DON PEDRO. (_Aterrado, sin atreverse a mirar a la
puerta, creyendo que el que entra es el Pocho._) ¡Otra vez
ese hombre!
MARÍA. (_Mirando a la puerta._) ¿Quién es?
DON PEDRO. (_Sin mirar._) ¡Que vuelva... que se 880
vaya!... Mañana... el lunes...
MARÍA. (_Reconociendo a León._) Papá, si no es el
Pocho!... Es nuestro vecino, el carbonero... digo, el
dueño del almacén de carbones.
LEÓN. (_Avanzando respetuoso, pero sin timidez._) 885
Molestaré muy poco al señor Marqués...
DON PEDRO. Adelante... Dígame lo que guste. Es
usted tímido.
LEÓN. Tímido no soy... Tengo otros defectos, pero
ése no. Sé hablar con personas distinguidas. 890
MARÍA. ¿Oyes, papá?
DON PEDRO. (_Observándole._) En efecto: su lenguaje,
sus modales no se avienen con su modesta ocupación...
¿Y en qué puedo servirle?
LEÓN. Soy inquilino del almacén y vivienda de este 895
primer patio a la izquierda. Mi negocio me pide ya
ensanche de local. Quisiera que el señor Marqués me
arrendase toda la crujía, hasta la medianería del Juzgado
municipal, desalojando el cafetín, que no paga alquiler.
DON PEDRO. Amigo mío, yo no soy el propietario: 900
lo fui.
MARÍA. Somos simples inquilinos, como usted...
Ese señor sastre nos ha cedido esta parte no más...
LEÓN. ¡Ah! Perdone usted: yo entendí que había
entregado el edificio a los señores Marqueses para que 905
dispusiesen de todo... arriba y abajo...
DON PEDRO. No, hijo mío.
LEÓN. Así lo entendí. Yo, la verdad, en el caso del
Sr. López, así lo habría hecho.