DON PEDRO, CESÁREO, MARÍA; después FILOMENA.
MARÍA. (_Por la derecha, entreabre la puerta y se asoma
cautelosa._) Papá y hermano, ¿no me permitiréis curiosear
un poquito?
DON PEDRO. Entra ya, hijita.
CESÁREO. (_Llamándola cariñoso._) Ven, que aún no 820
he podido abrazarte a mi gusto. (_Se abrazan._) ¡Pobre
Mariucha! ¡Recluida en este medio social tan impropio
de ti, entre tanta vulgaridad!
MARÍA. No creas... Me acomodo perfectamente a
esta vida provinciana. 825
CESÁREO. Papá, a todos recomiendo un exquisito
cuidado de esta joya. (_Con entusiasmo._) Joya, digo:
cuerpo y alma de lo más selecto que da de sí la humanidad.
Velad por ella sin descanso. ¡Mariucha! (_Acariciándola._)
¡Mi Mariucha! Merece que nos desvivamos 830
por llevarla a su esfera natural, donde luzca, donde
brille...
MARÍA. Pero, tontín, ¿quieres llevarme a donde hay
tanta luz? Si alguna tengo en mí, mejor brillaré en la
obscuridad. 835
DON PEDRO. ¡Ah! Veremos quién está en lo
cierto.
FILOMENA. Ven, Cesáreo, para que veas cómo nos
hemos instalado en este medio palacio. No nos falta
comodidad. 840
CESÁREO. Enseñadme vuestra habitación, la de María...
(_Vase con Filomena por la derecha._)