Por fin cristalizó el pensamiento de don Nicolás Alonso de Andrade y el
24 de febrero de 1825 se instalaron, en el Colegio de San Ildefonso, las
cátedras que propuso al Gobierno y el 30 del mismo mes y año, las
ofrecidas por Arroyo Pichardo y Sanjurjo, quedando el cuadro de
Profesores constituído del modo siguiente:
_Teología_,
Presbítero Dr. Don Juan Francisco Jiménez.
_Filosofía_,
Presbítero Dr. Don Luís Montesinos.
_Moral y Liturgia_,
Presbítero Don Manual Almansa.
_Latinidad_,
Presbítero Br. Don Lorenzo de Sotomayor.
Don José Santaliz.
_Derecho Patrio_,
Licenciado Don Pablo Arroyo Pichardo.
_Derecho Canónico_,
Licenciado Don Dionisio Sanjurjo.
Asistieron las autoridades y un inmenso concurso á la apertura de estas
cátedras. El Rector de Estudios el señor arcediano doctor don José
Gutiérrez del Arroyo pronunció un elocuente discurso alusivo al acto,
siguiendo en el uso de la palabra los catedráticos, que se estendieron
en algunas consideraciones sobre las ventajas de la asignatura
respectiva.
El señor Santaliz, profesor de _Mínimos_, en Latinidad leyó el siguiente
_Soneto_:
La patria agradecida y respetuosa
Con un laurel vagaba diligente,
Buscando al que más digno y consecuente
Ofreciese á sus hijos ciencia honrosa.
En súplica se acerca cariñosa
A quien su predilecto es evidente,
Y Andrade, que la ama tiernamente
Proyecta obra tan justa y majestuosa.
Las aulas establece y distribuye
Con aquel aire honesto, siempre amable,
Que al hombre en sociedad hace apreciable
Y que al buen sacerdote se atribuye;
Mostrando en esta empresa con empeño
Que es adoptivo y fiel puertorriqueño.
El Gobernador del Obispado, señor Alonso de Andrade cerró el acto con
persuasiva palabra y de su discurso estractamos el siguiente párrafo:
“Mi corazón se inunda del mayor júbilo al ver puestas las primeras
piedras del grande edificio de la educación de vuestra juventud. Si
hasta aquí teniáis que conducirla á otros reinos ó provincias con riesgo
de sus vidas, variación de costumbres natales y gastos extraordinarios,
tenéis ya en la actualidad vencidos estos obstáculos. Resolveos, pues,
animados del celo y bien que debe conduciros, á no dejar en inacción una
utilidad cual se os proporciona. Corresponded á la generosidad de
vuestros Maestros, que sin utilidad alguna los unos, y con muy escasa
los otros, se franquean á comunicaros los conocimientos de que cada uno,
en su respectiva facultad, está poseido. Acompañadme á tributarles como
debemos las más espresivas gracias por las fatigas que se imponen en
utilidad de la sociedad en que estriba la vuestra y al Excmo. Sr.
Gobernador por el gran celo con que se dedica á animarla, y sea ésto con
la expresión de vuestras obras, vuestro respeto y debida sumisión á los
superiores, que os conducen y os facilitan el bien que más debe desearse
como es el de la Instrucción Pública.”
El pueblo no fué extraño á estos regocijos y dedicó al señor Alonso de
Andrade una _Canción_, cuyo autor desconocemos, y cuya letra dice así:
— _CORO_ —
Celebre en dulce canto
La juventud el día,
Que en sólida armonía
Recibe educación.
Al templo de Minerva
Llegad, puertorriqueños,
E imitad los diseños
De nuestra ilustración;
Pues la ligera fama
Os indica agradable,
Que un genio forma estable
El aula de instrucción.
Aquel, que inalterable
En mil vicisitudes;
Aquel, cuyas virtudes
Marchan con la razón;
Es el digno Vicario
Que amante á nuestro suelo,
Fuera de él su gran celo
No quiso elevación.
Pruebas de amor sensible
Que con lo ingenuo agrade,
Da el Provisor Andrade
Al pueblo esta ocasión;
Trazando entre imposibles
Su carácter sereno,
El medio, siempre lleno
De la ley del honor.
El augusto decreto
Goza el benigno auspicio
Del General, propicio
A nuestra protección,
Y por común afecto
Los jóvenes reunidos
Miran agradecidos
Tan grandiosa erección.
Celébre en dulce canto
La juventud el día
Que en sólida armonía
Recibe educación.
Aunque esta poesía deja mucho que desear como trabajo lírico, la
transcribimos porque estamos compilando cuanto se ha hecho en el país
por la instrucción pública, y esta canción es reveladora de los
esfuerzos del señor Alonso de Andrade, secundado por el Obispado,
Gobierno y particulares. Ya las cátedras de Medicina, en el Hospital
Militar, á cargo del doctor don José Espaillat estaban dando felices
resultados.
Puede decirse que ésto era el alborear de la Universidad de Puerto Rico.
Al amparo de la Iglesia se habían planteado todas en los dominios de
Ultramar. Un paso más y todo estaba hecho. Pero ese mismo año rodó
nuevamente por tierra en la Península el régimen constitucional,
implantándose el _Absolutismo_, y el 4 de diciembre de dicho año se
llevó á efecto en Puerto Rico el cambio de gobierno, con todos los
inconvenientes que siguen al sustituir un régimen por otro.