Los mismos; VICENTA; después el ALCALDE.
VICENTA. ¡Ah! queridísima... ¡Qué susto nos hemos
llevado! (_Al ver a León se santigua._)
MARÍA. ¿Pero no venía con usted su marido?
VICENTA. Ha retrocedido para mandar aviso a los 325
señores Marqueses...
LEÓN. Por lo visto es, además de Alcalde, pregonero.
MARÍA. Dejémosle... Pregone todo lo que quiera.
VICENTA. Yo... acelerando el paso, he llegado a
tiempo... 330
MARÍA. De salvarme. (_Irónica._) Extraviada en el
monte, a punto estaba ya de que me comieran los lobos.
VICENTA. Gracias que se extravió usted con el pastor.
DON RAFAEL. Dime, Vicentita: ¿al salir de tu casa,
dejaste todo bien arreglado? 335
VICENTA. Sí, señor.
DON RAFAEL. ¿Los nenes bien apañadicos... la
ropa de Nicolás corriente de zurcidos y arreglos?
VICENTA. ¿Por qué me lo dice?
DON RAFAEL. Porque si tienes quehaceres en tu 340
casa... aquél es tu puesto... Aquí no nos haces ninguna
falta.
VICENTA. (_Picada._) Don Rafael, yo sé mi obligación
en mi casa... y en las ajenas.
ALCALDE. (_Por la derecha, presuroso._) Avisados ya 345
los señores, que estaban afligidísimos buscando a su
querida hija. (_Saluda a María fríamente._) Señorita, la
compañía de don Rafael pone a salvo el decoro de
usted.
LEÓN. El decoro de esta señorita no ha menester de 350
acompañamiento para resplandecer como el sol.
DON RAFAEL. ¡Mucho, mucho!
ALCALDE. Nadie le ha dado a usted la palabra.
LEÓN. Yo la tomo.