Se ha hecho hincapié en la frase de Alvarez Chanca: “En un puerto de
esta isla (Boriquén) estovimos dos días”; y exijiendo estricto rigorismo
en la acepción del vocablo, y considerando de carácter oficial la carta
del médico sevillano, se afirma[300] que,
“Al decir el doctor _puerto_, el lector debe entender que se le habla
de una porción de mar entre algunas tierras que la resguardan del
empuje de las olas y de los vientos, con una entrada, que se llama
boca ó boquete. Esto tiene derecho á entender y no que se le hable en
un galimatías en que por puerto deba entenderse ensenada, rada ó
embocadura de río.—Mayagüez es todo menos puerto. Culebrinas no es más
que desembocadura de un río.”
Creemos, por el contrario, que la palabra PUERTO, usada por el doctor
Chanca, no debe tomarse con el rigorismo técnico que exije el señor
presbítero de Guayanilla. Y vamos á probarlo. Se supone que Chanca tomó
el vocablo directamente del Almirante, á quien acompañaba en la nao
capitana; pues bien, Colón no usaba con la precisión que exije el padre
Nazario la palabra PUERTO, y no por ignorancia náutica, sino por falta
del detenido estudio necesario para clasificar debidamente el surgidero,
que por vez primera hacia uso de él. Por eso le vemos llamar PUERTO á la
ensenada YAMANIQUE[301] en Cuba, y dar igual denominación á la bahía de
San Nicolás en la Española[302]. Llama ANGLA á la ensenada de PUERTO
MARGOT[303], y puerto á la BAHÍA DE ACUL[304], y golfo á la bahía de
Manzanillo[305], y angla grande á BAHÍA ESCOCESA[306]; y por este estilo
pudiéramos multiplicar las citas.
Don Pedro Tomás de Córdova en sus informes[307] como Secretario de
Gobierno, y siguiendo las latitudes y longitudes geográficas del mapa de
don Antonio Cordero, piloto de la Real Armada, hablando de la banda
occidental de la isla, dice: “En este intérvalo de costa está la
ensenada del Boquerón, el puerto Real de Cabo-rojo, el fondeadero de
Mayagüez y la ensenada de Añasco”. Y corriéndose al noroeste, dice: “Y
en este espacio se halla el fondeadero de la Aguadilla, el que forma una
grande ensenada que puede servir á cualquiera embarcación y ofrece mucha
facilidad para hacer aguada.”
Don Fernando Colón no usa, como Chanca, la palabra PUERTO para designar
el lugar de fondeadero en los mares de Puerto-Rico, sino CANAL, é igual
denominación le aplica á la bahía de Cádiz. Muñoz dice, en una
CALA[308]; y Las Casas, Herrera, Iñigo Abbad y Washington Irving anotan,
en una BAHÍA.
Basta echar una ojeada por un diccionario marítimo[309] para convencerse
de lo fácil que es usar indistintamente algunos de estos vocablos,
muchas veces casi sinónimos, y lo ilógico por ende de exigir el
rigorismo técnico, aun en los mismos papeles del gran marino genovés,
cuando tales surgideros eran visitados por la armada por vez primera, y
eran múltiples las atenciones del Almirante, que conducía por mares
desconocidos una gran flota con un nutrido cuerpo de colonización, para
detenerse á consignar en el cuaderno de bitácora, con exactitud náutica,
el vocablo que le correspondía al inexplorado fondeadero, careciendo,
además, de los datos geográficos necesarios para precisar la roturación
de los anclajes.
Aguada y Aguadilla.
Estos pueblos están asentados en la comarca marítima, que forma la bella
herradura comprendida EN EL ÚLTIMO ÁNGULO OCCIDENTAL de Puerto-Rico. Y
consideramos esta región como la correspondiente á la frase usada por
Pedro Mártir de Anglería, y dictada indudablemente por el hábil piloto
Antonio de Torres, porque sin recorrer TODA la banda occidental de la
isla no hubiera podido el precavido marino usar el calificativo de ser
el ÚLTIMO ÁNGULO de la costa del oeste. Aseveración comprobada después
por los geógrafos[310], aunque ya para aquella época también, en la
carta de marear de Juan de la Cosa se percibe marcado ese ángulo
occidental con bastante exactitud. Por otra parte, el piloto Torres, que
asesoró á Mártir de Anglería, volvió, al retornar á España con las doce
naves, á recorrer el derrotero traído por Colón en su segunda empresa; y
por mucho tiempo se estuvo usando esta vía al navegar por el mar de las
Antillas.
Causa extrañeza á los contendientes opositores á nuestra opinión, que el
Almirante, dirigiendo su armada por la costa meridional de Boriquén,
recorriese además, toda la banda del oeste de la misma isla. Y por eso,
pregunta el padre Nazario: “¿á qué había de ir Colón á la costa
occidental de San Juan?”[311] Hay que tener en cuenta, que al iniciar el
gran Navegante el bojeo de las Antillas en Dominica, el rumbo preferido,
en general, fué en dirección noroeste; pero siempre que algún accidente
le obligaba á una caída de sotavento rectificaba después su derrotero,
cogiendo primero el rumbo franco al norte para volver luégo á fijarlo al
noroeste. Así le vemos llevarlo á efecto, especialmente, cuando la
arribada forzosa á Santa Cruz, yendo á recalar á Virgen Gorda. Por lo
tanto, habiéndole obligado el archipiélago Las Vírgenes á derribar al
suroeste, y terminada la dificultad al voltejear los Morillos de
Cabo-rojo, lógico era, siguiendo la marcha establecida, corrigiese el
rumbo navegando al norte, y después avistado el cabo de San Francisco y
singlando el crucero por mares tranquilas, y necesitando agua para su
numerosa flota de colonización[312], se acercara á tierra y echara el
ancla en una bahía, cuyo aspecto le convidaba y retenía con encantadores
atractivos.
Estudiando este punto del viaje del Almirante, dice acertadamente el
general de Marina don Patricio Montojo:[313]
“Después de haberse aguantado al pairo ó con poca vela, durante la
noche del 17—fiel á las precauciones que entonces, más que ahora,
debía tomar un experimentado marino cerca de tierra desconocida—fué
Colón voltejeando todo el día 18 y, bien entrado el 19 de noviembre,
montó la punta de _San Francisco_ para fondear en las inmediaciones
del _Culebrinas_, donde hizo su _aguada_.”
Razonando el “Diario Popular,” de Mayagüez[314] sobre la frase de Pedro
Mártir de Anglería, respecto á que la armada de Cristóbal Colón dió
anclaje en el ÚLTIMO ÁNGULO OCCIDENTAL de Puerto-Rico, dice:
“Este, realmente, sería el único argumento sólido que podría
presentarse en favor de Aguada, si las palabras de Pedro Mártir
estuviesen consignadas en la carta del doctor Chanca, testigo
presencial de los hechos que se relatan. Pero la indicación de aquel
escritor no está confirmada por ninguno de los que después se han
ocupado de las cosas de América, único modo como podrían tener
apariencia de validez á los ojos de la crítica imparcial.”
Esta concesión del escritor de la ciudad del oeste queda satisfecha, en
lo que pide en el último extremo del párrafo citado, con una simple
ojeada á la carta náutica de Juan de la Cosa; admirando, desde luego, en
la figurilla delineada que corresponde á Boriquén, aquel último ángulo
occidental, algo exagerado por el cartógrafo en la latitud con relación
á punta de Aguilas; pero digno de admiración por lo bien que se destaca
la amplia rada en tan pequeño grabado. La Cosa trazó con mano hábil, y
por vez primera, y en miniatura, la herradura que hemos dicho limitan
los cabos San Francisco y Boriquén, y en cuyas costas radican las
poblaciones de Aguada y Aguadilla.
Sin embargo, no basta lo expuesto, que justifica ya, como una verdad
incontrovertible, la tesis que sustentamos, á pesar de la frase de
William Prescott, en que asevera, que los que no se han ocupado nunca en
investigaciones históricas apenas pueden formarse idea de lo débiles que
son los fundamentos sobre los cuales es necesario construir la mayor
parte de las narraciones. En derrota, pues, los adversarios, han querido
atrincherarse en la duda, presentando la objeción, de cuál sería ese
último ángulo occidental de Puerto-Rico, á que se refiere Pedro Mártir
de Anglería en sus Décadas.
Como don Salvador Brau con sobria frase y robusta argumentación[315]
desvanece esa nebulosidad, hacemos nuestras sus palabras. Dice el sagaz
y circunspecto investigador:
“La isla de Puerto-Rico afecta topográficamente la figura de un
paralelógramo irregular. Los dos ángulos orientales se comprenden en
las _Cabezas de San Juan_ al nordeste, y el cabo de _Malapascua_ al
sureste, y los dos occidentales se determinan por el cabo _Rojo_ al
_suroeste_ y la punta _Boriquén_ al noroeste.—En una derrota que se
inicia por _Malapascua_, y mantiene su trayectoria de este á oeste,
hasta el cabo _Rojo_, y de aquí ha de enderezar el rumbo al norte,
recorriendo el canal llamado hoy de Santo-Domingo en solicitud de
Samaná, ¿cuál ha de considerarse el _último ángulo occidental_ de
Puerto-Rico sino la punta _Boriquén_?
¿Está situado Mayagüez en ese ángulo? No: Mayagüez no ocupa ángulo
alguno en nuestras costas; la orientación de su ensenada es franca al
oeste, y su emplazamiento ocupa el centro de la costa occidental. En
el último ángulo se encuentra la rada comprendida entre el cabo de
_San Francisco_ y la punta _Boriquén_, rada que abarca dos
poblaciones: _Aguada_, la tercera de la isla por su antigüedad y
_Aguadilla_, segregada modernamente de la primera.”
El padre Nazario, estudiando[316] ese ÚLTIMO ÁNGULO OCCIDENTAL de que
habla Pedro Mártir de Anglería, asevera que “debe ser el formado por las
líneas de las costas meridional y occidental de la Isla, contándose en
la distancia media entre el Cabo Rojo y el Cabo Aguilas”. Y no pudiendo
meter la gran flota del Descubridor en la ensenada de BOQUERÓN por ser
contrario á la tesis que sustenta se va á Roma por todo y asegura[317]:
“Es imposible desconocer que los dos desembarcos, el de Chanca y el de
Pedro Mártir fueron en el mismo costeo por la banda meridional; que el
referido por éste se localizó en el extremo occidental de la costa
meridional: luego el _primer_ fondeo referido por Chanca se verificó
al oriente del _segundo_; luego Colón, por primera vez, arribó á un
puerto de la costa Sud.”
Esta manera de discurrir, á pesar de la dialéctica, no es batirse en
retirada sino á la desbandada. Con aceptar una arribada á Mayagüez y
otra á Aguada tendríamos cuatro anclajes y todos en paz; pero surgiría
un nuevo conflicto ¿dónde fué que estuvo el crucero los dos días?
Y según los comisionados, licenciado Santa Clara y presbítero Ponce de
León[318] á Aguada arribó el capitán Juan Ponce, por vez primera, al
verificar su empresa de conquistar y poblar el Boriquén en 1508. Cuando
en 1510 le fué imposible á Cristóbal de Sotomayor levantar un poblado en
las cercanías de Guánica por la incomodidad de los mosquitos, se
replegó, atravesando la cordillera de montañas de Añasco, á
inmediaciones de Aguada y fundó á Sotomayor, que destruyeron los indios
en el levantamiento general de 1511. Aguada se llamó la nueva aldehuela
de 1585, hoy villa, siendo sus habitantes moradores de aquel poblado ó
costa y vecinos de San Germán, como los de Arecibo en 1616 eran todavía
moradores de la ribera del Arecibo y vecinos de la Capital.
Esto, en lo que tiene relación con los VISITADORES, veamos ahora cómo
estaban situados los VISITADOS.—Refiere don Fernando Colón[319] que la
armada del Almirante, terminado el costeo del archipiélago Las Vírgenes,
“aportó á la isla que llamó San Juan Bautista, que los indios llaman
_Boriquén_, y surgió con la armada en una canal de ella á Occidente,
donde pescaron muchos peces, algunos como los nuestros, y vieron
halcones[320] y parras silvestres[321] y más hacia Levante fueron unos
cristianos á ciertas casas de indios, que según su costumbre estaban
bien fabricadas, las cuales tenían la plaza y la salida hasta el mar,
y la calle muy larga, con torres de caña á ambas partes, y lo alto
estaba tegido con bellísimas labores de plantas y yerbas, como están
en Valencia los jardines, y lo último hacia el mar era un tablado en
que cabían diez ó doce personas, alto y bien labrado.”
De la narración del hijo del Almirante, que concuerda con la de Pedro
Mártir de Anglería, se desprende que en la costa boriqueña, á donde
aterró Cristóbal Colón y sus compañeros en el segundo viaje, existía un
poblado de indios, los cuales huyeron atemorizados á sus bosques al
sentir la presencia de los extraños visitantes. Hemos dicho que esa
arribada ó desembarco tuvo efecto en el último ángulo occidental de la
isla; y en esa herradura marítima desembocan varios ríos, entre ellos el
Culebrinas. Y según otras investigaciones históricas[322] tenemos, que á
orillas del Culebrinas, junto al mar, tenía el régulo Aymamón su
villajo; ranchería, que según la descripción de don Fernando, recuerda
las visitadas por Livingstone á orillas del Zambesis y las descritas por
Stanley al explorar los territorios centrales del Continente africano.
Vése, pues, que uniendo todos estos datos, esparcidos en los antiguos
cronicones de América, que hablan de la isla de San Juan ó del Boriquén,
se forma el hilo de Ariadna necesario para salir del laberinto de dudas
y vacilaciones, en que han caído algunos escritores puertorriqueños por
seguir á los historiadores ó compiladores modernos como Navarrete, ó, lo
que es peor aún, á los escritores extranjeros que no siempre han bebido
en las verdaderas fuentes históricas de Indias.