El Gobernador don Juan de la Pezuela, con su _Reglamento_ de los
ejercicios para obtener las escuelas públicas de instrucción primaria
dió vida y organización á la enseñanza primaria en el país porque,
previa citación en la Gaceta Oficial, habían de proveerse por oposición,
lo que obligó á los aspirantes á adquirir mayores conocimientos. Además,
dividió las escuelas de la Isla en tres clases, correspondiendo á las
primeras las de la Capital, Ponce, Mayaguez, Arecibo, Humacao, Aguadilla
y Guayama, que constituyen las siete cabezas departamentales; y también
las de San Germán, Caguas y Cabo Rojo. En segunda categoría entraron las
de Añasco, Bayamón Fajardo, Juana Diaz, Manatí, Naguabo, Patillas y
Yabucoa. Y de tercera clase las de los demás pueblos de la Isla.
Quién de tal manera procedía no podía tener ningún interés mezquino al
suspender la fundación del _Colegio Central_. Y en prueba de nuestro
aserto está la _nota_ que el patriota doctor don Manuel A. Alonso
estampa en su libro _El Gíbaro_ á un artículo, que escribiera en 1846
para el _Cancionero de Borinquen_ en la creencia de convenir la
fundación del proyectado colegio; en cuya anotación manifiesta “que un
estudio más detenido acerca del estado de nuestra patria nos ha
convencido que viviamos en un error” por lo que en 1849 pensaba de
diverso modo.
En dicho artículo se queja Alonso de que los jóvenes puertorriqueños que
iban á estudiar facultad mayor á España se encontraban con que sus
estudios eran incompletos y no adaptados para el ingreso en las
universidades españolas.[51] Este error fué subsanado con el plan
de estudios desarrollado por los Jesuitas, en 1858, en el
Seminario-Colegio.
Sin embargo, la instrucción en Puerto Rico empezaba á dar sus frutos,
pues en 1843 se pudo publicar el primer libro de literatura, con una
colección de producciones originales, en prosa y verso, de autores
puertorriqueños. El libro se tituló _Aguinaldo Puertorriqueño_ y fué
editado en la imprenta de Gimbernat y Dalmau. Ya sus autores habían dado
muestras de sus conocimientos en el periódico _El Boletín Instructivo y
Mercantil_, que se publicaba en San Juan desde el 2 de marzo de 1839,
que apareció el primer número, bajo los auspicios de la Junta de
Comercio. El citado Aguinaldo llevaba las firmas de los jóvenes
literatos Ygnacio Guasp, Martín J. Travieso, Francisco Pastrana (con el
seudónimo _Jacobo_), Juan Manuel Echavarría, (con el seudónimo
_Hernando_) venido de Venezuela muy niño y formado en este país,
llegando luego á ser sacerdote, Eduardo González Pedroso, jóven
peninsular que escribía con el seudónimo _Mario Kolhmann_, Carlos
Cabrera, Fernando Roig, peninsular, después fundador de un colegio en
Humacao, que tuvo renombre por los buenos discípulos que sacaba; Benisia
Aguayo, Mateo Cavailhon, Alejandrina Benitez y Francisco Vassallo.
Al año siguiente de 1844 apareció el segundo libro de literatura con el
nombre de _Album Puertorriqueño_, colección de ensayos poéticos, que
dedicaban los autores á sus padres y amigos; editado por jóvenes
puertorriqueños, que estudiaban en Barcelona. Colaboran en él los
hermanos Vidarte (Juan Bautista y Santiago); Santiago, cuya temprana
muerte llorarán siempre las musas, Pablo Saez, que luego fué un
distinguido abogado, Manuel A. Alonso y Francisco Vassallo, que fueron
después médicos connotados.
A este esfuerzo intelectual siguió en 1846 la publicación de _El
Cancionero de Borinquen_, editado en Barcelona, en la imprenta de Martín
Carté, y dedicado á la Sociedad Económica de Amigos del País de Puerto
Rico, _en prueba de gratitud_, por haber nombrado socios corresponsales
á los autores del Album Puertorriqueño. Los trabajos eran de Alonso, los
Vidarte, Vassallo y el joven Ramón E. de Carpegña, cuyo padre tuvo en
San Juan un buen colegio de instrucción primaria, del año de 1833 al 34,
secundado por el profesor don Basilio Nuñez.
La instrucción se iba difundiendo por toda la Isla, pero carecía de un
plan general de organización. Los padres Escolapios habían intentado, en
1837, fundar un instituto y su estadía entre nosotros fué efímera. El
Liceo de don Manuel Felipe Castro, en Arecibo, lo mismo; é igualmente en
los principales pueblos de la Isla. El Gobernador Pezuela salvó este
escollo fundando la _Academia Real de Buenas Letras_.