LEÓN, CESÁREO. (Éste se quita los guantes con presteza y los
arroja sobre el banco de cerrajería.)
LEÓN. (_Con fría urbanidad._) Siento que venga usted 120
a este almacén, lugar tan impropio para visitas... Hubiera
ido yo a donde se me designara...
CESÁREO. Aquí estamos bien, señor... (_Vacilando en
el tratamiento._) Creo inútil... y tonto... que nos engañemos
dando yo a usted un nombre que no es el suyo. De 125
antiguo nos conocemos, Antonio Sanfelices.
LEÓN. (_Con gran tranquilidad, en pie._) Ése es mi
nombre. A punto estuvo usted de conocerme aquel día
en la sala de Alto-Rey... El polvo de carbón me sirvió
de máscara... 130
CESÁREO. Tras el velo negro creí ver el rostro del
que fue mi amigo, del que dejó de serlo... no por culpa
mía.
LEÓN. Por mi culpa, es verdad. Muchos amigos dejaron
de saludarme. Algunos, pocos, me favorecieron 135
con un trato de pura fórmula.
CESÁREO. Yo fui de ésos.
LEÓN. Nuestro trato había sido hasta entonces muy
cordial. Nos tuteábamos.