Poeta seco y versificador duro y difícil, quedó Mesa muy inf

BIBLIOTECA CLÁSICA.

TOMO X.

ENEIDA

POR

PUBLIO VIRGILIO MARON

TRADUCCIÓN EN VERSOS CASTELLANOS

POR

MIGUEL ANTONIO CARO

——

TOMO II.

——

MADRID

LIBRERÍA DE HERNANDO Y COMPAÑÍA

Calle del Arenal, núm. 11

—

1902

TRADUCTORES ESPAÑOLES DE LA ENEIDA.

I.

TRADUCTORES CASTELLANOS.

(_a_) El afamado intérprete frances de la _Eneida_, Barthélemy (París

1838), parece dar por sentado que la version más antigua del poema

virgiliano es la del obispo Saint Gelais, dedicada á Luis XII en

1500. Inverosímil se nos antoja semejante especie, áun tratándose

de interpretaciones francesas, y por lo que hace á nosotros, los

castellanos, desde 1428 poseíamos una traduccion completa en prosa, que

si no es la primera de todas las neo-latinas, como suele afirmarse, á

lo ménos merece lugar entre las más vetustas. Compendios italianos y

catalanes existian ántes, pero la reproduccion íntegra y más ó ménos

fiel del texto virgiliano era una verdadera novedad y un importante

servicio á la causa del Renacimiento y á las lenguas vulgares.

Cabe la gloria de tal empresa á D. Enrique de Aragon, más generalmente

conocido por el título de _Marqués de Villena_ que por el suyo

verdadero, de conde de Cangas de Tineo. Su traduccion de la _Eneida_

no se ha impreso nunca, ni queda de ella manuscrito completo en ninguna

Biblioteca: para completarla es preciso reunir los códices de Madrid,

de Sevilla y de París, que iremos describiendo.

El de la Biblioteca Colombina es el más antiguo y completo de los que

tenemos en España. Códice en papel, á dos columnas, 142 folios, letra

del siglo XV. Fáltanle al comienzo pocas hojas que debian contener los

primeros capítulos del libro I de la _Eneida_. Así es que empieza por

la traduccion de los versos: «_Gens inimica mihi Thyrrenum navigat

æquor_...» «Los vientos, sepas qué gente á mi enemiga navega por el

mar tirreno, es á saber, de italia, los ylionios, es á saber troyanos,

trayendo á Italia é los vencidos diosses secretos.»

Abarca este códice los seis primeros libros sin glosas. Preliminares

nunca hubo de tenerlos, porque en el _Registrum_ de D. Fernando Colon

aparece notado de esta suerte: «Seis libros de las Eneidas de Virgilio,

traducidas de latin en castellano por D. Enrique de Villena.» Divídense

por capítulos. El primer libro incipit: «Yo Virgilio en verso cuento

los fechos.» El sexto desinit: «Los navíos en la ribera.»

Tiene este códice en la actual numeracion de la Colombina la signatura

AA.-144-8. Al folio 142 dice: «Aquí se acaba el sexto libro de la

Eneyda de Virgilio de la primera parte»[1].

La Biblioteca Nacional posee en dos códices modernos (M. 16 y 17), pero

mucho más el primero que el segundo, los mismos seis libros que la

Colombina. Pellicer[2] no pudo ver más que los tres primeros, porque

en su tiempo no existia otra cosa en la Biblioteca. Poco despues de la

publicacion de su libro, sabedor D. Tomás A. Sanchez de la existencia

del códice hispalense, solicitó y obtuvo del bibliotecario de la

Colombina, Galvez, copia de los otros tres, remitiéndole en cambio los

principios que faltaban al de Sevilla. Una nota antigua (quizá del

mismo D. Enrique), copiada al frente del códice M. 16, nos informa

que aunque el de Villena dedicó su traslación al Rey de Navarra, «por

cuya instancia la fizo... non ge la presentó porque antes que fuesse

puesta en pergaminos é bien escrita... se levantó discordia é guerra

entre el señor Rey de Castilla á quien el dicho D. Enrique avia por

soberano señor y el señor Rey... de Navarra, por ende abstúvose de lo

facer tanto beneficio ni aver con él comunicacion en este presente,

reservándola por la comunicar á otros caballeros del Reino...»

En otra apostilla del márgen suplica el intérprete á los copistas que

escriban el libro «con glossas segun aquí está cumplidamente, porque

los secretos ystoriales y los integumentos poéticos lleguen á noticia

de los lectores.» Y tan adelante lleva D. Enrique este empeño, que

hasta califica de «tentacion y sujeccion diabólicas» el deseo de

trasladar el texto sin las glosas. Eran á no dudarlo, y precisamente

por su misma erudicion indigesta, que él llama «fructuosa doctrina,»

la parte de su trabajo que más le placía; pero los amanuenses le

obedecieron mal, pues ni el códice de Sevilla ni el de París tienen

glosas.

A las instancias y _ruegos muy afincados_ de D. Juan II de Navarra

debieron nuestras letras esta version, dado que «él, leyendo y faciendo

leer ante sí la comedia del Dante falló que alababa mucho á Virgilio...

y fizo buscar la dicha Eneyda, si la fallaria en romance, porque él non

era bien instruido en la lengua latina, y non fallándola ni aun quien

tomar quisiesse cargo de la sacar de la lengua latina á la vulgar, por

ser el texto suyo muy fuerte y de diversos vocablos y ystorias non

ussadas, y aun porque estas obras poéticas non son mucho ussadas en

estas partes...» tuvo que acudir á D. Enrique, el cual se prestó á ello

«por captar su benevolencia... porque se acordasse de le desagraviar de

su heredad que le tenía tomada contra justicia.»

La altisonante y archi-latinizada dedicatoria de D. Enrique al Rey de

Navarra, es bastante conocida, y Pellicer la trae en su Biblioteca.

En el _Prohemio_ ó Preámbulo da el traductor algunas noticias de

Virgilio y de sus obras (acerca de los poemas menores _Culex_, _Ciris_,

etc., dice que «los hizo traer de Florencia D. Enrique de Villena,

cá d’antes en Castilla non se fallaban de Virgilio estas obras si

non la bucólica y la geórgica y la Heneyda»), y por lo que toca á su

traduccion anuncia que tendrá «tal manera que non de palabra á palabra

ni por la órden de palabras que está en el original latino, mas de

palabra á palabra segund el entendimiento y por la órden que mejor

suena en la vulgar lengua, en tal guissa que alguna cossa non es dexada

ó pospuesta... de lo contenido en su original, antes es aquí mejor

declarada... por algunas expresiones que pongo acullá subintellectas...

Los diversos autos de cada libro partí por capitulos... magüer Virgilio

sin distincion capitular fizo cada libro, solo texiendo aquel de

continuados versos.»

Tardó D. Enrique en hacer este trabajo (segun se advierte en una de las

glosas) un año y doce dias, interpolando la tarea virgiliana con otras,

cuales fueron la de poner en castellano la Divina Comedia de Dante y

la Retórica Nueva de Tulio, sin otras obras menores de «Epístolas é

Arengas é Proposiciones é Principios...» prueba todo ello de facilidad

maravillosa. Comenzóse el 28 de Setiembre de 1427.

El códice M.-16 tiene glosas, pero no el 47, como copia que es del de

la Colombina.

En un códice de 311 folios útiles, escrito en papel, letra del siglo

XV, posee la Biblioteca Nacional de París (señalado con el núm. 7812

en los catálogos antiguos, y con el 207 en el _fondo español_ moderno)

nueve libros de la _Eneida_ desde el cuarto hasta el duodécimo.

Tras una hoja desparejada, cuya vuelta está en blanco, viene el

principio del códice (en letra roja) de esta manera: «Aquí comiença el

quarto libro de la Eneyda de Virgilio, en el qual se pone como la Reyna

Dido casó con Eneas, é despues por monicion de los dioses se partió de

Cartago é se fué en Italia, é la dicha Reyna se mató por su partida.»

Sigue el texto dividido en capítulos. Al márgen hay breves notas que

generalmente empiezan: «_In latino dicitur sic_...» Otras veces son más

extensas, por ejemplo, la relativa á Mercurio en el folio 15.

El libro XII termina así: «A aquel, es á saber, Turno solviéronse los

miembros de frio é la vida con gemido fuyó indignada de yus de las

sombras.--Aquí fenesce el dozeno libro de la Eneyda, et toda la obra

quanto en esta materia dexó fecho Virgilio á su finamiento, magüer

oviesse voluntad de proceder más adelante. Et segunt opinion de algunos

fasta la muerte de Enéas avíe de continuar, la qual Eneyda despues

fué corregida por Tuca é Varo por mandado de Octhoviano, segunt los

exponedores declaran.»

«Este dicho libro de la Eneyda escribió Juan de Villena, criado del

senyor ynygo lopes de Mendoça senyor de la Vega. É lo acabó sábado

primero dia de Setiembre en la villa de Guadalfaxara, anyo del

nascimiento de nuestro salvador Jhsuxpto de mill é quatrocientos é

treynta é seis anyos.»

El Sr. Ochoa, al registrar este ms. en su _Catálogo_, tomó por nombre

de autor el del copista. Pero gracias á la diligencia del Sr. Amador

de los Rios, y sobre todo, del conde de Circourt, que le ayudó en esta

indagacion, pudo comprobarse que los tres primeros libros de los nueve

corresponden exactamente á los códices que en España se conservan, y

que por consiguiente los otros seis pertenecen de igual modo á la

version de D. Enrique, no habiendo diferencia de estilo, y sabiéndose

que el de Villena tradujo toda la _Eneida_. Además, el número de

capítulos es exactamente el mismo que anuncia D. Enrique en su

Prohemio: 346 para toda la obra, que con los 20 párrafos del _Prohemio_

hacen 366, uno para cada dia del año.

Aun se conservan otros dos códices fragmentarios del trabajo de D.

Enrique. En la Biblioteca de la Santa Iglesia de Toledo hay un códice

en folio menor, escrito á dos columnas, en 480 fojas, así encabezado:

«Aquí comiençan las glosas sobre el primero y segundo libro de la

Eneyda de Virgilio que fizo D. Enrique de Villena.» Contiene el

Prohemio además de las glosas, ni éstas se refieren sólo á los dos

primeros libros, sino tambien al tercero.

Finalmente, en la Biblioteca de los Duques de Hijar, examinó mi

excelente amigo D. Damian Menéndez Rayon otro códice en folio menor,

167 ps. sin foliar, las más en papel y las restantes en vitela: el

cual, además de la dedicatoria y prohemio, contenía los tres primeros

libros de la _Eneida_ de D. Enrique con sus glosas. De este códice

parece haber sido copiado el de la Biblioteca Nacional.

Termina con esta suscripcion:

Finito libro sit laus et gloria Christo,

Qui scripsit scribat, semper cum Domino vivat,

Vivat in cœlis hic scriptor mente fidelis,

Sint adjutores cœlesti habitatores:

Martinus Sanctii vocatur: qui scripsit benedicatur.

Et fuit perfectus XVIII Junii anno Domini

1442.

Doña Isabel la Católica poseyó en su Biblioteca[3] «un libro de romance

de papel, que son las _Enéidas de Virgilio_, glosado un pedazo, de

D. Enrique de Villena, con unas coberturas de tabla, guarnecidas en

carmesí aceituní de pelo, con unas flocaduras al derredor de seda verde

é oro, bordadas en la una parte de las armas de Diego Arias con unos

tejillos verdes de cobre dorado.»

Insensatez sería buscar en esta version rastro ni sombra de la poesía

del original. Aun en cuanto á fidelidad deja harto que desear, así por

descuidos y malas inteligencias del traductor, como por las estragadas

copias que hubo de tener á la vista. Pellicer notó ya el desatino

de traducir, v. gr., el _Tu das epulis accumbere Divum_, por _Tú

eres aquella que das viandas á comer á los dioses_. Pero no abundan

estos _lapsus_ tanto como pudiera creerse, ni tuvo razon Ticknor para

censurar tan ágriamente como lo hace el capítulo I del primer libro

(que es la parte publicada por el mismo Pellicer), juzgando por ella

que «el Marqués sabía poco latin.» A la verdad, aquel trozo puede

traducirse con mucha más elegancia, pero no con más exactitud. Hasta

hay frases felices: «_ira recordante_» _memorem ob iram_, que dice el

Mantuano.

Como monumento filológico presenta interes el libro de D. Enrique,

no porque la lengua allí empleada sea la castellana de ninguna

época, sino porque acusa el vano y tenaz empeño de los eruditos por

latinizarla desacordadamente, usando de inversiones extrañas y de giros

y construcciones pedantescas, que ni son latinas ni castellanas.

_Secundacion preceptiva_, dice nuestro traductor, en vez de _obediencia

á los preceptos_.

Un ejemplo, escogido sin particular empeño, mostrará á dónde llega

esta manía. Es del libro IV: «Llegado Mercurio... al sito do son los

reales hedeficios de la cibdat de Cartago, falló á Eneas acustioso

en la fundacion de las fortalezas é alturas de aquellas: _nuevas_

mandando fazer _obras_ le vido, é de _ricas_ compuesto _vestiduras_.

Traye la estrellada espada con dorada vayna. E el manto con _punctas_

cubierto de color tiriano bermejo, colgado de los hombros... La

Reyna Dido las telas é texeduras dél departiera con delicado oro. E

mostrándose á él Mercurio en el encuentro, _tales_ le dixo _palabras_:

Tú agora hedificas los altos fundamentos de Cartago é _fermosa_ labras

_cibdat_», etc.[4].

(_b_) Gallardo menciona por incidencia una traduccion de libro II de

la _Eneida_ en coplas de arte mayor, publicada en 1528 por Francisco

de las Natas[5]; pero ni la he visto, ni nadie da noticia de ella.

Su autor, que lo fué tambien de la _Comedia Tidea_, obra rarísima,

perteneciente al género de las Celestinas, y cuyo único ejemplar

conocido está en la Biblioteca Real de Munich, fué _beneficiado de la

iglesia parroquial de Covarrubias y de la iglesia de Santa Cruz del

lugar de Revilla Cabriada_. Tal se titula al principio de la _Tidea_.

Barrera[6] sospecha (á mi ver, sin fundamento) que estos títulos sean

burlescos, y el nombre mismo un seudónimo.

(_c_) El Dr. Gregorio Hernandez de Velasco, de quien cantó Lope de Vega:

«Acudiendo el primero

El Títiro español, nuevo Sincero,

Cuya divina musa toledana

Dió poder á la lengua castellana,» etc.,

conocido por sus versiones de las églogas 1.ª y 4.ª de Virgilio y del

_Parto de la Vírgen_ de Jacobo Sanázaro, dió á la estampa su traduccion

poética de la _Eneida_ mucho ántes que Aníbal Caro la suya italiana. La

edicion príncipe de ésta es de 1581 por los Juntas. De la castellana

conozco las siguientes impresiones:

_Los doze libros de la Eneida de Virgilio, príncipe de los poetas

latinos, traduzida en octava rima y verso castellano. En Anvers, en

casa de Juan Bellero._ Sin año.

Al fin dice:

«_En Anvers, en casa de Gerardo Smits, á la costa de Juan Bellero._»

12.º, 599 pp. (hay una sin foliar), inclusos los preliminares.

Salvá y otros tienen por primera edicion ésta, de la cual son copias

todas las anteriores á la de Toledo por Juan de Ayala.

2.ª ed.--_Los doze libros de la Eneida de Virgilio, príncipe de los

poetas latinos, traduzida en octava rima y verso castellano. En Anvers,

en casa de Juan Bellero, en el Halcon._ MDLVII (1557). Ocho hs.

preliminares sin foliar, y 647 páginas foliadas (la última no tiene

numeracion.)--Ejemplar de mi Biblioteca.

No hay más señas de impresor que estas: _Typis A. T._

A la vuelta de la portada se lee un soneto anónimo en alabanza del

traductor:

«Diez y seis siglos ha revuelto el cielo...»

Los demás preliminares son: una _Advertencia del impresor á los

lectores_, dos epigramas latinos sin nombre de autor, y la traduccion

en tercetos de los versos que forjó algun gramático, suponiéndolos

compuestos por Augusto cuando Virgilio mandó quemar la _Eneida_.

En el prólogo leemos:

«Esta diligencia tenía sola España por hacer hasta ahora: no sé la

causa. Bien creo que no ha sido falta de buenos ingenios. Mas por

ventura no han echado de ver la falta que este Autor hacía en nuestra

lengua..., ó lo que es más posible, creo yo por cierto que no ha

faltado quien haya tomado tan honesto trabajo, sino que se habrá

contentado con hacerlo sólo para su ejercicio y contentamiento, sin

querer comunicar sus trabajos á quien, en lugar de se los agradecer,

se los murmure. Lo qual ha sido buena parte de causa para que el autor

de esta traduction no la haya permitido publicar algunos años ántes,

y para que ya que á instancia de algunos amigos suyos permitió que

saliesse á luz dexe en silencio su nombre.»

Tampoco le revelaron sus apologistas, contentándose con decir que era

toledano:

_Toletum invisit_...

_Et loca quæ aurifluo perfluit amne Tagus..._

3.ª ed.--Anvers, Juan Bellero (_Typis, A. T._), 1566, 12.º Hecha á

plana y renglon sobre la anterior. Tiene el mismo número de páginas.

4.ª ed.--Anvers, Juan Bellero, 1572, 12.º Nueva tirada, idéntica á las

dos anteriores.

Además de estas reimpresiones antuerpienses, debió de haber otras tres

(hoy desconocidas), puesto que la de Toledo se titula _octava_.

--«_La Eneida de Virgilio, príncipe de los poetas latinos, traduzida

en octava rima y verso castellano: ahora en esta última impression

reformada y limada con mucho estudio y cuydado, de tal manera que se

puede dezir nueva traduccion. Hase añadido en esta octava impression

lo siguiente: Las dos Eglogas de Virgilio, Primera y Quarta. El libro

tredécimo de Maffeo Vegio. Una Tabla que contiene la declaracion de

los nombres propios y vocablos y lugares dificultosos._» Toledo, por

Juan de Ayala, 1574, 4.º, 8 hs. preliminares, 127 fols. y 3 de la

declaracion ó Tabla. (B. Nacional.)

Las variantes entre esta edicion y las de Amberes son notabilisimas y

contínuas. Casi siempre mejoran el texto. Citaremos alguna muestra, y

sean dos octavas de la narracion de la muerte de Príamo en el libro II.

Ed. de Amberes:

En medio del palacio un grande altar

Al descubierto cielo puesto estaba,

Y un laurel alto y muy antiguo á par.

Su sombra los Penates abrazaba.

Qual suele espessa en tempestad bajar

La banda de palomas, tal andaba

Hécuba con sus hijas rodeando

Aqueste altar, los dioses abrazando.

Esto en diziendo, un débil dardo ayrado

El animoso viejo le arrojó,

El qual del ronco azero rechazado

En lo alto del escudo se colgó.

· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·

Ed. de Toledo:

Un grande altar en medio el patio havia,

Do á cielo abierto el Rey sacrificaba,

Un laurel viejo y alto le cubria,

La sombra los Penates abrazaba.

Cual baja espessa en la borrasca fria

La banda de palomas, tal andaba

Hécuba con sus hijas rodeando

Aqueste altar, los Dioses abrazando.

Dijo, y lanzóle un débil rayo airado

El animoso viejo, áun no rendido,

El qual del ronco acero rechazado

En lo alto del escudo quedó asido.

La primera enmienda es felicísima. En la segunda llevó Hernandez de

Velasco demasiado léjos la aversion á los agudos, comun en nuestros

versificadores clásicos.

La edicion toledana es matriz de todas las que siguieron, á excepcion

quizá de la de Amberes, 1575, 12.º, que probablemente se ajusta á las

cuatro de Bellero.

--«_La Eneida, etc. Háse añadido á la primera impression lo siguiente:

Las dos Eglogas de Virgilio, Primera y Quarta. El libro tredécimo de

Mapheo Veggio... La moralidad de Virgilio sobre la letra de Pitágoras.

Una tabla. La vida de Virgilio._» Toledo, Diego de Ayala, 1577, 12.º,

10 hs. preliminares, 321 fols. y 39 de Tabla.

--Alcalá, por Juan Iñiguez de Lequerica, 1585-1586.

--Zaragoza, Lorenzo y Diego de Robles, hermanos, 1586, en 8.º

--Lisboa, 1614, por Vicente Alvarez, 11+482 fols. sin la Tabla.

--En Valencia, en la oficina de Benito Montfort, año 1776, 2 tomos 8.º,

con una advertencia del impresor. No contiene los preliminares de las

antiguas; pero sí el _Suplemento_ de Mapheo y la Tabla.

--Valencia, en la oficina de Josef y Thomas de Orga. Año MDCCLXXVIII

(1778). Llena los tomos 4.º y 5.º de las _Obras de P. Virgilio Maron,

ilustradas con varias interpretaciones y notas en lengua castellana_,

coleccion dirigida por Mayans.

--Valencia, en la oficina de Benito Montfort. Año 1793. 2 ts. 8.º

Reproduccion exacta de la de 1776.

--Valencia, por los hermanos de Orga. (Reimpresion _ad pedem litteræ_

de las _Obras de Virgilio_, etc., impresas en 1778.)

--Madrid, 1779, por Francisco Xavier García, 2 ts. 8.º

--París, 1838, en la edicion políglota de Montfalcon.

Aunque Gregorio Hernandez adoptó para la mayor parte de su trabajo

el verso suelto, tradujo en octavas los discursos y narraciones, y

por tanto dos libros íntegros (el segundo y tercero). ¡Lástima que

no hubiese preferido la misma combinacion métrica para lo restante!

Fuera de Jáuregui (y éste gracias al admirable modelo que tenía á la

vista), ninguno de nuestros clásicos alcanzó el arte del verso suelto

con sus pausas, cortes y rítmicos movimientos. Hasta los tiempos de

Moratin y Jovellanos casi todos los versos blancos son pura prosa.

No se libra de este general defecto Hernandez de Velasco; pero á su

modo trata de dar plenitud y número á la versificacion con diversos

artificios, especialmente onomatopéyicos, y á veces lo consigue. Tiene

versos aislados muy valientes y trozos que pueden leerse sin enfado.

La parte que está en octavas es muy superior á lo restante. Parece que

al imponerse el traductor aquella traba, se corregia su desaliñada

facilidad, y si perdian un tanto en concision, haciéndose más

redundante y desleida la frase, ganaban no poco en rotundidad y armonía

sus metros. Y como Gonzalo Hernandez era poeta (aunque mediano, y de

ninguna suerte comparable con Aníbal Caro), pone, de vez en cuando, en

su verbosa interpretacion un como reflejo del sentimiento virgiliano,

máxime en el libro IV, que es el mejor traducido, con ser el más bello

y difícil:

Mas la Reina feroz, temblando toda,

Furiosa con tan fiero y crudo intento,

Los ojos ya sangrientos revolvia,

Llenas de azules manchas las mejillas

Que le temblaban espantosamente.

Teñida ya de amarillez funesta,

Clara señal de la vecina muerte,

Con ímpetu se lanza en lo secreto

De su palacio, y súbese furiosa

Sobre la alta hoguera, y desenvaina

La espada del Troyano, dón ajeno

Del crudo ministerio que esperaba,

Ni para tal pedido ni guardado.

Reclinóse tras esto sobre el lecho

Y dijo aquestas últimas palabras:

«¡Oh dulces prendas, quando Dios queria

Y me era amigo mi infelice hado!

Tomad aquesta mísera alma mia,

Y dad fin dulce á mi mortal cuidado:

Hoy es mi triste, postrimero dia,

Ya el curso de mi vida es acabado.

Hoy baja el alma de la grande Dido

Al centro oscuro del eterno olvido.

· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·

Dijo. Al momento acuden sus mujeres

Al alboroto, y hállanla caida

Sobre la aguda espada, ya muriendo,

La espada de espumosa sangre tinta,

Las blancas manos ya con sangre rojas.

Alzan un alarido horrendo todas

Que atruena el gran palacio y altas salas;

Vuela la fama al punto á todas partes

Por la ciudad confusa y turbulenta;

Braman las casas todas, y resuenan

Con amargos lamentos y gemidos

Y con gritos y aullidos de mujeres:

Y hiriendo sus pechos y sus rostros

Hacen un triste són que rompe el aire,

Cual si la antigua Tiro ó si Cartago

Por fuerza de enemigos combatida

Con horrenda rüina se asolara,

Y por las cumbres y altos capiteles

De las moradas de hombres y de Dioses

Se embravecieran mil furiosas llamas.

· · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · ·

Atendidas las dificultades enormes de traducir lo que es la perfeccion

misma, no deja de mostrar arte esta traduccion del _Ter sese

adtollens_, aunque los tres admirables versos del original estén

desleidos en siete, y haya algun prosaísmo:

Tres veces, con las bascas de la muerte,

Sobre el codo estribando, probó á alzarse;

Mas otras tantas tornó á dar consigo

Sobre la cama un lastimoso golpe,

Y volviendo los ojos, que ya en muerte

Nadaban, hácia el Cielo, vió su lumbre,

Y viéndola, gimió porque áun vivia.

El último verso es de primer órden: no está traducido sino sentido

el _ingemuitque reperta_. Aníbal Caro, con ser más literal en la

expresion, es aquí ménos artista.

Considerado meramente como intérprete de un texto latino, G. Hernandez

es muy fiel, aunque amplifica y parafrasea demasiado. En esto tiene

alguna disculpa; se proponía hacer un Virgilio inteligible á todos,

y lo consiguió: su _Eneida_ apénas necesita notas. Era, sin duda,

eminente humanista, y su trabajo virgiliano conserva toda la estimacion

que puede tener una traduccion del siglo XVI hoy que tanto ha

adelantado la correccion de los textos. Puede consultársele todavía con

fruto: pocas veces yerra, y siempre en compañía de buenos intérpretes.

(_d_) Cristóbal de Mesa, ardiente secuaz de la escuela italiana, amigo

y panegirista del Tasso, á quien imitó con infeliz fortuna nada ménos

que en tres poemas épicos, publicó _La Eneida de Virgilio, traducida...

Madrid, por la viuda de Alonso Martin_, 1615. 8.º, 8 hs. preliminares y

356 foliadas.

Tiene esta version la extrañeza de estar en octavas y tercetos

alternados: lo cual asimismo vemos en las _Metamórphosis_ de Pedro

Sanchez de Viana. La dedicatoria es al rey Felipe III.

Poeta seco y versificador duro y difícil, quedó Mesa muy inferior

á Velasco, y su obra no fué reimpresa nunca. La traduccion de las

_Églogas_ y _Geórgicas_ que en 1618 publicó, supera bastante á

su _Eneida_. Entre nuestros humanistas del siglo pasado era casi

proverbial la ridícula traslación del _Intonuere cavæ, genitumque

dedere cavernæ_

Retumbó dentro en su profunda _panza_.

(_e_) A estas dos traducciones poéticas, únicas que se hicieron en la

dorada edad de nuestras letras, deben añadirse dos en prosa. Es la

primera:

--«_Las Obras de Publio Virgilio Maron, traduzido en prosa castellana

por Diego Lopez... con comento y anotaciones. Valladolid, por Francisco

Fernandez de Córdoba._ 1601; 4.º, 8 hs. prls. y 378 folios.» Esta es la

primera edicion, segun resulta del _Catálogo de Salvá_.

Hay, por lo ménos, las reimpresiones siguientes, como de libro

vulgarísimo en nuestras escuelas:

--Madrid, por Juan de la Cuesta, 1616, 4.º

--Valladolid, Francisco Fernandez de Córdoba, 1620, 4.º

--Lisboa, 1627.

--Alcalá, María Fernandez, 1650, 4.º

--Madrid, Imprenta Real, 1668, 4.º

--«_Las obras de Publio Virgilio Maron. Traduzido en prosa castellana.

Por Diego Lopez, Natural de la villa de Valencia. Orden de Alcántara

y Preceptor en la villa de Olmedo. Con comento y anotaciones, donde

se declaran las Historias y Fábulas y el sentido de los Versos

dificultosos que tiene el poeta. Año 1675. Con licencia: En Madrid, en

la Imprenta Real. A costa de Juan de S. Vicente, Mercader de Libros._»

--_Barcelona. Año de 1679, en la imprenta de Antonio Ferrer y Baltasar

Ferrer, libreros._ (De mi Biblioteca.)

Todas estas ediciones son idénticas, hasta en el número de páginas:

todas tienen 4 hs. prls. y 548 pp. de texto, sin contar la _Tabla_, la

vida de Virgilio y el índice de los autores alegados en el comento.

Diego Lopez era un maestro de gramática, y no se propuso más objeto que

el modestísimo de facilitar á sus alumnos la inteligencia del texto

virgiliano. Su prosa es medianeja: poco flúida y elegante.

D. Gregorio Mayans tuvo la peregrina ocurrencia de suponer que el

Maestro Diego Lopez se habia apropiado una soñada version de la

_Eneida_ hecha por Fr. Luis de Leon. ¡Como si fuese empresa ardua y

que exigiera un plagio, la de hacer una traduccion literal para uso de

los muchachos! ¡Como si el pobre Diego Lopez, preceptor de latinidad

toda su vida, y que supo interpretar por su cuenta á Persio, Juvenal y

Valerio Máximo, hubiese necesitado andadores para hacer lo mismo con

Virgilio! Para un trabajo tan pobre como el suyo, es casi profanación

traer á cuenta el nombre de Fr. Luis. ¿Y dónde consta ni por dónde

hemos de presumir que éste tradujo la _Eneida_?

(_f_) Fr. Antonio de Moya, de la órden de San Agustin, lector de

Teología, y procurador general de la provincia de Quito en Indias,

publicó en tres tomos (dejándola incompleta) una edicion, traduccion

y comentario de Virgilio; en la cual concurren raras circunstancias.

El intérprete se ocultó en el primer volúmen con el nombre de Abdías

Joseph, en el segundo con el de D. Antonio de Ayala, y reservó para el

tercero el suyo propio:

«_Obras de Publio Virgilio Maron. Elogias (sic), Geórgicas y Eneida.

Concordado, explicado é ilustrado por el P. M. Fr. Antonio de Moya, del

órden de San Agustin... residente en San Phelipe de Madrid. Dedicado

al muy ilustre Señor D. Martin de Saavedra Ladron de Guevara, conde de

Tahalú, etc... Tomo tercero de la Eneida. Con licencia. En Madrid, por

Pablo del Val, año de 1664._»

Que el autor de este tomo lo fué tambien de los dos primeros, dedúcese

de estas palabras con que la dedicatoria empieza: «Estos tres tomos

que tengo publicados sobre Virgilio, y el último que falta para remate

de esta obra, piden andar en un tomo grande con un índice de todas sus

palabras... y otros dos tomos que tengo de notas escogidas sobre este

autor.»

Contiene este tomo los seis primeros libros de la _Eneida_, traducidos

en mala y rastrera prosa. Fr. Antonio de Moya, que llamándose Abdías

Joseph habia intentado apropiarse las versiones _poéticas_ de las

églogas y del primer libro de las _Geórgicas_, hechas por Fr. Luis de

Leon: para su _Eneida_ entró á saco por la que sesenta y tres años

ántes habia dado á la estampa Diego Lopez. Las variantes entre una y

otra son de poca monta, y en ocasiones resulta mejorado el texto del P.

Moya. Mayans, sin fundamento alguno, y sólo por cavilosidad crítica,

sostiene que Fr. Luis de Leon hizo una traduccion de la _Eneida_, cuyo

manuscrito vino á manos de Diego Lopez, que se le apropió alterándole,

y le dió á luz en 1601. Otra copia cayó más tarde en poder del P.

Moya, quien, no teniendo noticia del hurto de Diego Lopez, juzgó que

podria disponer de aquella traduccion como de cosa sin dueño. Pero

¿qué noticias hay de ese supuesto manuscrito tantas veces saqueado y

que nadie ha visto jamás? Absolutamente ninguna: sólo ha existido en

la fantasía de Mayans. Al ver dos libros casi idénticos, lo natural

es creer que el segundo fué tomado del primero, y no imaginar una

fuente comun á ambos, cuando no hay fundamento para tal suposicion. El

P. Moya plagió, por tanto, á Diego Lopez, y de ninguna manera á Fr.

Luis de Leon. Las afirmaciones gratuitas de Mayans (que cometió la

inaudita profanación de poner á nombre de Fr. Luis esta traduccion de

los seis primeros libros de la _Eneida_ en el tomo III de sus _Obras

de Virgilio_, etc.[7]), han sido causa de que al paso que unos han

ensalzado y puesto en las nubes tales trabajos, solamente por creerlos

obra del maestro Leon, otros le hayan achacado gravísimos errores que

nunca pudo cometer el insigne agustino, y en que fácilmente debió de

incurrir su compañero de hábito el P. Moya. _Absit à tanto viro dedecus

hoc._

(_g_) En las _Obras Poéticas de D. Diego Hurtado de Mendoza_, tomo

XI de _Libros raros y curiosos_, página 95, se lee con el título de

_Elegía á la muerte de Dido_ una traduccion bastante literal del fin

del libro IV desde el verso:

_At trepida et cœptis inmanibus effera Dido._

Puede dudarse que sea de D. Diego, porque en un códice de París se lee

esta nota que parece autógrafa: «No es mia, ni mala»; pero si no es

suya, lo parece. La misma aficion á finales agudos; el mismo desaliño

en la versificacion; la misma poesía en el pensamiento. Está en verso

blanco, y, diga lo que quiera Ochoa en su _Catálogo_, es un trozo

verdaderamente notable.

(_h_) En la Biblioteca Real de Nápoles (J.--E.--46), hallé esta

traduccion manuscrita y desconocida:

«_Los Quatro libros de la Eneida de Vergilio, traduzidos en verso

suelto. Al Excelentisimo Principe de Sena, por Aunes de Lerma._»

Empieza:

Las armas y el varon divino canto,

Que vino por sus hados el primero

De los Troyanos reinos desterrado

A la Lavinia costa. . . . . . . . .

Aunque no queden más que los cuatro primeros libros, el traductor en la

dedicatoria promete toda la _Eneida_.

La traduccion es fiel y poco parafrástica; pero los versos pecan de

descuidados, y hay muchos que no constan. Véase una muestra:

Terná guerra grandisima en Italia,

Y sus feroces pueblos sojuzgando,

Dará á las gentes leyes y murallas

En tres veranos y otros tres inviernos

Despues de haber los Rútulos vencido;

Mas el infante Ascánio, al qual agora

Se añade el sobrenombre de Iulo,

Ilo llamado, quando el Ilion grande

Con su poder el reino sostenia,

Treinta años volverá el mudable tiempo

Primero que estos muros desampare,

Y el reino del asiento de Lavino

Traspasse á edificar los fuertes muros

Y casas populosas de Alba-luenga.

El traductor deja cortados algunos versos á imitacion de Virgilio, v.

gr.:

Aquí se dice que habitaba Juno,

De Sámo las moradas despreciando,

Y las de todo el suelo: aquí sus armas,

Aquí su carro estuvo.

(_i_) «_Traduccion Poética castellana de los doze libros de la Eneida,

de Virgilio Maron, Príncipe de los Poetas Latinos: su autor Don Juan

Francisco de Enciso Monzon, Clérigo de menores órdenes, natural de la

Ciudad de el gran Puerto de Santa María. Y la consagra á la Cathólica

Magestad de Cárlos Segundo nuestro Sr. Rey de España y Emperador de

la América. Con licencia, en Cádiz. Por Christóbal de Requena, año de

1698._ 4.º 7 hojas sin foliar y 255 páginas á dos columnas.»

La dedicatoria es de lo más pedantesco y gongorino que recuerdo haber

leido: «La Fénix despues que renace de aquellos ámbares preciosos de su

pira, donde concibiendo los rayos del sol, haze tálamo de la vida el

túmulo de la muerte, dicen los Poetas (¡oh Monarca Augustisimo!) que

reconocido á aquel auspicio luminoso á quien debe su florida pompa,

vuela á la ciudad de Heliópolis», etc.

En el prólogo _A los doctíssimos y sutilíssimos ingenios de España_,

dice Enciso: «Yo he traducido la Eneida más como poeta que como

intérprete, no sólo porque la he traducido en versos, sino porque

quanto cabe en mis fuerzas he procurado que la traduccion compita con

el original... procuré siempre realzar la sentencia del poeta ó en el

modo ó en la sustancia.» Y tan satisfecho quedó de su trabajo, que

ingenuamente añade: «Este libro que ofrezco me ha dejado contento, y no

lo leo con ménos gusto que el original.»

Por lo transcrito puede comprenderse de qué pié cojeaba este nuevo

traductor. Todo su afan era _realzar_ la sencillez de Virgilio, es

decir, hacerle conceptuoso y culterano. Enciso (que fué tambien autor

de una _Cristiada_) versificaba con valentía y número, pero estaba

contagiado por el pésimo gusto de su tiempo. La traduccion está en

octava rima. Véanse dos para muestra (Libro VII):

Despues que dieron culto á Proserpina,

Llegaron á los cándidos pensiles,

Del deleyte inmortal patria divina

Que vierte Mayos y descoge Abriles:

Aquí infusa la lumbre cristalina

Del Cielo con las pompas más sutiles

El campo ilustra en tempestad preciosa

De nardo, de clavel, de lirio y rosa.

Unos los fuertes miembros ejercitan

En la que da aromática palestra

El campo Elysio, y cultos solicitan

Hacer de su valor gloriosa muestra.

Otros en dulces plectros acreditan

Las glorias de su voz y de su diestra,

Añadiendo á sus mágicas ideas

Dulces saraos, métricas choreas.

Si esto es Virgilio, _¡quantum mutatus ab illo!_

(_j_) D. Josef Pellicer de Salas y Tobar tradujo _los quatro libros

primeros de la Eneyda de Virgilio en quatro romances de á cien coplas

cada uno_.

No queda más noticia que la que da el mismo Pellicer en la

_Bibliotheca_ que formó de sus propios escritos.

(_l_) «_Los Quatro primeros libros de la Eneida de Virgilio, traducidos

en verso castellano por D. Tomás de Iriarte._»

Ocupa todo el tercer volúmen de la _Coleccion de sus obras en verso y

prosa_. (Madrid, 1805. Imp. Real. 320 pp con XXII de Prólogo). Tambien

se halla en la 1.ª ed. (ménos completa) de dichas _Obras_. (Madrid,

1787.)

Está en romance endecasílabo, metro desdichado para trabajos de esta

índole, pues ni tiene las ventajas de la rima (al paso que reune todos

sus inconvenientes), ni la soltura y clásica gallardía del verso

suelto. Sólo al Duque de Rivas fué dado hacer que se leyesen de seguida

romances tan dilatados como los de _El Moro Expósito_. No hay martilleo

más desapacible que el de la asonancia prolongada durante todo un canto

de 800 ó 1.000 versos.

No adolece la traduccion de Iriarte (como otras suyas, especialmente

la de la _Epístola ad Pisones_) de prosaísmos de diccion, porque

Iriarte tenía demasiado gusto para ponerlos en una epopeya, y él mismo

se lamenta en el prólogo de lo _escasas y pobres de locucion poética_

que son las lenguas modernas, y envidia la majestad y abundancia de

las antiguas. Pero nadie da lo que no tiene, y si podia el fabulista

canario traducir con dignidad y decoro el texto virgiliano (y no hay

duda que lo hizo), faltábanle calor en el alma y viveza en la fantasía

para reproducir los lamentos de Dido ó el cuadro de la destruccion de

Troya. Quintana juzga en dos palabras esta traduccion: «El texto está

reproducido: la poesía no.»

Además de los cuatro libros, trabajó Iriarte en el 5.º; pero no llegó á

publicarle, desalentado quizá por el poco éxito de la primera muestra.

(_m_) «_Traduccion de las obras del Príncipe de los Poetas Latinos, P.

Virgilio Maron á verso castellano. Dividida en quatro tomos. Tomo II.

Que contiene los quatro primeros libros de la Eneida. Por D. Joseph

Raphael Larrañaga. Con las licencias necesarias. En Méjico, en la

Oficina de los herederos del Lic. D. Joseph de Jáuregui, calle de S.

Bernardo._ Año de 1787.»

Una hoja sin foliar con la lista de los suscritores, otra con las

erratas y dos con un romance de D. Toribio Castañeda en aplauso de la

traduccion, 430 pp. con texto latino y castellano. La traduccion es en

romance endecasílabo.

--«_Tomo III, que contiene los quatro segundos libros de la Eneida_ (lo

demás idéntico).»

Una hoja sin foliar, 478 pp. y el índice.

--«_Tomo IV, que contiene los quatro últimos libros de la Eneida_,

etc., (lo demás _ut supra_). Año de 1788.»

Una hoja sin foliar y 593 pp. Esta traduccion es completísima: no sólo

encierra los doce libros de Virgilio, sino tambien el suplemento de

Mapheo Veggio.

El incógnito traductor (que es casi desconocido hasta en América) era

muy mal poeta. Júzguese por el argumento ó _asunto_ del primer libro:

De Juno á persuasiones

Éolo despacha los furiosos vientos,

Y arroja á las regiones

De Libia los troyanos regimientos;

Jove con sus razones

A Vénus quita justos sentimientos;

En la hermosa Cartago á Eneas recibe

Dido que amante á todo se apercibe,

A quien la diosa Vénus desmentido

Envía en forma de Ascánio al dios Cupido.

Esto es cuando habla por su cuenta. Veamos cuando traduce:

Yo aquel que cuando jóven entonaba

_Silvestre_ verso en rústica zampoña,

Y dejando las selvas _pastoriles_

Despues compuse _leyes poderosas_.

Al frente del último tomo hay un perverso soneto, intitulado «Sencilla

expresion de los deseos de un íntimo amigo del Autor»:

¡Oh! y quiera, en fin, el Cielo soberano

Se llegue el dia feliz, _interesante_

En que veamos concluido tu elegante

Virgilio vuelto en metro castellano...

Sólo como curiosidad bibliográfica puede mencionarse esta traduccion.

(_n_) Otro tanto digo de «_La Eneida de Virgilio, traducida en verso

pentámetro por D. Cándido María Trigueros_.»

Se conserva en la Biblioteca Colombina (B 4.ª 445--28) en un cuaderno

procedente de la librería del Conde del Aguila. Contiene solo los tres

primeros libros y un retazo del cuarto.

Los llamados _pentámetros_ son alejandrinos pareados, insufribles para

todo oido castellano:

Canto el varon primero que huyendo el cruel hado

De Troya vino á Italia por armas celebrado,

Y sufriendo en mil tierras y el reyno de Neptuno

Las iras poderosas de la enojada Juno,

Toleró con firmeza de Marte los combates;

Fundó, en fin, á Lavinio, y sus teucros Penates

Asseguró en el Lacio: donde el nombre latino,

El Albano senado y la gran Roma vino.

El único mérito de esta traduccion, si alguno tiene, es la concision.

En 786 versos está el libro I, en 816 el II, en 754 el III: pocos más

que los del original[8].

(_p_) «_Los dos primeros libros de la Eneida de Virgilio, traducidos en

octavas castellanas por D. Francisco de Várgas Machuca. En Alcalá: año

de 1792. En la Imprenta de la Real Universidad. Con licencia_.»

En 4.º, 255 pp. texto latino y castellano, sin prólogo ni preliminar

alguno.

Buena inteligencia del texto: las octavas generalmente débiles, á

la vez que redundantes; pero no faltan versos felices. Véase la

descripcion de la muerte de Laoconte:

Ya su cuerpo los dos por la cintura

Con repetidas vueltas le ciñeron:

Su garganta con mísera apretura

Con una y otra vuelta le oprimieron;

Y además de las roscas que formaban

Sus cabezas las de él sobrepujaban.

Destilando veneno denegrido

Las vendas, con sus manos pretendian

Desenvolver las roscas, y afligido

Quejas hasta los cielos despedía,

Como el toro que brama quando herido

Huye del sacrificio que sufría

Y la incierta segur que el golpe ha errado

De su cuello sacude lastimado.

Pero las dos culebras, deshaciendo

La prision de las roscas apretadas,

Ibanse poco á poco desprendiendo

Del infeliz Laocoón, y desliadas

Fuéronse, un giro y otro repitiendo,

Al templo de la Diosa encaminadas,

Y despues que á sus plantas se postraron,

Debajo de su escudo se ocultaron.

(_q_) El P. José Arnal, jesuita de los expulsos, conocido por su

traduccion del _Philoctétes_ de Sófocles, se ocupaba en una version de

la _Eneida_. Es noticia del P. Pou en su _Specimen interpretationum

hispanarum auctorum classicorum tam ex græcis quam latinis, tum sacris,

tum prophanis_, ms. que D. Joaquin María Bovér poseía y extracta en su

_Biblioteca Balear_.

(_r_) D. Juan Meléndez Valdés, en el prólogo que escribió en Nimes para

la última edicion de sus poesías, menciona entre los mss. que perdió

durante la guerra de la Independencia una _traduccion muy adelantada_

del divino poema Virgiliano. Parece que eran seis los libros ya

traducidos.

(_s_) D. Francisco Sanchez Barbero, eminente humanista, trae en

sus _Principios de Retórica y Poética_ (Madrid, 1805) tantas veces

reimpresos, algunos trozos virgilianos (especialmente del libro IV) con

felices traducciones de su propia cosecha, v. gr.:

¡Oh sol que en luz eterna al mundo aclaras,

Y tú, testigo de mis ánsias, Juno,

Vengadoras Euménides; triforme

Hécate, en cuyo honor los anchos trivios

Con aullar melancólico resuenan

En la nocturna oscuridad: vosotros

Dioses tambien de la espirante Elisa, etc.

Tampoco son desgraciadas las que inserta D. José Gomez Hermosilla en su

_Arte de hablar en prosa y verso_.

(_t_) _Dido_, canto épico por D. Juan Maria Maury. Impreso por vez

primera en el tomo LXVII de AA. Españoles (pp. 175 á 183). Es una

traduccion del libro IV de la _Eneida_ en versos endecasílabos

irregularmente combinados, con un _prólogo_ y un _epílogo_, tambien

en verso, añadidos por Maury, para formar un poemita completo. El

_Proemio_ es un extracto del libro I de la _Eneida_ con todos los

preliminares indispensables para la inteligencia del asunto.

La traduccion del libro IV es preciosa. Oscurecen su mérito giros

extraños, inversiones excesivas, cortes rítmicos un tanto artificiales

y violentos; lo cual da á este trabajo un aire de extrañeza que en

verdad le perjudica. Tampoco es de loar la versificacion caprichosa que

adoptó Maury.

Por lo demás, á fuerza de ser elíptico y ceñido, llega á un grado de

concision y energía (á veces abrupta y escabrosa) que no consigue

ningun otro poeta ni traductor castellano. No esquiva los latinismos,

v. gr., _inauspiciada_, _claustro_, _régia_ (en el sentido de

_palacio_). Hé aquí una muestra de la elegancia y del vigor con que

está escrita esta traduccion, obra de un verdadero poeta:

. . . . . . . . sus naves sumergiera,

Sus tiendas encendiera, exterminara

Al padre, al hijo y á la raza entera...

¡Oh sol que todo con tu antorcha clara

Lo alumbras! Noble hija de Saturno

Que mis agravios ves, ¡Hécate muda

Que por sus plazas con pavor saluda

De las ciudades el clamor nocturno!

¡Dioses del Orco! Furias vengadoras,

Númenes todos de la triste Dido

Moribunda, atended, y el merecido

Pago al inicuo dad: las frigias proas,

Si es fuerza arriben á segura playa,

Si así lo quieren Júpiter y el Hado,

Que por un pueblo bélico acosado,

De Ascánio léjos, prófugo, no haya

Quien le socorra: de los suyos vea

Matanza atroz. . . . . . . . . . .

Esto pido, este exhalo último ruego

Con el aura vital. . . . . . . . .

Sal de mis huesos vencedor ingente

Que á fuego y sangre á la dardania gente

Allá persigas, do cabrá, doquiera,

Opuestos mar á mar, playa á ribera.

¡Qué inspirado estuvo Maury, al traducir el

Quæsivit cœlo lucem, ingemitque reperta.

. . . . . . . . . . . . . . . Del cielo

Busca la luz y al encontrarla gime!

El _epílogo_ reproduce parte de la bajada á los infiernos en el libro

VI; pero lo demás es invencion de Maury, y no poco feliz. La sombra

de Dido anuncia á Enéas los futuros desastres de Roma y la venganza de

Cartago por Aníbal:

Y en medio de estos bélicos despojos

Graba una mano en caracteres rojos

«Tesino» y «Trebia», «Trasimeno» y «Cánas.»

(_u_) La Eneida _en castellano por B. P. V._ (Benito Perez Valdés.)

Oviedo. Año de 1832.

Ms. autógrafo que poseo, así como el de las _Geórgicas_, vertidas por

el mismo traductor. El de la _Eneida_ tiene 1.260 páginas, con el texto

latino al frente. Está en versos sueltos la traduccion, que es completa.

D. Benito Perez Valdés († 1842, á la edad de ochenta y tres años[9])

fué un boticario ovetense, amigo en sus mocedades de Jovellanos, y

conocido en su patria por el apodo de _El Botánico_. Aficionado á las

buenas letras, compuso gran número de poesías patrióticas en bable y

en castellano durante la guerra de la Independencia, y en la época

constitucional del 20 al 23, entre ellas _El Romancero de Riego_, que

reimprimió en Lóndres con cierto lujo el canónigo D. Miguel, hermano

del caudillo liberal de las Cabezas.

En la traduccion virgiliana de este farmacéutico, aparte de muchos é

imperdonables desaliños, fáciles de explicar en una obra no corregida

por su autor, quizá no destinada á la prensa, y hecha en un aislamiento

literario casi absoluto, hay condiciones estimables de latinista, y

áun de escritor castellano, pero no de poeta. Para un verso feliz (y

no deja de tenerlos), se encuentran ciento inaguantables, mostrándose

á cada paso la impericia de Valdés en la manera de construirlos y

trabarlos. Pero si versifica mal, habla, á lo ménos, con pureza y

abundancia el castellano.

Véase una levísima muestra de este incógnito traductor:

Luégo que de Laurento en el alcázar

De guerra el estandarte puso Turno,

Y el bronco són se oyó de las trompetas,

E hizo de los caballos fiero alarde,

Y con la lanza sacudió el escudo

De la lucha intimando señal cierta,

Escandecido el ánimo valiente,

El Lacio todo trepidó en tumulto,

Ansioso se conjura, y arrogante

Fuera de sí su juventud se exalta.

(Libro VIII.)

(_v_) _La_ Eneyda _de Virgilio, traducida en español_ (sic) _por L. D.

F. V. Barcelona, imp. de Grau, 1842_.

Trad. en prosa para las escuelas, hecha por un profesor de Humanidades

de Barcelona. Roca y Cornet habló de ella en _La Civilizacion_.

(_x_) «_Nueva Version de la Eneida de Virgilio en verso español,

acompañada del texto latino al frente, el más correcto. Por D.

Alejandro de Arrúe, Preceptor titular de la Invicta villa de

Bilbao.--Bilbao, Imprenta de Adolfo Depont, Editor._ 1845, 4.º»

Conozco de esta traduccion dos volúmenes. El primero (404 pp.)

comprende los cuatro primeros libros y numerosas _notas sobre las

palabras más oscuras mitológicas y geográficas de la Enéida de

Virgilio_. El 2.º abraza los libros quinto, sexto, sétimo, octavo y el

comienzo del noveno, quedando cortado el ejemplar que tengo á la vista

en la página 356.

Ignoro si se terminó la publicacion de este tomo y de lo restante de la

obra.

Al frente de la version va el texto latino bastante correcto. La

traduccion está en romance endecasílabo y no pasa de mediana. El

intérprete carecia de gusto literario, versificaba con muchos

tropiezos, y hasta en el lenguaje es incorrecto y desaliñado.

Complácese en términos exóticos y raros compuestos.

Para las anotaciones consultó especialmente á Servio, Donato, Minelio,

los PP. La Cerda y La Rue (_Ruæus_) y Delille. Muéstrase en todo más

humanista que poeta.

(_y_) «_La Eneida de Virgilio, traducida en verso endecasílabo por

D. Graciliano Afonso, Doctoral de la Santa Iglesia Catedral de

Canarias.--Año de 1853.--Palmas de Gran Canaria: Imp. de M. Collina...

1854._» 8.º 2 ts. el 1.º de VIII 233 pp., y el 2.º de 278 pp.

En una advertencia _al lector_ dice el Sr. D. Graciliano que en 1838

trajo de América, _donde permaneció 18 años emigrado por la causa de la

libertad, una traduccion en prosa con notas, para la instruccion de la

juventud canaria_.

El 25 de Junio de 1853 le ocurrió la idea de ponerla en verso y la

terminó el 24 de Octubre: celeridad verdaderamente extraordinaria, y

más en un anciano de 78 años, que esta edad tenía el señor Doctoral

en aquella fecha. Sería injusticia notoria examinar con rigor una

traduccion hecha en tales condiciones: lo singular es que de vez en

cuando tenga buenos versos y arte de estilo, en medio de un diluvio de

prosaísmos, repeticiones y negligencias.

Está en romance endecasílabo. Que no carece de mérito, mostrarálo,

tomado á la ventura, un pasaje del libro XI. Habla Tarcon en la batalla

contra Camila:

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