¿Qué mejor barómetro para medir los esfuerzos hechos en pró de la
instrucción en Puerto Rico por la Nación Colonizadora, que esta prensa
periódica, dirigida casi toda ella por hijos del país? Criollos salidos
de esas escuelas, que hemos citado; muchos de ellos sin haber cursado el
Bachillerato en los Jesuitas ó en el Instituto Civil y sin haber cruzado
los mares en busca de mayor ilustración. Poetas, escritores, literatos,
cuyos trabajos pueden firmar las plumas mejor templadas de otros paises.
Prueba evidente de que la instrucción que recibían esos jóvenes en las
escuelas de sus pueblos era sólida y trascendental. No basta que la
semilla sea buena y el surco favorable, si el cultivo no viene en ayuda
de la planta. La cultura y civilización que poseemos, que constituyen
nuestra personalidad histórica y nuestro orgullo, es obra de esa
_Instrucción Pública_, recibida al calor de cuatro centurias en el seno
de la Nación que nos dió vida, usos y costumbres, y además de su sangre
y de su rico idioma, su legendaria hidalguía.
¡Honor á quien honor merece!...
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