La enseñanza estaba toda á la sombra de la iglesia de Cristo. La cruz y
la espada habían hecho la Conquista y al amparo del símbolo de la
redención cristiana se daba la instrucción. La misma Iglesia Catedral
tomaba parte en ello. En la _Descripción_ de la Isla y ciudad de Puerto
Rico; y de su vecindad y poblaciones, presidio, gobernadores y obispos;
frutos y minerales, que el licenciado don Diego de Torres Vargas,
canónigo de la Santa Iglesia, dirigió al cronista nacional Maestro Gil
González Dávila, en 1647, se lee lo siguiente:
“Esta Santa Iglesia tiene dotación de cien ducados de renta cada año
para un maestro de gramática, que se la enseña de ordinario á los hijos
de los vecinos de ella, y se paga la dicha renta con _título de maestro
de Gramática_.”[19]
El convento de Domínicos no era extraño á la difusión de las ideas de
enseñanza entre el vecindario de la Capital. En el mismo documento
histórico que acabamos de citar se lee, que el provincial fray Jorge
Cambero, el año de 1645, _puso casa de estudio de artes y de gramática_
para los novicios de su convento y _para los vecinos de la ciudad, que
quisieran estudiar_.
La enseñanza de la gramática en la Catedral había empezado el año de
1589, en virtud de que el vecino _Francisco Ruíz_ había donado una renta
de cien ducados anuales para dotar esta cátedra. El año de 1641 el
catedrático don José de Jarava, capitán que había sido de la _Fuerza_,
hizo poner estos dos versos latinos sobre la puerta de la Casa
Parroquial, donde daba sus lecciones á los hijos de los vecinos de San
Juan:
Hic habitant Musae, hic servant
Sua pignora parcae
Vivere disce puer dogmata disce mori.[20]