dos leguas de Poniente á Levante, la Isla de la Trinidad con la tierra de
Gracia y que para haber de entrar dentro para pasar al Septentrion habia
unos hileros de corrientes que atravesaban aquella boca y traían un rugir
muy grande, y creí yo que sería un arrecife de bajos é peñas, por el cual
no se ponria entrar dentro en ella, y detras de este hilero habia otro y
otro que todos traian un rugir grande como ola de la mar que va á romper
y dar en peñas. Surgí allí á la dicha punta del Arenal, fuera de la dicha
boca, y fallé que venia el agua del Oriente fasta el Poniente con tanta
furia como hace Guadalquivir en tiempo de avenida, y esto de contino
noche y dia, que creí quo no podria volver atrás por la corriente, ni ir
adelante por los bajos; y en la noche ya muy tarde, estando al bordo de
la nao, oí un rugir muy terrible que venia de la parte del Austro hácia
la nao, y me paré á mirar, y ví levantando la mar de Poniente á Levante,
en manera de una loma tan alta como la nao, y todavia venia hácia mi poco
á poco, y encima della venia un filero de corriente que venia rugiendo
con muy grande estrépito con aquella furia de aquel rugir que de los
otros hileros que yo dije que me parecian ondas de mar que daban en
peñas, que hoy en dia tengo el miedo en el cuerpo que no me trabucasen la
nao cuando llegasen debajo della, y passó y llegó fasta la boca adonde
allí se detuvo grande espacio. Y el otro dia siguiente envié las barcas á
sondar y fallé en el mas bajo de la boca, que habia seis ó siete brazas
de fondo, y de contino andaban aquellos hileros unos por entrar y otros
por salir, y plugo á nuestro Señor de me dar buen viento, y atravesé por
esa boca adentro, y luego hallé tranquilidad, y por acertamiento se sacó
del agua de la mar y la hallé dulce. Navegué al Septentrion fasta una
sierra muy alta, adonde serian veinte y seis leguas de esta punta del
Arenal, y allí habia dos cabos de tierra muy alta, el uno de la parte del
Oriente, y era de la misma Isla de la Trinidad, y el otro del Occidente
de la tierra que dije de Gracia, y allí hacia una boca muy angosta mas
que aquella de la punta del Arenal, y allí habia los mismos hileros y
aquel rugir fuerte del agua como era en la punta del Arenal, y asimismo
allí la mar era agua dulce; y fasta entonces yo no habia habido lengua
con ninguna gente de estas tierras, y lo deseaba en gran manera, y por
esto navegué al luengo de la costa de esta tierra hácia el Poniente, y
cuanto mas andaba hallaba el agua de la mar mas dulce y mas sabrosa, y
andando una gran parte llegué á un lugar donde me parecian las tierras
labradas y surgí y envié las barcas á tierra, y fallaron que de fresco
se habia ido de allí gente, y fallaron todo el monte cubierto de gatos
paules: volviéronse, y como esta fuese sierra me pareció que mas allá
al Poniente las tierras eran mas llanas, y que allí seria poblado, y
por esto seria poblado, y mandé levantar las anclas y corrí esta costa
fasta el cabo de esta sierra, y allí á un rio surgi, y luego vino mucha
gente, y me dijeron como llamaron á esta tierra Paria y que de allí mas
al Poniente era mas poblada; tomé dellos cuatro, y despues navegué al
Poniente, y andadas ocho leguas mas al Poniente allende una punta á que
yo llamé del Aguja: hallé unas tierras las mas hermosas del mundo, y
muy pobladas: llegué allí una mañana á hora de tercia, y por ver esta
verdura y esta hermosura acordé surgir y ver esta gente, de los cuales
luego vinieron en canoas á la nao á rogarme, de partes de su Rey, que
descendiese en tierra; é cuando vieron que no curé dellos vinieron á la
nao infinitísimos en canoas, y muchos traían piezas de oro al pescuezo, y
algunos atados á los brazos algunas perlas: holgué mucho cuando las ví é
procuré mucho de saber donde las hallaban, y me dijeron que allí, y de la
parte del Norte de aquella tierra.
Quisiera detenerme, mas estos bastimentos, que yo traía, trigo y vino é
carne para esta gente que acá esta se me acababan de perder, los cuales
hobe allá con tanta fatiga, y por esto yo no buscaba sino á mas andar á
venir á poner en ellos cobro, y no me detener para cosa alguna: procuré
de haber de aquellas perlas, y envié las barcas á tierra: esta gente es
muy mucha, y toda de muy buen parecer, de la misma color que los otros de
antes, y muy tratables: la gente nuestra que fue á tierra los hallaron
tan convenibles, y los recibieron muy honradamente: dicen que luego que
llegaron las barcas á tierra que vinieron dos personas principales cón
todo el pueblo, creen que el uno el padre y el otro era su hijo, y los
llevaron á una casa muy grande hecha á dos aguas, y no redonda, como
tienda de campo, como son estas otras, y allí tenian muchas sillas á
donde los ficieron asentar, y otras donde ellos se asentaron; y hicieron
traer pan, y de muchas maneras frutas é vino de muchas maneras blanco
é tinto, mas no de uvas: debe él de ser de diversas maneras uno de una
fruta y otro de otra; y asimismo debe de ser dello de maiz, que es una
simiente que hace una espiga como una mazorca de que llevé yo allá, y hay
ya mucho en Castilla, y parece que aquel que lo tenia mejor lo traía por
mayor excelencia, y lo daba en gran precio: los hombres todos estaban
juntos á un cabo de la casa, y las mugeres en otro. Recibieron ambas
las partes gran pena porque no se entendian, ellos para preguntar á los
otros de nuestra patria, y los nuestros por saber de la suya. E despues
que hobieron rescebido colacion allí en casa del mas viejo, los llevó el
mozo á la suya, e fizo otro tanto, é despues se pusieron en las barcas
é se vinieron á la nao, é yo luego levanté las anclas porque andaba
mucho de priesa por remediar los mantenimientos que se me perdian que yo
habia habido con tanta fatiga, y tambien por remediarme á mí que habia
adolescido por el desvelar de los ojos, que bien quel viage que yo fuí
á descubrir la tierra firme estuviese teinta y tres dias sin concebir
sueño, y estoviese tanto tiempo sin vista, non se me deñaron los ojos, ni
se me rompieron de sangre y con tantos dolores como agora.
Esta gente, como ya dije, son todos de muy linda estatura, altos de
cuerpos, é de muy lindos gestos, los cabellos muy largos é llanos, y
traen las cabezas atadas con unos pañuelos labrados, como ya dije,
hermosos, que parecen de lejos de seda y almaizares: otro traen ceñido
mas largo que se cobijan con él en lugar de pañetes, ansi hombres como
mugeres. La color de esta gente es mas blanca que otra que haya visto en
las Indias; todos traían al pescuezo y á los brazos algo á la guisa de
estas tierras, y muchos traían piezas de oro bajo colgado al pescuezo.
Las canoas de ellos son muy grandes y de mejor hechura que no son estas
otras, y mas livianas, y en el medio de cada una tienen un apartamiento
como cámara en que ví que andaban los principales con sus mugeres. Llamé
allí á este lugar Jardines, porque así conforman por el nombre. Procuré
mucho de saber donde cogian aquel oro, y todos me aseñalaban una tierra
frontera dellos al Poniente, que era muy alta, mas no lejos; mas todos
me decian que no fuese allá porque allí comian los hombres, y entendí
entonces que decian que eran hombres caribales, é que serian como los
otros, y despues he pensado que podria ser que lo decian porque allí
habria animalias. Tambien les pregunté adonde cogian las perlas, y me
señalaron tambien que al Poniente, y al Norte detrás de esta tierra donde
estaban. Dejélo de probar por esto de los mantenimientos, y del mal de
mis ojos, y por una nao grande que traigo que no es para semejante hecho.
Y como el tiempo fue breve se pasó todo en preguntas, y se volvieron á
los navíos, que seria hora de visperas, como ya dije, y luego levanté las
anclas y navegué al Poniente; y asimesmo el dia siguiente fasta que me
fallé que no habia si non tres brazas de fondo, con creencia que todavía
esta seria isla, y que yo podria salir al Norte; y así visto envié una
carabela sotil adelante á ver si habia salida ó si estaba cerrado, y ansi
anduvo mucho camino fasta un golfo muy grande en el cual parecia que
habia otros cuatro medianos, y del uno salia un rio grandísimo: fallaron
siempre cinco brazas de fondo y el agua muy dulce, en tanta cantidad que
yo jamas bebíla pareja della. Fuí yo muy descontento della cuando ví
que no podia salir al Norte ni podia andar ya al Austro ni al Poniente
porque yo estaba cercado por todas partes de la tierra, y así levanté
las anclas, y torne atrás para salir al Norte por la boca que yo arriba
dije, y no pude volver por la poblacion adonde yo habia estado, por causa
de las corrientes que me habian desviado della, y siempre en todo cabo
hallaba el agua dulce y clara, y que me llevaba al Oriente muy recio
fácia las dos bocas que arriba dije, y entonces conjeturé que los hilos
de la corriente, y aquellas lomas que salian y entraban en estas bocas
con aquel rugir tan fuerte que era pelea del agua dulce con la salada. La
dulce empujaba á la otra porque no entrase, y la salada porque la otra no
saliese; y conjeturé que allí donde son estas dos bocas que algun tiempo
seria tierra continua á la Isla de la Trinidad con la tierra de Gracia,
como podrán ver vuestras Altezas por la pintura de lo que con esta les
envio. Salí yo por esta boca del Norte y hallé quel agua dulce siempre
vencia, y cuando pasé, que fue con fuerza de viento, estando en una de
aquellas lomas, hallé en aquellos hilos de la parte de dentro el agua
dulce, y de fuera salada.
Cuando yo navegué de España á las Indias fallo luego en pasando cien
leguas á Poniente de los Azores grandísimo mudamiento en el cielo é en
las estrellas, y en la temperancia del aire, y en las aguas de la mar, y
en esto he tenido mucha diligencia en la experiencia.
Fallo que de Septentrion en Austro, pasando las dichas cien leguas de
las dichas islas, que luego en las agujas de marear, que fasta entonces
nordesteaban, noruestean una cuarta de viento todo entero, y esto es en
allegando allí á aquella línea, como quien traspone una cuesta, asimesmo
fallo la mar toda llena de yerba de una calidad que parece ramitos de
pino y muy cargada de fruta como de lantisco, y es tan espesa que al
primer viage pensé que era bajo, y que daria en seco con los navíos, y
hasta llegar con esta raya no se falla un solo ramito: fallo tambien en
llegando allí la mar muy suave y llana, y bien que vente recio nunca
se levanta. Asimismo hallo dentro de la dicha raya hácia Poniente la
temperancia del cielo muy suave, y no discrepa de la cantidad quier sea
invierno, quier sea en verano. Cuando allí estoy hallo que la estrella
del Norte escribe un círculo el cualo tiene en el diámetro cinco grados,
y estando las guardas en el brazo derecho estonces está la estrella en el
mas bajo, y se vá alzando fasta que llega al brazo izquierdo, y estonces
está cinco grados, y de allí se vá abajando fasta llegar á volver otra
vez al brazo derecho.
Yo allegué agora de España á la Isla de la Madera, y de allí á Canaria, y
dende á las Islas de Cabo Verde, de adonde cometí el viage para navegar
al Austro fasta debajo la linea equinocial, como ya dije: allegado á
estar en derecho con el paralelo que pasa por la Sierra Leoa en Guinea,
fallo tan grande ardor, y los rayos del sol tan calientes que pensaba
de quemar, y bien que lloviese y el cielo fuese muy turbado siempre yo
estaba en esta fatiga, fasta que nuestro Señor proveyó de buen viento y
á mi puso en voluntad que yo navegase al Occidente con este esfuerzo,
que en llegando á la raya de que yo dije que allí fallaria mudamiento
en la temperancia. Despues que yo emparejé á estar en derecho de esta
raya luego fallé la temperancia del cielo muy suave, y cuanto mas andaba
adelante mas multiplicaba; mas no hallé conforme á esto las estrellas.
Fallé allí que en anocheciendo tenia yo la estrella del Norte alta cinco
grados, y estonces las guardas estaban encima de la cabeza, y despues á
la media noche fallaba la estrella alta diez grados, y en amaneciendo que
las guardas estaban en los pies quince.
La suavelidad de la mar fallé conforme, mas no en la yerba: en esto de la
estrella del Norte tomé grande admiracion, y por esto muchas noches con
mucha diligencia tornaba yo á repricar la vista della con el cuadrante, y
siempre fallé que caía el plomo y hilo á un punto.
Por cosa nueva tengo yo esto, y podrá ser que será tenida que en poco
espacio haga tanta diferencia el cielo.
Yo siempre lei que el mundo, tierra é agua era esférico é las autoridades
y esperiencias que Tolomeo y todos los otros escribieron de este
sitio, daban é amostraban para ello así por eclipses de la luna y
otras demostraciones que hacen de Oriente fasta Occidente, como de la
elevacion del polo de Septentrion en Austro. Agora ví tanta disformidad,
como ya dije, y por esto me puse á tener esto del mundo, y fallé que no
era redondo en la forma que escriben; salvo que es de la forma de una
pera que sea toda muy redonda, salvo allí donde tiene el pezon que allí
tiene mas alto, ó como quien tiene una pelota muy redonda, y en un lugar
della fuese como una teta de muger allí puesta, y que esta parte deste
pezon sea la mas alta é mas propincua al cielo, y sea debajo la línea
equinocial, y en esta mar Océana en fin del Oriente: llamo yo fin de
Oriente, adonde acaba toda la tierra é islas, é para esto allego todas
las razones sobre-escriptas de la raya que pasa al Occidente delas islas
de los Azores cien leguas de Septentrion en Austro, que en pasando de
allí al Poniente ya van los navíos alzándose hácia el cielo suavemente, y
entonces se goza de mas suave temperancia y se muda el aguja del marear
por causa de la suavidad desa cuarta de viento, y cuanto mas va adelante
é alzándose mas noruestea, y esta altura causa el desvariar del circulo
que escribe la estrella del Norte con las guardas, y cuanto mas pasare
junto con la línea equinocial, mas se subirán en alto, y mas diferencia
habrá en las dichas estrellas, y en los circulos dellas. Y Tolomeo y los
otros sabios que escribieron de este mundo, creyeron que era esférico,
creyendo queste hemisferio que fuese redondo como aquel de allá donde
ellos estaban, el cual tiene el centro en la Isla de Arin, qués debajo la
linea equinocial entre el sino Arabico y aquel de Persia, y el círculo
pasa sobre el Cabo de S. Vicente en Portugal por el Poniente, y pasa en
Oriente por Cangara y por las Seras, en el cual hemisferio no hago yo que
hay ninguna dificultad, salvo que sea esférico redondo como ellos dicen:
mas este otro digo que es como sería la mitad de la pera bien redonda, la
cual toviese el pezon alto como y dije, ó como una teta de muger en una
pelota redonda, así que desta media parte non hobo noticia Tolomeo ni los
otros que escribieron del mundo por ser muy ignoto; solamente hicieron
raiz sobre el hemisferio, adonde ellos estaban ques redondo esférico,
como arriba dije. Y agora que vuestras Altezas lo han mandado navegar y
buscar y descobrir, se amuestra evidentísimo, porque estando yo en este
viage al Septentrion veinte grados de la línea equinocial, allí era en
derecho de Hargin, é de aquellas tierras: é allí es la gente negra é la
tierra muy quemada, y despues que fuí á las Islas de Cabo Verde, allí en
aquellas tierras es la gente mucho mas negra, y cuanto mas bajo se van al
Austro tanto mas llegan al extremo, en manera que allí en derecho donde
yo estaba, qués la Sierra Leoa, adonde se me alzaba la estrella del Norte
en anocheciendo cinco grados, allí es la gente negra en extrema cantidad,
y despues que de allí navegué al Occidente tan extremos calores; y pasada
la raya de que yo dije fallé multiplicar la temperancia, andando en
tanta cantidad que cuando yo llegué á la isla de la Trinidad, adonde la
estrella del Norte en anocheciendo tambien se me alzaba cinco grados,
allí y en la tierra de Gracia hallé temperancia suavísima, y las tierras
y árboles muy verdes, y tan hermosos como en Abril en las huertas de
Valencia; y la gente de allí de muy linda estatura, y blancos mas que
otros que haya visto en las Indias, é los cabellos muy largos é llanos, é
gente mas astuta é de mayor ingenio, é no cobardes. Entonces era el sol
en Virgen encima de nuestras cabezas é suyas, ansí que todo esto procede
por la suavísima temperancia que allí es, la cual procede por estar mas
alto en el mundo mas cerca del aire que cuento; y así me afirmo quel
mundo no es esférico, salvo que tiene esta diferencia que ya dije: la
cual es en este hemisferio adonde caen las Indias é la mar Oceana, y el
extremo dello es debajo la línea equinocial, y ayuda mucho á esto que
sea ansí, porque el sol cuando nuestro Señor lo hizo fue en el primer
punto de Oriente, ó la primera luz fue aquí en Oriente, allí donde es el
extremo de la altura deste mundo; y bien quel parecer de Aristotel fuese
que el Polo antártico ó la tierra ques debajo dél sea la mas alta parte
en el mundo, y mas propincua al cielo, otros sabios le impugnan diciendo
que es esta ques debajo del ártico, por las cuales razones parece que
entendian que una parte deste mundo debia de ser mas propincua y noble al
cielo que otra, y no cayeron en esto que sea debajo del equinocial por
la forma que yo dije, y no es maravilla porque deste hemisferio non se
hobiese noticia cierta, salvo muy liviana y por argumento, porque nadie
nunca lo ha andado ni enviado á buscar, hasta agora que vuestras Altezas
le mandaron explorar é descubrir la mar y la tierra.
Fallo que de allí de estas dos bocas, las cuales como yo dije estan
frontero por línea de Septentrion en Austro, que haya de la una á la otra
veinte y seis leguas, y no pudo haber en ello yerro porque se midieron
con cuadrante, y destas dos bocas de accidente fasta el golfo que yo
dije, al cual llamé de las Perlas, que son sesenta é ocho leguas de
cuatro millas dada una como acostumbramos en la mar, y que de allá de
este golfo corre de contino el agua muy fuerte hácia el oriente; y que
por esto tienen aquel combate estas dos bocas con la salada. En esta
boca de Austro á que yo llamé de la Sierpe, fallé en anocheciendo que yo
tenia la estrella del Norte alta cuasi cinco grados, y en aquella del
otra Septentrion, á que yo llamé del Drago, eran cuasi siete, y fallo
queldicho Golfo de las Perlas está occidentalal Occidente de el [179] de
Tolomeo cuasi tres mil é novecientas millas, que son cuasi setenta grados
equinociales, contando por cada uno cincuenta y seis millas é dos tercios.
La Sacra Escriptura testifica que nuestro Señor hizo al Paraiso terrenal,
y en él puso el Arbol de la vida, y del sale una fuente de donde
resultan en este mundo cuatro rios principales: Ganges en India, Tigris
y Eufrates en [180] los cuales apartan la sierra y hacen la Mesopotamia
y van à tener en Persia, y el Nilo que nace en Etiopia y va en la mar en
Alejandría.
Yo no hallo ni jamas he hallado escriptura de Latinos ni de Griegos que
certificadamente diga el sitio en este mundo del Paraiso terrenal, ni
visto en ningun mapamundo, salvo, situado con autoridad de argumento.
Algunos le ponian allí donde son las fuentes del Nilo en Etiopia; mas
otros anduvieron todas estas tierras y no hallaron conformidad dello en
la temperancia del cielo, en la altura hácia el cielo, porque se pudiese
comprehender que el era allí, ni que las aguas del diluvio hobiesen
llegado allí, las cuales subieron encima, &c. Algunos gentiles quisieron
decir por argumentos, que el era en las islas Fortunatas que son las
Canarias, &c.
S. Isidro y Beda y Strabo, y el Maestro de la historia escolástica, y San
Ambrosio, y Scoto, y todos los sanos teólogos conciertan quel Paraiso
terrenal es en el Oriente, &c.
Ya dije lo que yo hallaba deste hemisferio y de la hechura, y creo que si
yo pasara por debajo de la línea equinocial que en llegando allí en esto
mas alto que fallara muy mayor temperancia, y diversidad en las estrellas
y en las aguas; no porque yo crea que allí donde es el altura del extremo
sea navegable ni agua, ni que se pueda subir allá, porque creo que allí
es el Paraiso terrenal adonde no puede llegar nadie, salvo por voluntad
Divina; y creo que esta tierra que agora mandaron descubrir vuestras
Altezas sea grandísima y haya otras muchas en el Austro de que jamas se
hobo noticia.
Yo no tomo quel Paraise terrenal sea en forma de montaña aspera como el
escrebir dello nos amuestra, salvo quel sea en el colmo allí donde dije
la figura del pezon de la pera, y que poco á poco andando hácía allí
desde muy lejos se va subiendo á él; y creo que nadie no podria llegar
al colmo como yo dije, y creo que pueda salir de allí esa agua, bien que
sea lejos y venga á parar allí donde yo vengo, y faga este lago. Grandes
indicios son estos del Paraiso terrenal, porquel sitio es conforme á la
opinion de estos santos é sanos teólogos, y asimismo las señales son
muy conformes, que yo jamas leí ni oí que tanta cantidad de agua dulce
fuese así adentro é vecina con la salada; y en ello ayuda asimismo la
suavísima temperancia, y si de allí del Paraiso no sale, parece aun mayor
maravilla, porque no creo que se sepa en el mundo de rio tan grande y tan
fondo.
Despues que yo salí de la boca del Dragon, ques la una de las dos aquella
del Septentrion, á la cual así puse nombre, el dia siguiente, que fue dia
de Nuestra Señora de Agosto, fallé que corria tanto la mar al Poniente,
que despues de hora de misa que entré en camino, anduve fasta hora de
completas sesenta y cinco leguas de cuatro millas cada una, y el viento
no era demasiado, salvo muy suave; y esto ayuda el cognoscimiento que de
allí yendo al Austro se va mas alto, y andando hácia el Septentrion, como
entonces, se va descendiendo.
Muy conoscido tengo que las aguas de la mar llevan su curso de Oriente á
Occidente con los cielos, y que allí en esta comarca cuando pasan llevan
mas veloce camino, y por esto han comido tanta parte de la tierra, porque
por eso son acá tantas islas, y ellas mismas hacen desto testimonio,
porque todas á una mano son largas de Poniente á Levante, y Norueste
é Sueste ques un poco mas alto é bajo, y angostas de Norte á Sur, y
Nordeste Sudueste, que son en contrario de los otros dichos vientos, y
aquí en ellas todas nascen cosas preciosas por la suave temperancia que
les procede del cielo por estar hácia el mas alto del mundo. Verdad es
que parece en algunos lugares que las aguas no hagan este curso; mas esto
no es, salvo particularmente en algunos lugares donde alguna tierra le
está al encuentro, y hace parecer que andan diversos caminos.
Plinio escribe que la mar é la tierra hace todo una esfera, y pone questa
mar Oceana sea la mayor cantidad del agua, y está hácia el cielo, y
que la tierra sea debajo y que le sostenga, y mezclado es uno con otro
como el amago de la nuez con una tela gorda que va abrazado en ello. El
Maestro de la Historia escolástica sobre el Genesis dice que las aguas
son muy pocas, que bien que cuando fueron criadas que cobijasen toda la
tierra que entonces eran vaporables en manera de niebla, y que despues
que fueron sólidas é juntadas que ocuparon muy poco lugar, y en esto
concierta Nicolao de Lira. El Aristotel dice que este mundo es pequeño
y es el agua muy poca, y que facilmente se puede pasar de España á las
Indias, y esto confirma el Avenruyz y le alega el Cardenal Pedro de
Aliaco, autorizando este decir y aquel de Séneca, el cual conforma con
estos diciendo que Aristoteles pudo saber muchos secretos del mundo á
causa de Alejandro Magno, y Séneca á causa de Cesar Nero y Plinio por
respecto de los Romanos, los cuales todos gastaron dineros é gente, y
pusieron mucha diligencia en saber los secretos del mundo y darlos á
entender á los pueblos; el cual Cardenal da á estos grande autoridad mas
que á Tolomeo ni á otros Griegos ni Arabes, y á confirmacion de decir
quel agua sea poca y quel cubierto del mundo della sea poco, al respecto
de lo que se decia por autoridad de Tolomeo y de sus secuaces: á esto
trae una autoridad de Esdras del 3ᵒ. libro suyo, adonde dice que de
siete partes del mundo las seis son descubiertas y la una es cubierta de
agua, la cual autoridad es aprobada por Santos, los cuales dan autoridad
al 3ᵒ. é 4ᵒ. libro de Esdras, ansí como es S. Agustin é S. Ambrosio en
su _exameron_, adonde alega allí vendrá mi hijo Jesus é morira mi hijo
Cristo, y dicen que Esdrás fue Profeta, y asimismo Zacarías, padre de S.
Juan, y el braso Simon; las cuales autoridades tambien alega Francisco
de Mairones: en cuanto en esto del enjuto de la tierra mucho se ha
experimentado ques mucho mas de lo quel vulgo crea; y no es maravilla,
porque andando mas mas se sabe.
Torno á mi propósito de la tierra de Gracia y rio y lago que allí fallé,
atan grande que mas se le puede llamar mar que lago, porque _lago_ es
lugar de agua, y en seyendo grande se dice _mar_, como se dijo á la mar
de Galilea y al mar Muerto, y digo que sino procede del Paraiso terrenal
que viene este rio y procede de tierra infinita, pues al Austro, de la
cual fasta agora no se ha habido noticia, mas yo muy asentado tengo en el
anima que allí adonde dije es el Paraiso terrenal, y descanso sobre las
razones y autoridades sobre-escriptas.