoría me producia un efecto semejante á la locura:
ya era una fisonomía á la que yo encontraba semejanza estrambótica;
ya un barco medio hundiéndose, que yo traducia por agüero de futuro
naufragio; ya unos gorritos de niños, que yo animaba con los cabellos
rubios y los rostros angélicos de mis nietecitos: aquella vista me
hacia mal.
Tomé, pues, la calle de Broadway para dirigirme á mi hotel.
Serian las doce de la noche, y los aparadores de las mil tiendas, en la
parte alta de la ciudad, estaban abiertos, como si se quisiera dar un
chasco á la noche.
Vino á mi mente la idea de hacer compras para los chicuelos, y no pude
hacerlo: esto me condenó á un positivo martirio.... las horas negras
revolaban sobre mi cabeza con sus alas de cuervo.
Al pasar por lo que se llama _Panadería de Viena_, que estaba luciente
y concurrida como un salon de baile, quise tomar un refresco.
Es de advertir que la _Panadería de Viena_ se llama así, porque allí se
fabrica pan exquisito, especial, como no lo habia comido en mi vida;
pero en realidad es uno de los más elegantes cafés de Nueva-York.
La _Panadería de Viena_ está situada en un recodo de la calle 9 que da
á Broadway; el ángulo está guarnecido de un hermoso barandal de hierro,
que resguarda un pintoresco jardin, en que hay un techo saliente
sostenido por delgadas y esbeltas columnas, y del que cuelga una
profusa cortina de lona.
Entre las flores, arbustos y macetas del jardin, se ven repartidas
simétricamente, mesitas con su tabla de mármol y sus piés de fierro.
Los efectos que se sirven en el café de Viena, son de la mejor calidad.
Mi curiosidad se despertaba al ver servir los chocolates en grandes
tazas, sumamente aguado y con cucharita, como si fuera _thé_.
Me caia en gracia ver llegar á los criados por su helado, que no sé
por qué le llaman (ladrillo helado), y el criado, ó el caballero, ó la
_lady_, lo conducian muy orondos, hecho piedra realmente, en su cajita
de carton; y me divertia la canastita curiosa de mimbres en que se
sirve el pan, y la servilletita cuadrada de alemanisco, con sus rayas
encarnadas, que solo sirve para limpiar los dedos y la boca, y no como
fungen las servilletas en nuestras mesas.
Sombría, hondamente sombría estaba mi alma, y no me puedo dar cuenta de
por qué, ansiando tanto volver á México y sintiendo en medio de aquel
bullicio, hasta mis huesos, el frio del aislamiento, hacia mi partida
con tristeza, como si me esperasen á la entrada de la patria más hondas
penas de las que yo sufria.
En los salones en que se advierte que se reciben señoras y caballeros,
no hay cantina, reina la mayor compostura y son frecuentados por culta
sociedad.
Algunos jóvenes, de regreso de los teatros y sus correrías; algunas
parejas afortunadas cantando en voz baja el eterno y siempre nuevo
duo del "yo te amo;" los picos del gas reverberante, pero alumbrando
fisonomías soñolientas y flores como dormidas sobre sus tallos, todo
tenia singular aspecto.
Al retirarme de aquel sitio, me pareció oir voces en español en una
mesita colocada á la sombra; acerquéme con cierta confianza, porque
yo no sé por qué dí y tomé en Nueva-York, que todos los que hablasen
español tenian de ser mis amigos íntimos por fuerza.
En esta vez no salió fallida mi extravagante regla: en aquella mesita,
y departiendo muy amigablemente, se encontraban mis amigos Manuel
Romero Rubio é Ignacio Mariscal, á quienes, en union de Juan José Baz,
habia visto en la mañana en el consulado.
Dos de estos amigos, Romero y Baz, desentendiéndose de los antecedentes
que nos reunian en el extranjero, atentos solo á los recuerdos de
afecto, y acaso en vista de mi mala posicion, fueron para conmigo finos
y hermanables.
Baz, ántes, con esa franqueza que forma el fondo de su carácter, habia
encontrado á mi hijo Francisco en la calle, y sin esperar saludo ni
cumplimiento, le llamó.
--Ven acá; tú no has de tener dinero; que nada te falte; aquí me
tienes, pídeme; poco te importa que esté ó no contento con tu padre; tú
eres su hijo y él es mi amigo.
Romero fué lo mismo conmigo, y cuando supo que hacia apuntaciones, que
buscaba noticias, se hizo mi colaborador. De Mariscal ni se diga, lo
quiero con el alma, tengo idea que es de los hombres que nos han hecho
honor en el extranjero; él ha sido mi consultor y le debo muchas de las
observaciones que pueden tener mérito en esta obrilla.
--¿No tomas nada?
--Ya tomé una grosella.
--Siéntese vd.
--¿Pronto la marcha?
--Muy pronto.
--En fin, y se puede decir, replicaba Romero, que has visto todo por
encima, sin detenerte en nada.
--Para detenerme necesitaba yo, como vd., decia yo á Mariscal, vivir
ocho ó diez años en Nueva-York.
--¿Viste por fin la casa de Appleton?
--La ví y tengo ya mis apuntaciones.
--¿Y el Correo?
--Consta en mi cartera.
--¿Y la Escuela de ciegos?
--Idem.
--¿Y la de sordo-mudos?
--La ví y no la estudié, porque de esos establecimientos conocemos por
lo que hemos leido de Europa, porque la escuela de México da idea de
estos adelantamientos, y sobre todo, porque cuando supe que tú habias
ido, tuve esperanza de que me darias detalles.
--Los detalles, continuó Manuel, serian frios y no tendrian interes;
los procedimientos de la enseñanza ya los conoces; pero puesto que lo
quieres, te contaré mis _Impresiones de viaje_:
"Se me habian hecho grandes elogios de la institucion de sordo-mudos,
proyectada en 1817, planteada en el de 1818, y que tuvo por uno de los
primeros presidentes de su Junta Directiva, á Cliton.
"Desarrolló un plan completo de mejoras en 1831, Mr. Henry P. Peet, y
hoy cuenta 400 pupilos en un hermosísimo edificio, en el centro de un
parque, en Washington Heigts, número 162.
"De los treinta profesores del establecimiento, quince son sordo-mudos.
"Aunque la institucion se instaló y subsiste de la beneficencia
privada, hoy la Legislatura la subvenciona y el Estado de Jersey
mantiene allí cincuenta niños."
--Despues de esa introduccion, ya te supongo de viaje.
[Ilustración: ASILO DE SORDO-MUDOS.]
--Te equivocas, he hecho ya el viaje, y mi charla de guía fué para
entretenerte en el camino.
Estamos á la puerta del grandioso edificio, y digo estamos, porque lo
visitaba en compañía de otros mexicanos.
Saliónos á recibir el médico del establecimiento y otros caballeros
(los supongo directores), que nos trataron con aquella finura y
atenciones con que tratan á todos los viajeros.
Comenzaron aquellos señores por enseñarnos las oficinas todas del
servicio del establecimiento, haciendo curiosas reseñas de la
organizacion administrativa; ya conoces esto: la cocina con todas sus
secciones, comunicacion de vapor, tubos, asadores, etc., la lavandería,
el comedor, todo perfectamente aseado.
Despues de recorrer estanques, leñeros, ventiladores y lo más íntimo,
ascendimos á la primera seccion de enseñanza para los niños que
comienzan, y tienen doce años lo ménos.
El sistema es una combinacion de señas, y como ilustracion el objeto.
Hay un salon con grandes pizarrones, cada niño tiene su jis. En el
centro de la pieza se ve una mesa con varios artículos; por ejemplo,
sombreros, bastones, guantes, velas, vasos, etc.
Se designa y tiene en la mano el objeto, se dice por señas su nombre,
se escribe en seguida.
--Sin duda un estudio profundo ha demostrado á los autores del
sistema, añadí yo, que nosotros percibimos grupos ó conjuntos y que
la particularizacion de esos objetos es el nombre sustantivo: así se
podrán comparar dos bastones y los distinguirá el adjetivo, etc.
Para cerciorarse el profesor de si ha comprendido el discípulo, escribe
el nombre del objeto y el niño lo designa ó lo conduce.
Despues, por medio de cambio de lugares de los objetos, da idea del
verbo, que es el enlace de los nombres, su accion y la vida del idioma.
Esto puede decirse que es lo rudimental; pero el apoteósis del esfuerzo
humano, la lucha con el infortunio, estriba en hacer hablar á los
sordo-mudos, y esto, aunque lo habia oido decir, me maravilló.
Careciendo el discípulo de idea del sonido, no se pudo aprovechar ese
elemento; pero se aprovecharon las ideas de los signos y se inventaron
figuras que correspondiesen á los movimientos de los labios, á la
posicion de la lengua y á la emision del aliento sonoro, de suerte que
hubo una especie de escala para las vocales, etc.
Hecha la articulacion, aparece la letra y hace visible la palabra que
comprueba la presencia del objeto, así con el signo convencional, así
al frente, y el preceptor delante armado de infinita paciencia, balbute
"papá," "mamá," "amo," y palabras fáciles como "baba," "papa," "ama,"
etc.
En este ejercicio se adiestran tanto los niños, que por el movimiento
de los labios comprenden á sus preceptores, platican y entran en
perfecta comunicacion.
--Yo no sé, continuó Romero, por qué me conmovió tanto aquella gloriosa
restitucion del hombre á la sociedad.
El sabio y venerable preceptor nos pidió, sin duda para presentarnos
una prueba especial de los adelantamientos de sus discípulos, que
escribiésemos alguna cosa para que lo repitiese una preciosa niña,
brillante de inteligencia y hermosura.
Un amigo escribió no sé qué sentencia en español.
Aquello lo tradujo la niña en sus signos, y articuló la sentencia en
español, con la misma propiedad que uno de nosotros.
Entramos por último al salon de adultos, que alumbraban rasgadas
ventanas, y que columnas, muebles, plataformas y techumbre, eran
grandiosos.
El director nos presentó á sus discípulos como mexicanos notables, con
expresiones de cortesía.
En seguida ordenó que escribiesen alguna cosa alusiva á nuestro país.
Cientos de manecitas como palomas con sus picos blancos, volaron sobre
los pizarrones, y dejaron líneas como huellas de su tránsito.
¡Qué elevacion de ideas! ¡qué conocimiento de nuestra historia! Muchas
inscripciones decian, que algunos creian que habia diferencias entre su
nacion y la nuestra, que dios era la paz, y el triunfo de la razon y la
justicia, la grande aspiracion de los pueblos....!
Repito, dijo para terminar Romero, que yo estaba abismado y que nunca
olvidaré mi visita á la institucion de _sordo-mudos_. Esta es la causa
porque lamentaba que la hubieses mentado de paso, y que no te hubieses
detenido á examinarla.
Dí las gracias á mis amigos por sus atenciones, y me retiré al hotel,
que estaba sepultado en profundo sueño.... Ardia, sin embargo, la luz
de la desconocida de la leyenda de _la Monja_.... ¿Me detengo?....
¿Disparo contra esa puerta un adios postrero.... que tiemble el
mundo....? Juicio, _Fidelillo_, y á dormir.
* * * * *
Dormí muy poco y con extremada agitacion. Antes del alba, Maguet estaba
de pié junto á la mesita en que yo escribia, poniéndome la mano en la
frente, con aquella su tiesura de palo, para cerciorarse si estaba yo
enfermo: por sí ó por no, me llevaba un tazon de té en que cómodamente
me hubiera podido dar un baño.
Con mucha formalidad, y siguiendo una espontánea inspiracion de mi
gratitud y mi ternura, me puse á escribir los nombres de aquellas
personas con quienes tenia obligaciones contraidas y á las que deseaba
decir adios, fuera de aquellos de quienes he hecho especial mencion.
El Sr. Dana, director del _Sun_, y persona en quien no se sabe qué
admirar más, si la probidad ó el talento, fué la primera persona que
ocupó mi lista.
Le merecí franca y leal amistad; pero además, todo mexicano le debe
especial consideracion.
Por un sentimiento espontáneo de simpatía, porque estén de acuerdo con
sus ideas las que nosotros defendemos, ó por lo que se quiera, jamás se
tratan las cuestiones de México, sin que M. Dana esté de nuestra parte,
con un conocimiento exacto de las cosas y con admirable desinteres.
Los Sres. García, de _Las Novedades_; los redactores de _La Voz de
Cuba_; el Sr. Macías y otros literatos distinguidos, merecen mi
profundo reconocimiento.
Los Sres. Cisneros, Aguilar, Agramonte, Jardines, Roselló, á todos
queria hacer patente mi reconocimiento, y me disponia á salir, cuando
Francisco, que habia arreglado lo conducente á la marcha, me dijo que
queria que le acompañase á tomar los boletos.
Emprendimos el viaje hasta la parte baja de la ciudad, en donde están
los despachos de líneas de vapores, ferrocarriles, _express_, y como
quien dice, las llaves para abrir todas las puertas del mundo.
Cuartos y salones extensos tapizados de mapas, guías, derroteros,
instrucciones para viajeros, todo se encuentra allí explicado por
corteses dependientes, que se esmeran en particularizar detalles, y que
le llevan á uno como por la mano á los puntos á que quiere dirigirse.
En estantes, á la entrada de esos salones, hay grátis y al alcance de
todo el que quiera, mapas y directorios utilísimos.
Quedó arreglado el envío del equipaje, el cochero que habia de pasar
por nosotros á las siete de la noche, y cuanto podiamos apetecer.
La ciudad me parecia más bella y animada; sus altas paredes, sus
magníficos edificios, sus cúpulas, sus torres, sus banderas, como que
salian á verme partir, y me señalaban entre aquel tumulto de coches, de
carros, de vendedores, de hombres de negocios y de paseantes.
El almuerzo fué tristísimo; se trataba de cosas indiferentes; pero el
eco de la voz tenia amargura, y no se atrevian á encontrarse nuestras
miradas.
La lluvia se desató á torrentes; yo me encerré en mi cuarto, y para
distraerme del fastidio que me agobiaba, me puse á copiar y extractar
del _New-York Times_ lo siguiente, que me pareció curioso.
Pero es el caso que dentro del periódico, y como por vía de
introduccion, habia puesto no sé cuántas sandeces que en aquellas
circunstancias se avenian con la disposicion de mi espíritu, como un
par de pistolas con un Santocristo.
No quiero, rematadamente no quiero poner ni quitar letras: allá va el
extracto con todo y copete inadecuado y estrambótico.
Ahora que reviso mis apuntaciones, como quien repasa un exámen de
conciencia, veo lo muy superficial de mis estudios, el mucho tiempo
perdido en fandangos y bureos y lo mal que corresponde el anuncio de
_Viaje á los Estados-Unidos_, con el diminuto y mal perjeñado texto de
_Fidel_.
Me consoló un tanto de tan amargas reflexiones, convencerme que este
defecto mio es de familia.
Tenia un tio (que por algo se ha de empezar), que se la daba de muy
entendido en esto de mapas y estudios geográficos.
Anunció un dia que se iba á encerrar con sus libros, y cátenlo vdes.
invisible para el comun de los mortales: los que lo espiábamos por el
agujerito de la chapa de la puerta, le veiamos amontonando pergaminos,
extendiendo papeles, tirando líneas, y estudiando, lleno de afan, hasta
las altas horas de la noche.
Un dia salió del estudio con un gran libro en las manos, reclamando
los honores del triunfo; abrió el libro con cierta prosopopeya, entre
asombrados circunstantes que leyeron en la portada: