DON RAFAEL. Putrefactas, sí; pero que echan la
barredera, ¡y ay del que cogen!
MARÍA. ¿Pero todos...?
DON RAFAEL. Todos serán instrumentos de Cesáreo...
lo son ya, porque la adulación madruga, hija mía; 220
no espera que venga el poder: corre a su encuentro.
MARÍA. ¿Y todos esos enemigos, jueces, alcaldes,
vendrán contra nosotros?
LEÓN. (_Comprendiendo._) No: contra mí solo. Ya
veo claro el ardid de guerra. Es en verdad diabólico y 225
terrible...
MARÍA. Ya entiendo. León...
LEÓN. Yo seré el perseguido.
DON RAFAEL. El vilipendiado, el encarcelado tal
vez... (_Óyese repique de campanas, lejano, al cual se 230
unen pronto otros sonidos de campanas más próximas, de
timbre diferente._)
MARÍA. ¿Por qué delito?
LEÓN. Por el viejo: por mis locuras de hace años en
Madrid. 235
DON RAFAEL. Ayer estuvo Bravito en el Juzgado buscando
un exhorto que, según él, debió venir hace dos
años, y quedó sin cumplimiento.
LEÓN. No encontrarán exhorto. ¿Mas para qué lo
necesitan? Harán lo que quieran. 240
DON RAFAEL. Asegura Bravo que el Duque de Agramante
traerá de Madrid todo el artificio legal bien
preparado.
MARÍA. Que traiga lo que quiera. (_Animosa._) Contra
tales armas, levantaremos la verdad inexpugnable. 245
LEÓN. Y nuestras voluntades firmísimas: somos de
hierro.
MARÍA. Somos de bronce. (_Con grave acento uno y
otro, dando a sus declaraciones gran solemnidad._) Aquí,
ante nuestro pastor de almas, hacemos juramento solemne 250
de ser el uno para el otro, por encima de toda tiranía,
de todo poder, sea el que fuere. (_Se dan las manos. El
son de campanas aumenta en intensidad por agregarse
notas más cercanas, agudas y graves, que armonizan con
las primeras._) 255
LEÓN. Nos juramos eterno amor, fidelidad
constante...
MARÍA. Mutuo auxilio en las tribulaciones. Juramos
hacer de nuestras existencias una sola. (_Continúa el
crescendo de las campanas. Se agregan las notas graves 260
de la iglesia de la Misericordia y de San Pedro, próximas,
y la del Cristo, que está en escena._)
LEÓN. Juramos morir antes que renunciar a nuestra
unión santa.
MARÍA. Juramos, y así lo declaramos ante Dios y 265
ante su ministro. (_Llega al máximum de intensidad el
concierto de campanas. Pausa de recogimiento religioso y
solemne. Las voces de María y León expiran entre las
vibraciones del metal... El campaneo se va extinguiendo
gradualmente por el silencio de las más próximas, sonando 270
las más lejanas, hasta que sólo se oigan las lejanísimas._)
DON RAFAEL. (_Quedándose como en éxtasis, orando._)
Hijos míos, dijérase que sobre vosotros ha descendido
una suprema bendición...