CIRILA. Mis amos, para que la señora Alcaldesa no
se moleste en venir a buscarla, han determinado que yo
la lleve a casa de la señora Alcaldesa... ahí enfrente...
La señorita baja conmigo... la espera usted... Por aquí,
según veo, no pasa a estas horas un alma... 25
LEÓN. Nadie. El Juzgado municipal está cerrado
de noche.
CIRILA. Hablan la señorita y usted... delante de mí...
LEÓN. Hablamos... hablará ella, y me dirá... Perdone
usted: esta confusión y estas dudas mías provienen 30
de la obscuridad y del acento turbado con que usted se
expresa. Usted entró en mi casa diciendo que traía una
carta para mí... Después...
CIRILA. (_Interrumpiéndole._) Porque la señorita me
dio la carta para el señor León, y apenas la puso en mis 35
manos, me la arrebató diciéndome: «No, no: nada de
carta. Aunque es muy penosa esta declaración hablada,
prefiero...» (_Sintiendo rumor en la escalera._) ¡Ah! ya
viene. (_María desciende cautelosa, aplicando el oído,
mirando a todos lados. Detiénese a cada peldaño, con temor 40
y ansiedad. Viene vestida para la fiesta nocturna, con
traje de extraordinaria elegancia y riqueza. Sombrero;
abrigo de verano. La luna llena ilumina la hermosa figura._)