TEOLOGIA MORAL

1832 Pbro. Francisco Carbonell 1834

1834 „ Juan Aimanza 1843

1843 „ Antonio Sancho 1845

1845 „ José Manuel Hernández 1849

1849 „ Juan del Cerro 1850

1850 „ Juan López, 1^{er} curso 1853

1850 „ Buenaventura Vilaseca, 2º curso 1853

1850 „ José María Baez, 3^{er} curso 1853

1850 „ Elías Girbau, 4º curso 1851

1851 „ Benigno Luis Carrión, 4º curso 1854

1853 „ Juan López Aguas, 1^{er} curso 1855

1853 „ Ramón Catalán, 2º curso 1855

1853 „ Gerónimo Frías, 3^{er} curso 1855

1854 „ José Oriol, 4º curso 1855

De este brillante cuerpo de profesores tenemos que llamar la atención en

primer término sobre el Presbítero Juan Francisco Jimenez, que le vemos

figurar ya en el cuerpo de profesores del plantel de enseñanza fundado

en 1825 por el dean don Nicolás Alonso de Andrade, desempeñando la

cátedra de latinidad para los _Mayores_. Este noble sacerdote, hijo de

Cabo Rojo, donde nació el año de 1783, estuvo instruyendo la juventud

del Seminario Conciliar en la misma asignatura hasta 1850, dejando su

puesto de combate para bajar á la tumba, pues falleció en esta Capital

el 3 de abril de 1851.

Después tenemos que descubrirnos ante la venerable figura de fray Angel

de la Concepción Vázquez, de quien ya nos hemos ocupado por haber sido

electo por el señor Obispo Gutierrez de Cos para desempeñar

interinamente el Rectorado del Seminario en los comienzos de su

fundación y ahora le vemos figurando de catedrático de Filosofía, desde

el año de 1834 hasta el de 1840 ó sean seis cursos. Fray Angel era hijo

de Juncos, donde nació el año de 1790. Hizo sus estudios en la ciudad de

Caracas y allí mismo ingresó en Regulares, en la orden de San Francisco.

Después pasó á su patria, figurando en primera línea entre los

representantes del santo de Asís. Cuando en 1820 se suprimieron las

órdenes religiosas, fray Angel se quedó á vivir en la Capital y la

Sociedad Económico de Amigos del País le ocupó inmediatamente

nombrándole Regente de Estudios y fundándole una cátedra de Filosofía en

uno de los salones del ex-convento de San Francisco, donde había

constituído ya la progresista Corporación las Academias de Matemáticas y

Dibujo. Entregó su cátedra, también para reposar en el seno de Dios,

pues falleció al siguiente año de 1841.

Entre los demás, sobresale el padre Carrión, hijo de Málaga, que

desempeñó los curatos de San Germán y Viequez y fué también Rector del

Seminario Conciliar, habiendo sido consagrado Obispo de esta Diócesis en

1858. En su alto ministerio tuvo la gloria de fundar la _Casa de

Párvulos_, cuya primera piedra puso en 1861 y cuyo edificio abrió al

público servicio en en 1865. Más de cien criaturas, de ambos sexos, y de

todas las clases de la sociedad, empezaron allí á educarse bajo la

dirección de las Hermanas de la Caridad. El padre Carrión fundó este

plantel de enseñanza dejándole recursos propios y aún subsiste el

benefactor centro.

El presbítero Ramón Catalán vino de soldado á Puerto Rico. A la sombra

del Seminario Conciliar se formó un filósofo y un pensador profundo.

Desempeñó el curato de Utuado y los Jesuitas le utilizaron en 1867 como

catedrático de Filosofía. Fué también poeta de altos vuelos y publicó

una composición poética á _Sodoma_, que obtuvo renombre.

Domingo Quijano, hijo del país, fué hasta su muerte profesor de

Instrucción publica en Añasco y en los almanaques de Acosta publicó

varios trabajos literarios.

Plácido Battistini, que lo vemos figurando en este cuerpo de profesores

como Bachiller, era hijo de la Aguada. Llegó á ser abogado de fama en

nuestro Foro. Se estableció en Arecibo para ejercer su profesión y

falleció en 1874.

El padre Baez, oriundo de Venezuela, fue un orador sagrado de mucha

nombradía. Poseía una colección de cuadros de Campeche y le rendía culto

al arte en todas sus manifestaciones.

Los Jesuitas dieron mayor vuelo al Seminario Conciliar y desde el curso

de 1858–59 hasta el año de 1878, que estuvieron al frente de esta

Institución sacaron avante 221 jóvenes con el título de Bachiller en

Artes. El _Seminario-Colegio_, denominación que tomó bajo los hijos de

Loyola, estaba incorporado á la Universidad á la Habana; y á dicho

centro cubano se pedían las _acordadas_, que comprobaban la veracidad de

los títulos de los estudiantes puertorriqueños, para poder continuar en

facultad mayos sus estudios en las Universidades de la nación.

Los Jesuitas abandonaron el Seminario en 1878 por una orden del señor

Obispo Juan Antonio Puig. No faltan escritores que justifiquen dicho

acto; y como nosotros, á fuer de cronistas honrados, lo deploramos,

vamos á exponer las razones en que nos fundamos para pensar así. Dice el

doctor Ferrer, en su Memoria sobre la Instrucción Pública en Puerto

Rico:

“Como el Seminario al fundarse tuvo como deber primero, la creación y

sostenimiento de doce becas para otros tantos jóvenes pobres, que

quisieran dedicarse á la carrera eclesiástica, el actual Obispo Iltmo.

Sr. Don Juan Antonio Puig, fiel intérprete de los deseos del benemérito

Prelado fundador, hizo desalojar á los padres Jesuitas el

establecimiento que interinamente ocupaban, para dedicarlo desde luego

al objeto para que había sido creado.

“La medida llevada á término por el señor Obispo, nuestro actual

diocesano, entendemos que se inspiró en principios de la más extricta

justicia y del más legítimo derecho. Si el Seminario se creó para

seminaristas, aspirantes á sacerdotes, la voluntad del fundador debió

cumplirse en todos los momentos. Por éste y no por otro motivo

aplaudimos la enérgica resolución tomada por el Iltmo. Sr. Don Juan

Antonio Puig, la que si bien ha sido censurada por algunos, no por eso

ha dejado de producir notables beneficios, si se atiende al número de

alumnos que estudian en dicho establecimiento.”[45]

No estamos conformes con la apreciación vertida por el doctor Ferrer.

Basta leer el _Edicto_ del señor Obispo Gutierrez de Cos, que empieza en

la pág. 45 de esta _Compilación_, y se verá, que en uno de sus párrafos

dice el noble fundador:

“Con las mismas calidades (de ser hijos legítimos, limpios de mala raza,

etc.) serán admitidos los hijos de los ricos y pudientes, pagando sus

padres, en cada semestre, una pensión que se computará con equidad.”

Así se explica, que se abriera el Seminario con treinta y tres

pensionistas. Y dentro de éstos figuran jóvenes que después han

dsmpñando con brillantez las carreras de médicos, abogados y profesores

en nuestra sociedad. Gabriel Jiménez y Valdés Linares y Hernández Arhizu

fueron abogados de nota en nuestro Foro. El doctor Jiménez Moreno y

Hernández Martínez fueron dos médicos connotados. Y así pudiéramos citar

una pléyade de hombres de ilustración.

Cuando los padres Jesuitas en 1858 se hicieron cargo del Seminario

continuaron las doce becas de merced y los mismos estudios para la

carrera eclesiástica. No se tergiversó, pues, la benéfica y religiosa

idea del fundador. Muchos sacerdotes salieron también en aquella época

del Seminario Colegio. Seamos justos y démosle á cada cual lo que

legítimamente le pertenece. Los padres Jesuitas, bajo la protección de

la Diputación Provincial, trasladaron su Colegio á un departamento

cedido en el palacio oficial de aquel Centro, del lado que da á la calle

del Cristo. Allí continuaron los hijos de Loyola dando su instrucción á

los puertorriqueños hasta que se terminó el edificio que se construía

para ellos en Santurce por orden de la Diputación y con fondos de la

Provincia; edificio en el cual se invirtieron más de cien mil pesos y

que concluído lo ocuparon los Jesuitas con su Colegio, hasta el año de

1884, que por rozamientos con los profesores del Instituto Civil, donde

tenían que llevar á examinar sus educandos, pues se les negó la

concesión de poder ser examinadores de sus alumnos y darles el título de

Bachiller, abandonaron el país y devolvieron á la Diputación Provincial

el edificio que ocupaban. Ante la verdad histórica deben desaparecer las

preocupaciones políticas y religiosas, y es un acto de pura justicia

conceder á los hijos de Loyola la razón en este asunto y reconocer los

esfuerzos que realizaron por la instrucción pública en Puerto Pico.

Historia de la instrucción pública en Puerto Rico hasta el año de 1898 · 第 49 / 113 题