Bellas artes.--Literatura.
Ahora sí me puedo dar gusto elogiando un capítulo de mi obra; ahora sí
que entré en esa fácil gloria de los que hacen recopilaciones, índices
y cuadros sinópticos que arden en un candil y procuran reputaciones
colosales.
Esto de las bellas artes me traia desasosegado; por una parte, decia
yo, sigamos la corriente y digamos, haciendo coro con todos los
viajeros, que estos hombres no son para la inspiracion y para el
buen gusto; citemos esos muñecos que son delicia de muchos, con sus
colores rechinantes y sus oropeles; pongamos en espectáculo esas
rocas formadas de trozos de jamon y esos mares cuyas olas parecen de
algodon escarmenado; con esto lisonjearemos á los que rabian de ver
la prosperidad de estas gentes, y se realza indirectamente nuestra
reputacion de patriotas, pues se deja entender que para nosotros hay
algo de muy superior en nuestra tierra. Pero no dejaba de escocerme
recordar que en cada pueblo habia visto una academia de música ó
dibujo, y las muy cuantiosas sumas dedicadas al cultivo de las artes,
ya por el Gobierno, ya por los particulares. Además, en los grandes
salones, en los teatros, en algun museo, habia visto obras de verdadero
mérito, y no me parecia lícito cerrar los ojos á la evidencia, para
adular servilmente una preocupacion por extendida que estuviese.
Revolviendo tales dudas en mi cabeza, consulté con mi amigo el Sr. Lic.
D. Ignacio Mariscal, que aunque no ha hecho estudio detenido sobre la
materia, ajena á su actual encargo y posicion, es persona de excelente
criterio, de clarísimos talentos y de muchísimos más conocimientos que
yo de los Estados-Unidos.
Es de advertir que promoví conversacion á mi amigo, á quema ropa,
en medio de la calle, sin que tuviese á mano modo de rectificar sus
opiniones; sin embargo de aquel asalto, y conservando en mi memoria
letra á letra sus palabras, hice las siguientes apuntaciones, que
espero no encontrará adulteradas su autor, y que verán sin duda con
muchísimo gusto mis lectores:
"No están las bellas artes en los Estados-Unidos tan adelantadas
como las artes útiles, que constituyen la industria; y, ni en
número, ni en calidad, pueden todavía compararse los artistas
americanos con los que hay en algunas naciones de Europa. Tampoco
existen en ese país las grandes colecciones públicas de objetos
artísticos formadas por el trascurso de los siglos y las rapiñas de
los conquistadores. Sin embargo, se exagera mucho al hablar del
atraso de los yankees en este ramo, y á la verdad en él tambien
han hecho progresos considerables, si bien no guardan proporcion
con sus adelantos de otro género. Para convencerse de ello, sin
necesidad de haberlo visto, basta reflexionar en el íntimo contacto
que guarda ese pueblo con la Europa, de donde recibe una contínua
emigracion que á veces comprende artistas é individuos de una
especial cultura, y en que la costumbre de sus ricos de viajar por
el viejo mundo trayendo á sus hogares cuadros, estatuas, etc., es
preciso que desarrolle el arte en aquel pueblo, más allá de lo
posible en naciones comparativamente aisladas. De algunos años á
esta parte, es asombroso el número de americanos que van anualmente
á Francia, Inglaterra, Alemania, Italia, y aun España, con el
fin, entre otros, de estudiar sus tesoros artísticos. Durante el
verano, suman estos turistas de cincuenta á sesenta mil, muchos
de los cuales consignan sus observaciones en viajes y aun obras
didácticas, que popularizan las nociones sobre bellas artes. Otros
dan disertaciones (_lutaces_), para las que nunca falta auditorio.
"Estos hechos y el de que las pinturas, esculturas, etc., con tal
que lleven el nombre de un artista célebre, encuentran siempre
mercado entre los americanos de fortuna, notables por su lujo y
ostentacion, han producido un estímulo en favor de aquellas artes
que inevitablemente las hace adelantar. Lo mismo sucede con la
música y el canto, por la concurrencia de artistas extranjeros,
que, si tienen algun mérito, nunca dejan de hacer allí su negocio.
Aun cuando fuera cierto que la raza anglo-sajona no descuella por
su gusto é invencion estéticos, ¿puede decirse otro tanto de la
alemana y de otras que allí abundan? No; el arte en general tiene
en los Estados-Unidos admiradores de todas las razas, no le faltan
hábiles adeptos, y cuenta, sobre todo, con gran número de gente que
puede y sabe pagarlo; condicion prosaica, pero indispensable para
su desarrollo.
"No han faltado ni faltan notabilidades artísticas de aquel país.
En escultura puede citarse, entre otros, á Powers, autor de la
Esclava Griega y otras estatuas elogiadas por los inteligentes.
Hay una jóven escultora, cuyas obras ya tienen celebridad: se
llama Miss Minnie Ream. En pintura, lo que más ha progresado
es el paisaje, y en él se distinguen hoy Bieritadt y Church,
que compiten con lo mejor que en el ramo produce la Europa. En
música ha habido compositores de mediano mérito y cantatrices de
talento extraordinario, como Adelina Patti, que aunque de raza
italiana, es nacida y criada en los Estados-Unidos, de padres allí
naturalizados. Existen otras muchas de dotes bastante apreciables,
como la Kellogg, la Cary, las Natali, etc. Músicos hay excelentes y
orquestas de primer órden, como la de Thomas, que ha hecho popular
la música clásica alemana. En Nueva-York y en Boston se ha dado con
buen éxito la famosa trilogia de Wagner "Der Niebelungen," que solo
pudo darse en Bayrenth bajo la direccion del autor y el patrocinio
del rey de Baviera.
[Ilustración:
_LIT. H. IRIARTE, MÉXICO._
Vista N. del Cementerio.