Act IV. 1-148 Romance _(é-o)_

149-268 Redondillas

269-474 Romance heroico _(á-a)_

BIBLIOGRAPHICAL NOTE

The most important books and articles that treat of Hartzenbusch and the

legend of the _Amantes de Teruel_ have already been mentioned. In them

may be found many references and extensive bibliographical data. The

best of the writings of Hartzenbusch are contained in the five volumes

published in the well-known series _Colección de Escritores

Castellanos_. Three volumes contain his best plays: _Teatro_, Madrid,

1888-1892. The first volume, _Poesías_, 1887, contains a good study of

his life and writings by A. Fernández-Guerra. The Romantic movement in

Spain is treated at length in _El Romanticismo en España_, by Enrique

Pineyro, Paris, 1904; and in Vol. I, of _La Literatura Española en el

Siglo XIX_, by F. Blanco-García, 3d edition, 1909.

LOS AMANTES DE TERUEL,

DRAMA REFUNDIDO EN CUATRO ACTOS Y EN VERSO Y PROSA

Estrenado en Madrid en el teatro del Príncipe a 19 de enero de 1837

PERSONAS

JUAN DIEGO MARTÍNEZ GARCÉS DE MARSILLA, O MARSILLA.

ISABEL DE SEGURA.

DOÑA MARGARITA.

ZULIMA.

DON RODRIGO DE AZAGRA.

DON PEDRO DE SEGURA.

DON MARTÍN GARCÉS DE MARSILLA.

TERESA.

ADEL.

OSMÍN.

Soldados moros, cautivos, damas, caballeros, pajes, criados, criadas.

_El primer acto pasa en Valencia, y los demás en Teruel.

Año de 1217_.

LOS AMANTES DE TERUEL

ACTO PRIMERO

Dormitorio morisco en el alcázar de Valencia. A la derecha del

espectador una cama, junto al proscenio; a la izquierda, una

ventana con celosías y cortinajes. Puerta grande en el fondo,

y otras pequeñas a los lados.

ESCENA PRIMERA

ZULIMA, ADEL; JUAN DIEGO MARSILLA, adormecido en la cama:

sobre ella un lienzo con letras de sangre.

ZULIMA. No vuelve en sí.

ADEL. Todavía

tardará mucho en volver.

ZULIMA. Fuerte el narcótico ha sido.

ADEL. Poco ha se lo administré.--

Dígnate de oír, señora,

la voz de un súbdito fiel,

que orillas de un precipicio

te ve colocar el pie.

ZULIMA. Si disuadirme pretendes,

no te fatigues, Adel.

Partir de Valencia quiero,

y hoy, hoy mismo partiré.

ADEL. ¿Con ese cautivo?

ZULIMA. Tú

me has de acompañar con él.

ADEL. ¿Así al esposo abandonas? 15

¡Un Amir, señora, un Rey!

ZULIMA. Ese Rey, al ser mi esposo,

me prometió no tener

otra consorte que yo.

¿Lo ha cumplido? Ya lo ves. 20

A traerme una rival

marchó de Valencia ayer.

Libre a la nueva sultana

mi puesto le dejaré.

ADEL. Considera....

ZULIMA. Está resuelto. 25

El renegado Zaén,

el que aterra la comarca

de Albarracín y Teruel,

llamado por mí ha venido,

y tiene ya en su poder 30

casi todo lo que yo

de mis padres heredé,

que es demás para vivir

con opulencia los tres.

De la alcazaba saldremos 35

a poco de anochecer.

ADEL. Y ese cautivo, señora,

¿te ama? ¿Sabes tú quién es?

ZULIMA. Es noble, es valiente, en una

mazmorra iba a perecer 40

de enfermedad y de pena,

de frío, de hambre y de sed:

yo le doy la libertad,

riquezas, mi mano: ¿quién

rehusa estos dones? ¡Oh! 45

Si ofendiera mi altivez

con una repulsa, caro

le costara su desdén

conmigo. Tiempo hace ya

que este acero emponzoñé, 50

furiosa contra mi aleve

consorte Zeit Abenzeit:

quien es capaz de vengarse

en el Príncipe, también

escarmentara al esclavo, 55

como fuera menester.

ADEL. ¿Qué habrá escrito en ese lienzo

con su sangre? Yo no sé

leer en su idioma; pero

puedo llamar a cualquier 60

cautivo....

ZULIMA. Él nos lo dirá,

yo se lo preguntaré.

ADEL. ¿No fuera mejor hablarle

yo primero, tú después?

ZULIMA. Le voy a ocultar mi nombre: 65

ser Zoraida fingiré,

hija de Merván.

ADEL. ¡Merván!

¿Sabes que ese hombre sin ley

conspira contra el Amir?

ZULIMA. A él le toca defender 70

su trono, en vez de ocuparse,

contra la jurada fe,

en devaneos que un día

lugar a su ruina den.

Mas Ramiro no recobra 75

los sentidos: buscaré

un espíritu a propósito.... (_Vase_.)

ESCENA II

OSMÍN, por una puerta lateral.--ADEL, MARSILLA

OSMÍN. ¿Se fué Zulima?

ADEL. Se fué.

Tú nos habrás acechado.

OSMÍN. He cumplido mi deber. 80

Al ausentarse el Amir,

con este encargo quedé.

Es más cauto nuestro dueño

que esa liviana mujer.--

El lienzo escrito con sangre, 85

¿dónde está?

ADEL. Allí. (_Señalando la cama_.)

OSMÍN. Venga.

ADEL. Ten.

(_Le da el lienzo, y Osmín lee_.)

Mira si es que dice, ya

que tú lo sabes leer,

dónde lo pudo escribir;

porque en el encierro aquel 90

apenas penetra nunca

rayo de luz: verdad es

que rotas esta mañana

puerta y cadenas hallé:

debió, después de romperlas, 95

el subterráneo correr,

y hallando el lienzo....

OSMÍN (_asombrado de lo que ha leído_.) ¡Es posible!

ADEL. ¿Qué cosa?

OSMÍN. ¡Oh, vasallo infiel!

Avisar al Rey es fuerza,

y al pérfido sorprender. 100

ADEL. ¿Es éste el pérfido? (_Señalando a Marsilla_.)

OSMÍN. No;

ese noble aragonés

hoy el salvador será

de Valencia y de su Rey.

ADEL. Zulima viene.

OSMÍN. Silencio 105

con ella, y al punto ve

a buscarme. (_Vase_.)

ADEL. Norabuena.

Así me harás la merced

de explicarme lo que pasa.

ESCENA III

ZULIMA.--ADEL, MARSILLA

ZULIMA. Déjame sola.

ADEL. Está bien. (_Vase_.) 110

ESCENA IV

ZULIMA, MARSILLA

ZULIMA. Su pecho empieza a latir

más fuerte; así que perciba....

(_Aplícale un pomito a la nariz_.)

MARSILLA. ¡Ah!

ZULIMA. Volvió.

MARSILLA (_incorporándose_.) ¡Qué luz tan viva!

no la puedo resistir.

ZULIMA (_corriendo las cortinas de la ventana_).

De aquella horrible mansión 115

está a las tinieblas hecho.

MARSILLA. No es esto piedra, es un lecho.

¿Qué ha sido de mi prisión?

ZULIMA. Mira este albergue despacio,

y abre el corazón al gozo. 120

MARSILLA. ¡Señora!.... (_Reparando en ella_.)

ZULIMA. Tu calabozo

se ha convertido en palacio.

MARSILLA. Di (porque yo no me explico

milagro tal), di, ¿qué es esto?

ZULIMA. Que eras esclavo, y que presto 125

vas a verte libre y rico.

MARSILLA. ¡Libre! ¡Oh divina clemencia!

Y ¿a quién debo tal favor?

ZULIMA. ¿Quién puede hacerle mejor

que la Reina de Valencia? 130

Zulima te proporciona

la sorpresa que te embarga

dulcemente: ella me encarga

que cuide de tu persona:

y desde hoy ningún afán 135

permitiré que te aflija.

MARSILLA. ¿Eres?....

ZULIMA. Dama suya, hija

del valeroso Merván.

MARSILLA. ¿De Merván? (_Aparte_. ¡Ah! ¡qué

recuerdo!) (_Busca y recoge el lienzo_.)

ZULIMA. ¿Qué buscas tan azorado? 140

¿Ese lienzo ensangrentado?

MARSILLA (_aparte_.) Si ésta lo sabe, me pierdo.

ZULIMA. ¿Que has escrito en él?

MARSILLA. No va

esto dirigido a ti;

es para el Rey.

ZULIMA. No está aquí. 145

MARSILLA. Para la Reina será.

Haz, pues, que a mi bienhechora

vea: por Dios te lo ruego.

ZULIMA. Conocerás aquí luego

a la Reina tu señora. 150

MARSILLA. ¡Oh!....

ZULIMA. No estés con inquietud.

Olvida todo pesar:

trata solo de cobrar

el sosiego y la salud.

MARSILLA. Defienda próvido el cielo 155

y premie con altos dones

los piadosos corazones

que dan al triste consuelo.

Tendrá Zulima, tendrás

tú siempre un cautivo en mí; 160

hermoso es el bien por sí,

pero en una hermosa, más.

Ayer, hoy mismo, ¿cuál era

mi suerte? Sumido en honda

cárcel, estrecha y hedionda, 165

sin luz, sin aire siquiera;

envuelto en infecta nube

que húmedo engendra el terreno;

paja corrompida, cieno

y piedras por cama tuve. 170

--Hoy ... si no es esto soñar,

torno a la luz, a la vida,

y espero ver la florida

margen del Guadalaviar,

allí donde alza Teruel, 175

señoreando la altura,

sus torres de piedra oscura,

que están mirándose en él.

No es lo más que me redima

la noble princesa mora: 180

el bien que me hace, lo ignora

aun la propia Zulima.

ZULIMA. Ella siempre algún misterio

supuso en ti, y así espera

que me des noticia entera 185

de tu vida y cautiverio.

Una vez que en tu retiro

las dos ocultas entramos,

te oímos ... y sospechamos

que no es tu nombre Ramiro. 190

MARSILLA. Mi nombre es Diego Marsilla,

y cuna Teruel me dió,

pueblo que ayer se fundó,

y es hoy poderosa villa,

cuyos muros, entre horrores 195

de lid atroz levantados,

fueron con sangre amasados

de sus fuertes pobladores.

Yo creo que al darme ser

quiso formar el Señor, 200

modelos de puro amor,

un hombre y una mujer,

y para hacer la igualdad

de sus afectos cumplida,

les dió un alma en dos partida, 205

y dijo: «Vivid y amad.»

Al son de la voz creadora,

Isabel y yo existimos,

y ambos los ojos abrimos

en un día y una hora. 210

Desde los años más tiernos

fuimos ya finos amantes;

desde que nos vimos ... antes

nos amábamos de vernos;

porque el amor principió 215

a enardecer nuestras almas

al contacto de las palmas

de Dios, cuando nos crió:

y así fué nuestro querer,

prodigioso en niña y niño, 220

encarnación del cariño

anticipado al nacer,

seguir Isabel y yo,

al triste mundo arribando,

seguir con el cuerpo amando, 225

como el espíritu amó.

ZULIMA. Inclinación tan igual

sólo dichas pronostica.

MARSILLA. Soy pobre, Isabel es rica.

ZULIMA (_aparte_). Respiro.

MARSILLA. Tuve un rival. 230

ZULIMA. ¿Sí?

MARSILLA. Y opulento.

ZULIMA. Y bien....

MARSILLA. Hizo

alarde de su riqueza....

ZULIMA. ¿Y qué? ¿rindió la firmeza

de Isabel?

MARSILLA. Es poco hechizo

el oro para quien ama. 235

Su padre, sí, deslumbrado....

ZULIMA. ¿Tu amor dejó desairado,

privándote de tu dama?

MARSILLA. Le ví, mi pasión habló,

su fuerza exhalando toda, 240

y, suspendida la boda,

un plazo se me otorgó,

para que mi esfuerzo activo

juntara un caudal honrado.

ZULIMA. ¿Es ya el término pasado? 245

MARSILLA. Señora, ya ves ... aun vivo.

Seis años y una semana

me dieron: los años ya

se cumplen hoy; cumplirá

el primer día mañana. 250

ZULIMA. Sigue.

MARSILLA. Un adiós a la hermosa

dí, que es de mis ojos luz,

y combatí por la cruz

en las Navas de Tolosa.

Gané con brioso porte 255

crédito allí de guerrero;

luego, en Francia, prisionero

caí del Conde Monforte.

Huí, y en Siria un francés

albigense, refugiado, 260

a quien había salvado

la vida junto a Besiés,

me dejó, al morir, su herencia:

volviendo con fama y oro

a España, pirata moro 265

me apresó y trajo a Valencia.

Y en pena de que rompió

de mis cadenas el hierro

mi mano, profundo encierro

en vida me sepultó, 270

donde mi extraño custodio,

sin dejarse ver ni oír,

me prolongaba el vivir,

o por piedad o por odio.

De aquel horrendo lugar 275

me sacáis: bella mujer,

sentir sé y agradecer:

di cómo podré pagar.

ZULIMA. No borres de tu memoria

tan debido ofrecimiento, 280

y haz por escuchar atento

cierta peregrina historia.

Un joven aragonés

vino cautivo al serallo:

sus prendas y nombre callo; 285

tú conocerás quién es.

Toda mujer se lastima

de ver padecer sonrojos

a un noble: puso los ojos

en el esclavo Zulima, 290

y férvido amor en breve

nació de la compasión:

aquí es brasa el corazón;

allá entre vosotros, nieve.

Quiso aquel joven huir; 295

fué desgraciado en su empeño:

le prenden, y por su dueño

es condenado a morir.

Pero en favor del cristiano

velaba Zulima; ciega, 300

loca, le salva;--más, llega

a brindarle con su mano.

Respuesta es bien se le dé

en trance tan decisivo:

habla tú por el cautivo, 305

yo por la Reina hablaré.

MARSILLA. Ni en desgracia ni en ventura

cupo en mi lenguaje dolo:

este corazón es sólo

para Isabel de Segura. 310

ZULIMA. Medita, y concederás

al tiempo lo que reclama.

¿Sabes tú si es fiel tu dama?

¿Sabes tú si la verás?

MARSILLA. Me matara mi dolor, 315

si fuera Isabel perjura:

mi constancia me asegura

la firmeza de su amor.

Con espíritu gallardo,

si queréis, daré mi vida: 320

dada el alma y recibida,

fiel al dueño se la guardo.

ZULIMA. Mira que es poco prudente

burlar a tu soberana,

que tiene sangre africana, 325

y ama y odia fácilmente.

Y si ella sabe que, cuando

yo su corazón te ofrezco,

por ella el dolor padezco

de ver que le estás pisando, 330

volverás a tus cadenas

y a tu negro calabozo,

y allí yo, con alborozo

que más encone tus penas,

la nueva te llevaré 335

de ser Isabel esposa.

MARSILLA. Y en prisión tan horrorosa

¿cuántos días viviré?

ZULIMA. ¡Rayo del cielo! el traidor

cuanto fabrico derrumba: 340

defendido con la tumba,

se ríe de mi furor.

Trocarás la risa en llanto.

Cautiva desde Teruel

me han de traer a Isabel.... 345

MARSILLA. ¿Quién eres tú para tanto?

ZULIMA. Tiembla de mí.

MARSILLA. Furia vana.

ZULIMA. ¡Insensato! La que ves,

no es hija de Merván, es

Zulima.

MARSILLA. ¡Tú la Sultana! 350

ZULIMA. La Reina.

MARSILLA. Toma, con eso

(_Dándole el lienzo ensangrentado_.)

correspondo a tu afición:

entrega sin dilación

a hombre de valor y seso

el escrito que te doy. 355

Sálvete su diligencia.

ZULIMA. ¡Cómo! ¿Qué riesgo?...

MARSILLA. A Valencia

tu esposo ha de llegar hoy;

y en llegando, tú y él y otros

a sedicioso puñal 360

perecéis.

ZULIMA. ¿Qué desleal

conspira contra nosotros?

MARSILLA. Merván, tu padre supuesto.

Si tu cólera no estalla,

mi labio el secreto calla, 365

y el fin os llega funesto.

ZULIMA. ¿Cómo tal conjuración

a ti!....

MARSILLA. Frenético ayer,

la puerta pude romper

de mi encierro: la prisión 370

recorro, oigo hablar, atiendo....

--Junta de aleves impía

era, Merván presidía.--

Allí supe que volviendo

a este alcázar el Amir, 375

trataban de asesinarle.

Resuélvome a no dejarle

pérfidamente morir,

y con roja tinta humana

y un pincel de mi cabello 380

la trama en un lienzo sello,

y el modo de hacerla vana.

Poner al siguiente día

pensaba el útil aviso

en la cesta que el preciso 385

sustento me conducía.

Vencióme tenaz modorra,

más fuerte que mi cuidado:

desperté maravillado,

fuera ya de la mazmorra. 390

Junta pues tu guardia, pon

aquí un acero, y que venga

con todo el poder que tenga

contra ti la rebelión.

ZULIMA. Dé a la rebelión castigo 395

quien tema por su poder;

no yo, que al anochecer

huir pensaba contigo.

Poca gente, pero brava,

que al marchar nos protegiera, 400

sumisa mi voz espera

escondida en la alcazaba.

Con ellos entre el rebato

del tumulto, partiré;

con ellos negociaré 405

que me venguen de un ingrato.

Teme la cuchilla airada

de Zaén, el bandolero;

tiembla, más que de su acero,

de esta daga envenenada. 410

¡Ay del que mi amor trocó

en frenesí rencoroso!

¡Nunca espere ser dichoso

quien de celos me mató!

MARSILLA. ¡Zulima!... ¡Señora !... 415

(_Vase Zulima por la puerta del fondo, y cierra por dentro_.)

ESCENA V

OSMÍN.--MARSILLA.

OSMÍN Baste

de plática sin provecho.

Al Rey un favor has hecho:

acaba lo que empezaste.

MARSILLA. ¡Cómo! ¿tú?....

OSMÍN. El lienzo he leído

que al Rey dirigiste: allí 420

le ofreces tu brazo.

MARSILLA. Sí,

armas y riesgo le pido.

OSMÍN. Pues bien, dos tropas formadas

con los cautivos están:

serás el un capitán, 425

el otro Jaime Celladas.

MARSILLA. ¡Jaime está aquí! Es mi paisano,

es mi amigo.

OSMÍN. Si hay combate,

así tendrá su rescate

cada cautivo en la mano. 430

Con ardimiento lidiad.

MARSILLA. ¿Quién, de libertad sediento,

no lidia con ardimiento

al grito de libertad!

OSMÍN. Cuanto a Zulima....

MARSILLA. También 435

Libre ha de ser.

OSMÍN. No debiera;

pero llévesela fuera

de nuestro reino Zaén.

ESCENA VI

ADEL, SOLDADOS MOROS.--MARSILLA, OSMÍN

ADEL. Osmín, a palacio van

turbas llegando en tumulto, 440

y Zaén, que estaba oculto,

sale aclamando a Merván.

Zulima nos ha vendido.

OSMÍN. Ya no hay perdón que le alcance.

MARSILLA. Después de correr el lance, 445

se dispondrá del vencido.

Cuando rueda la corona

entre la sangre y el fuego,

primero se triunfa, luego....

OSMÍN. Se castiga.

MARSILLA. Se perdona. 450

VOCES (_dentro_). ¡Muera el tirano!

MARSILLA. ¡Mi espada!

¡Mi puesto!

OSMÍN. Ven, ven a él.

Guarda el torreón, Adel.

ADEL. Ten tu acero. (_Dásele a Marsilla_.)

MARSILLA. ¡Arma anhelada!

¡Mi diestra te empuña ya! 455

Ella al triunfo te encamina.

Rayo fué de Palestina,

rayo en Valencia será.

ACTO SEGUNDO

Teruel.--Sala en casa de don Pedro Segura

ESCENA PRIMERA

DON PEDRO, entrando en su casa; MARGARITA, ISABEL y TERESA,

saliendo a recibirle

MARGARITA. ¡Esposo! (_Arrodillándose_.)

ISABEL. ¡Padre! (_Arrodillándose_.)

TERESA. ¡Señor!

PEDRO. ¡Hija! ¡Margarita! Alzad.

ISABEL. Dadme a besar vuestra mano.

MARGARITA. Déjame el suelo besar

que pisas.

TERESA (_a Margarita_). Vaya, señora, 5

ya es vicio tanta humildad.

PEDRO. Pedazos del corazón,

no es ese vuestro lugar.

Abrazadme. (_Levanta y abraza a las dos_.)

TERESA. Así me gusta.

Y a mí luego.

PEDRO. Ven acá, 10

fiel Teresa.

TERESA. Fiel y franca,

tengo en ello vanidad.

PEDRO. Ya he vuelto, por fin.

MARGARITA. Dios quiso

mis plegarias escuchar.

PEDRO. Gustoso a Monzón partí, 15

comisionado especial

para ofrecer a don Jaime

las tropas que alistará

nuestra villa de Teruel

en defensa de la paz, 20

que don Sancho y don Fernando

nos quieren arrebatar:

fué don Rodrigo de Azagra,

obsequioso y liberal,

acompañándome al ir, 25

y me acompaña al tornar;

mas yo me acordaba siempre

de vosotras con afán.

Triste se quedó Isabel;

más triste la encuentro.

TERESA. Ya. 30

MARGARITA. ¡Teresa!

ISABEL. ¡Padre!

PEDRO. Hija mía,

dime con sinceridad

lo que ha pasado en mi ausencia.

TERESA. Poco tiene que contar.

MARGARITA. ¡Teresa!

TERESA. Digo bien. ¿Es 35

por ventura novedad

que Isabel suspire, y vos (_a Margarita_)

recéis, y ayunéis a pan

y agua, y os andéis curando

enfermos por caridad? 40

Es la vida que traéis,

lo menos, quince años ha....

MARGARITA. Basta.

TERESA. Y hace seis cumplidos

que no se ha visto asomar

en los labios de Isabel 45

ni una sonrisa fugaz.

ISABEL (_aparte_). ¡Ay, mi bien!

TERESA. En fin, señor,

del pobrecillo don Juan

Diego de Marsilla, nada

se sabe.

MARGARITA. Si no calláis, 50

venid conmigo.

TERESA. Ir con vos

fácil es; pero callar....

(_Vanse Margarita y Teresa. Don Pedro se quita la espada

y la pone sobre un bufete_.)

ESCENA II

DON PEDRO, ISABEL

PEDRO. Mucho me aflige, Isabel,

tu pesadumbre tenaz;

pero, por desgracia, yo 55

no la puedo remediar.

Esclavo de su palabra

es el varón principal;

tengo empeñada la mía:

la debo desempeñar. 60

En el honor de tu padre

no se vió mancha jamás:

juventud honrada pide

más honrada ancianidad.

ISABEL. No pretendo yo....

PEDRO. Por otra 65

parte, parece que están

de Dios ciertas cosas. Oye

un lance bien singular,

y di si no tiene traza

de caso providencial. 70

ISABEL. A ver.

PEDRO. En Teruel vivió

(no sé si te acordarás)

un tal Roger de Lizana,

caballero catalán. 75

ISABEL. ¿El templario?

PEDRO. Sí. Roger

paraba en Monzón. Allá

es voz que penas y culpas

de su libre mocedad

trajéronle una dolencia

de espíritu y corporal, 80

que vino a dejarle casi

mudo, imbécil, incapaz.

Pacífico en su idiotez,

permitíanle vagar

libre por el pueblo. Un día, 85

sobre una dificultad

en mi encargo y sobre cómo

se debiera de allanar,

don Rodrigo y yo soltamos

palabras de enemistad. 90

Marchóse enojado, y yo

exclamé al verle marchar:

«¿Ha de ser este hombre dueño

de lo que yo quiero más?

Si la muerte puede sola 95

mi palabra desatar,

lléveme el Señor, y quede

Isabel en libertad.»

ISABEL. ¡Oh padre!

PEDRO. En esto, un empuje

tremendo a la puerta dan, 100

se abre, y con puñal en mano

entra....

ISABEL. ¡Virgen del Pilar!

¿Quién?

PEDRO. Roger. Llégase a mí,

y en voz pronunciada mal,

«Uno (dijo) de los dos 105

la vida aquí dejará.»

ISABEL. Y ¿qué hicisteis?

PEDRO. Yo, pensando

que bien pudiera quizás

mi muerte impedir alguna

mayor infelicidad, 110

crucé los brazos, y quieto

esperé el golpe mortal.

ISABEL. ¡Cielos! ¿Y Roger?

PEDRO. Roger

parado al ver mi ademán,

en lugar de acometerme, 115

se fué retirando atrás,

mirándome de hito en hito,

llena de terror la faz.

Asió con entrambas manos

el arma por la mitad, 120

y señas distintas hizo

de querérmela entregar.

Yo no le atendí, guardando

completa inmovilidad

como antes; y él, con los ojos 125

fijos, y sin menear

los párpados, balbuciente

dijo: «Matadme, salvad

en el hueco de mi tumba

mi secreto criminal.» 130

ISABEL. ¡Su secreto!

PEDRO. En fin, de estarse

tanto sin pestañear,

él, cuyos sentidos eran

la suma debilidad,

se trastornó, cayó; dió 135

la guarnición del puñal

en tierra, le fué la punta

al corazón a parar

al infeliz, y a mis plantas

rindió el aliento vital. 140

Huí con espanto: Azagra,

viniéndose a disculpar

conmigo, me halló; le dije

que no pisaba el umbral

de aquella casa en mi vida; 145

y él, próvido y eficaz,

avisó al rey, y mandó

el cadáver sepultar.--

Ya ves, hija: por no ir

yo contra tu voluntad, 150

por no cumplir mi palabra,

quise dejarme matar;

y Dios me guardó la vida:

su decreto celestial

es sin duda que esa boda 155

se haga por fin ... --y se hará,

si en tres días no parece

tu preferido galán.

ISABEL (_aparte_). ¡Ay de él y de mí!

ESCENA III

TERESA.--DON PEDRO, ISABEL

TERESA. Señor,

acaba de preguntar 160

por vos don Martín, el padre

de don Diego.

ISABEL (_aparte_). ¿Si sabrá?...

TERESA. Como es enemigo vuestro,

le he dejado en el zaguán.

PEDRO. A enemigo noble se abren 165

las puertas de par en par.

Que llegue. (_Vase Teresa_.) Ve con tu

madre.

ISABEL (_aparte_). Ella a sus pies me verá

llorando, hasta que consiga

vencer su severidad. (_Vase_.) 170

ESCENA IV

DON PEDRO

Desafiados quedamos

al tiempo de cabalgar

yo para Monzón: el duelo

llevar a cabo querrá.

Bien.--Pero él ha padecido 175

una larga enfermedad.

Si no tiene el brazo firme,

conmigo no lidiará.

ESCENA V

DON MARTÍN.--DON PEDRO

MARTÍN. Don Pedro Segura, seáis bien venido.

PEDRO. Y vos, don Martín Garcés de Marsilla, 180

seáis bien hallado: tomad una silla.

(_Siéntase don Martín, mientras don Pedro va a tomar su

espada_.)

MARTÍN. Dejad vuestra espada.

PEDRO (_sentándose_). Con pena he sabido

la grave dolencia que habéis padecido.

MARTÍN. Al fin me repuse del todo.

PEDRO. No sé....

MARTÍN. Domingo Celladas....

PEDRO. ¡Fuerte hombre es, a fe! 185

MARTÍN. Pues aun a la barra le gano el partido.

PEDRO. Así os quiero yo. Desde hoy, elegid

al duelo aplazado seguro lugar.

MARTÍN. Don Pedro, yo os tengo primero que hablar.

PEDRO. Hablad en buen hora: ya escucho. Decid. 190

MARTÍN. Causó nuestra riña....

PEDRO. La causa omitid:

sabémosla entrambos. Por vos se me dijo

que soy un avaro, y os privo de un hijo.

De honor es la ofensa, precisa la lid.

MARTÍN. ¿Tenéisme por hombre de aliento?

PEDRO. Sí tal. 195

Si no lo creyera, con vos no lidiara.

MARTÍN. Jamás al peligro le vuelvo la cara.

PEDRO. Sí, nuestro combate puede ser igual.

MARTÍN. Será por lo mismo....

PEDRO. Sangriento, mortal.

Ha de perecer uno de los dos. 200

MARTÍN. Oíd un suceso, feliz para vos...

Feliz para entrambos.

PEDRO. Decídmele. ¿Cuál?

MARTÍN. Tres meses hará que en lecho de duelo

me puso la mano que todo lo guía.

Del riesgo asustada la familia mía 205

quiso en vuestra esposa buscar su consuelo.

Con tino infalible, con próvido celo

salud en la villa benéfica vierte,

y enfermo en que airada se ceba la muerte,

le salva su mano, bendita del cielo. 210

Con vos irritado, no quise atender

al dulce consejo de amante inquietud.

«No cobre (decía) jamás la salud,

si mano enemiga la debe traer.»

Mayor mi tesón a más padecer, 215

la muerte en mi alcoba plantó su bandera.

Por fin, una noche... ¡Qué noche tan fiera!

Blasfemo el dolor hacíame ser;

pedía una daga con furia tenaz,

rasgar anhelando con ella mi pecho... 220

En esto a mis puertas, y luego a mi lecho,

llegó un peregrino, cubierta la faz.

Ángel parecía de salud y paz...

Me habla, me consuela, benigno licor

al labio me pone; me alivia el dolor, 225

y parte, y no quiere quitarse el disfraz.

La noche que tuve su postrer visita,

ya restablecido, sus pasos seguí.

Cruzó varias calles, viniendo hacia aquí,

y entró en esa ruina de gótica ermita, 230

que a vuestros jardines términos limita.

Detúvele entonces: el velo cayó,

radiante la luna su rostro alumbró ...

era vuestra esposa.

PEDRO. ¡Era Margarita!

MARTÍN. Confuso un momento, cobréme después, 235

y vióme postrado la noble señora.

--Con tal beneficio, no cabe que ahora

provoque mi mano sangriento revés.

Don Pedro Segura, decid a quien es

deudor este padre de verse con vida, 240

que está la contienda por mí fenecida.

Tomad este acero, ponedle a sus piés.

(_Da su espada a don Pedro, que la coloca en el bufete_.)

PEDRO. ¡Feliz yo, que logro el duelo excusar

con vos, por motivo que es tan lisonjero!

Si pronto me hallasteis, por ser caballero, 245

cuidado me daba el ir a lidiar.

Con tal compañera, ¿quién no ha de arriesgar

con susto la vida que lleva dichosa?

Ella me será desde hoy más preciosa,

si ya vuestro amigo queréisme llamar. 250

MARTÍN. Amigos seremos. (_Danse las manos_.)

PEDRO. Siempre.

MARTÍN. Siempre, sí.

PEDRO. Y al cabo, ¿qué nuevas tenéis de don Diego?

En hora menguada, vencido del ruego

de Azagra, la triste palabra le dí.

Si antes vuestro hijo se dirige a mí, 255

¡cuánto ambas familias se ahorran de llanto!

No lo quiso Dios.

MARTÍN. Yo su nombre santo

bendigo; mas lloro por lo que perdí.

PEDRO. Pero, ¿qué...?

MARTÍN. Después de la de Maurel,

donde cayó en manos del Conde Simón, 260

de nadie consigo señal ni razón,

por más que anhelante pregunto por él.

Cada día al cielo con súplica fiel

pido que me diga qué punto en la tierra

sostiénele vivo, o muerto le encierra: 265

mundo y cielo guardan silencio cruel.

PEDRO. El plazo no tuvo su fin todavía.

Piedad atesora inmensa el Eterno:

y mucho me holgara si fuera mi yerno

quien a mi Isabel tan fino quería. 270

Pero si no viene, y cúmplese el día,

y llega la hora ... por más que me pesa,

me tiene sujeto sagrada promesa:

si fuera posible, no la cumpliría.

MARTÍN. Diligencia escasa, fortuna severa 275

parece que en suerte a mi sangre cupo:

quien a la desgracia sujetar no supo,

sufrido se muestre cuando ella le hiera.

Adiós.

PEDRO. No han de veros de aquesa manera.

Yo quiero esta espada; la mía tomad

(_Dásela_.) 280

en prenda segura de fiel amistad.

MARTÍN. Acepto: un monarca llevarla pudiera.

(_Vase don Martín, y don Pedro le acompaña_.)

ESCENA VI

MARGARITA, ISABEL

MARGARITA (_aparte, siguiendo con la vista a los dos que se

retiran_.)

Aunque nada les oí,

deben estar ya los dos

reconciliados.

ISABEL (_que viene tras su madre_). Por Dios, 285

madre, haced caso de mí.

MARGARITA. No; que es repugnancia loca

la que mostráis a un enlace,

que de seguro nos hace

a todos, merced no poca. 290

Noble sois; pero mirad

que quien su amor os consagra

es don Rodrigo de Azagra,

que goza más calidad,

más bienes: en Aragón 295

le acatan propios y ajenos,

y muestra, con vos al menos,

apacible condición.

ISABEL. Vengativo y orgulloso

es lo que me ha parecido. 300

MARGARITA. Vuestro padre le ha creído

digno de ser vuestro esposo.

Prendarse de quien le cuadre

no es lícito a una doncella,

ni hay más voluntad en ella 305

que la que tenga su padre.

Hoy día, Isabel, así

se conciertan nuestras bodas:

así nos casan a todas,

y así me han casado a mí. 310

ISABEL. ¿No hay a los tormentos míos

otro consuelo que dar?

MARGARITA. No me tenéis que mentar

vuestros locos amoríos.

Yo por delirios no abogo. 315

Idos.

ISABEL. En vano esperé.

(_Sollozando al retirarse_.)

MARGARITA. ¡Qué! ¿lloráis?

ISABEL. Aun no me fué

vedado este desahogo.

MARGARITA. Isabel, si no os escucho,

no me acuséis de rigor. 320

Comprendo vuestro dolor,

y le compadezco mucho;

pero, hija ... cuatro años ha

que a nadie Marsilla escribe.

Si ha muerto....

ISABEL. ¡No, madre, vive!.... 325

Pero ¿cómo vivirá?

Tal vez, llorando, en Sion

arrastra por mí cadenas,

quizá gime en las arenas

de la líbica región. 330

Con aviso tan funesto

no habrá querido afligirme.

Yo trato de persuadirme,

y sin cesar pienso en esto.

Yo me propuse aprender 335

a olvidarle, sospechando

que infiel estaba, gozando

caricias de otra mujer.

Yo escuché de su rival

los acentos desabridos, 340

y logré de mis oídos

que no me sonaran mal.

Pero ¡ay! cuando la razón

iba a proclamarse ufana

vencedora soberana 345

de la rebelde pasión,

al recordar la memoria

un suspiro de mi ausente,

se arruinaba de repente

la fortaleza ilusoria, 350

y con ímpetu mayor,

tras el combate perdido,

se entraba por mi sentido

a sangre y fuego el amor.

Yo entonces a la virtud 355

nombre daba de falsía,

rabioso llanto vertía,

y hundirme en el ataúd

juraba en mi frenesí

antes que rendirme al yugo 360

de ese hombre, fatal verdugo,

genio infernal para mí.

MARGARITA. Por Dios, por Dios, Isabel,

moderad ese delirio:

vos no sabéis el martirio 365

que me hacéis pasar con él.

ISABEL. ¡Qué! ¿mi audacia os maravilla?

Pero estando ya tan lleno

el corazón de veneno,

fuerza es que rompa su orilla. 370

No a vos, a la piedra inerte

de esa muralla desnuda,

a esa bóveda que muda

oyó mi queja de muerte,

a este suelo donde mella 375

pudo hacer el llanto mío,

a no ser tan duro y frío

como alguno que le huella,

para testigos invoco

de mi doloroso afán; 380

que, si alivio no le dan,

no les ofende tampoco.

MARGARITA (_aparte_). ¿Quién con ánimo sereno

la oyera?--El dolor mitiga;

de una madre, de una amiga 385

ven al cariñoso seno.

Conóceme, y no te ahuyente

la faz severa que ves:

máscara forzosa es,

que dió el pesar a mi frente; 390

pero tras ella te espera,

para templar tu dolor,

el tierno, indulgente amor

de una madre verdadera.

ISABEL. ¡Madre mía! (_Abrázanse._)

MARGARITA. Mi ternura 395

te oculté ... porque debí...

¡Ha quince años que hay aquí

guardada tanta amargura!

Yo hubiera en tu amor filial

gozado, y gozar no debo

nada ya, desde que llevo 400

el cilicio y el sayal.

ISABEL. ¡Madre!

MARGARITA. Temí, recelé

dar a tu amor incentivo,

y sólo por correctivo 405

severidad te mostré;

mas oyéndote gemir

cada noche desde el lecho,

y a veces en tu despecho

mis rigores maldecir, 410

yo al Señor, de silencioso

materno llanto hecha un mar,

ofrecí mil veces dar

mi vida por tu reposo.

ISABEL. ¡Cielos! ¡Qué revelación 415

tan grata! ¡Qué injusta he sido!

¡Que tanto me habéis querido!

¡Madre de mi corazón!

Perdonadme... ¡Qué alborozo

siento, aunque llorar me veis! 420

Seis años ha, más de seis,

que tanta dicha no gozo.

Mi desgracia contemplad,

cuando como dicha cuento

que mis penas un momento 425

aplaquen su intensidad.

Pero este rayo que inunda

en viva luz mi alma yerta,

¿dejaréis que se convierta

en lobreguez más profunda? 430

Madre, madre, a quien adoro,

el labio os pongo en el pie;

mi aliento aquí exhalaré,

si no cedéis a mi lloro. (_Póstrase._)

MARGARITA. Levanta, Isabel; enjuga 435

tus ojos; confía.... Sí,

cuanto dependa de mí....

ISABEL Ya veis que en rápida fuga

el tiempo desaparece.

Si pasan tres días, ¡tres!, 440

todo me sobra después,

toda esperanza fallece.

Mi padre, por no faltar

a la palabra tremenda,

le rendirá por ofrenda 445

mi albedrío en el altar.

Vuestras razones imprimen

en su alma la persuasión:

en mí toda reflexión

fuera desacato, crimen. 450

Y yo, señora, lo veo:

podrá llevarme a casar;

pero en vez de preparar

las galas del himeneo,

que a tenerme se limite 455

una cruz y una mortaja;

que esta gala y esta alhaja

será lo que necesite.

MARGARITA. No, no, Isabel: cesa, cesa.

Yo en tu defensa, me empeño: 460

no será Azagra tu dueño.

yo anularé la promesa.

Me oirá tu padre, y tamaños

horrores evitará.

Hoy madre tuya será 465

quien no lo fué tantos años.

ESCENA VII

TERESA.--MARGARITA, ISABEL

TERESA. Señoras, don Rodrigo de Azagra pide licencia

para visitaros.

MARGARITA. Hazle entrar. A buen tiempo llega.

(_Vase Teresa_.)

ISABEL. Permitid que yo me retire. 470

MARGARITA. Quédate en la pieza inmediata, y escucha

nuestra conversación.

ISABEL. ¿Qué vais a decir?

MARGARITA. Óyelo, y acabarás de hacer justicia a tu

madre. (_Vase Isabel_.) 475

ESCENA VIII

DON RODRIGO.--MARGARITA

MARGARITA. Ilustre don Rodrigo....

RODRIGO. Señora ... al fin nos vemos.

MARGARITA. Honrad mi estrado, ya que la prisa de

venir a mi casa no os ha dejado sosegar en la vuestra.

RODRIGO. Aquí vengo a buscar el sosiego que necesito. 480

(_Siéntase_.) ¿Qué me decís de mi desdeñosa?

MARGARITA. ¿Me permitiréis que hable con toda franqueza?

RODRIGO. Con franqueza pregunto yo.--Hablad.

MARGARITA. Mi esposo os prometió la mano de su 485

hija única; y, por él, debéis contar de seguro con ella.

Pero la delicadeza de vuestro amor y la elevación de

vuestro carácter ¿se satisfarían con la posesión de una

mujer, cuyo cariño no fuese vuestro?

RODRIGO. El corazón de Isabel no es ahora mío, lo 490

sé; pero Isabel es virtuosa, es el espejo de las doncellas:

cumplirá lo que jure, apreciará mi rendida fe, y será el

ejemplo de las casadas.

MARGARITA. Mirad que su afecto a Marsilla no se ha

disminuído. 495

RODRIGO. No me inspira celos un rival, cuyo paradero

se ignora, cuya muerte, para mí, es indudable.

MARGARITA. ¿Y si volviese aún? ¿Y si antes de

cumplirse el término, se presentara tan enamorado como

se fué, y con aumentos muy considerables de hacienda? 500

RODRIGO. Mal haría en aparecer ni antes ni después de

mis bodas. Él prometió renunciar a Isabel, si no se

enriquecía en seis años; pero yo nada he prometido. Si

vuelve, uno de los dos ha de quedar solo junto a Isabel.

La mano que pretendemos ambos, no se compra con oro; 505

se gana con hierro, se paga con sangre.

MARGARITA. Vuestro lenguaje no es muy reverente

para usado en esta casa, y conmigo; pero os le perdono,

porque me perdonéis la pesadumbre que voy a daros.

Yo, noble don Rodrigo, yo que hasta hoy consentí en 510

vuestro enlace con Isabel, he visto por último que de él

iba a resultar su desgracia y la vuestra. Tengo, pues, que

deciros, como cristiana y madre; tengo que suplicaros por

nuestro Señor y nuestra Señora, que desistáis de un empeño,

ya poco distante de la temeridad. 515

RODRIGO. Ese empeño es público, hace muchos años

que dura, y se ha convertido para mí en caso de honor.

Es imposible que yo desista. No os opongáis a lo que

no podréis impedir.

MARGARITA. Aunque habéis desairado mi ruego, tal 520

vez no le desaire mi esposo.

RODRIGO. Mucho alcanzáis con él: adora en vos, y lo

merecéis, porque ha quince años que os empleáis en la

caridad y la penitencia... Pero ... ¿os ha contado

ya la muerte de Roger de Lizana? 525

MARGARITA. ¡Cómo! ¿Roger ha muerto?

RODRIGO. Sí, loco y mudo, según estaba; desgraciadamente,

según merecía; y a los pies de don Pedro, como

era justo.

MARGARITA. ¡Cielos! Nada sabía de ese infeliz. 530

RODRIGO. Ese infeliz era muy delincuente, era el

corruptor de una dama ilustre.

MARGARITA. ¡Don Rodrigo!

RODRIGO. La esposa más respetable entre las de

Teruel. 535

MARGARITA. Por compasión.... Si Roger ha

muerto....

RODRIGO. Casi espiró en mis brazos. Yo tendí sobre

el féretro su cadáver, yo hallé sobre su corazón unas

cartas.... 540

MARGARITA. ¡Cartas!

RODRIGO. De mujer ... cinco ... sin firma todas.

Pero yo os las presentaré, y vos me diréis quién las ha

escrito.

MARGARITA. ¡Callad! ¡callad! 545

RODRIGO. Si no, acudiré a vuestro esposo: bien

conoce la letra.

MARGARITA. ¡No! ¡Dádmelas, rompedlas, quemadlas!

RODRIGO. Se os entregarán; pero Isabel me ha de

entregar a mí su mano primero. 550

MARGARITA. ¡Oh!

RODRIGO. Dios os guarde, señora.

MARGARITA. Deteneos, oídme.

RODRIGO. Para que os oiga, venid a verlas. (_Vase_.)

MARGARITA. Escuchad, escuchadme. (_Vase tras don 555

Rodrigo_.)

ESCENA IX

ISABEL, y después TERESA

ISABEL. ¿Qué es lo que oí? No lo he comprendido,

no quiero comprender ese misterio horrible: sólo entiendo

que de infeliz he pasado a más. (_Sale Teresa_.)

TERESA. Señora, un joven extranjero ha llegado a 560

casa pidiendo que se le dejara descansar un rato....

ISABEL. Recíbele ... déjame.

TERESA. Ya se le recibió, y le han agasajado con vino

y magras; por señas que nada de ello ha probado, como

si fuera moro o judío. Aparte de esto, es muy lindo 563

muchacho: he trabado conversación con él, y dice que

viene de Palestina.

ISABEL. ¿De Palestina?

TERESA. Yo me acordé al punto del pobre don Diego.

--Como os figuráis que debe estar por allá.... 570

ISABEL. Sí. Llámale pronto. (_Vase Teresa_.) ¡Virgen

piadosa! ¡Que haya sido sueño lo que pienso que oí!

¡Oh! Pensemos en el que viene de Palestina.

ESCENA X

ZULIMA, en traje de noble aragonés, TERESA.--ISABEL

ZULIMA. El cielo os guarde.

ISABEL. Y a vos

también.

ZULIMA (_aparte_.) Mi rival es ésta.

ISABEL. Mejor podéis descansar 575

en esta sala que fuera.

TERESA. Este mancebo, señora,

viene de lejanas tierras,

de Jerusalem, de Jope,

de Belén ... y de Judea. 580

ISABEL. ¿Cierto?

ZULIMA. Sí.

TERESA. Y ha conocido

allá gente aragonesa.

ZULIMA. Un caballero traté

de Teruel.

ISABEL. ¿Cuál? ¿Quién? ¿Quién era?

¿Su nombre?

ZULIMA. Diego Marsilla. 585

ISABEL. ¡Os trajo Dios a mi puerta!--

¿Dónde le dejáis?

TERESA. Entonces,

¿era ya rico?

ZULIMA. Una herencia

cuantiosa le dejaron

allí.

ISABEL. Pero ¿dónde queda? 590

ZULIMA. Hace poco era cautivo

del Rey moro de Valencia.

ISABEL. ¡Cautivo! ¡Infeliz!

ZULIMA. No tanto.

La esposa del Rey, la bella

Zulima, le amó.

ISABEL. ¿Le amó? 595

ZULIMA. ¡Sí! ¡mucho!

TERESA. ¡Qué desvergüenza!

ISABEL. Y ¿qué? ¿ No viene por eso

Marsilla donde le esperan?

TERESA. ¿Se ha vuelto moro quizá?

ZULIMA (_aparte_). Ya que padecí, padezca. 600

Finjamos.

ISABEL. Hablad.

ZULIMA. No es fácil

resistir a una princesa

hermosa y amante: al fin

Marsilla, para con ella,

era un miserable.

TERESA. Pero

vamos, acabad.... 605

ISABEL (_aparte_.) Apenas

vivo.

ZULIMA. El Rey llegó a saber

lo que pasaba; la Reina

pudo escapar, protegida

por un bandido, cabeza 610

de la cuadrilla temible

que hoy anda por aquí cerca;

y Marsilla....

ISABEL. ¿Qué?

ZULIMA. Rogad

a Dios que le favorezca.

ISABEL. ¡Ha muerto! ¡Jesús, valedme! 615

(_Desmáyase_.)

TERESA. ¡Isabel! ¡Isabel!--¡Buena

la habéis hecho!

ZULIMA. (_aparte_.) Sabe amar

esta cristiana de veras;

yo sé más, yo sé vengarme.

TERESA. ¡Señora!--¡Paula! ¡Jimena! 620

(_A Zulima_.)

Buscad agua, llamad gente.

ZULIMA (_aparte_.)

Salgamos.--Con esta nueva,

se casará. (_Vase_.)

TERESA. ¡Dios confunda

la boca ruin que nos cuenta

noticia tan triste!... Pero 625

un prójimo que no prueba

cerdo ni vino, ¿qué puede

dar de sí?

(_Salen dos criadas que traen agua_.)

Pronto aquí, lerdas.

¿Dónde estabais? A ver: dadme

el agua.

ISABEL. ¡Ay, Dios! ¡Ay, Teresa! 630

ESCENA XI

MARGARITA.--ISABEL, TERESA, CRIADAS

MARGARITA. ¿Qué sucede?

ISABEL. ¡Ay, madre mía!

Ya no es posible que venga.

Murió.

MARGARITA. ¿Quién? ¿Marsilla?

TERESA. ¿Quién

ha de ser?

ISABEL. Y ha muerto en pena

de serme infiel.

TERESA. Una mora, 635

que dicen que no era fea,

la esposa del reyezuelo

valenciano, buena pieza

sin duda, nos le quitó.

ISABEL. ¡En esto paran aquellas 640

ilusiones de ventura

que alimentaba risueña!

Conmigo nacieron ¡ay!...

se van, y el alma se llevan.

Ese infausto mensajero, 645

¿dónde está? Dile que vuelva.

MARGARITA. Sí: yo le preguntaré....

TERESA. Pues como nos dé respuestas

por el estilo.... Seguidme.

(_Vanse Teresa y las criadas_.)

ESCENA XII

MARGARITA, ISABEL

ISABEL. ¿Quién figurarse pudiera 650

que me olvidara Marsilla?

¡Qué sonrojo! ¡Qué vileza!

Pero ¿cómo ha sido, cómo

fué que no lo presintiera

mi corazón? No es verdad: 655

imposible que lo sea.

Se engañó, si lo creyó,

la sultana de Valencia.

Soló por volar a mí,

quebrantando sus cadenas, 660

dejó soñar a la mora

con esa falaz idea.

Mártir de mi amor ha sido,

que desde el cielo en que reina,

de su martirio me pide 665

la debida recompensa.

Yo se la daré leal,

yo defenderé mi diestra:

viuda del primer amor

he de bajar a la huesa. 670

Llorar libremente quiero

lo que de vivir me resta,

sin que pueda hacer ninguno

de mis lágrimas ofensa.

No he de ser esposa yo 675

de Azagra: primero muerta.

MARGARITA. ¿Tendrás valor para?...

ISABEL. Sí,

mi desgracia me le presta.

MARGARITA. ¿Y si te manda tu padre?...

ISABEL. Diré que no.

MARGARITA. Si te ruega.... 680

ISABEL. No.

MARGARITA. Si amenaza....

ISABEL. Mil veces

no. Podrán en hora buena,

de los cabellos asida,

arrastrarme hasta la iglesia,

podrán maltratar mi cuerpo, 685

cubrirle de áspera jerga,

emparedarme en un claustro,

donde lentamente muera:

todo esto podrán, sí; pero

lograr que diga mi lengua 690

un sí perjuro, no.

MARGARITA. Bien,

bien. Tu valor ... me consuela.

(_Aparte_. Nada oyó: más vale así.

La culpa, no la inocencia

debe padecer.) Ten siempre 695

esa misma fortaleza,

y no te dejes vencer,

suceda lo que suceda.

Matrimonio sin cariño

crímenes tal vez engendra. 700

Yo sé de alguna infeliz

que dió su mano violenta...

y ... después de larga lucha ...

desmintió su vida honesta.

Muchos años lleva ya 705

de dolor y penitencia...

Y al fin le toca morir,

de oprobrio justo cubierta.

ISABEL. ¡Ah, madre! ¿Qué dije yo?

Me olvidé, con esa nueva, 710

de otra desdicha tan grande

que a mi desdicha supera.

MARGARITA. ¡No te cases, Isabel!

ISABEL. Sí, madre: mi vida es vuestra:

dárosla me manda Dios, 715

lo manda naturaleza.

MARGARITA. ¡Hija!

ISABEL. Por fortuna mía,

Marsilla al morir me deja

el corazón sin amor

y sin lugar donde prenda. 720

Por más fortuna, Marsilla

de mí se olvidó en la ausencia,

y puso en otra mujer

el amor que me debiera.

Por dicha mayor, Azagra 725

es de condición soberbia,

celoso, iracundo: así

mis lágrimas y querellas

insufribles le serán;

querrá que yo las contenga; 730

no podré, se irritará,

y me matará.

MARGARITA. ¡Me aterras,

hija, me matas a mí!

ISABEL. Tengo yo cartas que lea:

puede encontrármelas.

MARGARITA. ¡Oh! 735

Si como las tuyas fueran

otras....

ISABEL. Y tengo un retrato

en esta joya. (_Saca un relicario_.)

¿Son ésas

sus facciones? Pues sabed

que, sin estudio ni regla, 740

de amor guiada la mano,

al primer ensayo diestra,

yo supe dar a ese rostro

semejanza tan perfecta.

Me sirvió para suplir 745

de Marsilla la presencia;

no le necesito ya:

más vale que no le vea.

¡Ah! dejadme que le bese

una vez ... la última es ésta. 750

Tomad. ¿Veis? el sacrificio

consumo, y estoy serena,

tranquila ... como la tumba.

Imitad vos mi entereza,

mi calma ... y no me digáis 755

una palabra siquiera.

De mí vuestra fama pende:

la conservaréis ilesa.

Yo me casaré: no importa,

no importa lo que me cuesta. (_Vase_.) 760

ESCENA XIII

MARGARITA

MARGARITA. Y ¿debo yo consentir

que la inocente Isabel,

por mi egoísmo cruel,

se ofrezca más que a morir?

Pero ¿cómo he de sufrir 765

que, perdida mi opinión,

me llame todo Aragón

hipócrita y vil mujer?

Mala madre me hace ser

mi buena reputación.

A todo me resignara

con ánimo ya contrito,

si al saberse mi delito,

yo sola me deshonrara.

Pero a mi esposo manchara 775

con ignominia mayor.

¡Hija infeliz en amor!

¡Hija desdichada mía!

Perdona la tiranía

de las leyes del honor. 780

ACTO TERCERO

Retrete o gabinete de Isabel. Dos puertas.

ESCENA PRIMERA

ISABEL, TERESA

Aparece ISABEL, ricamente vestida, sentada en un sillón junto a una

mesa, sobre la cual hay un espejo de mano, hecho de metal. TERESA

está acabando de adornar a su ama.

TERESA. ¿Qué os parece el tocado? Nada, ni me

oye. Que os miréis os digo; tomad el espejo. (_Se le da

a Isabel, que maquinalmente le toma, y deja caer la mano sin

mirarse_.) A esotra puerta. Miren ¡qué trazas éstas de

novia!--Ved ¡qué preciosa gargantilla voy a poneros! 5

(_Isabel inclina la cabeza_.) Pero alzad la cabeza, Isabel.

Si esto es amortajar a un difunto.

ISABEL. ¡Marsilla!

TERESA. (_Aparte._ Dios le haya perdonado.) Ea, se

concluyó. Bien estáis. Ello, sí, me habéis hecho perder 10

la paciencia treinta veces.

ISABEL. ¡Madre mía!

TERESA. Si echáis menos a mi señora, ya os he dicho

que no está en casa, porque para ella, la caridad es antes

que todo. El juez de este año, Domingo Celladas, tenía 15

un hijo en tierra de infieles: Jaime, ya le conocéis. Hoy,

sin que hubiese noticia de que viniera, se le han encontrado

en el camino de Valencia unos mercaderes, herido y

sin conocimiento. Por un rastro de sangre que iba a parar

a un hoyo, se ha comprendido que debieron echarle 20

dentro; y se cree que hasta poder salir, habrá estado en

el hoyo quizá más de un día, porque las heridas no son

recientes. Vuestra madre ha sido llamada para asistirle;

me ha encargado que os aderece; os he puesto hecha una

imagen; y ni siquiera he logrado que deis una mirada al 25

vestido, para ver si os gusta.

ISABEL. Sí: es el último.

TERESA. ¡El dulcísimo nombre de Jesús! No lo

quiera Dios, Isabelita de mi alma: no lo querrá Dios;

antes os hará tan dichosa como vos merecéis. Pero 30

salid de ese abatimiento: mirad que ya van a venir

los convidados a la boda, y es menester no darles que decir.

ISABEL (_con sobresalto_). ¿Qué hora es ya?

TERESA. No tardarán en tocar a vísperas ahí al lado,

en San Pedro. Es la hora en que salió de Teruel don 35

Diego; y hasta que pase, mi señor no se considera libre

de su promesa.

ISABEL. Sí, a esa hora, a esa hora misma partió ...

para nunca volver. En este aposento, allí, delante de ese

balcón estaba yo, llorando sobre mi labor, como ahora 40

sobre mis galas. Continuamente miraba a la calle por

donde había de pasar, para verle; ahora no miro: no

le veré. Por allí vino, dirigiendo el fogoso alazán, enseñado

a parase bajo mis balcones. Por allí vino, vestida

la cota, la lanza en la mano, al brazo la banda, último don 45

de mi cariño. «Hasta la dicha o hasta la tumba,» me dijo.

«Tuya o muerta,» le dije yo; y caí sin aliento en el balcón

mismo, tendidas las manos hacia la mitad de mi alma que

se ausentaba.--¡Suya o muerta! Y voy a dar la mano a

Rodrigo. ¡Bien cumplo mi palabra! 50

TERESA. Hija mía, desechad esas ideas. Yo ¿qué

os he de decir para consolaros? Que os he visto nacer,

que habéis jugado en mis brazos y en mis rodillas ... y

que diera yo porque recobraseis la paz del alma y fuerais

feliz ¡ay!, diera yo todos los días que me faltan que vivir, 55

menos uno para verlo.

ISABEL. ¿Feliz, Teresa? Con este vestido, ¿cómo

he de ser feliz? ¡Pesa tanto, me ahoga tanto!...

Quítamele, Teresa. (_Levantándose_.)

TERESA. Señora, que viene don Rodrigo. 60

ISABEL. ¡Don Rodrigo! Busca pronto a mi madre.

(_Vase Teresa_.)

ESCENA II

DON RODRIGO.--ISABEL

RODRIGO. Mis ojos por fin os ven

a solas, ángel hermoso.

Siempre un amargo desdén

y un recato rigoroso 65

me han privado de este bien.

--Trémula estáis: ocupad

la silla.

ISABEL. ¡Ante mi señor!

RODRIGO. Esclavo diréis mejor.

Soberana es la beldad 70

en el reino del amor.

ISABEL. ¡Mentida soberanía!

RODRIGO. De mi rendimiento fiel,

que dudarais no creía.

¡Si a conocer, Isabel, 75

llegaseis el alma mía!...

ISABEL. ¿Para qué? Señas ha dado

que indican su índole bella.

RODRIGO. Mi destino desastrado

sólo mostrar me ha dejado 80

lo deforme que hay en ella.

Un Azagra conocéis

orgulloso y vengativo;

y otro por fin hallaréis

que en vuestro rigor esquivo 85

figuraros no podéis.

El Azagra que os adora,

el Azagra para vos,

aun no le visteis, señora;

y nos conviene a los dos 90

una explicación ahora.

ISABEL. Mis padres pueden mandar,

yo tengo que obedecer,

nada pretendo saber:

hiciera bien en callar 95

quien ha logrado vencer.

RODRIGO. El vencedor, que aparece

lleno ante vos de amargura,

manifestaros ofrece

que sabe lo que merece 100

doña Isabel de Segura.

Os ví, y en vos admiré

virtud y belleza rara:

digno de vos me juzgué,

y uniros a mí juré, 105

costara lo que costara.

Maldición más espantosa

no pudo echarme jamás

una lengua venenosa

que decir: no lograrás 110

hacer a Isabel tu esposa.

Lidiaré, si es necesario,

por ella con todo el orbe,

clamaba yo de ordinario.

¡Infeliz el que me estorbe, 115

competidor o contrario!

En mi celoso furor

cabe hasta lo que denigre

mi calidad y mi honor.

Amo con ira de tigre ... 120

porque es muy grande mi amor.

--No el vuestro, tan delicado,

me pintéis para mi mengua:

quizá no lo haya expresado

en seis años vuestra lengua, 125

sin que me lo hayan contado.

Cuantas cartas escribió

Marsilla ausente, leí:

él su retrato no vió,

yo sí: junto a vos aquí 130

siempre tuve un guarda yo.

Ha sido mi ocupación

observaros noche y día;

y abandonaba a Monzón

siempre que lo permitía 135

la marcial obligación.

Viéndoos al balcón sentada

por las noches a la luna,

mi fatiga era pagada:

jamás fué mujer ninguna 140

de amante más respetada.

Para romper mis prisiones,

para defectos hallaros,

fueron mis indagaciones;

y siempre para adoraros 145

encontré nuevas razones.

Seducido el pensamiento

de lisonjeros engaños,

un favorable momento

espero hace ya seis años, 150

y aun llegado no lo cuento.

Pero, por dicha, quizá

no deba estar muy distante.

ISABEL. ¡Qué! ¿Pensáis que cesará

mi pasión, muerto mi amante? 155

No, lo que yo vivirá.

RODRIGO. Pues bien, amad, Isabel,

y decidlo sin reparo;

que con ese amor tan fiel,

aunque a mí me cueste caro, 160

nunca me hallaréis cruel.

Mas si ese afecto amoroso,

cuya expresión no limito,

mantener os es forzoso,

yo, mi bien, yo necesito 165

el nombre de vuestro esposo.

No más que el nombre, y concluyo

de desear y pedir:

todas mis dichas incluyo

en la dicha de decir: 170

«Me tienen por dueño suyo.»

Separada habitación,

distinto lecho tendréis....

¿Queréis más separación?

Vos en Teruel viviréis, 175

yo en la corte de Aragón.

¿Teméis que la soledad

bajo mi techo os consuma?

Vuestros padres os llevad

con vos: mudaréis en suma 180

de casa y de vecindad.

Nunca sin vuestra licencia

veré esos divinos ojos....

¡Ay! dádmela con frecuencia.

Si os oprimen los enojos, 185

hablad, y mi diligencia

ya un festín, ya una batida,

ya un torneo dispondrá.

Si lloráis.... ¡Prenda querida!

cuando lloréis, ¿qué os dirá 190

quien no ha llorado en su vida?

Míseros ambos, hacer

con la indulgencia podemos

menor nuestro padecer.

Ahora, aunque nos casemos, 195

¿me podréis aborrecer?

ISABEL. ¡Don Rodrigo! ¡Don Rodrigo! (_Sollozando_.)

RODRIGO. ¿Lloráis? ¿Es porque me muestro

digno de ser vuestro amigo?

¿No sufrí del odio vuestro 200

bastante el duro castigo?

ISABEL. ¡Oh! no, no: mi corazón

palpitar de odio no sabe.

RODRIGO. Ni al mirar vuestra aflicción

hay fuerza en mí que no acabe 205

rindiéndose a discreción.

Es ya el caso de manera

que el infausto desposorio

viene a ser obligatorio

para ambos: lo demás fuera 210

dar escándalo notorio.

Pero el amor que os consagro,

se ha vuelto a vos tan propicio,

que si Dios en su alto juicio

quiere obrar hoy un milagro ... 215

contad con un sacrificio.

Ayer, si resucitara

mi aciago rival Marsilla,

sin compasión le matara,

y sin limpiar la cuchilla, 220

corriera con vos al ara.

Hoy, resucitado o no,

si antes que me deis el sí,

viene ... que triunfe de mí.

ISABEL. ¡Vos, sí que triunfáis así 225

de esta débil mujer!

(_El llanto le ahoga la voz por unos instantes; luego, al ver a

don Pedro y a los que le acompañan, se contiene, exclamando_:)

¡Oh!

ESCENA III

DON PEDRO, DON MARTÍN, DAMAS, CABALLEROS, PAJES.--

ISABEL, DON RODRIGO. Después, TERESA

PEDRO. Hijos, el sacerdote que ha de bendecir vuestra

unión, ya nos está esperando en la iglesia. Tanto mis

deudos como los de Azagra me instan a que apresure la

ceremonia; pero aun no ha fenecido el plazo que otorgué 230

a don Diego. Al toque de vísperas de un domingo, salió

de su patria el malogrado joven, seis años y siete días

hace: hasta que suene aquella señal en mi oído, no tengo

libertad para disponer de mi hija. (_A don Martín._)

Porque veáis de qué modo cumplo mi promesa, os he rogado 235

que vinierais aquí.

MARTÍN. ¡Inútil escrupulosidad! No os detengáis.

No romperá mi hijo el seno de la tierra para reconveniros.

ISABEL (_aparte_). ¡Infeliz!

PEDRO. Fiel a lo que juré me verá desde el túmulo, 240

cual me hallaría viviendo. (_Sale Teresa_.)

RODRIGO. Isabel deseará la compañía de su madre:

pudiéramos pasar por casa del Juez....

TERESA. Ahora empezaba el herido a volver en su

conocimiento. Si antes de vísperas no se halla mi señora 245

en la iglesia, es señal de que no puede asistir a los desposorios:

esto me ha dicho.

PEDRO. La esperaremos en el templo. (_A don Martín._)

Si la pesadumbre os permite acompañarnos, venid....

MARTÍN. Excusadme el presenciar un acto que debe 250

serme tan doloroso.

PEDRO. Estad seguro de que mientras no oigáis las

campanas, no habrá dado su mano Isabel. Estos

caballeros podrán atestiguar que se esperó hasta el cabal

vencimiento del plazo. Marchemos. 255

ISABEL (_aparte_). ¡Morada de mi pasado bien, adiós

para siempre!

(_Vanse todos, menos don Martín._)

ESCENA IV

DON MARTÍN

MARTÍN. Con pena, con celos veo yo a Isabel dirigirse

al altar. Hubo un tiempo en que la tuve por hija: hoy

me quitan su filial cariño, y ella consiente. Pero ¿qué 260

falta hace al mísero cadáver de mi hijo la constancia de la

que él amó? Si su sombra necesita lágrimas, bien se

puede satisfacer con las mías.

ESCENA V

ADEL.--DON MARTÍN

ADEL. Cristiano, busco a Martín Marsilla, que está

aquí, según se me dice. ¿Eres tú? 265

MARTÍN. Yo soy.

ADEL. ¿Qué sabes de tu hijo?

MARTÍN. ¡Moro!... su muerte.

ADEL. Esa noticia ... ¿quién la ha traído?

MARTÍN. Un joven forastero. 270

ADEL. ¿En dónde para?

MARTÍN. Apenas se detuvo en Teruel: yo no pude

verle.

ADEL. ¿Qué ha pasado con Jaime Celladas?

MARTÍN. Le han herido gravemente al llegar a la villa: 275

en su lecho yace todavía sin voz ni conocimiento.

ADEL. Luego ¿tú nada sabes?

MARTÍN. ¿Qué vas a decirme?

ADEL. Acabo de averiguar que, disfrazada con traje

de hombre, ha entrado en Teruel Zulima, la esposa del 280

Amir de Valencia.

MARTÍN. ¿La que fué causa de la pérdida de mi hijo?

ADEL. Él la desdeñó, y ella se ha vengado mintiendo.

MARTÍN. ¿Mintiendo?

ADEL. ¡Anciano! Bendice al Señor: aun eres padre. 285

MARTÍN. ¡Dios poderoso!

ADEL. Tu hijo libró de un asesinato pérfido al Amir

de Valencia, y el Amir le ha colmado de riquezas y honores.

Herido en un combate, no se le permitió caminar hasta reponerse.

Jaime venía delante para anunciar su vuelta. 290

Sígueme, y no pararé hasta poner a Marsilla en tus brazos.

(_Vase_.)

MARTÍN (_alzando las manos al cielo, arrebatado de

júbilo_). ¡Señor! ¡Señor!

ESCENA VI

MARGARITA.--DON MARTÍN

MARGARITA (_dentro_). ¡Isabel! ¡Isabel! (_Sale y repara

en don Martín, que se retiraba con Adel_.) Don Martín.... 295

MARTÍN (_deteniéndose_). Margarita, sabedlo....

MARGARITA. Sabedlo el primero. Jaime Celladas....

MARTÍN. Ese moro que veis....

MARGARITA. Ha vuelto en sí.

MARTÍN. Viene de Valencia. 300

MARGARITA. Jaime también.

MARTÍN. Vive mi hijo.

MARGARITA. Lo ha dicho Jaime. Corred, impedid

ese casamiento. (_Óyese el toque de vísperas_.)

MARTÍN. ¡Ah! ya es tarde. 305

MARGARITA. ¡Dios ha rechazado mi sacrificio!

MARTÍN. ¡Hijo infeliz!

MARGARITA. ¡Hija de mis entrañas! (_Vase_.)

ESCENA VII

Bosque inmediato a Teruel

MARSILLA, atado a un árbol

Infames bandoleros,

que me habéis a traición acometido, 310

venid y ensangrentad vuestros aceros:

la muerte ya por compasión os pido.

--Nadie llega, de nadie soy oído;

vuelve el eco mis voces, y parece

que goza en mi dolor y me escarnece. 315

Me adelanté a la escolta que traía:

su lento caminar me consumía.

Yo vengo con amor, ellos con oro.

--Enemigos villanos,

los ricos dones del monarca moro 320

no como yo darán en vuestras manos:

tienen quien los defienda.

Pero las horas pasan, huye el día.

¿Qué vas a imaginar, Isabel mía?

¿Qué pensarás, idolatrada prenda, 325

si esperando abrazar al triste Diego,

corrido el plazo ves, y yo no llego?

Mas por Jaime avisados

en mi casa estarán: pronto, azorados

con mi tardanza.... Sí, ya se aproxima 330

gente. ¿Quién es?

ESCENA VIII

ZULIMA, en traje de hombre.--MARSILLA

ZULIMA. Yo soy.

MARSILLA. ¡Cielos! ¡Zulima!

¡Tú aquí! (_Aparte._ ¡Presagio horrendo!)

ZULIMA. Vecinos de Teruel vienen corriendo

a quienes más que a mí toca librarte:

yo sólo en esta parte 335

me debo detener mientras te digo

que Isabel es mujer de don Rodrigo.

MARSILLA. ¡Gran Dios!--Mas no: me engañas,

impostora.

ZULIMA. Zaén, que llega de Teruel ahora,

Zaén ha visto dar aquella mano 340

tan ansiada por ti.

MARSILLA. Finges en vano.

Tú ignoras que mi próxima llegada

previno un mensajero.

ZULIMA. Tú no sabes que un tirador certero

supo dejar tu previsión burlada, 345

saliéndole al camino al mensajero.

Yo hablé con Isabel, yo de tu muerte

la noticia le dí, y a los bandidos

encargué que tu viaje detuvieran.

Yo, celebradas de Isabel las bodas, 350

te las vengo a anunciar.

MARSILLA. ¿Con que es ya tarde?

ZULIMA. Mírame, bien, y dúdalo si puedes.

Inútiles mercedes

el Rey te prodigó: más he podido,

prófuga yo, que mi real marido. 355

Yo mi amor te ofrecí, bienes y honores,

y te inmolé mi fe y el ser que tengo;

tú preferiste ingrato mis rencores:

me ofendiste cruel, cruel me vengo.

Adiós: en mi partida 360

te dejo por ahora con la vida,

mientras padeces en el duro potro

de ver a tu Isabel en brazos de otro. (_Vase_.)

ESCENA IX

MARSILLA

MARSILLA. Monstruo, por cuya voz ruge el abismo,

vuelve y di que es engaño 365

todo lo que te oí. (_Forceja para desatarse_.)

Lazos crueles,

¿cómo me resistís? ¡Ligan cordeles

al que hierros quebró! ¿No soy el mismo?

¡Ah! no. Mujer fatal, cortos instantes

me quedan que vivir, si no has mentido; 370

pero ¡permita Dios que mueras antes!

ESCENA X

ADEL, pasando por una altura.--MARSILLA

ADEL. Rumor aquí he sentido.

Atraviesan el valle bandoleros

con Zulima a caballo.

Yo, cueste lo que cueste, 375

la tengo de prender: voy a ver si hallo

cerca mis compañeros.

MARSILLA. ¿Quién va?

ADEL. Marsilla es éste. (_A voces_.)

Aquí! ¡Por este lado, caballeros! (_Vase_.)

ESCENA XI

DON MARTÍN, CABALLEROS, CRIADOS.--MARSILLA

MARTÍN (_dentro_.) Él es.

MARSILLA. ¡Mi padre!

VOCES (_dentro_.) Él es.

MARSILLA. ¡Padre!

MARTÍN (_dentro_.) ¡Hijo mío¡ 380

Subid, corred, volad: libradle pronto.

(_Salen caballeros y criados_.)

MARSILLA. Desatadme, decidme....

(_Desatan a Marsilla_.)

MARTÍN (_saliendo_.) ¡Hijo querido!

MARSILLA. ¡Padre!

MARTÍN. Por fin te hallé.

MARSILLA. Decid.... ¿Es tarde?

Yo quisiera dudar ... mi mal ¿es cierto?

MARTÍN. Respóndante las lágrimas que vierto. 385

Hijo del alma, a quien su hierro ardiente

la desgracia al nacer marcó en la frente,

tu triste padre, que por verte vive,

con dolor en sus brazos te recibe.

¿Quién tu llegada ha retardado?

MARSILLA. El cielo ... 390

el inferno ... no sé ... facinerosos ...

una mujer ... dejadme.

MARTÍN. ¿La Sultana?

¿Esos bandidos que cobardes huyen

de los guerreros que conmigo traje?--

¿Te han herido?

MARSILLA. ¡Ojalá!

MARTÍN ¿Te han despojado? 395

MARSILLA. Nada he perdido: la esperanza sólo.

MARTÍN. ¡Suerte cruel! Cuando el fatal sonido

de la campana término ponía....

MARSILLA. ¡Esa tigre anunció la muerte mía!

MARTÍN. ¿Lo sabes?

MARSILLA. De ella.

MARTÍN. ¡Horror! Entonces era 400

cuando Jaime, el sentido recobrando,

la traidora noticia desmentía.

Corro al templo a saber.... Miro, enmudezco....

¡Eran esposos ya! Tu bien perdiste...

Dios lo ha querido así... Pero aun te quedan 405

padres que lloren tu destino triste.

MARSILLA. El ajeno dolor no quita el mío.

¿Con qué llenáis el hórrido vacío

que el alma siente, de su bien privada?

¡Padre! sin Isabel, para Marsilla 410

no hay en el mundo nada.

Por eso en mi doliente desvarío

sed bárbara de sangre me devora.

Verterla a ríos para hartarme quiero,

y cuando más que derramar no tenga, 415

la de mis venas soltará mi acero.

MARTÍN. Hijo, modera ese furor.

MARSILLA. ¿Quién osa

hijo llamarme ya? ¡Fuera ese nombre!

La desventura quiebra

los vínculos del hombre con el hombre, 420

y con la vida y la virtud. Ahora,

que tiemble mi rival, tiemble la mora.

Breve será su victorioso alarde:

para acabar con ambos aun no es tarde.

MARTÍN. ¡Desgraciado! ¿qué intentas?

MARSILLA. Con el crimen 423

el crimen castigar. Una serpiente

se me enreda en los pies: mi pie destroce

su garganta infernal. Un enemigo

me aparta de Isabel: desaparezca.

MARTÍN. Hijo....

MARSILLA. Perecerá

MARTÍN. No....

MARSILLA. ¡Maldecido 430

mi nombre sea, si la sangre odiosa

de mi rival no vierto!

MARTÍN. Es poderoso....

MARSILLA. Marsilla soy.

MARTÍN. Mil deudos le acompañan....

MARSILLA. Mi furia a mí.

MARTÍN. Merézcate respeto

ese lazo....

MARSILLA. Es sacrílego, es aleve. 435

MARTÍN. En presencia de Dios formado ha sido.

MARSILLA. Con mi presencia queda destruído.

ACTO CUATRO

Habitación de Isabel en la casa de don Rodrigo. Dos puertas a la

izquierda del espectador, una en el fondo, y una ventana sin reja a la

derecha.

ESCENA PRIMERA

DON PEDRO, DON MARTÍN

PEDRO. Ya cesó la vocería.

MARTÍN. Ya se tranquiliza el pueblo.

Zaén en la cárcel queda

con los demás bandoleros.

PEDRO. Milagro ha sido salvarlos 5

mayor que lo fué prenderlos.

MARTÍN. Y no los prenden quizá,

si no acuden tan a tiempo

los moros que de Valencia

con los regalos vinieron 10

de su Rey para mi hijo.

¡Regalos ya sin provecho!

¡Castigue Dios a quien tiene

la culpa!

PEDRO. ¡Oh! lo hará.--Primero

que vayamos esta noche 15

los dos al Ayuntamiento,

donde ya deben hallarse

juntos el Juez y mi yerno,

¿tendréis, don Martín, a bien

que los dos conferenciemos 20

un rato?

MARTÍN. Hablad.

PEDRO. Aquí está

Zulima.

MARTÍN. Bien me dijeron

los moros.

PEDRO. En esta calle

arremetió con los presos

un tropel de gente; y ella, 25

puesta en libertad en medio

del tumulto, se arrojó

por estas puertas adentro.

MARTÍN. Confesad que don Rodrigo

la salvó.

PEDRO. No lo confieso ... 30

porque no lo ví.

MARTÍN Yo, en suma,

no diré que fué mal hecho:

él debe a la mora estar

agradecido en extremo:

por ella logra la mano 35

de Isabel.

PEDRO. Resentimiento

justo mostráis; pero yo,

que he sido enemigo vuestro,

necesito de vos hoy.

MARTÍN. Aquí me tenéis, don Pedro. 40

PEDRO. Sois quien sois.--Esa mujer

nos pone en terrible aprieto.

Ya veis, los moros reclaman

su entrega con mucho empeño.

MARTÍN. Y mientras el Juez resuelve, 45

cercada se ve por ellos

esta casa.

PEDRO. Y bien, ¿quisierais

que entre vos y yo de un riesgo

libráramos a Teruel?

MARTÍN. Crimen fuera no quererlo. 50

PEDRO. Si en la junta de la villa

negamos, como debemos,

la entrega de la Sultana,

va a ser enemigo nuestro

el Rey de Valencia, y puede 55

gravísimo daño hacernos.

MARTÍN. Y el que recibimos ambos

de su mujer, ¿es pequeño?

PEDRO. Pero es mujer, y nosotros

cristianos y caballeros. 60

MARTÍN. Proseguid.

PEDRO. El compromiso

queda evitado, si hacemos

que huya en el instante.

MARTÍN. Hagámoslo.

--Págueme Dios el esfuerzo

que me cuesta no vengarme. 65

Disponed.

PEDRO. Con un pretexto

llevad los moros de aquí:

de vos harán caso.

MARTÍN. Creo

que sí.

PEDRO. Lo demás es fácil.

Puesta ya en salvo, diremos 70

que ella huyó por sí.

MARTÍN. Voy pues,

y ya que la mano tiendo

al uno de los autores

de mi desventura, quiero

dársela también al otro. 75

Decid al dichoso dueño

de esta casa y de Isabel,

que mire en estos momentos

por su vida: que mi hijo

va, loco de sentimiento 80

y de furor, en su busca

por Teruel; y, ¡vive el cielo

que, doliente como está,

valor le sobra al mancebo

para vengar!... Perdonadme. 85

Adiós. Voy a complaceros,

y a buscarle y conducirle

esta noche misma lejos

de unos lugares en donde

vivimos los dos muriendo. 90

(_Vase por la puerta de la izquierda, más cercana al proscenio_.)

PEDRO. Id con Dios.--¡Padre infeliz!

¿Y nosotros? Me estremezco

al pensar en Isabel,

cuando de todo el suceso

llegue a enterarse.

ESCENA II

TERESA.--DON PEDRO

TERESA (_dentro_). ¡Favor, 95

que me vienen persiguiendo! (_Sale._)

PEDRO. ¡Teresa! ¿Qué hay? ¿Quién te sigue?

TERESA. Las ánimas del infierno...

Las del purgatorio... No

sé cuáles; pero las veo, 100

las oigo....

PEDRO. Mas ¿qué sucede?

TERESA. ¡Ay! Muerta de susto vengo.

¡Ay!--Isabel me ha enviado

por mi señora corriendo,

que volvió, no sé por qué, 105

a la casa del enfermo;

y antes de llegar, he visto

en un callejón estrecho,

junto a la ermita caída...

¡Jesús! convulsa me vuelvo 110

a casa.

PEDRO. ¿Qué viste? Di.

TERESA. Una fantasma, un espectro

todo parecido, todo,

al pobrecito don Diego.

PEDRO. Calla: no te oiga Isabel. 115

Guarda con ella silencio.--

Marsilla ha venido, y ella

no lo sabe.

TERESA. Pero, ¿es cierto

que vive?

PEDRO. ¿No ha de ser?

TERESA. ¡Ay!

Pues otra desgracia temo. 120

PEDRO. ¿Cuál?

TERESA. No lo aseguraré,

por si es aprensión del miedo;

sin embargo, yo creí

ver que se llevaba el muerto

asido del brazo al novio. 125

PEDRO. ¿Qué dices?

TERESA. Aun traigo el eco

de su voz en los oídos.

Con alarido tremendo

decía: «Vas a morir,

has de morir.»--«Lo veremos,» 130

replicaba don Rodrigo;

y echando votos y retos,

iban los dos como rayos

camino del cementerio.

Yo, señor, ya les recé 135

la salve y el padre nuestro

en latín.

PEDRO. Se han encontrado,

y van a tener un duelo.

Esto es antes.

ESCENA III

ISABEL, por la segunda puerta del lado izquierdo.--DON PEDRO,

TERESA

ISABEL. ¡ Padre!

PEDRO. Aguárdame

aquí: pronto volveremos 140

tu madre, tu esposo y yo.

Venid, Teresa. (_Vase los dos._)

ISABEL. ¿Qué es esto?

¡Mi padre me deja sola,

cuando con tanto secreto

un moro me quiere hablar! 145

Sin duda están sucediendo

cosas extrañas aquí.

(_Acércase a la segunda puerta._)

Llegad. Al mirarle, tiemblo.

ESCENA IV

ADEL.--ISABEL

ADEL. Cristiana, brillante honor

de las damas de tu ley, 150

yo imploro, en nombre del Rey

de Valencia, tu favor.

ISABEL. ¿Mi favor?

ADEL. Tendrás noticia

de que salió de su corte

Zulima, su infiel consorte, 155

huyendo de su justicia.

ISABEL. Sí.

ADEL. Mi señor decretó

con rectitud musulmana

castigar a la Sultana,

ya que a Marsilla premió. 160

ISABEL. ¡Premiar!... ¿Ignoras, cruel,

que le dió muerte sañuda?

ADEL. Tú no le has visto, sin duda,

entrar como yo en Teruel.

ISABEL. ¡Marsilla en Teruel!

ADEL. Sí.

ISABEL. Mira 165

si te engañas.

ADEL. Mal pudiera.

Infórmate de cualquiera,

y mátenme, si es mentira.

ISABEL. No es posible.--¡Ah! ¡sí! que siendo

mal, no es imposible nada. 170

ADEL. Por la villa alborotada

tu nombre va repitiendo.

ISABEL. ¡Eterno Dios! ¡Qué infelices

nacimos!--¿Cuándo ha llegado?

¿Cómo es que me lo han callado? 175

--Y tú, ¿por qué me lo dices?

ADEL. Porque estás, a mi entender,

en grave riesgo quizá.

ISABEL. Perdido Marsilla, ya

¿qué bien tengo que perder? 180

ADEL. Con viva lástima escucho

tus ansias de amor extremas;

pero aunque tú nada temas,

yo debo decirte mucho.

Marsilla a mi Rey salvó 185

de unos conjurados moros,

y el Rey vertió sus tesoros

en él, y aquí le envió.

El despreció la liviana

inclinación de la infiel.... 190

ISABEL. ¡Oh! ¡Sí!

ADEL. Y airada con él

vino, y se vengó villana

contando su falso fin.

ISABEL. ¡Ella!

ADEL. Con una gavilla

de bandidos, a Marsilla 195

detuvo, ya en el confín

de Teruel, donde veloces

corriendo en tropel armado,

le hallamos a un tronco atado,

socorro pidiendo a voces. 200

ISABEL. Calla, moro: no más.

ADEL. Pasa

más, y es bien que te aperciba.

--La Sultana fugitiva

se ha refugiado en tu casa:

en ésta.

ISABEL. ¡Aquí mi rival! 205

ADEL. Tu esposo la libertó.

ISABEL. ¡Ella donde habito yo!

ADEL. Guárdate de su puñal.

Por celos allá en Valencia

matar a Marsilla quiso. 210

ISABEL. A tiempo llega el aviso.

ADEL. Confirma tú la sentencia

que justo lanzó el Amir.

Por esa mujer malvada

para siempre separada 215

de Marsilla has de vivir.

Ella te arrastra al odioso

tálamo de don Rodrigo.

Envíala tú conmigo

al que le apresta su esposo, 220

pena digna del ultraje

que siente.

ISABEL. Sí, moro; salga

pronto de aquí, no le valga

el fuero del hospedaje.

Como perseguida fiera 225

entró en mi casa: pues bien,

al cazador se la den,

que la mate donde quiera.

Mostrarse de pecho blando

con ella, fuera rayar 230

en loca: voy a mandar

que la traigan arrastrando.

Sean de mi furia jueces

cuantas pierdan lo que pierdo.

¡Jesús! Cuando yo recuerdo 235

que hoy pude... ¡Jesús mil veces!

No le ha de valer el llanto,

ni el ser mujer, ni ser bella,

ni reina. ¡Si soy por ella

tan infeliz! ¡tanto, tanto!... 240

Dime, pues, di: tu señor,

¿qué suplicio le impondrá?

ADEL. Una hoguera acabará

con su delincuente amor.

ISABEL. ¡Su amor! ¡Amor desastrado! 245

Pero es amor....

ADEL. Y ¿es bastante

esa razón?...

ISABEL. ¡Es mi amante

tan digno de ser amado!

Le vió, le debió querer

en viéndole.--¡Y yo, que hacía 250

tanto que no le veía ...

y ya no le puedo ver!

--Moro, la víctima niego

que me vienes a pedir:

quiero yo darle a sufrir 255

castigo mayor que el fuego:

ella con feroz encono

mi corazón desgarró ...

me asesina el alma ... yo

la defiendo, la perdono. (_Vase._) 260

ESCENA V

ADEL

He perdido la ocasión.

Suele tener esta gente

acciones, que de un creyente

propias en justicia son.

Yo dejara con placer 265

este empeño abandonado;

pero el Amir lo ha mandado,

y es forzoso obedecer. (_Vase._)

ESCENA VI

MARSILLA, por la ventana

Jardín ... una ventana ... y ella luego.

Jardín abierto hallé y hallé ventana; 270

mas ¿dónde está Isabel?--Dios de clemencia,

detened mi razón, que se me escapa;

detenedme la vida, que parece

que de luchar con el dolor se cansa.

Siete días hace hoy, ¡qué venturoso 275

era en aquel salón! Sangre manaba

de mi herida, es verdad; pero agolpados

al rededor de mi lujosa cama,

la tierna historia de mi amor oían

los guerreros, el pueblo y el Monarca, 280

y entre piadoso llanto y bendiciones

«tuya será Isabel» juntos clamaban

súbditos y señor. Hoy no me ofende

mi herida, rayos en mi diestra lanza

el damasquino acero... No le traigo... 285

¡Y hace un momento que con dos me hallaba!

--Salvo en Teruel y vencedor, ¿qué angustia

viene a ser ésta que me rinde el alma,

cuando, acabada la cruel ausencia,

voy a ver a Isabel?

ESCENA VII

ISABEL.--MARSILLA

ISABEL. Por fin se encarga 290

mi madre de Zulima.

MARSILLA. ¡Cielo santo!

ISABEL. ¡Gran Dios!

MARSILLA. ¿No es ella?

ISABEL. ¡Él es!

MARSILLA. ¡Prenda adorada!

ISABEL. ¡Marsilla!

MARSILLA. ¡Gloria mía!

ISABEL. ¿Cómo ¡ay! cómo

te atreves a poner aquí la planta?

Si te han visto llegar... ¿A qué has venido? 295

MARSILLA. Por Dios ... que lo olvidé. Pero ¿no basta,

para que hacia Isabel vuele Marsilla,

querer, deber, necesitar mirarla?

¡Oh! ¡qué hermosa a mis ojos te presentas!

Nunca te ví tan bella, tan galana... 300

Y un pesar sin embargo indefinible

me inspiran esas joyas, esas galas.

Arrójalas, mi bien; lana modesta,

cándida flor, en mi jardín criada,

vuelvan a ser tu virginal adorno: 305

mi amor se asusta de riqueza tanta.

ISABEL. (_Aparte._ ¡Delira el infeliz! Sufrir no puedo

su dolorida, atónita mirada.)

¿No entiendes lo que indica el atavío,

que no puedes mirar sin repugnancia? 310

Nuestra separación.

MARSILLA. ¡Poder del cielo!

Sí. ¡Funesta verdad!

ISABEL. Estoy casada.

MARSILLA. Ya lo sé. Llegué tarde. Ví la dicha,

tendí las manos, y voló al tocarla.

ISABEL. Me engañaron: tu muerte supusieron 315

Y tu infidelidad.

MARSILLA. ¡Horrible infamia!

ISABEL. Yo la muerte creí.

MARSILLA. Si tú vivías,

y tu vida y la mía son entrambas

una sola, no más, la que me alienta,

¿cómo de ti sin ti se separara? 320

Juntos aquí nos desterró la mano

que gozo y pena distribuye sabia:

juntos al fin de la mortal carrera

nos toca ver la celestial morada.

ISABEL. ¡Oh! ¡si me oyera Dios!...

MARSILLA. Isabel, mira, 325

yo no vengo a dar quejas: fueran vanas.

Yo no vengo a decirte que debiera

prometerme de ti mayor constancia,

cumplimiento mejor del tierno voto

que invocando a la Madre inmaculada, 330

me hiciste amante la postrera noche

que me apartó de tu balcón el alba.

«Para ti (sollozando me decías),

o si no, para Dios.»--¡Dulce palabra,

consoladora fiel de mis pesares 335

en los ardientes páramos del Asia

y en mi cautividad! Hoy ni eres mía,

ni esposa del Señor. Di, pues, declara

(esto quiero saber) de qué ha nacido

el prodigio infeliz de tu mudanza. 340

Causa debe tener.

ISABEL. La tiene.

MARSILLA. Grande.

ISABEL. Poderosa, invencible: no se casa

quien amaba cual yo, sino cediendo

a la fuerza mayor en fuerza humana.

MARSILLA. Dímelo pronto, pues, dilo.

ISABEL. Imposible. 345

No has de saberlo.

MARSILLA. Sí.

ISABEL. No.

MARSILLA. Todo.

ISABEL. Nada.

Pero tú en mi lugar también el cuello

dócil a la coyunda sujetaras.

MARSILLA. Yo no, Isabel, yo no. Marsilla supo

despreciar una mano soberana 350

y la muerte arrostrar por quien ahora

la suya vende y el porqué le calla.

ISABEL. (_Aparte._ ¡Madre, madre!)

MARSILLA. Responde.

ISABEL. (_Aparte._ ¿Qué le digo?)

Tendré que confesar ... que soy culpada.

¿Cómo no lo he de ser? Me ves ajena. 355

Perdóname... Castígame por falsa,

(_Llora._)

mátame, si es tu gusto... Aquí me tienes

para el golpe mortal arrodillada.

MARSILLA. Ídolo mío, no; yo sí que debo

poner mis labios en tus huellas. Alza. 360

No es de arrepentimiento el lloro triste

que esos luceros fúlgidos empaña;

ese llanto es de amor, yo lo conozco,

de amor constante, sin doblez, sin tacha,

ferviente, abrasador, igual al mío. 365

¿No es verdad, Isabel? Dímelo franca:

va mi vida en oírtelo.

ISABEL. ¿Prometes

obedecer a tu Isabel?

MARSILLA. ¡Ingrata!

¿Cuándo me rebelé contra tu gusto?

Mi voluntad, ¿no es tuya? Dispon, habla. 370

ISABEL. Júralo.

MARSILLA. Sí.

ISABEL. Pues bien... Yo te amo.--Vete.

MARSILLA. ¡Cruel! ¿Temiste que ventura tanta

me matase a tus pies, si su dulzura

con venenosa hiel no iba mezclada?

¿Cómo esas dos ideas enemigas 375

de destierro y de amor hiciste hermanas?

ISABEL. Ya lo ves, no soy mía; soy de un hombre

que me hace de su honor depositaria,

y debo serle fiel. Nuestros amores

mantuvo la virtud libres de mancha: 380

su pureza de armiño conservemos.--

Aquí hay espinas, en el cielo palmas.

Tuyo es mi amor y lo será: tu imagen

siempre en el pecho llevaré grabada,

y allí la adoraré: yo lo prometo, 385

yo lo juro; mas huye sin tardanza.

Libértame de ti, sé generoso:

libértame de mí....

MARSILLA. No sigas, basta.

¿Quieres que huya de ti? Pues bien, te dejo.

Valor ... y separémonos.--En paga, 390

en recuerdo si no, de tantas penas

con gozo por tu amor sobrellevadas,

permite, Isabel mía, que te estrechen

mis brazos una vez....

ISABEL. Deja a la esclava

cumplir con su señor.

MARSILLA. Será el abrazo 395

de un hermano dulcísimo a su hermana,

el ósculo será que tantas veces

cambió feliz en la materna falda

nuestro amor infantil.

ISABEL. No lo recuerdes.

MARSILLA. Ven....

ISABEL. No: jamás.

MARSILLA. En vano me rechazas. 400

ISABEL. Detente ... o llamo....

MARSILLA. ¿A quién? ¿A don Rodrigo?

No te figures que a tu grito salga.

No lisonjeros plácemes oyendo,

su vanidad en el estrado sacia,

no; lejos de los muros de la villa 405

muerde la tierra que su sangre baña.

ISABEL. ¡Qué horror! ¿Le has muerto?

MARSILLA. ¡Pérfida! ¿te afliges?

Si lo llego a pensar, ¿quién le librara?

ISABEL. ¿Vive?

MARSILLA. Merced a mi nobleza loca,

vive: apenas cruzamos las espadas, 410

furiosa en él se encarnizó la mía:

un momento después, hundido estaba

su orgullo en tierra, en mi poder su acero.

¡Oh! ¡maldita destreza de las armas!

¡Maldito el hombre que virtudes siembra 415

que le rinden cosecha de desgracias!

No más humanidad, crímenes quiero.

A ser cruel tu crueldad me arrastra,

y en ti la he de emplear. Conmigo ahora

vas a salir de aquí.

ISABEL. ¡No, no!

MARSILLA. Se trata 420

de salvarte, Isabel. ¿Sabes qué dijo

el cobarde que lloras desolada,

al caer en la lid? «Triunfante quedas;

pero mi sangre costará bien cara.»

ISABEL. ¿Qué dijo? ¿Qué?

MARSILLA. «Me vengaré en don Pedro, 425

en su esposa, en los tres: guardo las cartas.»

ISABEL. ¡Jesús!

MARSILLA. ¿Qué cartas son?...

ISABEL. ¡Tú me has perdido!

La desventura sigue tus pisadas.

¿Dónde mi esposo está? Dímelo pronto,

para que fiel a socorrerle vaya, 430

y a fuerza de rogar venza sus iras.

MARSILLA. ¡Justo Dios! Y ¡decía que me amaba!

ISABEL. ¿Con su pasión funesta reconvienes

a la mujer del vengativo Azagra?

¡Te aborrezco! (_Vase._)

ESCENA VIII

MARSILLA

MARSILLA. ¡Gran Dios! Ella lo dice. 435

Con furor me lo dijo: no me engaña.

Ya no hay amor allí. Mortal veneno

su boca me arrojó, que al fondo pasa

de mi seno infeliz, y una por una,

rompe, rompe, me rompe las entrañas. 440

Yo con ella, por ella, para ella

viví... Sin ella, sin su amor, me falta

aire que respirar... ¡Era amor suyo

el aire que mi pecho respiraba!

Me le negó, me le quitó: me ahogo, 445

no sé vivir.

VOCES (_dentro._) Entrad, cercad la casa.

ESCENA IX

ISABEL, trémula y precipitada.--MARSILLA

ISABEL. Huye, que viene gente, huye.

MARSILLA (_todo trastornado_). No puedo.

VOCES (_dentro_). ¡Muera, muera!

MARSILLA. Eso sí.

ISABEL. Ven.

MARSILLA. ¡Dios me valga!

(_Isabel le ase la mano y se entra con él por la puerta del

fondo._)

ESCENA X

ADEL, huyendo de varios CABALLEROS, con espadas desnudas;

DON PEDRO, MARGARITA, CRIADOS.--ISABEL y MARSILLA dentro.

CABALLEROS. ¡Muera, muera!

PEDRO Y MARGARITA. Escuchad.

ADEL. Aragoneses,

yo la sangre vertí de la Sultana; 450

pero el Rey de Valencia, esposo suyo,

tras ella me envió para matarla.

Consorte criminal, amante impía,

la muerte de Marsilla maquinaba,

la muerte de Isabel....

ISABEL (_dentro_). ¡Ay!

ADEL. Ved en prueba 455

esta punta sutil envenenada.

(_Muestra el puñal de Zulima._)

Marsilla lo que digo corrobore:

cerca de aquí ha de estar.

(_Ábrese la puerta del fondo, y sale por ella Isabel, que se

arroja en brazos de Margarita. Marsilla aparece caído

en un escaño._)

ESCENA XI

ISABEL.--DICHOS

ISABEL. ¡Madre del alma!

ADEL. Vedle allí....

MARGARITA. ¡Santo Dios!

PEDRO. Inmóvil....

ISABEL. ¡Muerto!

ADEL. Cumplió Zulima su feroz venganza. 460

ISABEL. No le mató la vengativa mora.

Donde estuviera yo, ¿quién le tocara?

Mi desgraciado amor, que fué su vida ...

su desgraciado amor es quien le mata.

Delirante le dije: «Te aborrezco»: 465

él creyó la sacrílega palabra,

y expiró de dolor.

MARGARITA. Por todo el cielo ...

ISABEL. El cielo que en la vida nos aparta,

nos unirá en la tumba.

PEDRO. ¡Hija!

ISABEL. Marsilla

un lugar a su lado me señala. 470

MARGARITA. ¡Isabel!

PEDRO. ¡Isabel!

ISABEL. Mi bien, perdona

mi despecho fatal. Yo te adoraba.

Tuya fuí, tuya soy: en pos del tuyo

mi enamorado espíritu se lanza.

(_Dirígese adonde está el cadáver de Marsilla; pero antes de

llegar, cae sin aliento con los brazos tendidos hacia su

amante._)

FIN DEL DRAMA

NOTES

ACTO PRIMERO

7-8. #que ... el pie = que te ve colocar el pie orillas (a la orilla) de

un precipicio.#

17. #al ser#, _on becoming, when he became_.

33-34. #para vivir ... los tres = para que vivamos los tres con

opulencia.#

48. #costara#, an example of the frequent use of the imperfect

subjunctive for the conditional in this play.

57. #¿Qué habrá escrito...?# Note use of future to express

conjecture. _What can he have written...?_

87. #Mira ... dice#, _see whether it says_.

90. #en el encierro aquel = en aquel encierro.#

106-107. #ve a buscarme#; literally, _go to find me_; translate:

_come to me_.

113. #volvió = volvió en sí#, _he has come to himself, has regained

consciousness_.

115-116. #De aquella ... hecho = está hecho (acostumbrado) a las

tinieblas de aquella horrible mansión.#

135-136. #desde hoy ... aflija = desde hoy no permitiré que te aflija

ningún afán.#

140. #azorado#. Note that in poetry predicate adjectives or past

participles are frequently used instead of adverbs.

147. #Haz ... vea = haz que yo vea a mi bienhechora.#

155. #Defienda#, _may Heaven protect_, etc.

162. #más = es más hermoso.#

179-180. #No es ... mora = lo más (importante) no es que la noble

princesa mora me redima.#

191 et seq. In the first edition of the play Marsilla begins the account

of his adventures thus:

Mi nombre es Diego Marsilla,

y cuna Teruel me dió,

ciudad que ayer se fundó

del Turia en la fresca orilla.

In the interest of accuracy of detail the author changed this to the

reading of the present text. The river flowing past Teruel changes its

name from Guadalaviar to Turia only after it has left Teruel behind.

Moreover, Teruel was, strictly speaking, _villa_ at the time of the

supposed action of the play, and not _ciudad_: the title _ciudad_ was

not granted to it by the King of Aragon until the year 1347.

193. #Ayer se fundó.# Destroyed by the Moors, Teruel was rebuilt in

1171, forty-six years earlier. In the life of a city, a generation seems

but a day.

195-197. #cuyos muros ... pobladores = cuyos muros, levantados entre

horrores de lid atroz, fueron amasados con la sangre de sus fuertes

pobladores.#

199-226. In these lines the idea of "predestined love" is exemplified.

204. #sus#, _their_ (#del hombre y de la mujer#).

213-214. #antes ... vernos = antes de vernos, nos amábamos.#

219-222. A similar idea was expressed in the corresponding four lines of

the first edition thus:

Y parecía un querer

tan firme en alma de niño,

recuerdo de otro cariño

tenido antes de nacer.

223-226. These four lines may be translated thus: _the love that united

Isabel and me_ (#nuestro querer#) _when we came into this sad world

was merely the continuance_ (#seguir#) _in the physical world of the

love that already existed in the spiritual_. Compare idea expressed by

"marriages are made in heaven."

246. #aun vivo#; if the time were up, either I should have succeeded

or should now be dead.

254. #Navas de Tolosa#, village in the Province of Jaén, in the south

of Spain, famous in history because of the decisive victory gained

there, July 16, 1212, by the allied kings of Christian Spain over the

Moslems. In the first edition, at the mention of this disastrous defeat

of the Moors, Zulima interrupts Marsilla's narrative with an outburst of

feeling quite appropriate in a Mohammedan:

¡Lugar maldito del cielo,

donde la negra fortuna

postró de la media luna

la pujanza por el suelo!

258 et seq. In the early years of the 13th century a religious sect in

the south of France, the Albigenses, rebelled against the authority of

the Church of Rome. Pope Innocent III proclaimed a crusade against them

in 1208, and a bloody war began in which the crusaders were led by the

ruthless Simon de Montfort until his death at the siege of Toulouse

(1218). During this Albigensian War (1208-1229) Beziers and other

important cities in the south of France were almost destroyed.

267-270. #Y en pena ... sepultó = y en pena de que mi mano rompió el

hierro de mis cadenas, profundo encierro me sepultó en vida.#

281. #haz por escuchar atento#, _try to listen attentively to_ ...

293. #aquí#, in the land of the Moors.

303. #Respuesta ... dé = es bien que se le dé a ella respuesta.#

311-312. #Medita ... reclama#, _consider it well and you will grant

to time what it demands as its due_. If you take into consideration the

length of time that has passed since you have seen Isabel, you will

realize that she has probably forgotten you, and will become reconciled

to changed conditions because of the lapse of time.

321. #dada ... recibida#, _having given my love and having received

hers_; or, _having given my heart in exchange for hers_.

330. #le = su corazón.#

335-336. #la nueva de ser Isabel esposa#, _the news of Isabel's

marriage_.

340. #cuanto fabrico derrumba = derrumba cuanto (todo lo que) yo

fabrico.#

345. #han de traer = traerán.# Note that _Isabel_ is direct object of

_traer_.

346. #para tanto = para hacer tanto.#

356. #Sálvete su diligencia#, _let his efforts save you from danger_.

361. #perecéis = pereceréis.# Present instead of future for greater

vividness.

364-366. #estallo = hubiera estallado; calla = habría callado; llega =

habría llegado.#

392. #que venga.# Subject of _venga_ is _la rebelión,_ line 394.

395-396. Note that _quien_ is subject of both _lema_ and _dé_.

425. #el un capitán = uno de los capitanes.#

444. #Ya no hay perdón que le alcance#, _she is beyond the reach of

pardon_.

445-446. #después de correr ... vencido# = _after the struggle is

over, disposition will be made of the conquered_.

ACTO SEGUNDO

17. #don Jaime#, James the Conqueror, King of Aragon from 1213 to

1276, son and successor of Pedro II. He gained the title, _El

Conquistador_, by his conquest of the Balearic Islands (1228-1232) and

Valencia (1258) from the Moors.

21. #Sancho VII#, King of Navarre (1194-1234), known as _El Fuerte_.

He played an important part in the defeat of the Moors at Navas de

Tolosa in 1212.

21. #Fernando III#, King of Castile (1217-1252), known as _El Santo_.

He reconquered Cordova, Seville, Jaén, etc,. from the Moors.

87-88. #sobre como ... allanar#, _as to how it should be smoothed,

overcome_.

102. #¡Virgen del Pilar!# _Our Lady of the Sacred Pillar protect us!_

In the church of _Nuestra Señora del Pilar_, Saragossa, is the sacred

pillar on which the Holy Virgin is believed to have appeared to Saint

James during his missionary journey through Spain. This pillar, with its

wooden image of the Virgin and Child, is the magnet that has drawn

countless pilgrims to Saragossa.

131-132. #de estarse ... pestañear#, _from standing so long with

staring, unblinking, eyes_.

137-139. #le fué ... al infeliz = la punta le fué a parar al corazón del

infeliz.#

144. #pisaba = pisaría.#

162. #¿Si sabrá?# ... _I wonder if he knows_...

174. #querrá.# Future to denote probability.

186. #Pues ... partido#, _well, even in throwing the bar I can win

the game from him_. _Barra_, was a game in which the contestants strove

to outdo each other in throwing a heavy iron bar. It was therefore a

test of strength.

197. #Jamás ... cara#, _never from danger do I turn my face_.

204. #la mano que todo lo guía#, _the hand that directs the

universe_, the hand of God.

208-209. #benéfica, airada#. Note that adjectives are frequently used

instead of adverbs, especially in poetry.

212. #de amante inquietud#, _inspired by loving solicitude_, that of

his own family.

213. #no cobre#..., _may I never recover_...

215. #Mayor mi tesón a más padecer#, _my obstinacy increasing with my

suffering_. Compare _mi tesón crecía con mi padecer_, of the first

edition.

239-240. #decid ... vida#, _tell her to whom this father_ (Martin

himself) _owes the privilege of seeing himself alive_.

247-248. Compare with these the two corresponding lines of the first

edition:

Con tal compañera, ¿quién no ha de temblar

de perder la vida que lleva dichosa?

255-256. #dirige = hubiese dirigido; ahorran = habrían ahorrado; cuánto

de llanto = ¡cuántas lágrimas!#

259. #la de Maurel#, the battle of Muret in southern France, 1213, in

which the Albigenses and their allies, the Aragonese, were defeated by

the Crusaders under Simon de Montfort. King Pedro of Aragon lost his

life in the battle and many Aragonese were killed or taken prisoners.

275-276. #Diligencia escasa ... cupo = parece que diligencia escasa,

fortuna severa, cupo en suerte a# (_fell to the lot of_) #mi sangre

(familia).#

278. #se muestre#, _let him show himself_. Freely translated: _one

who has been unable to overcome adverse fortune should at least be

patient when it wounds him_.

279. #de aquesa manera#, _in that condition_, that is, without a

sword.

296. #le acatan propios y ajenos#, _all respect him, those of his

own family_ (#propios#) _and those of others_ (#ajenos#).

341. #logré ... mal#, _I succeeded in convincing my ears that they_

(#los acentos desabridos#) _did not have a disagreeable sound for

me_.

347. #al recordar mi memoria#, _when memory would bring to mind_.

371 et seq. Note that _vos, piedra, bóveda, suelo_ are all direct

objects of _invoco_, line 379. _Not you, but rather the inanimate stone

... that vaulted ceiling ... that pavement ... do I call upon as

witnesses_....

377. #a no ser ... huella#, _if it were not as hard and cold as the

one that walks upon it_.

381. #que# = _for_; #le = al afán.#

384. #oyera = pudiera, podría, oírla.#

413. #ofrecí dar#, _I would gladly have given_.

423-426. Compare corresponding lines in first edition:

Cuanto padezco mirad

pues ya como dicha cuento

que mis penas un momento

suspendan su intensidad.

447-450. #Vuestras razones ... crimen#, _your words of intercession

carry conviction to his heart; any hesitation or reluctance on my part

would be (considered) disrespect, sinful_.

455. #que ... mortaja = que él se limite a tenerme una cruz y una

mortaja#, _he need do no more than provide me a cross and a shroud_.

559. #de infeliz ... más#, _from an unhappy state I have passed to

one still more wretched_.

564-565. #por señas que ... judío.# Teresa's meaning is clear; he

must be either a Jew or a Moor, she thinks, since he refused to partake

of the slices of pork and wine that she had offered him. She might have

expressed herself more logically thus: _por señas que_ (as proof that)

_debe ser moro o judío, nada de ello (magras y vino) ha probado_.

572. #¡Que haya ... oí!# _If it were only a dream what I believe that

I heard!_

600. #Ya que padecí, padezca (ella).#

603-605. #al fin ... miserable#, _after all, compared with her,

Manilla was of little account_.

616-617. See _buena_ in Vocabulary.

664. #en que reina#, _where he now dwells_.

673-674. #sin que ... ofensa#, _without any one's being able to take

offense at my tears_.

734. #que lea#, _that he may read_.

735. #encontrármelas.# _Me_, dative of interest or concern, may be

translated: _for all I care_.

764. #se ofrezca ... morir#, _consent to worse than death_.

ACTO TERCERO

7. #Si esto ... difunto = esto es como si yo amortajase a un

difunto.#

34. #No tardarán ... San Pedro#, _the call to vespers will not be

long in sounding over there in Saint Peter's_. San Pedro is the name of

the old parochial church in Teruel connected with the legend of _Los

Amantes_.

73-74. #Yo no creía que dudarais de mi rendimiento fiel.#

84-86. #y al fin hallaréis otro que no podéis figuraros en vuestro rigor

esquivo.#

89. #aun no le visteis#, _him you have not yet seen_.

107-109. #una lengua venenosa no pudo jamás echarme maldición más

espantosa que decir#....

142-144. #Para romper ... indagaciones#, _in order to break my

bondage (free myself from love of you), in order to find defects in you,

my investigations were undertaken._

156. #lo que yo vivirá = lo que# (_as long as_) #yo viva, vivirá#.

167-168. #concluyo de desear y pedir#, _I desire and ask for no

more_.

180-181. #mudaréis en suma de casa y de vecindad#, _you will move

into another house and neighborhood, nothing more_.

210-211. #lo demás ... notorio#, _otherwise it would give cause for

notorious scandal_.

217. #resucitara = hubiera resucitado.#

219. #matara = habría matado.#

221. #corriera = habría corrido.#

346. #saliéndole al camino = saliéndole al encuentro.#

Los Amantes de Teruel Drama en cuatro actos en verso y prosa · 第 4 / 5 章