Nota 322:
Dice Fray Iñigo Abbad—Ob. cit. pág. 54:—“Entre otros, el Cacique
Aymamón, que tenía su ranchería en el río Culebrinas, cerca de la
población de Sotomayor.”—Y ya sabemos que el caserío de Sotomayor
estaba junto á la _Aguada_.
Nota 323:
No citamos nombres propios, porque los artículos han aparecido en el
periódico citado como de Redacción, aunque sabemos, que uno de los
campeones en pro de Mayagüez es el culto escritor y dulce poeta don
Manuel María Sama.
Nota 324:
Opinión de Varnhagan, Leiva y Montojo.
Nota 325:
Opinión de Navarrete.
Nota 326:
Opinión de Fox.
Nota 327:
Opinión de Humboldt y W. Irving.
Nota 328:
Trazado y publicado por Otto Neussel, geógrafo. Imp. Jul. Palacios.
Madrid. 1892.
Nota 329:
Georges Cuvier.—Discours sur les révolutions du globe.—París. 1854.
Nota 330:
Appendice au discours du Cuvier.
Nota 331:
Citado por don Manuel Aranda y San Juan en la obra: Los misterios del
mar.—1891.
Nota 332:
Añasco tuvo su declaratoria de pueblo en 1703 y Mayagüez sesenta años
después.
Nota 333:
Oviedo.—Ob. cit.
Nota 334:
F. S. de Noda.—Antigüedades Góticas.
Nota 335:
Tampoco debe confundirse esta sílaba con el _gua_ procedente de la
raíz arábiga _guada_, corrupción de _wad_, que significa _río ó valle
por donde corren aguas_. Como Guadalquivir, _wad-al-kebir_, río
grande; Guadarrama, de _wad-al-ramal_, río arenoso, etc. Muchos de
cuyos nombres han sido traídos á América por los españoles.
Nota 336:
A. Rojas.—Los radicales del agua en las lenguas americanas.
Nota 337:
Es digno de anotarse, con relación á la radical _í_ agua, en las
lenguas americanas, que en sánscrito existe la raíz _in-du_, la gota
de agua; y en griego, _idor_, agua.
Nota 338:
Ob. cit. pág. 137.
Nota 339:
Dice Oviedo “que después de ser partido D. Chripstóbal, salió trás él
el mismo caçique (Guaybaná) con gente é alcançóle una legua de allí de
su assiento en un río que se dice _Cauyo_.” Este _assiento_ se refiere
á la aldehuela de Guaybaná.
Nota 340:
En los repartimientos se dejaron á los caciques en sus estancias con
su gente, citándoles, en época determinada, para que prestaran sus
servicios con sus naborias en las minas, ó en las granjas, que
empezaron los colonos á fomentar. Los conquistadores que tuvieron
cuatro ó seis indios _encomendados_, pudieron tenerlos directamente á
su servicio en sus respectivas casas; pero los que tenían ciento y
doscientos les convenía más dejarlos en sus estancias ó especies de
_conucos_, para que ellos se mantuvieran, y aprovechados en tiempos
útiles en los trabajos mineros, que fué á lo que los dedicaron en un
principio. Posteriormente, se subdividieron las grandes partidas de
indios, y se repartieron también sus estancias, conservándose tan sólo
las granjerías de los Reyes, que, por fin, las enajenó la Corona.
Nota 341:
Dice Oviedo: “ovieron los chripstianos y los indios la primera batalla
en la tierra de Agueybana (Guaybaná) en la boca del río Caoyuco
(Yauco).”
Nota 342:
Ob. cit. pág. 154.
Nota 343:
El Rey á Cerón y Díaz: “Sabéis que algunos caciques de San Juan, se
rebelaron y mataron á traición á D. Cristóbal de Sotomayor, á D. Diego
su sobrino y á algunos criados y amigos, y además á cuantos cristianos
pillaron en sus estancias fuera de poblado; que luego se juntaron con
otros de la comarca, y fueron al pueblo de _Guaydía_ y peleando
mataron algunos cristianos”, etc. Tordesillas, 25 de julio de
1511.—Biblioteca de Puerto-Rico.—Y dice Oviedo: “Y el caçique
Agueybana, que también se decía D. Chripstóbal, como más principal de
todos, mandó á otro caçique dicho Guarionex, que fuese por capitán é
recogiese los caçiques todos é fuesen á quemar el pueblo nuevo llamado
_Sotomayor_.”
Nota 344:
_Guaydía_ no es voz indo-antillana, ni significa _jardín_. Si _gua_ y
_guay_ pueden ser raíces del lenguaje indígena, el sufijo _día_ es
castellano puro.
Nota 345:
Nuestros indígenas se encontraban en el período social de la _piedra
pulimentada_, ó hablando con más propiedad paleontológica en el
período _neolítico_ de la edad de la piedra. El instrumento cuneiforme
característico de esa época es el _hacha_, que poseían en abundancia
nuestros aborígenes. El boriqueño había abandonado la gruta y
construido la choza; de cazador y pescador errabundo había pasado á
agricultor; en la industria de vasos, además del mortero de sílex para
triturar el grano, trabajaba la arcilla y hacía recipientes para la
cocción de sus viandas; en escultura, había iniciado el grabado, y
había avanzado á la ornamentación de gruta, de la cual se conservan
muestras en algunas cuevas; y cincelaba sus collares y aprestos
guerreros sin tener la pasión por la escultura decorativa sobre
madera, tan desarrollada entre los Papúas de la Nueva Guinea, ni el
gusto artístico del modelaje cerámico que tenían los indios mexicanos
y peruanos; no tenían sepulturas, ni túmulos, de los cuales el
_dolmen_ constituye la última palabra en esa edad; de manera que
podemos considerar, que nuestro indígena no había llegado en su
civilización al último cuarto del período neolítico.—Ahora bien,
encontrándose en este estado de rudimentaria sociedad nuestros
aborígenes, los signos que ellos grabaron en sus esculturas humanas ó
antroglifitas no pueden considerarse, en lingüística, más que como el
_albor_ de la escritura, y _nada más_.—Para que la idea pueda
comunicarse de un individuo á otro, para que un sonido, un gesto, un
signo visible pueda recordarle á otro el mismo pensamiento, es
necesario desde luego una representación figurada tan perfecta como
sea posible, y después, más tarde, una convención recíproca. El primer
lenguaje convencional ha debido ser un gesto acompañado de un grito
proporcionado al lugar, á la hora, á la distancia; la primera
trasmisión, no inmediata, de un pensamiento ha debido ser una fogata
en un punto determinado, una marca en una roca, un montón de
pedruscos, la cortadura de un árbol ó un árbol caído, etc. A este
género de escritura primitiva corresponden los _quipos_ peruanos.
Después apareció la escritura ideográfica, más precisa, más analítica,
menos abstracta, menos general; y de ésta, como consecuencia natural,
directa y lógica, la escritura alfabética. Nuestros aborígenes tenían,
pues, que pasar por la escritura jeroglífica antes de llegar á la
alfabética; de lo cual estaban muy lejos. Hemos oído la versión de que
hay en el país quien tiene el alfabeto del lenguaje indo-antillano, y
esto no es más que una _ilusión_. Los signos grabados en las
esculturas de nuestros indígenas tienen un valor igual al de los
salvajes de la edad de la piedra de otros países, y por eso
consideramos esos signos como el _alborear_ de una escritura, que
tiene que llegar á ser ideográfica y por fin alfabética.
Nota 346:
Oviedo.—Ob. cit. Libro XVI.
Nota 347:
Biblioteca histórica de Puerto-Rico; pág. 142.
Nota 348:
En el Archivo de Simancas se conservan cuadernos de fundiciones en San
Juan hasta el año 1526.
Nota 349:
En 12 de noviembre de 1509 escribía el Rey á Juan Ponce: “Ví vuestra
letra de 16 de Agosto. Poned gran diligencia en buscar minas de oro en
la isla de San Juan; sáquese cuanto pueda, y _fundido en la Española_
venga al instante.”
Nota 350:
La palabra indígena _Guayana_ conservada aún por derivación en los
vocablos: _Guayanés_, aplicado á un río de la banda sur de la Isla;
_Guayama_, donde se ha sustituido la _n_ por la _m_; y _Guayanilla_,
diminutivo castellano de _Guayana_, no debe confundirse con la voz de
orígen árabe _Guadiana_, de la cual procede la palabra _Guadianilla_
aplicada, según los cronistas, á uno de los pueblos primitivos de San
Juan. Indudablemente que el manchego don Miguel del Toro al poblar
cerca de la aldehuela del cacique Guaybaná, y oír la palabra
indo-antillana _Guayana_, no pudo menos de dedicar un grato recuerdo
al hermoso río _Guadiana_ y darle el nombre de _Guadianilla_ á la
población de cristianos que fundaba; encargándose el tiempo y el
continuo fermento de los vocablos, de transformarla en la actual
_Guayanilla_.—Guayana, ó _Gua-í-ana_, de _gua_, el; _í_, agua; y
_ana_, flor, equivale á _el agua-flor_, ó la _rica agua_ ó _el agua
buena_; y Guadiana, ó _Wad-al-jana_, del árabe _wad_, agua; _al_, el;
y _jana_, recreo, equivale á: _río_, _el recreo_; ó _río del recreo_.
No deben, pues, confundirse, al estudiarlas, las palabras
_Guadianilla_ y _Guayanilla_, aunque la gente y el tiempo las hayan
confundido al aplicárselas al actual pueblo de Guayanilla.
Nota 351:
En el estudio de los gobernadores de la isla de Puerto-Rico hecho por
el ilustrado don José Julián de Acosta—Obra de Fray Iñigo, pág. 132—no
consta el nombre de don Francisco de Solís como gobernador en 1528,
sino Pedro Moreno de 1524 á 1528, y de esta fecha á 1529 el licenciado
Antonio de la Gama; pero la cita de Herrera, el cronista de Felipe II,
que tuvo los Archivos del reino á su disposición, está terminante. El
catálogo presentado por Iñigo Abbad—pág. 502—es completamente oscuro
de 1520 á 1581.—Y más adelante está equivocado; por ejemplo, presenta
al Teniente Coronel don Matías Abadía gobernando hasta 1731, y
nosotros hemos visto un documento histórico en el cual, el mismo
gobernador, en 20 de septiembre de 1736, concede permiso á Lorenzo
González para fundar la Ermita de la Monserrate en Arecibo.
Nota 352:
Dice Herrera—Ob. cit.—Década 4ª, libro 5°, cap. 3. Año de 1528: “Está
en esta isla, San Germán el nuevo, que otro tiempo se llamó la nueva
Salamanca; la fundó el gobernador Francisco de Solís, _con el despojo
de otro pueblo, que se llama Guadianilla_, que estaba á la vanda del
sur, y la robaron franceses, y la perseguían caribes; está San Germán
cuatro leguas de la mar, adonde han llegado franceses, y la han
robado; dista de la ciudad de San Juan 30 leguas; los indios tienen
_mal asiento en una sierra_, sin cosa llana, con el agua lejos.”
Nota 353:
En Junio de 1520 estaba aún el primitivo San Germán en la
desembocadura del río Añasco; pues los oficiales Reales de San Juan,
Antonio Sedeño, Hernando Mogollón, Pedro Moreno y Baltazar de Castro
escribían al Emperador noticiándole el envío, _desde el puerto de San
Germán_, de 3940 pesos de oro y 136 marcos de perlas.—Y Blas de
Villasante, en 26 de Setiembre de 1528, escribía al Emperador, que una
nao francesa de armada con una carabela y un patax habían tomado el
puerto de San Germán en 12 de Agosto (1527) y quemado y robado el
pueblo, marchándose los franceses á la isla la Mona.—Entonces fundó
Solís á Nueva Salamanca, ó San Germán el nuevo, en el puerto de
Guayanilla; y el 19 de Noviembre de 1529 escribía el licenciado Gama
al Emperador: “En esta villa de San Germán es _mayor_ el peligro de
caribes, pues no tiene casa ninguna de piedra, ni armas.” Este nuevo
San Germán lo quemaron los franceses en Mayo de 1538. En 7 de Octubre
de 1540 se ordenó por el Monarca hacer fortaleza en San Germán. Y en
12 de Marzo de 1541 escribía el tesorero Castellano á Su Magestad: “El
puerto de la villa de San Germán es bahía y playa, y las naos surgen á
media legua del pueblo do se ha de hacer la fortaleza.” En 1542 se
suspendió la fábrica. Y en 1543 escribía el Obispo de San Juan al
Emperador: “Los vecinos de San Germán, por el temor han llevado sus
mujeres, hijos y haciendas, á los montes. Si tuviesen fortaleza no
estarían tan tímidos, ni despoblarían la villa.” Y en 1548 el mismo
Obispo al Emperador le dice: “Vine de Santo Domingo á visitar mi
obispado, á principio de año. Desembarqué en San Germán y con
provisión de la Audiencia hice congregar sus vecinos, que serán poco
más de treinta y poblaron á _media_ legua del puerto por evitar los
daños pasados de corsarios. Mas no desamparan el importante puerto do
siempre debe hacerse fortaleza.” Y el doctor Vallejo en 1550 escribía
al Emperador desde la villa de San Germán: “Los pocos vecinos que han
quedado se han retirado á vivir al peor sitio del mundo, distante del
puerto _más de una_ legua.”
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