LEÓN. (_Estrechándole las manos._) Los muertos son
ellos, vida mía.
MARÍA. (_Con efusión._) Yo vivo, sí; yo estoy viva.
Vivo en mi conciencia, vivo en mis deberes, en las obligaciones
de mi casa, de nuestra casa. Yo estoy viva. En 440
mí rebosa la salud, estalla la alegría, y enciende el alma
todas sus luces: la fe, la esperanza, el amor. Yo estoy
viva. (_Fijándose en el ventanal, ve que pasan sus
padres por el exterior._) ¡Ah, León... míralos... mis
padres...! 445
LEÓN. Sí... Van hacia la estación.
MARÍA. (_Acercándose._) Véalos yo un instante. ¡Pobres
padres míos! Van tristes, agobiados...
LEÓN. Como si asistieran a su propio entierro.
MARÍA. (_Con viva compasión._) Ya se alejan... 450
Cesáreo se une a ellos... les habla... les dice que he
muerto. Mira, mira... lloran... ¡Pobrecitos de mi
alma!
LEÓN. Lloran; pero siguen... Se van... Por vanas
pompas abandonan los afectos más puros... 455
MARÍA. Aceleran el paso... Ya no les veo...
LEÓN. (_Enlazándola por la cintura, la retira del ventanal._)
Son la generación que fue, que ya vivió y
pasa.
MARÍA. ¡Qué tristeza despedir a los que se van para 460
siempre!
LEÓN. Consolémonos pensando en la eficacia de
nuestro destino. Si una generación nos vuelve la espalda
y desaparece, abramos nuestros brazos esperando a la
que ha de venir. 465
MARÍA. Delante de nosotros hay mucha vida, afanes,
alegrías...
LEÓN. El cuidado inmenso de las vidas presentes...
de las vidas futuras... (_Aparece don Rafael en la puerta_
_del foro, dispuesto a revestirse; tras él, el sacristán le ofrece 470
la capa pluvial; el monaguillo le alarga la estola._)
DON RAFAEL. (_Les llama con cariñosa jovialidad._)
¡Juventud... aquí! (_María y León, lanzando una exclamación
de júbilo, corren hacia él._)